Enamorándome de Dianita (22)

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T. Lectura: 11 min.

Thiago escucho el agua caer, miro hacia la puerta del baño y se dio cuenta que se podía ver la perfecta silueta de Sofia, trago saliva y trato de contenerse mirando la televisión, pero escuchar el sonido del agua y saber que la puerta no estaba cerrada lo llenaba de morbo, se puso de pie y camino lentamente hacia la puerta del baño, desde allí pudo ver perfectamente como caía el agua en el cuerpo desnudo de Sofia. – Dios esta mujer es sencillamente perfecta, – decía Thiago en un pequeño susurro. Y siguió contemplando el escultural cuerpo de Sofia.

Sofia pudo ver la sombra de Thiago detrás de la puerta y sonrió pícaramente, se giró con toda la intención de darle una perfecta imagen de sus senos, quería ponerlo caliente, así sería mucho más fácil seducirlo. Siguió acariciando su cuerpo con sus manos cada vez que pasaba el jabón por su piel la espuma resbalaba por su cuerpo y el agua se llevaba cada partícula siguiendo sus formas. Giró su rostro y lo vio a través del cristal, observándole. Sonrió y le hizo un gesto invitándole a entrar. Thiago se sorprendió al verse descubierto y a la invitación por parte de Sofia.

Abrió más la puerta y se quitó la camiseta y el jean ante su atenta mirada, cuando estuvo totalmente desnudo, Sofia quedo sorprendida por el tamaño y grosor del pene, sus ojos se abrieron más y mordió su labio, Thiago se deslizó entre sus brazos, abrazándola tan fuerte como era posible.

Besó el cuello húmedo de Sofia y acarició su espalda, clavando los dedos cuando sus manos se deslizaban hasta su perfecto trasero mientras la atraía hacia él. Thiago siguió mojando el cuerpo de Sofia con el grifo con delicadeza y comenzó a enjabonarle de manera casi ceremonial; muy despacio, recreándose en cada rincón, pliegue y curva. Para entonces el cuerpo de Sofia no estaba mojado solo por fuera, y sus muslos fantaseaban con rodear la cintura de Thiago. Él sujetó el grifo de nuevo enjuagándola al mismo tiempo que su otra mano acariciaba con disimulo su piel. Dio más potencia al grifo y lo dirigió entre los labios vaginales ya hinchados, provocándole un espasmo al encontrarse el chorro con su clítoris.

Thiago se colocó a su espalda sin mover el grifo de su nueva y placentera ubicación, metió la mano entre sus piernas y rebuscó en su humedad más profunda con sus gemidos como hilo musical. – Hazlo, lo necesito, le suplico Sofia. En ese momento sacó los dedos, arrimó su pelvis y la penetró con firmeza. Un fuerte gemido y un empate que la hizo apoyarse en la pared para no caerse. Thiago siguió penetrándola despacio, con fuerza, profundo, sin apartar el grifo que la estremecía y mordiendo su cuello en cada penetración.

El agua caía cálida entre las piernas de Sofia y era incapaz de distinguir cuánto calor sería del agua, y cuánto de su propia humedad y lo mucho que la excitaba Thiago cuando sabía exactamente qué partes de su cuerpo tocar y cómo lo hacía. Thiago llevó una mano a las tetas de Sofia, apretándolas fuerte sin cesar su movimiento de caderas. El choque de sus cuerpos formaba una dulce y potente melodía con la cadencia perfecta.

El vapor empañaba el cristal y el agua caliente resbalaba por sus cuerpos, mezclándose con el sudor que ya los cubría. La tensión sexual entre ellos era palpable, como si el aire mismo estuviera cargado de electricidad. Thiago, con sus músculos tensos y su mirada intensa, se movía sobre Sofía, sus caderas marcando un ritmo frenético que la acercaba al borde del clímax. Ella, con los ojos cerrados y la boca entreabierta, dejaba escapar gemidos ahogados, su cuerpo respondiendo a cada embestida con un placer que la consumía. Pero justo cuando Sofía estaba a punto de rendirse al orgasmo, Thiago se detuvo.

Ella abrió los ojos de golpe, su respiración acelerada y su expresión mezcla de frustración y deseo. Antes de que pudiera protestar, él la empujó contra la pared fría de la ducha, sus manos firmes sobre sus caderas. Sofía sintió el choque del agua contra su espalda, el contraste entre el calor de su piel y la superficie fría del azulejo. Thiago se arrodilló frente a ella, su mirada fija en su centro, y Sofía supo lo que venía. Con una lentitud que la hizo temblar, Thiago acercó su rostro a su sexo, su aliento cálido rozando su clítoris.

Sofía apoyó una pierna sobre su hombro, un gesto instintivo que le permitía abrirse más a él, ofrecerle todo sin reservas. Él no tardó en responder, su lengua encontrando su clítoris con una precisión que la hizo arquear la espalda. Thiago la devoraba con una mezcla de ansias y devoción, como si cada lamida, cada succión, fuera una promesa cumplida.

Sofía se aferró a la pared, sus uñas clavándose en el azulejo mientras el orgasmo la invadía. El placer la recorría en olas, cada contracción de su cuerpo resonando en un grito ahogado que se perdía entre el vapor y el sonido del agua. Thiago no parecía querer parar, su lengua incansable, sus labios firmes alrededor de ella, como si su única misión fuera hacerla gritar una y otra vez. Sofía sintió que se desvanecía, que su cuerpo ya no le pertenecía, que era solo un instrumento en las manos de Thiago.

Pero incluso en medio del éxtasis, Sofía necesitaba un respiro. Bajó la pierna de su hombro, en parte por estabilidad, en parte por pedirle clemencia. Su cuerpo temblaba, sus músculos agotados, pero sus ojos brillaban con la intensidad de lo que acababa de vivir. Thiago se levantó, su mirada llena de satisfacción, como si hubiera conquistado algo más que su cuerpo. Sofía, aún jadeante, lo miró con una sonrisa entrecortada y, sin decir una palabra, acercó su pie a la entrepierna de Thiago.

Su movimiento fue lento, deliberado, como si estuviera trazando un mapa de su deseo. Sus dedos rozaron la erección de Thiago, su tacto ligero pero firme. Él cerró los ojos por un momento, su respiración acelerándose, antes de abrirles y clavarlos en los de Sofía. La mirada que compartieron fue eléctrica, cargada de una complicidad que no necesitaba palabras. Sofía acarició su erección con más firmeza, su pie desnudo deslizándose sobre él, su piel suave contrastando con la dureza de su miembro. Thiago no pudo contenerse más. Agarró los muslos de Sofía con fuerza, sus manos dejando marcas rojas en su piel.

Ella lo miró con una mezcla de desafío y rendición, como si le estuviera diciendo que estaba lista para lo que viniera. Él arqueó la espalda, su cuerpo tensándose mientras explotaba de placer. Su semen salió en chorros calientes, salpicando los pies de Sofía, mezclándose con el agua de la ducha. Ella observó el espectáculo con una sonrisa satisfecha, su pie aun rozando su erección ahora tranquila.

Cuando Thiago recuperó la compostura, se levantó con un suspiro profundo. Su mirada se encontró con la de Sofía, y en ese instante, no hicieron falta palabras. Él la acercó a su cuerpo, sus brazos rodeándola con una fuerza que la hizo sentir protegida y deseada al mismo tiempo. Con un movimiento fluido, Thiago la tomó en brazos, sus piernas envolviendo su cintura, y salió del baño sin decir una palabra.

El agua dejaba un rastro de gotas mojadas sobre el piso de la habitación, pero ninguno de los dos parecía notarlo. Thiago caminó hacia la habitación, Sofía aún en sus brazos, su cuerpo desnudo contra el suyo. La luz tenue del dormitorio los recibió, y por un momento, se quedaron allí, en silencio, sus respiraciones sincronizándose. Thiago la dejó suavemente sobre la cama, pero no se alejó. Se arrodilló frente a ella, su mirada recorriendo su cuerpo con una intensidad que la hizo temblar.

Sofía lo miró, sus ojos brillando con una pregunta que no necesitaba ser formulada. Thiago sonrió, una sonrisa que prometía más, que dejaba la puerta abierta a lo que pudiera venir. Se inclinó hacia ella, su aliento rozando su cuello, pero no la besó. En su lugar, se levantó y se alejó hacia la puerta, su silueta recortándose contra la luz del pasillo. Sofía lo observó, su corazón latiendo con fuerza, sabiendo que esto no había terminado. Thiago tomo su ropa se vistió, con una sonrisa de satisfacción le agradeció por la tarde perfecta.

La puerta se cerró detrás de Thiago, dejando a Sofía sola en la habitación. El silencio era denso, solo roto por el sonido de su respiración y el latido de su corazón. Ella sonrió, una sonrisa que era tanto de satisfacción como de anticipación. Sabía que esto era solo el comienzo. Y mientras se recostaba en la cama, su cuerpo aún tibio, su mente ya imaginaba lo que vendría después de que su plan macabro alejara de una vez por todas a Diana de su vida. La historia estaba lejos de terminar, y Sofía estaba lista para escribir el siguiente capítulo.

Al salir de la casa de Sofia, Thiago sentía sentimientos encontrados, tenía satisfacción, pero al mismo tiempo remordimiento y no sabía el motivo, el dolor en su corazón era como se le hubiese fallado a alguien, pero no tenía idea de a quién. Tomo un taxi para irse a su casa se sentía abrumado y necesitaba descansar estar solo, en el camino vio el mirador y una fuerza invisible le decía que se dirigiera a ese lugar, pero prefirió seguir su camino.

Al llegar a su casa subió las escaleras y se dirigió a su habitación necesitaba un descanso le dolía la cabeza, dolor que oculto para que su madre no se preocupara, en ese instante le vino un recuerdo una imagen de una cámara, una chica de lado con la sabana cubriendo parte de sus brazos, pero su espalda estaba descubierta hasta el comienzo de la curva de sus nalgas, sus cabellos hacían como especie de un arco en la almohada, pero su rostro era confuso.

-que me sucede porque no logro ver el rostro de esa chica, porque mi corazón se acelera. – se preguntaba Thiago en la soledad de su habitación. – será posible.

Entonces se dirigió al escritorio que estaba en su habitación, abrió un cajón y vio la cámara, comenzó a mirar las fotografías que había en la tarjeta de la memoria y se quedó paralizado, vio la imagen que hacía unos instantes había llegado a su cerebro, se podía ver perfectamente la imagen de Dianita en su cama, su desnudez era cubierta sutilmente por la sabana, al ver la curvatura de las nalgas de Dianita en la fotografía, tuvo una erección, – Dios esta mujer es perfecta. – dijo como si estuviera susurrando para no ser escuchado.

Se le vinieron varias preguntas a su mente, – “porque tenía que llegar esa imagen a su cerebro en ese preciso momento, cuando hacia unas cuantas horas había tenido sexo con Sofía”, “seria ella la razón de sus sentimientos encontrados”, “sería una señal que tenía que recuperar su memoria lo antes posible”. Todas estas preguntas sin resolver lo tenían intranquilo, decidió tomar una pastilla y descansar, más tarde tomaría la decisión sobre como buscar la respuesta a todas ellas. Al final se durmió mirando la fotografía de Dianita, le daba calma.

El fin de semana llegó, y la casa de Sofía se llenó de invitados. La música sonaba fuerte, y las luces parpadeantes creaban un ambiente festivo. Thiago, ajeno a los planes de Sofía, disfrutaba de la atención, en un instante la atención de todos se dirigió a la entrada, la figura de Dianita aparecía en la puerta, su vestido negro pegado al cuerpo con pequeños visos morados con degrado rosado y azul marino, captaron la mirada de Thiago, su corazón se aceleró al verla, se veía hermosa, su rostro irradiaba luz, mientras Diana intentaba mantenerse al margen de todas la miradas, menos la de Thiago, a lo lejos le regalo una sonrisa, pero seguía sintiendo que algo no estaba bien.

Sofía, vestida con un ajustado vestido rojo que resaltaba su figura, al estilo de Jessica Rabbitt, bajaba las escaleras captando la atención de todos se movía entre la multitud con una sonrisa falsa, asegurándose de que todo saliera según lo planeado.

Todos en la fiesta quedaron prendidos por la belleza de ambas, realmente no sabía escoger cuál de las dos era más hermosa, sus bellezas eran incomparables, Thiago las miraba, pero le sucedía que solo Dianita le aceleraba el corazón, Sofia le atraía era realmente hermosa y sensual, pero su corazón solo latía por Dianita.

Tony, con la copa de tequila a medio vaciar, observaba con deseo a Dianita moverse entre la gente. El alcohol le había nublado el juicio, pero no la lujuria. La vio dirigirse hacia el baño. Era su oportunidad. Se abrió paso entre la gente, tropezando un poco, hasta que la tuvo a la vista.

Dianita ya estaba frente a la puerta del baño cuando sintió que alguien la agarraba bruscamente del brazo. Se giró sobresaltada y se encontró con la mirada intensa de Tony.

– ¿Qué haces, Tony? Por favor, suéltame, le dijo, con la voz temblorosa. Sabía que estaba borracho y eso la asustaba.

Tony no respondió. La jaló hacia él y la empujó contra la pared del pasillo. Dianita sintió el frío del yeso contra su espalda y el miedo se apoderó de ella. – Hoy te ves hermosa, murmuró Tony, con la voz pastosa por el alcohol. – Quiero que seas otra vez mi mujer. ¿Por qué no aprovechamos y cogemos aquí y ahora?

La miraba fijamente, con los ojos inyectados en sangre y una lujuria descarada. Su mano bajó y agarró su trasero con fuerza, haciéndola jadear.

-Tony, por favor, no hagas esto, suplicó Dianita, intentando zafarse de su agarre. – Estás borracho. Esto no está bien, Pero Tony no escuchaba. Su respiración se hizo más pesada y su agarre más firme. Dianita sintió el pánico apoderándose de ella. Necesitaba ayuda.

Tony cegado por la lujuria, con su mano sube el vestido de Dianita y mete sus dedos entre la tanga, para encontrarse con su vulva, Dianita con lágrimas en sus ojos, sabiendo que por la música nadie podía escuchar sus gritos, se sentía perdida, Tony iba abusar de ella y nadie podía hacer nada.

– Esta noche vas a volver a sentir mi verga, hare que te vengas a chorros para demostrarte que si te puedo hacer gemir de placer. – le decía Tony con su voz pastosa por el alcohol.

-Por favor Tony no hagas esto, déjame ir, tú sabes perfectamente que no siento nada por ti. – le suplicaba mientras forcejeaba con lágrimas en sus ojos.

-Eso quiero que me supliques, pero pidiéndome que te penetre más fuerte, hoy nadie podrá ayudarte. – reía Tony con maldad.

Justo en ese momento, una voz resonó en el pasillo. – ¿Qué crees que estás haciendo?, Era Thiago, había visto lo que estaba pasando y se había acercado rápidamente. Lo agarra por el cuello y lo aparta de Dianita, cayendo al suelo. Tony se giró, sorprendido. Su rostro se enrojeció aún más. Lo mira, y sonriendo con sarcasmo le dice, – No puede ser que seas tú otra vez, poniéndose de pie nuevamente, camina hacia donde Thiago.

-No es asunto tuyo, Thiago, gruñó. – Estoy hablando con mi pu… con Dianita.

Thiago con expresión seria en su rostro, lo mira fijamente, con sus puños cerrados sentía ganas de partirle la cara por estar tocando a Dianita. – Lo siento, pero claro que es asunto mío, respondió Thiago, con la voz firme. “La estás acosando y ella te está diciendo que no quiere nada contigo, que derecho tienes de obligarla. – le dijo Thiago con furia en sus ojos dando dos pasos hacia Tony.

Dianita, observa la furia en los ojos de Thiago y lo agarra del brazo, para evitar un enfrentamiento, a pesar de la recuperación de Thiago, no quería que le pasara algo por su culpa, era mejor evitar la pelea, por eso decide intervenir y le dice a Thiago, – ¡espera!, no quiero que inicien una pelea por mi culpa. En sus ojos había un brillo de felicidad por ser él quien la había salvado. – y tú Tony, mejor vete y hare que no ha pasado nada, pero no te vuelvas a acercar a mí, o te denunciare a la policía. Lo dijo con una mirada de determinación.

Tony, al darse cuenta de la tensión en el ambiente, decidió que lo mejor era retirarse de la fiesta. Sus palabras de despedida se mezclaron con maldiciones dirigidas a Thiago, cuya intervención había sido, en su opinión, inoportuna y molesta. Mientras se alejaba, las miradas de Dianita y Thiago se encontraron en un silencio cargado de emociones no expresadas. Dianita sentía un impulso irrefrenable de abrazarlo, de agradecerle con un beso, pero se contuvo. No quería confundir sus sentimientos. Por su parte, Thiago no podía apartar los ojos de ella. La encontraba hermosa, pero su atracción iba más allá de lo físico. Había algo en su presencia que lo cautivaba, algo que no lograba comprender del todo.

—¿Estás bien? —preguntó Thiago, acercándose un paso, su voz suave pero firme, como si temiera que cualquier sonido más fuerte pudiera romper el frágil equilibrio entre ellos.

Dianita asintió, intentando mantener la compostura. —Sí, gracias a ti. Si no hubieras llegado, no sé qué habría pasado. Pero, ¿Cómo fue que te diste cuenta? —su voz temblaba ligeramente, una mezcla de gratitud y curiosidad.

Thiago bajó la mirada, como si buscara las palabras adecuadas. —Realmente fue por pura casualidad. Pasé por aquí y vi a una pareja forcejeando. No sabía que se trataba de ti —mintió. La verdad era muy diferente. Al darle un vistazo a la fiesta, no había visto a Dianita por ninguna parte, y un deseo inexplicable lo había llevado a buscarla. Había caminado por toda la fiesta, sintiendo una necesidad urgente de encontrarla, hasta que finalmente la vio en la zona de los baños, en una situación que claramente no era segura.

Dianita sonrió, aunque su sonrisa no llegaba a sus ojos. —Gracias nuevamente por salvarme. Pero ahora es mejor que vayas donde tu novia. No quiero otro problema en esta fiesta. Creo que es mejor que me vaya a casa —dijo, dando un paso hacia él, su voz baja y casi susurrante, como si temiera que alguien más pudiera escucharla.

Thiago sintió un nudo en el estómago al escucharla mencionar a su novia. Era cierto, tenía una relación con Sofia, pero en ese momento, con Dianita tan cerca, todo lo demás parecía irrelevante. —No te vayas aún —dijo, su voz más firme de lo que pretendía. —Deja que te acompañe a casa. No es seguro que estés sola después de lo que pasó.

Dianita dudó, su mirada oscilando entre la gratitud y la incertidumbre. —No quiero causarte más problemas. Ya has hecho suficiente por mí, se acercó un poco más a Thiago y le dio un tierno beso en la mejilla, pasando una mano por su rostro. Dio un giro y con los ojos llorosos fue a buscar a Natalia.

En un rincón, Amber observaba con inquietud. Sabía que Sofía había preparado una habitación especial en el segundo piso, donde planeaba llevar a Thiago. – Esto va a terminar mal, susurró para sí misma, mientras veía cómo Sofía se acercaba a Thiago con una copa de vino en la mano. -Thiago, ¿por qué no subimos a la terraza? Quiero mostrarte algo, dijo Sofía, tomándolo del brazo con una sonrisa seductora.

Diana, que estaba cerca, sintió un nudo en el estómago al ver cómo Thiago seguía a Sofía sin dudarlo. – No puedo permitir que esto suceda, pensó, pero sus pies parecían pegados al suelo. Cristian y Paula, que habían estado observándola, se acercaron rápidamente. – Dianita, tenemos que actuar, dijo Paula con firmeza. – Sofía no puede salirse con la suya.

Mientras tanto, en la terraza, Sofía guio a Thiago hacia la puerta que llevaba a la habitación preparada. – Thiago, tengo una sorpresa para ti, susurró, acercándose a él con una mirada cargada de deseo. Thiago, confundido pero intrigado, la siguió sin sospechar lo que estaba a punto de suceder. La habitación estaba iluminada con velas, y la cama estaba cubierta con pétalos de rosa. Sofía se giró hacia él, su vestido cayendo al suelo, revelando su cuerpo desnudo. – Sofía, ¿Qué estás haciendo?, preguntó Thiago, sorprendido.

-Continuar con lo que estábamos haciendo hace dos días, respondió Sofía, tomándolo de la mano y llevándolo hacia la cama. En ese momento, Diana, Cristian y Paula llegaron a la puerta de la terraza. Diana, con el corazón en la garganta, miró a través de la ventana y vio la escena que se desarrollaba dentro. Sofía estaba sobre Thiago, besándolo apasionadamente, mientras él respondía con igual intensidad. Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Diana, y un dolor insoportable se apoderó de ella. – No, esto no puede estar pasando.

Continuará.

Espero les haya gustado este capítulo, dejen sus comentarios, para que me ayuden a mejorar y para motivarme para seguir con la historia, siempre agradezco las muestras de apoyo de los lectores, son muy importantes para mí.

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2 COMENTARIOS

  1. Gracias Richard, por tu comentario, eso me motiva muchísimo, y me alegra que te haya gustado el capítulo, saludos.

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