Una buena amistad entre hombres (1)

4
5606
T. Lectura: 6 min.

Después de aquella vez que probé a un hombre por primera vez, no fue todo miel sobre hojuelas, en los días siguientes tuve una resaca moral que me torturaba. Pensaba que me había traicionado a mi mismo, a mi hombría, hasta tenía sensaciones de asco, y prometí no volverlo a hacer. Al menos eso fue en aquel momento.

Conforme los meses pasaron, creo que hice las pases conmigo mismo y acepté lo que había hecho. Comencé a recordarlo con más placer y menos angustia. Pronto esos recuerdos de verme en los brazos de Carlos, los besos, su verga penetrándome, volvieron a ser un detonante que me daban gran excitación al masturbarme. Empecé a fantasear de nuevo con volverlo a hacer. Pero aun así, no me atrevía a dar el paso, temía volver a caer en la resaca moral, además de que, ya estando en mi ciudad, me daba mucho miedo que por alguna razón alguien se enterara y se “manchara” mi reputación de hombre.

Aun así, creo que la mayoría de los que me leen en este momento estarán de acuerdo conmigo, en que la calentura llega a ser más fuerte que cualquier miedo a ser descubierto. De modo que empecé a entrar en chats de IRC donde encontré una comunidad de hombres calientes y curiosos como yo. Casi siempre que entraba al chat era solo para platicar y morbosear, sin intención de un encuentro real.

A veces, cuando encontraba alguno de mi ciudad, llegaba hasta el punto de compartir contactos, compartir fotos, y fantasear con la posibilidad cada vez más cerca de vernos en persona, pero después de masturbarme deliciosamente pensando en mi encuentro con ellos, mi deseo desaparecía, y regresaba ese miedo a hacer algo que realmente me gustaba más en fantasía que en realidad. Era un círculo vicioso, cada vez un paso más cerca de hacerlo real, pero empezaba a creer que no iba encontrar lo que buscaba en los chats.

Todo cambió cuando empecé a ir a un nuevo gimnasio, y conocí a Armando, un hombre en sus treintas, que yo ya había visto en redes sociales porque era novio de una amiga mía. Alto, delgado, atlético, de barba densa y bien delineada. Tuve la confianza de acercarme a él porque a pesar de nunca haberlo conocido en persona yo lo había visto en muchas fotos y fue fácil iniciar una conversación con él. En ese momento yo lo tenía ninguna intención perversa, simplemente era un tipo hetero que se veía buena onda y que me pareció buena idea entablar amistad.

Un día, mientras yo me preparaba en los vestidores para salir a hacer pesas lo vi salir de las regaderas, y para mi sorpresa, salió completamente desnudo. No muchos en este gimnasio eran tan desinhibidos, la mayoría de los que se osaban a salir desnudos de las regaderas eran hombres ya mayores. Y no puedo mentir, me traicionó el subconsciente, mis ojos lo siguieron desde las regaderas hasta su locker, me vio, me saludó, y yo solo contesté desviando la mirada y saludando como si nada.

Pero era como si su desnudez tuviera un magnetismo en mi mirada que me hacía regresar a él. Era delgado pero de músculos definidos, piel clara, vello corporal abundante pero no demasiado, su verga colgaba flácida entre sus pelvis peluda, y sus huevos grandes y rasurados. No se si se habrá dado cuenta que lo veía en ese momento, es posible que si.

Y claro, ahí voy yo el supuesto macho heterosexual a pasar los próximos días fantaseando con tener aquella verga en mi cara, no sé cuantas veces me masturbe pensando en eso, después a imaginarme tocando su cuerpo, besándonos, y pues todo, todo lo imaginable. Pero nada pasó, por varias semanas no pasaba más que saludos y pláticas ocasionales. Platicábamos de deportes, así que un día jueves me propuso ir a su casa a terminar de ver el juego de fútbol americano que en las pantallas del gimnasio se veía que se había puesto emocionante. Yo, todavía sin pensar que mis fantasías tuvieran la posibilidad de volverse realidad, acepté, sin ninguna intención más allá. Nos fuimos con la ropa de gimnasio aún puesta para no perder más tiempo del partido.

Llegué a su casa con un doce de cervezas, y una bolsa de botanas. El vivía solo, y me recibió todavía en su ropa de gimnasio, unos shorts muy cortos que usaba muy por arriba de las rodillas, porque era un ávido corredor, y una camisa deportiva sin mangas. Nos dispusimos a ver el juego y tomar cerveza, platicábamos de deportes y algunos otros temas, pasamos un rato agradable, y las cervezas fluyeron fácil.

Estábamos los dos sentados en su sillón, frente a la pantalla de televisión, como dos amigos cualquiera, pero el alcohol empezó a traer a mi mente mis fantasías, y empezaba a desviar mi mirada hacia su entrepierna, que con el pequeño short de tela muy ligera, dejaba ver con bastante detalle lo que había debajo. Yo aprovechaba cuando la televisión lo distraía para voltear a verlo a él. Muy dentro de mi yo deseaba ser descubierto.

Nos terminamos las cervezas, y Armando sacó una botella de tequila de su cava, ofreciéndome un caballito, para dormir agusto, me dijo. Se sentó un poco más pegado a mí, y sirvió dos tragos. Brindamos y los tomamos hasta el fondo. Hubo un silencio incómodo, y en eso se me ocurrió preguntarle:

Yo: Oye wey ¿no te da pena salir en pelotas de las regaderas en el gym?

Armando: Pues no, la neta ya estoy acostumbrado. Además son puros hombres, aunque a veces si hay algunos que se quedan viendo, pero me gusta dar show jajaja

Mientras servía un segundo caballito de tequila para cada quien. Creo que en ese momento me puse rojo, y el se dio cuenta, pero no dijo nada más. Volvimos a brindar pero esta vez solo tomamos un pequeño sorbo de tequila y seguimos platicando. Le pregunté sobre su novia, mi amiga, y me comentó que habían terminado hacía un par de semanas. A estas alturas mi lengua la estaba un poco más suelta de lo normal y volví a soltar un comentario un poco morboso, en broma:

Yo: Has de traer los huevos bien pesados jajaja

Armando: jajaja si ya dos semanas sin nada.

Yo: ¡tienes que hacerlo por tu propia mano!

Armando: pues si ,pero no es lo mismo.

De nuevo un silencio incómodo. Los tequilas ya me tenían a mí al borde de la calentura, pero me estaba conteniendo. Otra vez la puta que vive en mi se estaba apoderando jaja. En eso, Armando estira las piernas y se recuesta en el sillón, dejando su entrepierna más expuesta, y era obvio que su pene había crecido un poco. Seguíamos sin decir nada hasta que rompo el silencio:

Yo: Estamos en confianza.

Armando: ¿por qué lo dices?

Yo: No por nada jaja (risa nerviosa)

Armando: ¿Crees que soy gay?

Yo: No, para nada ¿por qué?

En ese momento me bajo rápidamente de mi nube de morbo, me sentí muy apenado, no sabía que decir.

Armando: ¿tú eres?

Yo: No, la neta no. (Lo negué todo, regreso a mi el miedo de dañar mi reputación)

Armando: ¿Pero se te antoja o que?

Tarde unos segundo en contestar.

Yo: Naah (seguía negándolo)

Armando: Ufff la neta que si traigo los huevos bien pesados jajaja – Mientras se pasaba las manos por su entrepierna, por encima de la ropa. Yo no sabía que contestar, estaba un poco paralizado.

Yo: Pues dale jajaja

Armando seguía acariciándose cada vez más, mi corazón empezó a latir, estaba sucediendo de nuevo. Yo con una sonrisa nerviosa en mi cara. Vi como su verga se ponía cada vez más grande debajo de su shorts, hasta que de repente metió su dedo pulgar debajo del elástico y lo bajó, dejando salir su verga que en segundos alcanzó la completa erección. Era más o menos gruesa, y mínimo de unos 18 cm. Me quedé paralizado viendo aquella belleza de verga, cómo con su mano la recorría de arriba a abajo hasta que me dijo:

Armando: ¿qué onda le damos los dos?

Yo: Siii

Mi verga ya estaba a media erección y de igual forma bajé mi shorts para que en segundos estuviera a full. El gemía sin pena, así que yo hice lo mismo. Estábamos los dos a escasos centímetros el uno de el otro con dos vergas de 18 cm al aire, disfrutando una buena jalada, gimiendo como machos. En un momento Armando se detuvo un poco, creo que estaba a punto de venirse y aún no quería terminar, por lo que soltó su verga y levanto un poco su cadera para calmar el orgasmo inminente, de manera que quedó expuesta en su máximo esplendor, mientras yo seguía masturbándome. Vi lo que hacía y después de unos segundos decidí ayudarle.

Estiré mi mano alcanzando su verga, no sabía cuál sería su reacción así que solo la tomé con firmeza dándole dos jalones y luego la solté. Escuché que de su boca salió entre gemidos un “aaahhh siii”. Intuí que le había gustado, así que volví a tomarla ahora con mayor seguridad y empecé a masturbarle lentamente, desde la punta hasta la base de su pene, con los dedos tomaba un poco de su precum y lo esparcía por toda su verga, para después pasar hasta los huevos. Para entonces Armando ya estaba con los ojos completamente cerrados, disfrutando lo que le hacía.

Yo quería tocar más, pero decidí ir poco a poco, me limité a masturbarle, tocar sus huevos y un poco su abdomen, hasta que soltó un gemido fuerte y su cuerpo empezó a temblar, soltando una descarga de mecos que salió disparado en el aire cayendo un poco sobre mi brazo y al final un gran chorro escurrió por mi mano. Seguí masturbandole por unos segundos, y después esa misma mano bañada en su semen la llevé a mi verga para terminar de masturbarme.

El me veía masturbarme, completamente extasiado, disfrutando todavía su orgasmo, estiró su mano un poco después pero justo en ese momento llegue al clímax soltando un chorro de semen que en mi mano se mezclaba con el suyo. Su mano alcanzó mi verga ya solo para esparcir nuestros mecos por toda mi verga y mis huevos. Estiré mi mano para alcanzar su verga también y ahí quedamos por un momento acariciandonos mutuamente, como pensando en lo que habíamos hecho.

Esta vez no tuve la sensación de arrepentimiento que había tenido antes, pero claro, tampoco llegamos a tanto. Y creo que por el momento estábamos satisfechos. Más tarde me confesó que era la primero vez que hacía algo así, y yo le dije que también para mí era la primera vez, aunque no era cierto. Nos levantamos a asearnos al baño, y regresamos al sillón a terminar nuestras bebidas como si nada hubiera pasado.

Yo en ese entonces ya estaba casado, y mi esposa podría sospechar si llegaba mucho más tarde a casa ya que el juego había terminado, así que decidí retirarme. Al despedirnos nos dimos la mano como dos buenos amigos, y nos dimos un abrazo fraternal. Per muy dentro de nosotros sabíamos que nada seria igual, y estaba seguro que esta no sería la última vez que lo haríamos.

“Que se repita” dijimos al despedirnos.

Loading

4 COMENTARIOS

  1. Hermosa imagen. Dos machos consolandose mutuamente,. Yo en tu lugar me hubiera subido y cabalgado hasta hacerlo acabar de nuevo.

    • Es lo más delicioso, y una vez que encuentras alguien así, no dejas de pensar en lo que vas a hacer la próxima vez que lo veas. Estuve días fantaseando y mojándome en precum cada vez que lo recordaba.

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí