Marcela mi vecina (VII): Stefy

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Marcela acudió en auxilio de Stefy. La joven la esperaba en el shop de una estación de combustible. Al llegar la encontró con los ojos llorosos sentada en una mesa del rincón. Apenas la localizó con la vista la rubia fue a su encuentro y Stefy abrazándola rompió en llanto diciéndole –Amiga no pude.

Marcela furiosa no paraba de maldecir a ese tal Joel por haberla maltratado a su amiga, y cuando al fin pudieron serenarse hablaron.

–Tan grande la tiene? –simulando preocupación pero en verdad le carcomía la curiosidad, ya que si de pijas grandes se trataba eso era su fuerte.

–Si amiga, es una cosa de otro mundo la tiene enorme– sentenció Stefy un tanto alzando la voz por lo que Marcela le hizo seña para que hablase más bajo, ya que había otras personas en las mesas lindantes y algo habrán escuchado.

En el fondo y quitando su ira hacia el chico que quería sodomizar a Stefy debo decir que deseaba averiguar qué tan pijudo podría ser, ya que tanto Ignacio, su marido, como Juan José (el chico del gym con quién tuvo relaciones sexuales en casa de su amiga pero después decidió no verlo más) además de tener unos miembros enormes sabían utilizarlos, tenían demasiado aguante y la dejaban más que satisfecha.

Pero las cosas cambiarían su curso. Ya camino a casa en el auto Stefy le suplicó a Marce si podía quedarse a dormir con ella. La abordó por sorpresa a la rubia y ésta titubeando no le quedó otra alternativa que decirle que sí.

Si bien su marido no estaba y las cosas con la madre de la chica tampoco venían bien aceptó traerla a pernoctar a su departamento. Por las dudas ni se le ocurrió contarle que Adriana, su mamá, estuvo encamándose conmigo tal como ella lo sospechó. Iba a ser una catástrofe emocional para la chica que ya venía de una noche para el olvido.

Ya en el departamento, Marcela le ofreció un toallón y le dio ropa para que Stefy luego de una relajante ducha se sienta cómoda ya que compartirían cama.

Luego de que la chica saliera del baño hizo lo propio la dueña de casa.

Mientras enjabonaba su cuerpo pensaba y pensaba, se sentía algo incómoda por el hecho que en primer lugar una extraña dormiría en su casa y más precisamente en su cama, junto a ella. Debía compartir lecho con su joven vecina a quien apreciaba mucho pero apenas se estaban conociendo.

Marcela era chapada a la antigua, hija única, sus padres la tuvieron entrados en edad y se crio así a imagen y semejanza de ellos, sumamente estructurada y nunca les causó problema alguno. Fue primer promedio, abanderada y nerd, la tragalibros preferida de papá y mamá.

Y toda esa educación estricta que le propiciaron Estanislao y Dora, sus tan conservadores padres, le hacían ruido en la cabeza.

¿Qué dirían si supieran que iba a dormir con una mujer en su cama matrimonial?

Acostumbrada a dormir desnuda o solo en bombacha y alguna remera vieja esta vez optó por ponerse un pijama antes de irse a la cama. Tal vez por respeto pero más por vergüenza, no quería que Stefy la viese cuasi desnuda.

Al entrar al cuarto la encontró a Stefy ocupando el lugar de Nacho, su marido, a quien extrañaba y mucho. Era raro verla acostada en el lado izquierdo de su cama matrimonial y hasta un tanto la incomodaba.

Mientras tanto el seguía envuelto en sus aventuras de ríos de montaña en Mendoza en compañía de amigos y apenas si la llamaba una vez al día. Tampoco tenía por qué enterarse, ella también podía pasarla bien en compañía de su amiga. No existiría derecho a reproche alguno.

Respiró hondo, se soltó el pelo y se metió a la cama.

Stefy no pudo más y soltó en llanto, la chica se sentía una tonta por no animarse a que su chico le haga la cola por primera vez.

–No llores amiga, ese chico no es para vos, ya va a llegar alguien que respete tus tiempos te espere y sobretodo te quiera.– le dijo la milf secando sus lágrimas.

Stefy buscó refugio en sus brazos, posó su cara sobre los pechos de su vecina y lagrimeó un rato más hasta que de a poco se fue calmando. Volvió su cabeza al almohadón y quedaron cara a cara. Le quitó los anteojos a la rubia y a modo juguetón se los puso ella.

–Marce ésto tiene terrible aumento, no ves nada vos!!

–Jaja viste? Tengo astigmatismo marca Acme, soy la reina de las nerds–

–Y sos la nerd más hermosa que vi en mi vida– fulminó Stefy y la rubia si bien se lo tomó como un halago tragó saliva.

–Siempre fui tímida y me acomplejaban mis anteojos y las demás me dejaban de lado porque me vestía muy a la antigua y ellas estaban a la moda, sumado a que mis papás no me dejaban tener amigas y solo querían que estudie.

Con el tiempo tuve mi primer novio, estuvimos mucho tiempo juntos, me casé y tuvimos dos hijos.

–Y después lo conociste a Nacho?

–Si, después Nacho llegó a mi vida, nos enamoramos y aquí me ves, la tuvimos a Francesca y ahora estoy un poquitín embarazada otra vez.

Stefy la escuchaba con atención y le brillaban sus ojitos. Su alocución la envolvía y la miraba cual chico cuando ve la vidriera de una juguetería.

–Marce supe que fuiste docente también.

–Di clases particulares de matemáticas alguna vez al terminar el bachillerato, tuve un par de alumnos pero fue hace muchísimo tiempo.

–Te lo pregunto así de una puedo?

–Si decime

–Quiero que me enseñes.

–Que te enseñe que?

–Que me enseñes a coger así como lo haces vos. Nunca en mi vida escuché a alguien disfrutar tanto al hacer el amor y tu marido quizás sea un buen amante, cosa que mucho no me importa porque la que tiene esa magia sos vos.

Admiro que siempre tenés ganas, porque lo hacés con ganas ehh y no te das una idea cuántas pajas me hice al escucharte…al principio te odiaba, me incomodabas y no me dejabas dormir.

Pero con el tiempo fui asimilándolo, me toqué una, dos, tres veces y ahora soy terrible onanista por tu culpa pero me gusta.

–Ay Stefy me muero de la vergüenza. Te pido perdón.

–No tonta, no me pidas perdón ni te sientas avergonzada. Simplemente quiero darte las gracias por ser la mujer que me provoca miles de sensaciones cuando cogés.

Y tímidamente las manos de Stefy se posaron en la cadera de la rubia y recorrieron la tela del pijama desde las piernas hasta llegar a sus glúteos.

La rubia con los ojos cerrados imaginó un instante que esas manos curiosas eran las de Nacho, su marido cuando la tocaba buscándola.

“La nena” –como Marcela la llamaba– era un tanto atrevida, de posar sus manos en el culo de la dueña de casa le fue bajando el holgado pantalón de dormir, y por primera vez con sus manos sintió la suavidad de esa carne sin ninguna celulitis ni estrías y al menor descuido ya le desprendió los botones de la parte de arriba de su prenda de dormir.

Marcela quedó en bombacha y corpiño. Stefy tenía el total dominio de la situación y la despojó del pijama casi sin que ella se diera cuenta.

Se le sentó sobre la panza y mirándola a la cara mientras le urgaba los pechos por sobre la delicada tela del corpiño se le declaró.

–Marce no te asustes ni te enojes pero en el fondo soy un tanto lesbiana y vos me calentás, sos hermosa y muero de ganas de coger con vos.

–Emmm nena… Te estás confundiendo conmigo…

–Shhh no digas nada, ya se que vos jamás serías torta, pero estamos las dos metidas en tu cama y te veo así tan linda y nada… me gusta tu cuerpo, tu carita y tu voz tan sensual, tu pureza y tu madurez y ahora que te tengo toda para mí no voy a dejar pasar éeste momento. Me calentás Marcela Alejandra Rodríguez, me gustas mucho.

Marcela estaba aturdida, Stefy iba a todo o nada y tenía un poder de persuasión increíble, o tal vez ella se encontraba vulnerable. Lo cierto es que Stefy estaba decidida e iba por más.

–Stefy… yo no podría… tengo un marido a quien amo… digo… vos y yo no deberíamos hacer esto.

Para ese entonces Stefy la calló con un sentido beso en la boca tanto que Marce no salía de la confusión, y la chica decidida fue bajando para meterse entre sus piernas y ya sin tapujos husmeaba los elásticos de la fina bombachita negra de encaje que cubría su sexo para bajársela lentamente.

Stefy no le dio tiempo a nada, sin que Marce pudiese hilar palabra la chica se acomodó entre sus piernas y con la cara metida entre ambas empezó a comerle la concha. Sus lamidas eran tan efectivas que la mente de la rubia cuarentona quedó en blanco, su sistema nervioso tuvo que formatearse y liberándose de todo prejuicio logró relajarse. Aflojó tensiones y la dejó continuar a su joven vecina que por los lengüetazos certeros en las zonas más sensibles de su intimidad le estaban haciendo ver las estrellas.

Unos involuntarios gemidos salieron de lo más profundo de su ser incentivando aún más a la chica curvilínea que al escuchar esos sonidos tan propios de su rubia vecina idénticos a cuando pared de por medio estaban separadas la volvió loca.

Maria Julia su mejor amiga fue una buena maestra, las dos se propiciaban placer mutuo y hoy todo ese aprendizaje se lo estaba volcando en Marce, que abrió más sus piernas y presionándola de la cabeza la obligó a que se la siga devorando.

Pero la Marcela conservadora oculta en su interior tomó fuerza y quizás a segundos de tener un orgasmo producto del estupendo oral que le estaba propiciando Stefy la detuvo, tanto que la joven levantó su cabeza y no entendía nada, de estar así de conectadas de pronto Marce le puso un freno. Algo pasó pero no pudo disfrutarla hasta el final.

Marce se bajó de la cama y con una mano cubriendo su entrepierna fué al baño.

Cuando volvió buscó sus ropas e intentó vestirse pero Stefy le suplicó que deseaba verla sin nada puesto y le juró tregua, ya no tocaría su cuerpo pidiéndole por lo que más quiera que no se vistiera.

Y Marcela aceptó… ya iba a amanecer pero no lograba dormirse, la miró a su compañera de cama que dormía profundo, acarició su mejilla y el cansancio la fulminó, fue algo raro todo lo que pasó pero lo tomó como un juego. Y fue la manera en la que pudo desprenderse de todo absurdo prejuicio.

Despertaron juntas, Stefy estaba por demás encantada de verla abrir sus ojos.

–Buen día remolona– alcanzó a decirle y sin que Marce pueda despabilarse le dio un beso en la boca. De verdad gustaba de esa mujer que tranquilamente podría ser su madre.

–Me vas a enseñar si o no?

–Enseñar qué?

–Enseñarme a que me pueda entrar una pija en el culo y disfrutarlo como lo sabes hacer vos.

–Nena sos una atrevida como se te ocurre!! Le dijo Marce haciéndose la enojada.

A lo que Stefy por segunda vez se acomodó entre sus piernas y le dio un oral para su deleite.

–Pendejita degenerada– balbuceaba la milf pero se dejaba hacer.

Esta vez “jugaron” un poco más, Stefy fue más incisiva y la hizo gemir más liberada.

–Bueno basta!!! Me tengo que ir a trabajar– la interrumpió otra vez cuando se sentía explotar. Stefy por su parte estaba muy mimosa y la retenía en la cama para que no se fuera.

–Me puedo quedar? Te cocino, te plancho la ropa, te cuido a tus hijos y cuando vuelvas te hago el amor con locura querés? Le dijo con voz inocente y buscona. Y a Marce le interesó más que nada la última opción. Que le hagan el amor solo con la lengua fue algo más que satisfactorio. Se la notaba feliz.

–Dale quedate. Usá las llaves de mi marido que están sobre el armario, por la limpieza no te preocupes ya va a venir Mónica la señora que se ocupa de eso y de los chicos. Vos buscá ropa en tu casa y venite a mí no me molestas y lo único que quiero es que estés bien.

–Y al abrir la puerta para despedirla otra vez le comió la boca, Marce lo tomaba a broma pero Stefy iba en serio.

Por la mañana atendió en el hospital hasta pasado el mediodía, almorzó algo y en ese tiempo mensaje va mensaje viene con la chica aturdían su concentración. Se tomó un respiro y juntando fuerzas se dirigió a su segundo lugar de trabajo en la clínica privada.

Ya en el consultorio Marcela estuvo ida, con la mente en otro mundo pensando en su huésped que la aguardaba en su departamento. Le pidió a Karina, su secretaria que no le pase llamadas y que suspenda la recepción de pacientes hasta que ella se lo indique.

Cerró la puerta con llave, se quitó los zapatos y alzó las piernas sobre el escritorio.

Relajada se tentó buscando porno en su celular. Sexo lésbico fue el tema elegido.

Y si bien fue pasando de video en video no encontró sentido alguno, todos eran por demás fingidos y sin argumentos, todo muy básico y chabacano para su gusto, hasta que le llamó la atención uno en que dos actrices jugaban con un consolador dándose mutuo placer, concentró su atención y hasta se colocó los auriculares para oírlo y verlo en su totalidad. Definitivamente necesitaba un falo para sentirse plena, y ver a esas dos actrices triple X introduciéndose esa cosa grande de plástico en sus orificios la motivó.

Oh casualidad al pie de la pantalla se encontraba la publicidad de un Sex Shop ubicado en el centro de la ciudad. Curiosa amplió la ventana y se adentró a navegar en esa página descubriendo la variedad de tamaños, colores y modelos de imitaciones de vergas que esa casa de juguetes sexuales podía ofrecerle.

Ideas chanchas vinieron a su mente y se fue tocando. Cuando más se adentraba en los catálogos on line mejores productos aparecían. Eran tan realistas que nunca imaginó algo así. Definitivamente ese negocio evolucionó y mucho de cuando décadas atrás ella acompañaba a su primer esposo a comprar DVD’s porno a esos lugares y mientras el no se decidia entre los de sexo interracial, Gonzo o lésbicos ella se hipnotizaba con los rústicos consoladores que existían en aquel entonces.

–Esta pendeja me las paga– se dijo a si misma y agregó al carrito de compras un modelo. Eligió modo de pago con tarjeta de crédito, cargó sus datos y clickeó la opción Enviar. Por primera vez se estaba comprando algo que siempre quiso tener.

Se masturbó un rato más viendo los catálogos de la tienda e imaginando lo que se venía en su departamento a la noche y dedeandose desesperada en su abundante humedad tuvo un orgasmo. Necesitaba esa paja para descargarse, pues dos veces se contuvo con Stefy.

Se limpió, ordenó su escritorio y avisándole a su secretaria se retiró cancelando todos los turnos que tenía previstos. Se fue raudamente a su casa simulando malestar.

Ya llegada al departamento entró decidida a encamarse con esa chica que la tenía confundida. Tenía ganas, y el hecho de tener a alguien en casa dispuesta a comerle la concha sin pedirle nada a cambio la tentaba. Llegó y se encontró con Mónica, la señora de los quehaceres domésticos y ésta le dijo que su amiga dejó algo de ropas y se fue a la universidad.

Se tiró a la cama y las ganas de pajearse de nuevo la invadieron. Se sentía rara pero era algo lindo eso que estaba viviendo. Se tocó una vez más y mientras lo hacía volvió a mirar en el celular lo que compró on line en esa tienda para adultos y estaba ansiosa de recibirlo lo más pronto posible.

En lo mejor de la paja suena el timbre, era el portero del edificio que le traía algo.

Era un paquete color negro que decía escrito con fibrón Destinatario: Marcela Rodríguez más la dirección exacta, y al dorso el Remitente “Placeres Sex Shop”.

Sin dudas solicitar el envío fue un grosero error, se arrepintió de no haber sido ella misma quien retire el pedido del local. No imaginó que González, el encargado del edificio le entregaría en mano su compra que para peor vino envuelta de un modo para nada discreto tanto que las dimensiones del consolador que ella eligió con total gusto estaban a la vista y tacto de ese sujeto que de por si ya la desnudaba con la vista cada vez que se cruzaban y más ahora sabiendo que ella se iba a autosatisfacer entre cuatro paredes.

Sintió que desde ese momento el señor ya no la vería como antes, su intachable imagen y reputación se derrumbaron como un castillo de naipes a partir de ese preciso instante.

Avergonzada tomó el paquete y prácticamente le cerró la puerta en la cara al portero, lo cubrió entre sus ropas y se dirigió a su habitación.

Curiosa y con el corazón acelerado se puso a abrir el envoltorio.

–Ay la puta madre es enorme!!– dijo en voz alta.

Y si… Era algo excedido en tamaño, más de lo que ella imaginó, ni en sueños eso le iba a entrar en el culo virgen de Stefy pues seguramente era más grande que la verga de Joel según lo que la chica le habría descripto.

Un poco se arrepintió, era enorme para metérselo “por primera vez”.

Al instante le llegó un audio de Stefy que le decía con voz cachonda

–Marce esperame ya voy para allá tengo unas ganas locas de hacerte ya sabés que.

Se puso nerviosa al oírla pero en cierto modo estaba un tanto la excitaba porque Stefy venía decidida a comerle la concha.

Escondió debajo de la almohada ese inmenso consolador color piel que pensaba estrenar junto a su vecina, se tocó un ratito más y logró una importante lubricación.

Y llegó Stefy, ni bien Marcela le abrió la puerta la chica la arrinconó contra la pared y le comió la boca sin mediar palabras, no había dudas de su actitud dominante para con la milf que callada se dejaba hacer pues ella planeaba “vengarse” en la habitación.

–Nena pará sos peor que mi marido!!– alcanzó a decirle la rubia ya que Stefy enceguecida le estaba comiendo la boca y le manoseaba el culo.

–Basta Stefy por el amor de Dios están mis hijos!– le dijo Marce entre risas cuando la joven le coló una mano por debajo de ese shortcito de tela liviana que la rubia culona traía puesto y la tanga no fue impedimento para que sus dedos se posaran en la vulva húmeda de la veterana.

–Ay mi amor estás toda mojada!!!

–Me volves loca Marcela me muero de amor por vos.

Se puso firme y con un –Basta Stefy– la dejó con carita de perro regañado. Era momento de demostrarle autoridad a esa pendeja cachonda ya que si le seguía dejando se la cogía contra la puerta.

La mandó a ducharse y cuando regresó ya estaba la mesa puesta y los tres hijos de Marcela sentados más ella en la cabecera siendo la jefa de familia.

Por suerte la chica le cayó bien a los hijos de la rubia, entablaron una buena relación en cuestión de segundos.

–Vamos? Stefy le susurraba entre señas, no disimulaba sus ganas de ir a la cama.

Y luego del rutinario ritual de levantar la mesa, controlar que sus hijos aseen sus dientes y ya en sus habitaciones supervisar que Nico y Joaquín, los dos adolescentes dejen en paz sus celulares y se duerman y por supuesto jugar un rato y leerle un cuento a la pequeña Francesca era cosa de todas las noches.

Y cuando al fin lo logró entró cansada a su dormitorio y allí la esperaba Stefy más ansiosa que nunca y con la efervescencia a flor de piel.

Ni bien la vio llegar saltó de la cama, la besó con ternura, se arrodilló para jugar con su ombligo y bajándole el short y la tanga le comió la concha así estando Marcela de pie.

Al sentir ese primer lengüetazo Marce se estremeció y gimió de igual modo que cuando se lo hacía su marido.

–Mmmm que rico– fue lo único que alcanzó a decir y no hizo otra cosa que disfrutarlo.

La tiró en la cama y ahí si la degustó con deseo.

La rubia con las piernas abiertas apuntando a la loza del techo totalmente entregada lo disfrutaba a pleno.

Esta vez sí… Marcela Alejandra Rodríguez explotó en un orgasmo.

Stefy estaba mas que eufórica. Logró algo que jamás imaginó y Marce por su parte experimentó llegar al clímax de un modo distinto gracias a una mujer.

Luego de tan placentera experiencia Marce fue por una ducha, y al volver le mostró lo que le había comprado a su amiga (ahora más que íntima) ya que de ahora en más seria ella quien tome el rol de docente sexualmente hablando.

–Mirá lo que te compré, un Joel 2 para que practiquemos lo que me pediste.

–Ay Marce sos la mejor!!! Te amo!

Y la besó descontroladamente y ya estaban enredadas otra vez.

Después de jugar un rato le dieron importancia al consolador otra vez.

Stefy lo miraba con curiosidad y Marce por su parte la observaba a ella con una sonrisa. Algún rastro de deseo heterosexual aún había en la chica.

A decir verdad ella con su corta edad estaba descubriendo su sexualidad y al darse cuenta de eso la doctora se sintió aliviada.

–Yyy??? Es así de grande la de tu chico?

–Mmmm digamos que si…solo hay un detalle.

–Que detalle?

–Soy una tonta perdón nunca te lo dije pero… Joel es negro.

–Stefy!!!– le dijo en tono sumamente enérgico.

Enfureció la rubia y se le vino a la mente las películas de sexo interracial que Antonio su exmarido y padre de sus dos hijos varones la obligaba a ver para después cogérsela.

El tipo se excitaba con tales escenas de hombres de color con miembros enormes que se enculaban a mujeres parecidas a ella y Marcelita terminaba enlechada y en cuatro patas siempre.

Y tal vez por esos recuerdos lejanos o quizás su primer antojo de su reciente embarazo era probar una pija enorme y negra por primera vez a sus cuarenta y tantos años.

Días atrás se tentó de comer morcillas y así lo hizo, quien iba a imaginar qué tal vez eso fue una premonición, ya que conocer a un hombre negro que quiera acostarse con ella solo formaba parte de sus fantasías, pero dadas las condiciones en este mismo instante quería degustar una morcilla humana y Joel perfectamente podría ser quien cumpla su deseo.

Y la chica la notó molesta, tanto que la clase de sexo con esa verga erecta de plástico color rosa y con dos enormes testículos en la base se suspendió hasta nuevo aviso.

–No me pudiste ocultar semejante detalle– le dijo ofuscada y hablando entre dientes.

–Me lo vas a presentar y personalmente voy a hablar con ese chico. Es una locura vos sos una nena y el debe ser una bestia y de ninguna manera voy a permitir que te haga daño ni que juegue con vos. Voy a sentarme a hablar con él y ponerle los puntos en claro.

–Sos una inconsciente como se te ocurre enredarte con un hombre de color si tienen fama de… emmm bueno… De tener pitos enormes!

–Perdon perdón perdón mi amor no quiero que estés enojada conmigo.

–Te prometo que no lo voy a ver nunca más en mi vida pero a vos no quiero perderte si? Amo estar con vos.

–Todavía tenés ganas de enseñarme? Prometo ser tu mejor alumna.

–Estoy muy enojada con vos. Odio que me cuenten las cosas a medias y no confíen en mí.

–Quiero tener mi primera vez por atrás con vos Marce. Se que me vas a cuidar y vas a hacer que pierda el miedo. Sos la mejor lo sé y yo te adoro.

–Me perdonás?

Y con tantas palabras halagadoras sumado a caricias que le erizaban la piel fue cediendo de a poco…

–Bueno siii… te perdono… pero dormite ya pendejita degenerada que mañana tenés que ir a la universidad.

–Mañana si te portás bien empezaremos tus clases teórico prácticas con Joel 2 y conmigo vas a alcanzar un promedio de diez… y más te vale que me salgas buena ehhh…

Y esas palabras amenazantes encendieron a Stefy que se la montó y besó cada rincón de su cuerpo.

Se besaron ya más entradas en confianza, a Marcela se le pasó el enojo para darle lugar a la curiosidad y cuando su vecina bajó la guardia tras recorrerle toda su anatomía esta vez fue ella la encargada de explorar la estrecha vulva de la joven, si bien era algo torpe un tanto de placer pudo provocarle a su compañera de cuarto.

Se mimaron un rato más, buscó su ropa interior que en algún rincón de la cama quedó y se la puso. Se dio media vuelta flexionando su pierna quedando culo para arriba en esta segunda noche que dormían juntas.

Le encontró un sentido a sus noches de soltera con su marido a miles de kilómetros de distancia, es más, ahora deseaba que aún no regrese a casa.

Había un montón de noches y cosas por vivir con Stefy en su cama, más las ganas de introducirse esa pija enorme pero de suave textura que acababa de comprar. Era materia pendiente sin lugar a dudas.

Ya no le dio vergüenza de estar en tanga y con los pechos al desnudo al lado de esa jovencita atrevida que en apenas dos días le dio otra manera de disfrutar del sexo y mirando a la pared una sonrisa perversa se dibujó su rostro pensando en ese chico a quien iba a conocer y que seguramente le iba a cumplir su primer antojo de embarazada, hacerlo con un hombre de color.

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