Intercambio con un ex (1)

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T. Lectura: 12 min.

¡Hola a todos! ya me conocen por los relatos que he publicado, soy Lau y mi esposo es José. Y hace unos domingos atrás fuimos a visitar a unos familiares a una ciudad vecina. Almorzamos y después se empezó a levantar una tormenta que nos hizo decidir salir rápidamente hacia casa.

A mitad de camino se largó una fuerte lluvia, que no nos dejaba casi avanzar, veníamos a paso de tortuga por la ruta. Y casi llegando a nuestra ciudad, nos detiene un grupo de Bomberos diciendo que los accesos al centro estaban cortados por agua. Que deberíamos esperar.

Así que nos acercamos a una estación de servicio que estaba abarrotada de gente por la misma causa que nos detuvimos nosotros. Al entrar todos mojados, ya que hicimos una carrera desde el auto hasta la entrada bajo un diluvio, José me dice: ¿Viste quien está ahí?… Al mirar veo que era Marcos, mi primer noviecito, fue él quien me desvirgo, fue mi primera vez.

José sabía bien eso, yo se lo he contado mil veces y entre ellos se conocían muy bien porque fueron al mismo colegio secundario. Hacía muchos años que no lo veía, debido a que Marcos hace años se fue a vivir a otra ciudad.

Enseguida, nos saludamos, José con un abrazo a él y un beso a su pareja y yo le di un beso a cada uno. Nos amontonamos en un rincón y nos pusimos a charlar, dado que la espera iba a ser larga.

Nos contamos un poco de nuestras vidas, hasta que Marcos cuenta que Claudia es su actual pareja, que estuvo casado y se separó hace varios años y hace dos que está con ella. Ellos iban a nuestra ciudad por trabajo e iban a estar tres o cuatro días en un hotel cerca de casa. La charla se fue degenerando cuando José cuenta a Claudia que Marcos fue mi primera vez. Y ahí aproveche en despacharme y contar todas sus andanzas que provocaron nuestra rápida separación.

Ella con toda naturalidad y una sonrisa dice: ¡¡¡mira de lo que me vengo a enterar!!! Desde ese momento la conversación fue hacía de cómo había sido ese polvo entre risas y gente que prácticamente escuchaba muestra conversación por el amontonamiento.

Luego José no sé con qué motivo les contó que hace un tiempo empezamos a ser una pareja liberal. Dado que eso lo sabe muy poca gente, y menos nuestros conocidos.

Ahí Claudia, se interesó de sobremanera de cómo era eso, así que tuvimos que explicarles de nuestras aventuras con lujo de detalles, mientras las horas iban pasando y la lluvia cesaba.

Casi llegada la noche y mientras comíamos algo, un bombero grita que en media hora iban a habilitar las calles para poder llegar al centro de la ciudad. Nos dirigimos a nuestros autos, y vimos a Claudia con su larga melena negra suelta, un jogging negro muy ceñido y zapatillas del mismo color. La verdad es que durante todo el tiempo que estuvimos en la estación no me pude imaginar que Claudia tenía semejante culo que se marcaba en ese ajustado pantalón, se adivinaban perfectamente sus curvas y no pudo José evitar poner la mirada sin disimulo.

-Voy a ir a por un trapo, le digo a José al subirnos al auto

-¿Que vas a limpiar?

-Voy a darle una limpiada al piso, lo has dejado todo lleno de babas…

Sorio, fue tan evidente que lo mejor era no decir nada, cualquier cosa que dijera no aclararía nada. Si yo me había percatado, seguramente Claudia y Marcos también lo habrían hecho, ¿cómo se sentiría ella?, ¿sería algo que la excitaría?

Después de casi 15 años con José, llegamos a un nivel de complicidad máximo, solo con ver mis gestos, podía saber que pensaba en cada momento y a mí me sucedía lo mismo con él. Ese nivel de complicidad también se cumplía en la cama, yo sabía en cada momento lo que lo pone cachondo y él conoce lo que a mí me gusta.

Aquella misma noche llegamos tarde y cansados a casa, pero hicimos el amor, me colocó al estilo perrito, sé que esa posición le da un morbo especial, por tener la posibilidad de imaginar que era otra con quien estaba, yo lo conozco y seguro seguía manteniendo el recuerdo del culo de Claudia, cuando me cogía, seguro que era el culo de Claudia el que veía. -¿Te gusta mi cola o la cola de Claudia que estas imaginando? Le pregunto.

Con una sonrisa, me dice: -la tuya, pero cuanto me conoces que sabías que estaba pensando en el terrible ojete de ella.

Ahí comencé a moverme para que rápidamente se concentre en mí. Hasta que mis ojos fueron perdiendo el control al llegar al clímax, me encanta cuando llego y él intenta aplacar el deseo al compás de sus caricias, cuando gritamos juntos, cuando nuestros cuerpos nos traicionan y no lo podemos controlar.

El clímax duró unos instantes maravillosos en el que los dos perdimos la noción del tiempo, después quedamos rendidos uno junto al otro hasta quedar dormidos.

A la mañana siguiente nos despertamos desnudos, me acerque y me puse tras de él, al escuchar mi respiración, me pregunta si me cogería otra vez a Marcos. No supe que responder, tal vez le dije.

-Pero lo que tú quieres es cogerte a Claudia. Y nos besamos entre risas. Nos vestimos y cada uno a su trabajo.

Aquella pregunta me estuvo rondando por la cabeza durante la mañana, la verdad, es que sentía curiosidad por saber que había pasado por la mente de Marcos al volvernos a ver. Y aunque no se lo conté en ese momento a José yo también pensé en Marcos mientras cogíamos, deseaba saborear sus labios, me moría por sentir sus caricias, por saber cómo olía, como coge ahora que debe ser muy diferente a cuando éramos dos adolescentes.

Después del almuerzo fui hasta el supermercado a comprar unos víveres y me encuentro por esas cosas de la vida otra vez con Claudia, nos pusimos a charlar y como estábamos muy entusiasmadas, la invite a mi casa a tomar un café. Por mi cabeza me seguía preguntando, si a ella le pasaría algo semejante de lo que a mí me sucedía, intentaba adivinar en sus gestos y palabras algo que la delatara, algo que me hiciera albergar la esperanza de un día poder concretar algo.

La verdad es que no había nada que me diera esperanzas, ella siempre era de lo más políticamente correcta, aunque también tengo que decir que mi trato hacia ella era igual de correcto, por lo que seguramente ella podría estar pensando lo mismo que yo.

Paso la hora y yo me tenía que ir al trabajo. Habíamos hecho casi una amistad y quedamos para cenar los cuatro a la noche en casa sin consultar a José y Marcos que seguramente no tendrán problemas. La cena empezó con muchos tragos, y todos saben cómo me pongo cuando bebo un poco, así que tras la cena, todos estábamos de lo más animados.

Noté a Claudia algo contentilla seguramente por el efecto del alcohol, cuando de repente me sorprende con dos besos de mejilla con mejilla, tras el enésimo brindis, que se convirtieron en dos sonoros besos de sus labios en mis mejillas, tanto es así, que se me quedaron marcadas de lápiz de labios uno en cada mejilla…

Acto seguido las dos sonreímos y no pude evitar lanzarle un guiño, acompañado de una mirada, que decía mucho sobre lo que en ese instante deseaba.

Las copas seguían llenándose, yo ya había dejado toda inhibición, digamos que mi comportamiento no cambiaba en nada al que normalmente tengo acostumbrado a José cuando estoy caliente, continuamos con un baile digamos un poco sensual, hablando alegremente y no parando de reírnos.

Lo bueno como la música estaba muy alta, Marcos en una oportunidad se tuvo que acercar tanto que pudo rozar mi oído con sus labios, fue algo que podía haber evitado y que por supuesto no me dio la gana de evitar. Cada vez que le hablaba me acercaba más a él, pegaba mi cuerpo al de él. Hasta que aproveche para reprocharle de cómo me había gorreado, no con una sino con varias en aquella oportunidad, lo que provoco nuestra separación.

Nuestra conversación no se parecía en nada una habitual, nos reíamos de Claudia, que según él nunca la había visto tan contenta como esa noche. Y me comentó que ella le propuso que le gustaría ser una pareja como lo somos yo y José. Una pareja liberal, que cada uno pueda estar con otro, pero sin mentiras y nada a escondidas.

Los dos reímos durante un rato, mientras la música seguía sonando, me sentía como dentro de una burbuja ajena a todo lo que sucedía a mí alrededor y sé notaba que a Claudia le sucedía algo semejante, hacía tiempo que ya habían desaparecido las distancias de seguridad que habitualmente suele haber entre los dos.

Tanto hablar tanto hablar comencé a sentir reseco y le pregunté a Claudia y José si querían tomar algo, pero al darme la vuelta buscándolos, vi que allí no había nadie, mientras hablaba apretada con Marcos había perdido la noción de la realidad y no me había dado de cuenta que seguramente habrían ido al baño.

No había dado ni dos pasos cuando durante unas décimas de segundo un foco iluminó a José en la habitación que hablaba con alguien que tenía en frente y se funden en un abrazo con la chica que tenía delante que no podía ser otra más que Claudia, pero el alcohol a esa altura no me hacía pensar. De repente me quedé inmóvil observando la escena, pude acercarme a la puerta y solo la podía ver de espaldas.

Me quede durante unos segundos inmóvil mirando, José la besaba metiéndole la mano que no perdía el tiempo y acariciaba su culito, ella también estaba teniendo un calentón y para nada permanecía pasiva, las manos se colaban por el interior de su camisa, mientras no paraba de sobarlo…

Estuve a punto de acercarme a ellos, pero no lo hice, en mi cabeza comenzaron a abrirse un mundo de posibilidades. Otro motivo de no acercarme fue que, la escena de los dos metiéndose mano me había producido un morbo enorme, junto con las manos de Marcos que empezaban a recorrer mi cola.

Tras un minuto observando la escena, perdida en mis pensamientos, ellos giraron y nos observaron, el rostro de Claudia cambió, hasta que Marco les dijo sigan.

Nos quedamos mirándolos un momento más, la expresión de la cara de Marcos había cambiado por completo, me hubiera gustado saber lo que pasaba por su cabeza en ese instante…

Tras un par de minutos donde ellos comenzaban a desnudarse, sentí como Marcos tiraba del brazo y me hablaba al oído.

En ese instante sus manos rodearon mi cuello, permanecimos abrazados sin decir nada, necesitábamos saborear el momento, podía escuchar su respiración, podía saborear su aroma, nuestros labios se encontraron otra vez, después de tanto tiempo, nuestras bocas se unieron muy despacio al principio, rozando y volviendo a rozar, el respondió con caricias.

Estábamos de pie, mis manos exploraban su cuerpo y a la vez desataban los botones de su camisa, los nervios hicieron que no pudiera desatar los dos últimos así los arranque de un ligero tirón. Mientras, mis labios besaban su cuello con avidez, sentía como toda su piel se erizaba cuando con ligeros chupetones recorría su cuello desnudo.

Sentí como su corazón bombeaba a más velocidad. Seguimos pegados hasta la otra habitación. Entramos, en ella solo hay dos camas chicas, pero eso era lo que menos me importaba en ese momento…

Yo estaba de espalda inmóvil mientras sus brazos rodeaban mi cintura, besaba mi cuello desnudo, sentía como su respiración se aceleraba a cada instante que pasaba, al momento que yo dejaba caer mi vestido al piso donde los pezones se marcaban al otro lado del sujetador mientras toda mi piel se erizaba.

Retira con delicadeza el sujetador y comienza a acariciar mis pechos, los presiono con delicadeza, rozo con las yemas de sus dedos sus aureolas, mis labios continúan recorriendo su piel, mientras su mano se encamina dirección a mi entrepierna. Su tripa siente el roce de mis dedos sobre ella, de tal forma que mi mano puede colarse sin problemas entre la piel y su pantalón, sus dedos rozan mi tanguita por encima y seguro puede sentir a través de ellos la cálida humedad de mi vagina.

Suelto el botón del pantalón, y ya sus dedos se cuelan en la tanguita, ahí me arranca el primer gemido involuntario, en ese instante mis caderas comienzan a moverse al compás de sus caricias.

Muy despacio mi lengua recorre su pecho, besos, pequeños mordisquitos, chupetones, poco a poco la lengua baja, mientras, no hay un solo centímetro de piel que quede sin explorar. A la llegada al pantalón intento soltarlo, y caen hasta la altura de los muslos, lo miro a los ojos y sonreímos, los calzoncillos corren el mismo destino y su pija queda libre, que se encontraba en su pleno esplendor, mis manos se posan sobre ella, con mucha delicadeza, comienzo a masturbarlo. Aparta el pelo de mi cara, lo coloca tras los hombros, con la punta de la lengua comienzo a rozar el capullo con una delicadeza exquisita, con tranquilidad, la saboreo, la chupo.

Me detengo por un instante para mirarlo a los ojos, me gusta mirar mientras lo hago, tras unos segundos de pausa, comienzo a acariciar sus huevos uno a la vez e introduzco toda esa carne erecta en mi boca, arriba y abajo mientras su miembro desaparece y aparece una y otra vez dentro de ella, succiono cada vez con más intensidad, haciendo el vacío y rozando con mi lengua todo ese tronco.

Pocos segundos han pasado cuando el cuerpo de Marcos comienza a traicionarlo y lo atrapa el primer orgasmo, mientras siento como toda su musculatura se tensa en cada espasmo, lanzo varios disparos de semen que se cuelan entre mis tetas. No era lo que esperaba, pero ya está.

Me pongo de pie y le rodeo el cuello con mis brazos, le apoyo mis pezones con leche caliente en contra el suyo, acaricio su espalda desnuda con las yemas de los dedos, la recorro casi sin tocar y siento como su piel reacciona y comienza a erizarse.

Recorremos los escasos pasos que nos separan de una de las camas y caemos sobre ella, tumbados sobre la cama lo observo y pienso que hubiera pasado si no me hubiese gorreado en aquel momento. Durante mucho tiempo había imaginado ese momento.

Termine de bajar su pantalón quedando ante mi completamente desnudo, al tiempo que también retiraba mi tanga. Sus dedos comenzaron a acariciar otra vez la ya empapada rajita, no pude evitar gemir de placer al sentir ese contacto, a la vez que mis piernas se abrían para facilitar la tarea.

Su lengua recorría cada centímetro de mi anatomía siguiendo el camino que lleva a zona húmeda, mientras, en la habitación resonaba la respiración cada vez más descontrolada, todo mi cuerpo convulsionó cuando por vez primera hundió su lengua en lo más profundo, poco a poco fue recorriéndolo mientras degustaba mis maravillosos fluidos. Eso hizo que arqueara mi espalda y comenzara a moverme al compás de su lengua, abro las piernas para levantarlas, y entrelazarlas por encima de su espalda.

Mi concha depilada conservando solo una fina tira de vello púbico en el centro, el clítoris hinchado, mientras su lengua no podía dejar de jugar con él, los dedos entraban con facilidad en ella, se colaban en mi interior.

Cuando estaba en pleno disfrute en ese momento escucho su voz diciendo: -Date vuelta.

Obedecí, supongo que al verme en esa situación hizo que toda su sangre se amotinara otra vez en su miembro que endureció.

Sus dedos volvieron a explorar en lo más húmedo de mi ser, resbalaban arriba y abajo desde el clítoris hasta mi ano. Se lo notaba caliente, y enseguida me sujeto por las caderas fuertemente y tras una fuerte embestida su ya recompuesto miembro se clavó hasta lo más profundo, arqueo mi espalda para facilitar su penetración, para que sea más profunda y lanzó un gemido de placer.

Sus palabras eran entrecortadas, se mezclaban con los gruñidos, gemidos y chirlos que sonaban en mi cola.

Escuchar sus palabras hacían que me volviera loca, sus manos se aferraban con fuerza a mi cadera, su respiración cada vez era más rápida, más entrecortada, en ese instante perdí el control, comencé a sentir las primeras convulsiones, mi mano fue directo a mi clítoris que necesitaba un poquito de ayuda para explotar.

Fueron unos instantes maravillosos en los que pareció que el mundo y el tiempo se habían detenido a la vez, por un instante habíamos olvidado todo lo que aquella noche nos había llevado hasta allí.

Abrimos la pequeña cama y entramos en ella, quedando acurrucados, desnudos, no hablamos ni una sola palabra, los dos nos mirábamos a los ojos con una media sonrisa en los labios, estuvimos así durante unos minutos hasta que perdimos la conciencia y quedamos dormidos.

No había pasado mucho cuando un ruido me despertó, en un principio estaba algo desorientada, tardé un par de segundos en situarme, solo cuando pude ver a José en la puerta recordé lo que había pasado. Fue entonces cuando miramos hacia el interior de la habitación y por el suelo de estaban esparcidas nuestras ropas, sujetadores y tangas se mezclaban con camisas y pantalones y con una sonrisa nos despedimos.

A la mañana al despertar con Marcos nos asomamos a la habitación donde pasaron la noche ellos, que permanecen ajenos a nuestra presencia, Claudia estaba con las piernas todo lo abiertas de lo que es capaz, mientras José hunde su lengua en su coñito una y otra vez, está completamente entregada a él, permanece con los ojos cerrados moviendo la cabeza a derecha e izquierda, con el rostro congestionado, a la vez que con la mano presiona hacia ella la cabeza de José.

Verla disfrutando como una loca, entregándose en cuerpo y alma, hizo que Marcos tenga sentimientos encontrados, era algo raro, una sensación diferente a todo lo que hasta aquel día había sentido, ser testigo de aquella escena no solo lo había hecho sentir celos, también lo había comenzado a excitar de una forma increíble.

Pego su cuerpo desnudo al mío, permaneciendo mudos observando, sentí como su miembro había vuelto a crecer y presionaba sobre mi culo.

Retiro el pelo de mis hombros y comenzó a besar el cuello desnudo, el estímulo de verlos ahí había conseguido ponerme a mil, sus manos comenzaron a colarse entre mis piernas, mis pechos y mi piel.

Mientras en el interior de la habitación, ahora era Claudia la que introducía aquel pene en su boca, lo sujetaba con su mano y lo introducía en la boca con rápidos y acompasados movimientos, José permanecía erguido delante de ella, sus manos acariciaban su pelo, mientras su mirada se perdida en el techo.

Para aquel entonces Marcos colaba con facilidad sus dedos en mi húmeda argolla, la recorría muy despacio, entraban y salían de ella, rozaban mi clítoris, se impregnaban de mis fluidos, gemía de una forma suave. Si no hubiera sido porque en el interior los gruñidos de José y Claudia enmascaraban los míos, hace ya tiempo que nos hubieran descubierto.

El morbo fue total cuando José lanzó sobre la cama a Claudia, e hizo que se tumbara boca abajo y la mirada de esta, quedo clavada en la oscuridad de la puerta donde nosotros estábamos, sus ojos apuntaron directamente sobre nosotros. Su rostro decía que ella estaba en otro mundo, su boca entreabierta era un continuo jadeo cuando los labios de José se hundieron entre sus nalgas y comenzaron a lamer el ano y sus alrededores. Durante unos minutos su lengua recorrió una y otra vez cada uno de los rincones más sensibles de aquel estrecho agujerito.

Estaría completamente lubrificada cuando José cambió la lengua por uno de sus dedos, lo hizo pausadamente, no sin antes humedecerlo con su saliva, poco a poco entro en el ano de ella, al principio su rostro se congestionó por dolor o placer, sus músculos se tensaron y las manos se aferraron a las sábanas de la cama…

Primero un dedo, luego cambio y le introdujo el pulgar, poco a poco y tras unos minutos de gemidos que no me atrevería a definir, sus dedos comenzaron a colarse sin dificultad, Claudia había dejado de gritar y ahora gemía al ritmo que le marcaba José.

Marcos estaba excitadísimo, su respiración estaba desbocada, toda su sangre se amotinaba en un mismo lugar, y yo aprovechaba a restregar mi culo contra su humanidad, mientras sus dedos no habían dejado ni un momento de jugar con mi clítoris.

José no pudo resistir más la tentación, se incorporó ligeramente y separó las piernas de Claudia, ella permanecía boca abajo mirando hacia la puerta. El mango carnoso permanecía erguido como un bastón, su capullo asomaba brillante y sonrojado. Se situó tras ella y comenzó a frotar el capullo contra su cuevita para humedecer su verga, durante unos segundos estuvo rozándolo mientras Claudia clavaba su rostro contra las sábanas, podía escucharse su respiración acelerada.

Un fuerte gemido resonó en aquella habitación cuando la pija de José se clavó por completo en el culo de ella, fue una embestida seca. Durante unos instantes permaneció inmóvil dentro de ella, saboreaba el momento, degustándola. No alcanzábamos a ver el rostro de ella, lo seguía teniendo clavado sobre las sábanas, mientras yo no podía dejar de mirar, comenzaron a escucharse ligeros gemidos ahogados cuando él comenzó a moverse, cada embestida iba acompañada de un gemido, entraba y salía de ella sin dificultad.

En ese instante algo me sobresaltó, Marcos tomó mi mano y entramos en la habitación…

José freno sus movimientos, mientras Claudia dio un grito tapándose con las sábanas. La sorpresa quedó dibujada en sus rostros.

José con una media sonrisa entre sus labios a la vez que me miraba, no fue capaz de articular palabra, solo con sus manos nos llamó a la cama. Y reinicio sus movimientos dentro del culo de Claudia.

Marcos pasó la mano por detrás de la cabeza de Claudia y la hizo agacharse con dirección a su verga y sin rechistar bajó la cabeza a la vez que soltaba las sábanas que cubrían su cuerpo. Comenzó a mamársela a la vez que su mano dejaba al descubierto el sonrojado capullo. En ese momento su rostro estaba dibujada la viva imagen de la lujuria, lo tragó siguió lamiendo como si de un helado se tratara, mientras su lengua trabajaba sin descanso, no dejaba de mirarme, su mirada era igual al de una prostituta que busca calentar a su cliente…

La verdad sea dicha que lo consiguió, no quise ser menos me colocó de tal forma que pudiera chuparla yo también. Había una diferencia ella tenía la pija de José enterrada en el culo y yo todavía nada. Y estaba deseosa de ser mimada.

Corro a Marcos me coloco frente a Claudia, en igual posición, en cuatro, me situó de tal forma que quedamos cara a cara, las dos estábamos arrodilladas una frente a la otra y sin perder tiempo la beso cuando ella tenía los ojos cerrados por el disfrute que le estaba proporcionando José.

Continúa.

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