Cuckson: Cómo empezó todo

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T. Lectura: 7 min.

Este relato que van a leer es totalmente verdadero y fruto de la confesión de uno de sus protagonistas que ha depositado en mí la confianza de narrarlo en primera persona con el consentimiento de todos los actores. Sé que parecerá inconcebible que un hijo pueda practicar un acto tradicionalmente reprobado por la sociedad pero nada más lejos de la cruda realidad.

Me he tomado la precaución de cambiar los nombres, las ubicaciones para proteger la identidad de los protagonistas.

Cukson o hijo cornudo es aquel que fantasea y obtiene placer al ver a su madre tener relaciones con un tercero. Normalmente son tres los roles, el hijo, la madre y uno o varios actores. Puede ser consensuado o clandestino, los escenarios pueden ser muchos, es una fantasía algo común y cada vez son más las personas que reconocen ser Cukson.

Cómo surgió todo. Finales de junio.

Mi nombre es Joan y vivo con mi madre en la Costa del Maresme, en un adosado de una ciudad dormitorio cerca de Barcelona, tengo 21 años y curso segundo de farmacia y me preparo para pasar el verano después de acabar el curso académico.

Gloria mi madre tiene 40 años, trabaja en una conocida fabrica cercana, aunque en estas épocas suele tele trabajar en casa. Habían pasado ya dos años desde el divorcio de mis padres y si bien las cicatrices estaban cerradas, ella seguía encerrada en su entorno sin nada interesante en su vida. Una mujer de 1.60 gordita pero que se mantenía bien, media melena negra hasta los hombros, un flequillo, siempre usaba gafas y su cara lucía pecosa, unas buenas tetas, caderas anchas, un culo pronunciado y unas piernas firmes.

Empecé a sentir algo por mi madre cuando follaba con mi pareja ya con 18 años y ese sentimiento se ha ido acentuando hasta la actualidad. Ella se paseaba por casa en camisón muchas veces dejando ver sus pezones marcando la tela o en bata sin apenas ropa interior, rebuscaba en su cajón de ropa interior y en el cesto de la ropa sucia inspeccionando sus bragas y sus tangas, a veces encontraba pelos y olía fuertemente primero notaba un fuerte olor a orina para luego apreciar un aroma especial y empalagoso, el que desprendía un coño solitario.

La obsesión fue en aumento, ella se duchaba sin cerrar el pestillo y la puerta se entreabría por el peso de la ropa colgada por atrás, dejando una pequeña abertura, lo suficiente para poder verla desnuda, su barriguita, sus tetas con pezones puntiagudos y unas aureolas grandes y su coño peludo desaliñado, cuando hacía mi cama para meter las sábanas se agachaba dejando ver su tanga, yo me posicionaba descaradamente para ver su culo, el tanga tapaba mínimamente su coño, dejando ver su vello púbico por los lados y dejando notar los labios de su coño marcados en la tela.

Aquel día rebusque entre la ropa sucia y encontré el tanga que llevaba puesto haciendo la cama y me hice una paja oliéndolo y lamiéndolo.

Buscaba en el portátil entre las páginas de porno y hentaí y allí encontré una cantidad de material ingente de mamis y milfs folladas y la obsesión por ver a mi madre follando se volvió adictiva hasta un punto enfermizo.

Ese día salí a tomar algo con unos amigos en el paseo marítimo que se ponía a reventar. Coincidí con Carlos y Lisa y charlamos amigablemente.

Carlos estudiaba farmacia conmigo y muchos días viajábamos juntos, era tres años mayor que yo, un repetidor de cursos, fiestero y juerguista, alto y delgado era muy atractivo. Lisa era una chica de origen venezolano arraigada hace tiempo aquí, era más baja que Carlos tal vez 1.65, morena con un labios muy carnosos, delgada y con unas curvas impresionantes y unos pechos pequeños.

Las conversaciones subían de tono incluso delante de Lisa que se partía el culo de la risa, hablábamos de mujeres y temas sexuales sin ningún tapujo y salió la conversación sobre mujeres maduras.

No sabía si me había vuelto un enfermo sexual, un pervertido o un depravado pero deje ir un comentario sobre mi madre.

-Mi madre ya sabéis que es gordita, no creo que te apetezca follarla.

-Tiene tres orificios, ¿Cómo todas las mujeres? – dijo Carlos con una sonrisa depravada.

-“Sí, cómo todas”

-¡Pues es follable! – soltó Carlos que le hizo un gesto a Lisa con la cabeza.

-Gordita, simpática, buenas tetas y un buen culo, no le haría ascos – remató Lisa dejando ver su lado bisexual.

-No sé yo – dije con incredulidad – desde que se ha divorciado no es la misma.

-“Despertarle el coño” – murmulló Carlos – ¿Dónde está el problema?

-¡Seguro que ella piensa más con el coño que con la cabeza! – dijo Lisa para dejarme en estado de shock y empalmado.

Me quedé en silencio, pensativo y sonrojado por la conversación, era evidente que el morbo podía conmigo y creo que Lisa lo notó.

-¿Te gustaría que nos la folláramos? – dijo ella mirándome fijamente y a Carlos esperando mi respuesta.

Tarde en responder, al fantasía de ver a mi madre follando tan solo estaba en mi cabeza y no había salido de ahí y dudaba en dejar que lo supiera nadie.

-No me importaría verlo – dije en voz baja y de forma inconsciente.

Aquella afirmación sacó mis colores y pude observar la mirada afilada y cómplice de ellos, no volvimos a sacar el tema y aquella noche tuve que masturbarme salvajemente había sido un día de muchas excitaciones.

La noche en casa de Carlos.

Los padres de Carlos viajaban mucho, eran dueños de una empresa en nuevas tecnologías a nivel mundial y disponían de un chalet en una urbanización cercana y aquella noche decidió hacer una pequeña fiesta. La ubicación estaba un poco alejada y mi madre me acompaño en coche.

En la puerta nos esperaba Lisa que invito a mi madre a tomar algo de forma cordial, ella acepto supongo por la curiosidad de conocer a mis amigos y ver aquel enorme y lujoso chalet. Carlos nos esperaba en la piscina con una mesa de plástico en una esquina en forma de barra libre y con unos aperitivos.

No éramos más de unas 15 personas, no conocía a algunas de ellas pero el ambiente era jovial. Carlos se presentó a mi madre dándole dos besos y pasando su brazo por su cintura, le sirvió un Gin tonic que mi madre acepto sin ningún compromiso.

Mi madre iba vestida con una falda tejana ajustada, una camiseta de tirantes sin sujetador y unas chanclas que dejaban ver sus lindos pies.

Me ponía incomodo la promiscuidad de mi madre, ya iba por su segundo Gin tonic y ella no estaba acostumbrada a beber, al ser una fiesta aparecieron algunos porros de María y a mi madre no tan solo no pareció preocuparle sino que la vi dar unas caladas a un porro que le pasó Carlos ella inexperta tosió cuando inhalo lo suficiente.

Después de media hora mi madre iba por el tercer Gin tonic y sus ojos se tornaban vidriosos. Carlos la llevo a un lado y empezó a hablar con ella que me miraba incómoda.

-“Tiene buenas tetas” – dijo Lisa poniéndose a mi lado y ofreciéndome un porro y una cerveza.

Le di varias caladas al porro y un buen trago de cerveza inquieto. Carlos estaba ya manoseando a mi madre de manera descarada.

-¡Mírala ya está a punto de entregarse! – me dijo Lisa con una mirada seductora sin importarle que Carlos le metiera mano de forma descarada.

Yo no podía apartar la vista, todas las fantasías con las que había soñado se estaban cumpliendo en aquel momento. Carlos acariciaba con una mano el muslo interno de mi madre y con la otra le magreaba una teta mientras la besaba en el cuello.

Mi madre intentaba frenarlo con las manos, supongo que era adulta y podía defenderse si hubiera querido pero no opuso resistencia y Carlos con una mano en su cintura la hizo entrar en la casa y desaparecieron de nuestra vista.

-Pareces incómodo – dijo Lisa poniendo su mano sobre mi abultado paquete.

-Un poco – dije con cierto nerviosismo.

-Carlos tiene una buena polla y sabe usarla – me susurró ella al oído – ¡Tú mamá va a disfrutar un poco!

En una de las habitaciones del primer piso se ilumino de pronto. En un principio me sentí mal pero el morbo se apodero de mí y mi excitación era profunda.

-¿Quieres que subamos a espiarlos? – me susurró Lisa con esa voz latina sensual.

Fui incapaz de articular palabra tan solo hice un gesto con la cabeza.

-Vamos a darle unos minutos- volvió a susurrar Lisa.

Pasados unos minutos que parecieron una eternidad Lisa me cogió de la mano y me hizo entrar en la casa.

-Tú madre tiene unas tetas perfectas – dijo Luz en voz baja mientras subimos las escaleras – Carlos le quiere follar las tetas.

Llegamos a la zona de habitaciones y al final del pasillo se vislumbraba una habitación con la luz encendida. Lisa me hizo un gesto poniendo su dedo en sus labios exclamando silencio.

-No hagas ruido y lo podrás escuchar todo – me susurró al oído.

Lisa entreabrió la puerta y escuchamos pequeños gemidos que hacía mi madre, ella estaba de rodillas de espalda a la puerta y no podía vernos Carlos nos vio y nos guiño un ojo, las chanclas de mi madre estaban a un lado así como sus gafas. Carlos le sujetaba la cabeza y hacía un vaivén con sus manos mi madre se la estaba chupando.

-Te gusta chuparme la polla puta – dijo Carlos con voz ronca.

Mi madre emitió un gruñido, supongo que no podía contestar con aquella polla en la boca, pero no había duda que le estaba haciendo una mamada con toda su intención.

-¿Quieres que te haga una paja? – me susurró Lisa dulcemente.

Me desabroche el pantalón y Lisa saco mi polla con su mano haciéndome una paja con movimientos lentos.

Tenía a mi madre a un escaso metro y medio de mi sin que notara nuestra presencia, podía ver sus pies moviéndose al ritmo de su cabeza hacia adelante y atrás, podía ver claramente sus talones agrietados.

-Eres una guarra y necesitas una buena polla – le dijo Carlos sacando su polla y dándole golpes con el glande en los labios mientras la sujetaba con fuerza por el pelo.

Carlos le quito la camiseta y la tiro a un lado mientras mi madre soltaba quejidos y gemidos complacientes.

-¡Quiero follarte las tetas! – dijo él metiéndole la polla entre las tetas.

Las manos de mi madre se posaron en el lado de sus tetas oprimiéndolas contra la polla de Carlos y balanceando su cuerpo.

-¿Te gusta que te lo haga así? – dijo mi madre con voz temblorosa.

Oír a mi madre hablar de esa manera y que Lisa me apretó la polla con fuerza hizo que me corriese lanzando mi semen sobre el suelo.

Carlos parecía excitado y se la volvió a meter en la boca y la sujeto fuerte por la cabeza y empezó a correrse dentro de la boca de mi madre mientras su cuerpo se tensaba y soltaba bufidos placenteros.

Ella hizo intención de escupirlo pero Carlos la sujeto fuertemente por la boca con una mano y con la otra por la nuca empujándola hacía él.

-¡Trágatelo todo puta! – dijo él con la voz descompuesta.

Carlos permaneció inmóvil durante un minuto aproximadamente y luego le abrió la boca para comprobar que se lo había tragado todo.

-“El próximo día te voy a follar el coño” – le dijo él con voz autoritaria.

Mi madre asintió con la cabeza mientras él se apartaba y mi madre alargo la mano para recuperar la camiseta. Lisa estiró de mí y bajamos las escaleras en silencio.

Nos fuimos a la terraza y abrimos dos cervezas frías disimulando cómo si no nos hubiéramos movido de allí. Mi madre apareció lamiéndose los labios y Carlos detrás con una sonrisa triunfadora por bandera.

-¿nos vamos cariño? – me dijo mi madre tartamudeante y dándome un beso en la mejilla visiblemente alterada.

Hice un gesto afirmativo bebiéndome la cerveza de un trago y sintiendo que los labios de mi madre en mi mejilla después de haberse tragado la corrida de Carlos me la estaban poniéndomela otra vez morcillona.

-A tu madre le he enseñado la casa –dijo Carlos esbozando una sonrisa maliciosa – le ha gustado mucho.

Mi madre hizo un gesto cortés, era evidente que estaba nerviosa e inquieta y nos marchamos, mi madre condujo mientras hablábamos de cosas sin importancia pero sin mencionarme lo que había pasado. Tendría Carlos razón cuando dijo que tan solo había que despertarle el coño, mi cuerpo sufrió una sacudida pensando en aquella posibilidad.

Aquella noche la escuche gemir en su habitación se estaba masturbando y aquello me provoco otra paja salvaje.

Agradezco comentarios de personas interesadas en esta temática.

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