Mi profesor y yo (Un paseo rico y una propuesta aún mejor)

6
18065
T. Lectura: 7 min.

Ese sábado por la mañana había despertado inquieta, el día anterior no había tenido suerte para estar a solas con mi profesor y ni hablar de buscar a mi tío pues estaba sumamente ocupado con su nueva novia, incluso yo le había perdido Interés desde antes, pues ya era un sexo insatisfactorio para mí.

En fin baje a desayunar encontrándome con que mamá saldría de viaje con sus amigas y llevándome la sorpresa que tendría casa sola por tres semanas completas, obviamente no mostré el gusto ante ella.

Salió con sus maletas antes de las 10 am, cuando subí a mi habitación revise mi teléfono y mi estómago dio un vuelco al ver un mensaje de mi profesor, preguntando si estaba ocupada, perfectamente sabía cuál era la pregunta siguiente si yo respondía que no, así que fui al grano al responder.

“Estoy como me dejó ayer”

Sabíamos que ambos nos quedamos con las ganas de estar a solas, pues ya teníamos cerca de dos semanas sin darnos rico, el me respondió con algo que me dio paso a cachondearlo lo suficiente para ya tenerlo fuera de mi casa, pues realmente tenía muchas ganas, así que me desnudé y me puse en cuatro frente al espejo, me tomé una foto, se podía ver todo, mi culo, mi coñito, un poco de mis tetas y un pequeño fragmento de mi cara, la envié con un pie de texto.

“Con tantas ganas de sentirlo”

La respuesta no tardó, pues me dijo que llegaba de inmediato, que me iba a reventar como me gustaba, no le respondí a eso, simplemente le dije que está vez podía llegar hasta mi casa, fui a vestirme rápido, tal como sabía a él le gusta, una minifalda, un top corto, tacones, sin sostén y solo tanga, después de todo esta vez podía salir vestida de puta sin problemas.

Cuando llego salí de inmediato para subir a la camioneta, me miró como siempre con esa hambre lujuriosa en los ojos, me dijo lo bien que me veía mientras relamía sus labios.

—Ya tenía muchas ganas de verlo —murmure dejando mi bolso en el tablero, y después acomodando mi pequeño top—

—Se nota, mira como vienes de rica— mordió su labio inferior al fijar un momento su vista en mi top apretándose el bulto un poquito—

—Yo tengo muchas ganas, me desperté un poco cachondita — no podía reprimir mis ganas, de verdad andaba muy ansiosa—

—¿Y por qué no me llamaste? —en lugar de responder me incline directo a tocarle la verga por encima de sus pantalones— Déjame verte esas tetas…

Me baje el top, deje salir mis pechos y el profesor relamió sus labios haciendo un sonidito con su lengua, me empecé a tocar, acaricié mis pechos, los masajeaba y soltaba gemiditos, abrí mis piernas y empecé a tocarme el coñito, él no se podía contener sus ganas de mirarme, se veía apurado en mantener el control del auto, el bulto en sus pantalones crecía cada vez más, y yo me mojaba más y más, sentía mi tanguita bien húmeda.

—Ya no voy a aguantar —lo escuché decir y sentí como desvío la trayectoria de manera brusca.

La camioneta rebotó un par de veces y cuando freno el derrape de las llantas se escuchó como en tierra suelta, se había salido de la carretera, en un sendero baldío, no vi detalles de mi entorno, yo lo mire a él, aun tocándome, sonreí moviendo mi dedo índice en una seña para que se acercara a mí, fue de inmediato se acomodó metiendo su mano entre mis piernas, me chupaba las tetas y me palmeaba el coño hasta que se animó a meterme los dedos, yo ya estaba gimiendo, disfrutando, él con su mano libre lo vi masturbarse y se me antojó darle una buena mamada.

Lo empujé y me acomodé para meterme su verga a la boca, el estaba gustoso, lo escuché sonreír, yo me dedique a mamar, tragármela toda y dar esas arcadas que a él tanto le gustan, le estaba dejando la verga bien empapada de mi espesa saliva, lo dejaba empujarme la cabeza hasta casi vomitar, me ponía roja y mis ojos lagrimeaban, pero mi profesor gemía delicioso.

—Quiero escuchar como te ahogas mi puta —y me presionaba la cabeza con fuerza, toda su gorda verga me asfixiaba—

Me jaló con fuerza hacia arriba, no pude evitar toser, las hebras de espesa saliva resbalaron por mis labios hasta las tetas, yo jadeaba, echó hacia atrás su asiento y lo reclinó unos grados, no soltaba mi cabello, me dio una bofetada.

—Móntame perra… —me ordenó, eso me encantaba, el coño me palpitó con deseo infinito—

Sonreí más que feliz y me acomodé sobre de él, le agarre la verga y me la froté en el coño, hice la tanga a un lado, él empujó hacia arriba y me dejé caer, entro delicioso, grité de gozo, mi profesor soltó un pesado jadeo y sus manos volaron a mis nalgas, empecé a moverme, lo cabalgué como a él le gusta, mis tetas rebotaban sin control y el las jugueteaba gustoso, gemíamos como animales en apareamiento, el choque sonoro, húmedo, como me gusta.

El placer aumentaba, mis piernas temblaban por las ligeras corrientes de un orgasmo a cuotas, mi profesor se quitó la camiseta, me sostuve con una mano de su pecho y con la otra del hombro, cabalgaba con ganas no me importaba darme uno que otro golpe en el techo de la camioneta, estaba disfrutando tanto.

Me tomaba de la cintura y al verlo a la cara abrí la boca gimiendo, él me decía sus vulgaridades como siempre, “así que reboten esas tetas, como me gusta perra” y me daba nalgadas que me hacían soltar gritos agudos, “eso putita clávatela toda”, escuchar eso de su excitada y grave vos era delicioso me estaba derritiendo a cada sentón, mi coño hervía de placer, solté un agudo grito temblando sobre él, explotando en mi aclamado orgasmo, él empujó su pelvis hacia arriba y soltó un alarido de gusto.

Movía mi cadera en círculos deteniendo los sentones y apretándome las tetas mirándolo a los ojos, abrió la puerta de la camioneta y me salí, con las tetas a la vista, el culo al aire, la falda se me había levantado por completo, me ordenó quitármela, quedé en tanga, a plena luz de día a unos metros de la carretera en un sendero baldío, me miró de pies a cabeza, acariciándose la verga eso solo significaba una cosa, me baje quedé en cuclillas y empecé a hacer mi trabajo, mamársela, como a él le gusta, rápido, emitiendo fuertes arcadas, mi profesor levantaba la cara al cielo gimiendo con mucho placer, empujaba levemente su pelvis.

Cuando me la sacó de la boca me la frotó en la cara, fue a la parte del piloto y activo el mecanismo para abrir el maletero, me llevo atrás y me dijo que me pusiera en cuatro, subí de inmediato, separé las piernas y me incline, clavó la cara en mi coño, chupaba y lamía como desesperado, me metía los dedos muy brusco y sentí el deseo de tenerlo en mi culo pero cuando estaba por pedirlo me ensartó con fuerza, sentí mi coño abrirse con violencia, me daba unas metidas lentas profundas y duras, a cada una jadeaba, me tomo del cabello y empezó un frenesí intenso de mete saca, sentía sus bolas rebotar en mi coño, su dura verga me llenaba completamente.

Era exquisito, me azotaba las nalgas con su mano libre al punto de que ya ardía cada golpe, me tenía completamente poseída, berreaba cada gemido, mi coño se contraía de tanto placer, más al oírlo jadear como bestia arremetiendo contra mi, yo le rogaba a gritos más verga y que no parara.

—Mira como te pones de puta —me decía jalando más mi cabello y castigando mis nalgas con fuertes azotes— Así me gusta…

Estaba en esas palabras cuando solté un fuerte gemido, mi cuerpo tembló y salió el chorro de jugos de mi coño, mi profesor me sujeto fuerte del la cadera y me follo más rápido.

—Que perrita tan sucia— se inclinó y me sujeto del cuello, acercando sus labios a mi oído— Me encanta como pides verga… te gusta ¿no? —jadeo y la piel se me erizó, no perdí más tiempo y rogué por algo más—

—Dame por el culo papi —mi agudo ruego lo acompañe de un movimiento de cadera— Quiero que me revientes el culo aquí…

Después de aquella ocasión con el desconocido del bar (Pedro) estaba ansiosa por tener sexo anal otra vez, y quién mejor para dármelo que mi profesor, cuando lo rogué lo escuché sonreír, bajó sus manos acariciando mi cintura y me apretó las tetas.

—Ya era hora que me dieras ese culo Anita… —besó mi cuello y me obligó a inclinarme de una forma brusca— Que ganas he tenido de reventártelo…

Me frotaba su hinchado glande desde el coño al culo, me escupió el ano y sentí entrar su dedo, lentamente y poco a poco lo movía más entrando y saliendo hasta que tomo un ritmo.

—En mi bolso tengo lubricante… —solté entre mis jadeos—

Fue de inmediato, aunque la primera vez no lo use ahora creí que sería mejor idea tener uno en la bolsa, cuando volvió me vertió un chorro en el ano, se sintió frio y me lo froto con la verga, puso un poco en las nalgas y moví mi culo, le rogué “métemela papi” y me dio una nalgada, sentí como empujó mi entrada y gemí.

—Sabía que este culo era mío… —dijo con una voz de triunfo que me causó algo extraño, pues por mi mente paso el recuerdo de que me lo había estrenado alguien más, pero eso jamás lo sabría—

Volvió a empujar logrando abrirme un poco, sentí como vertió más lubricante y volvió a empujar con más fuerza esta vez entrando, grité, puse los ojos casi en blanco, mi profesor la tenía más gruesa, siguió empujando y yo gemía con ganas, cuando logró estar por completo dentro bufó fuerte y no tardó en moverse como un poseído, me follaba como siempre, sin compasión, mis gritos lo excitaban de más, estaba frenético follándome, me estaba dejando el culo bien abierto y lleno de lubricante, solté una risita como de loca disfrutando como una, gemía a cada metida, yo me frotaba mi coñito, era delicioso.

—¿Te gusta puta? —no dejaba de bombear me duro y jalar mi cabello hacia atrás con fuerza—

—Papi no pares… —entre gemidos entrecortados debido al violento choque de su pelvis contra mi culo— Así dame bien duro…

—¿Si puta? ¿Quieres que te lo deje bien abierto no? —y me daba fuertes nalgadas, se volvía más violento a cada instante y eso me fascinaba—

—Papi, rómpeme bien el culo ¡si! —grite a todo pulmón — me encanta… dame papi dame!! —rogaba gimiendo de puro placer—

Sentía que mi razón me abandonaba el placer dominaba todo mi ser, suplicaba, rogaba y gemía como una completa puta, sin una pisca de dignidad como mujer, solo deseaba más, y mi profesor me la daba, jalaba mi cabello, me azotaba con su enorme mano una y otra vez las nalgas, el placer explotaba en mi coño con esas cuotas de orgasmos cortos y deliciosos, de pronto, paró me tomo de la cadera y me hizo caer a un lado, me jaló hasta acomodarme, abriéndome las piernas me arranco la tanga literalmente, la dejo tirada entre la tierra y sin tardanza me volvió a ensartar por el culo.

—¿Que quiere mi puta? —me pregunto quedándose completamente quieto dentro de mí, yo me tocaba el coño ansiosa por más—

—Quiero verga —me metí los dedos en el coño deseándome bien rico y moví mi cadera— Quiero lechita…

Me hizo agarrarme las piernas para mantenérmelas bien abiertas y levantadas, me empezó a dar duro, con toda su fuerza como un desesperado, mi culo lo recibía con gusto, al igual que mi coño recibió sus dedos medios los metió todo lo que pudo, me tenía al borde del colapso por placer, eche la cabeza atrás los gemidos eran casi gritos, el placer se acumuló tanto que sin aviso exploté, mis jugos chapotearon en la mano de mi profesor, temblaron mis piernas y apreté el culo, enseguida ya lo tenía lleno de lechita.

Mi profesor se estaba corriendo entre roncos gemidos, y leves temblores, no pude resistir en llevarme una mano al coño, el profesor se echó hacia delante quedando sobre de mí, me apretó por las mejillas con una sola mano, con algo de fuerza y me besó con furia.

Después de un rato arregle mi ropa, me limpié, estaba echa un desastre y tuve que maquillarme de nuevo, subimos al auto, no sin antes comernos a besos, me devoraba los labios con ganas, me apretaba la cintura y me daba nalgadas apretándome la nalga, pues no podríamos hacer esto fuera de mi casa, pues ya me llevaría de regreso, después de todo ya nos habíamos quitado las ganas.

De camino el profesor parecía algo pensativo, ya cuando faltaba poco para llegar a mi casa se animó a hablar.

—Ana, estos días había estado pensando en proponerte algo —sonaba algo dudoso y bajo un poco la velocidad—

—¿Dígame que es eso? —quería decirle que tendría tres semanas de casa sola pero era mejor escuchar primero su propuesta—

—Tengo un buen amigo —comenzó a decir y supe de inmediato de que se trataba — Y…

—¿Quiere un trío? —lo interrumpí el sonrió de inmediato indicando que eso era exactamente—

La plática se extendió un poco más por lo que dimos una larga vuelta a la manzana antes de que pudiera dejarme en mi casa, por supuesto que acepte su propuesta y se fijó la cita para esa misma semana, ¿estaba ansiosa? Si, ¿nerviosa? Por supuesto, ya había estado con dos hombres pero no al mismo tiempo para mí sola, ese día no lo sabía pero esa experiencia seria deliciosa… y despertaría nuevos gustos en mi…

Loading

6 COMENTARIOS

  1. Mami, cada día me la dejas más vacía de leche con tus puterias, sabrosa. Aparte de estar buenísima, eres bien caliente bb. Si gustas podemos charlar ***No se admiten datos personales en los comentarios***

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí