Diciembre 30

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Ya llevábamos un poco más de un mes conociéndonos, teniendo conversaciones ricas por celular, encuentros sexuales excitantes, pero faltaba algo…

La noche del 30 de diciembre comenzamos los juegos sexuales, el preámbulo para el amor, y le orienté hacia el sexo duro y sin piedad, yo solo quería ser su puta esclava y él encima de mí con mis piernas en sus hombros, mirándome fijamente, pude notar las putas ganas que me tenía, como si fuese un premio, me mira fijamente a los ojos y yo siendo su deseo, el líquido que sale de mis ganas es indescriptible, él me toma del cuello con una forma de ahorcarme suave pero con firmeza, eso me excitó aún más y le decía que me gustaba, me dio cachetadas, que no duelen, pero excitan.

Fue mi turno arriba, donde soy la diosa, la que cabalga friccionando fuerte, él me toma del cuello diciéndome que soy su puta y a mí me gusta ser su puta porque quiero dejar mi vagina ahí, me pega nalgadas y eso me excita mucho más, me aprieta los senos, me toma los pezones y los pellizca tan leve, pero tan duro que me desbordo, con una excitación plena.

Me volteo, para que me siga dando duro y sin piedad, porque me gusta que se sienta amo y señor mío y lo siento llegar con fuerza.

Yo quiero repetir ese 30, donde nos atrevimos a ir mucho más allá.

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