Baños clausurados (7)

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T. Lectura: 7 min.

Ricardo y Beatriz llegaron a la oficina sorprendiendo a Carlos y a Tadeo. Eso no había pasado nunca.

Saludaron y se encaminaron al despacho de Marta. Emma vio llegar a Ricardo acompañado y no entendía quién era esa mujer que iba con él.

-Buenos días Emma ella es Bea mi esposa. Saludos de rigor y ante el pedido de saber si Marta los podía atender, Emma sabía que estaba sola pero de ahí a recibir a un empleado con su mujer era distinto. Así que les pidió que esperaran y fue a consultar.

-Marta, está Ricardo en la oficina con su mujer y quieren hablar contigo.

-¿Cómo?

-Si, eso que quieren verte los dos.

-¿Te dijeron algo? ¿Te adelantaron el tema?

-No, nada.

-Bueno deciles que pasen.

Marta se paró al costado de su despacho, llevaba puesto uno de sus vestidos largos y escotados con tirantes finitos y holgado. No llevaba corpiño y tampoco bombacha, ese día se quería sentir totalmente libre.

Raúl llevaba puesto lo mismo de siempre un pantalón azul y camisa blanca. Pero Beatriz había elegido un vestido muy parecido al de Marta en su forma y corte. La diferencia es que ella si llevaba puesto un culotteless negro de encaje.

-Buenos días Raúl y Beatriz, que sorpresa.

El que habló fue Raúl con voz de haber ensayado esa frase durante mucho tiempo. No se le reconocía sentimiento sino más bien apuro por terminar de decir lo que había preparado.

-Buenos días Marta. Vinimos porque Bea ya sabe todo lo que hacemos acá contigo. No te preocupes no le parece mal. Solo quiere venir a sumarse y ponerse a disposición de ti.

-Ehhh Raúl no tengo claro de lo que me estás hablando. Raúl no respondió solo se desabrochó el cinturón dejó caer el pantalón y se giró para mostrarle a Marta que traía una tanga y un consolador en su culo. Beatriz tomó la parte baja de su vestido y se lo levantó para sacarlo por encima de su cabeza y también se giró mostrando que traía otro consolador en la cola.

La imagen para Marta fue muy fuerte, tenía a una pareja que voluntariamente le mostraban en silencio que estaban a su disposición y libre uso. Se le cruzaron un sin fin de posibilidades por su perversa mente. Pero se decidió por una que le resultaba encantadora.

Primero les pidió que se vistieran. Ya había entendido que ellos eran sus esclavos y estaban buscando una ama que los domine.

-Raúl veo que ya estás pronto, así que te voy a pedir que te retires al baño de discapacitados. Te vas a quedar allí hasta que alguien entre y a esa persona le vas a entregar lo que te pida. Beatriz te vas a quedar acá conmigo.

El hombre grande se retiró del despacho luego de vestirse nuevamente. Beatriz se quedó quieta esperando que se le dieran indicaciones. Marta prendió el televisor de su despacho y puso a reproducir el video donde Raúl se estaba introduciendo un plug anal considerablemente grande y llegaba Carlos. Esa pantalla gigante hacía que todo pareciera más real. Mientras se reproducía se acercó a ella y le dijo:

-Tú marido es mi juguete y eso que ves es algunas de las cosas que le pido que haga, solo por diversión. ¿Tú serás mi nuevo juguete?

-Si

-Entonces apoya tus manos sobre mi despacho y separa las piernas.

Luego que Beatriz se había colocado como Ie habían indicado, de unos de los cajones bajo el televisor sacó un consolador. Que tenía una parte más gruesa y en la base le salía otro pene más pequeño. Evidentemente era para una doble penetración anal o para estimular el clítoris con la vibración mientras la parte más grande y gruesa iba en la concha. Lo puso sobre la mesa despacho. Fue hasta el bar y sirvió dos tequilas y dos vasos de agua. Puso los vasos pequeños de tequila al lado del consolador.

-Antes de empezar tenemos que definir una palabra clave que frenará toda acción.

-Mmmm cocinero

-Bien. Ahora un gesto preferentemente con una mano para cuando tengas la boca ocupada.

El gesto fue juntar el pulgar con el dedo anular, quedando estirados el índice y el mayor pegados y el meñique separado.

-Bien. Es un lindo gesto para meterte los dos dedos en la concha y el meñique en el culo.

-Me gustaría que lo hagas.

-Otra cosa que te voy a aclarar antes de que tomemos el tequila es: Tú no pides nada. Solo agradeces lo que te toca, siempre.

-Ok

-Ahora a brindar y empezamos.

Los pequeños vasos chocaron. Se miraron a la cara luego de beber y le hizo un gesto para que volviera a la posición. Lo hizo. En la tele se empezó a escuchar como la cadera y pelvis de Carlos chocaba contra el culo de Raúl.

Marta tomó el consolador y le ordenó abrir la boca, se lo introdujo y ahí se lo dejó. Sacó de otro cajón dos barras con esposas en las puntas. Cada barra era como de 70 cm de largo, lo que lograba era que una vez cerradas las esposas la persona no pudiera unir sus extremidades. Le puso ambas barras en los tobillos y muñecas. Levantó el teléfono y llamó a Emma, le dijo de forma calmada pero que no ofrecía lugar a dudas:

-Ven, entra. Desnúdate y ponte un cinturón con pene que la mujer de Raúl te la quiere chupar.

Emma entró se sacó su pollera justa y su camisa celeste de gran escote, lo colgó prolijamente en el perchero al lado de la puerta. Abrió otro de los cajones y sacó lo que le habían indicado. Por un segundo dudo, cual debería agarrar había uno considerablemente más grande y ancho que el otro. Estudió a la mujer que estaba atada de pies y manos y se definió por el grande. Tenía pinta de muy puta y había notado que traía un dilatador anal puesto. Además que se imaginaba que su marido, el hombre grande debería tener un vergón considerable. Seguro banca este pedazo de pija.

Marta se había sentado en su silla y estaba enfrascada en su computadora. La miró por encima de su pantalla. Que lindo cuerpo tenía esa joven, pensó. Se calentó sola sentada, apretó la piernas cruzadas con un movimiento involuntario intentando de rozar su clítoris. No era voluptuosa salvo el culo, su piel blanca no sería bella sin esa cantidad de pecas.

-Estas hermosa Emma, ese culotteless te queda mejor que a Beatriz, te queda… muy bien.

-Gracias.

-Ponete el cinturón. Porque esta mujer que está acá se va a sumar al equipo de la oficina, pero ella se imaginaba que iba a tener muchas pijas solo para ella, pero no. Por ahora solo nos va a tener a nosotras. No se merece pijas de verdad hasta que demuestre que es muy puta y guarra. A diferencia de Raúl nuestro hermoso osito. Él hoy va a tener muchas.

Terminó de escribir algo en la computadora y se escuchó el ruido de recibir un mensaje en el sistema de mensajería interna de la empresa. Tomó el control remoto del televisor y cambió de canal. Avanzaba y se veían diferentes habitaciones de la empresa, paró cuando apareció el baño de discapacitados donde se podía ver a Raúl desnudo con su tanga puesta y arrodillado en el piso.

Emma se estaba excitando intuía que lo que vendría iba a ser fuerte. El hecho que Marta la sumara como instrumento de dominación para otra persona le generó placer y confianza. Lo vivió como si fuera un ascenso, en otras circunstancias hubiera terminado el trabajo y correría a contárselo a su madre. Pero eso no lo podía hacer. Se puso el cinturón y mientras que Marta escribía un mensaje en la computadora y cambiaba cosas en el televisor, aprovechó para tomar un dilatador anal. Lo chupó rápidamente y se lo introdujo. Ella también iba a gozar y quería mantener el trabajo que venía realizando en su cola.

En la pantalla apareció Carlos y Raúl lo miró a los ojos. Hablaban pero el audio no salía por la televisión, la había muteado. Beatriz miraba atenta a lo que pasaba en ese baño para discapacitado más grande de lo normal, donde cabían 4 personas de forma cómoda. Cuando de repente sintió que Emma la tomaba por las caderas. Su excitación creció. Ella se masturbaba mucho últimamente pero esto no era lo mismo. Ahora otras personas decidían. Raúl le había aconsejado que aceptara el placer. Que liberara su mente de presiones, prejuicios y lograra dejarse llevar y sobre todo: confiar.

Sintió primero una lengua en su nalga, una escupida en su culo y saco el dilatador con un poco de esfuerzo. Quedó abierto y Emma pensó este culo está muy abierto. De a poco y con presión fue metiendo el dildo por ese agujero que se apretaba por momentos. Veía claramente como se abría y se dilataba. A Emma esto la excitó quería tener así su propio ano. Dispuesto siempre a recibir una buena pija.

Marta miraba atenta y decidió agarrar un vibrador. Se paró al costado de Beatriz y se lo puso a la altura del clítoris. Vio como flaqueaban sus piernas al contacto inmediato. El consolador llegó a entrar entero, ahora a sacarlo lentamente hasta que salió todo y vuelta adentro. Cada vez más rápido y más fuerte. Beatriz gozaba entregada, abrió más sus piernas flexionando las rodillas permitiendo así mejor la penetración y la vibración.

-Ahhh increíble esto. Rómpeme el culo preciosa. Me vuelve loca lo que me están haciendo. No paren que estoy para acabar.

Marta miró a Emma a los ojos y movió su cabeza de lado a lado. El mensaje era claro. Emma sacó entero el dildo y Marta retiró el vibrador.

-No Beatriz. Acá no pedís nada. Acá agradeces solamente lo que se te da. Ahora vas a usar esta máscara.

Le mostró una máscara negra que solo dejaba un lugar abierto en la boca en forma de círculo. Se la puso para que no pudiera ver lo que iba a pasar. Tomó una vara que se asemejaba a una fusta de caballo.

-Yegua, ahora vas a saber lo que no debes hacer. Cada vez que te pases recibirás un castigo.

-Rómpeme el culo.

Paff sonó el primer golpe en su nalga. Quedó marcada la figura de la fusta en su nalga de color rojo. Emma no estaba convencida lo que pasaba decidió empezar a coger ese culito que se estaba cerrando. En la segunda embestida paff, el segundo golpe en la misma nalga. Luego tres golpes seguidos y fuertes.

Paff, paff, paff. Beatriz no dijo nada pero bajó un poco su cadera, había sentido los golpes. Emma apretó nuevamente la penetración y Marta volvió al vibrador en el clítoris. Beatriz volvía a ese clímax de entrega, de pasión y de goce. Hay que soltar y sentir, esa es la clave. Que placer lo que pasa. Pensó: ¿Cómo saben lo que deseo? ¿Cómo saben lo que me excita?

Le estaban rompiendo el culo y además le frotaban el clítoris como nunca lo habían hecho. Estaba apuro de acabar pero no iba a decir nada. Todo en silencio, la ola de placer la invadió, se dejó abrazar y se entregó. Soltó todo, sentía como se le abría el culo y la concha, como se le caían gotas de flujo por su entrepierna, el olor a sexo le llegaba. Que placer entregarme cual puta a lo que viene. Sintió como se acercaba de forma inevitable un orgasmo de forma descomunal.

Toda su piel se sentía amplificada a la altura de sus zonas erógenas. Era como si su cuerpo se remitiera a su cola abierta y su vulva empapada y vibrante. Le vino un impulso de hacer pichi, no podía retenerlo. Así que como venía ejercitando soltó, dejó que su cuerpo se expresara. Se sintió como una eyaculación pensó. Toda ella estaba acabando de una forma tan absoluta que no había margen a otra cosa en sus estímulos. Acababa sin más y empapando su entrepierna, quería gritar pero no podía y eso también la hacía gozar.

Su cola toda abierta, sus entrañas llenas, se sentía toda completa. La cogían sin miramientos ni dudas, todo era fuerte. Sentía su clítoris al rojo vivo y cada embestida ella movía hacia adelante su monte Venus buscando mayor frotación. Acababa de forma brutal, sin ver, atada, con el culo lleno y el clítoris al rojo vivo. Nunca hubiera llegado a ese punto sola. Siempre terminaba antes de soltarse plenamente. Esto es especial. Eso era lo que había ido a buscar y no lo sabía.

La puerta se abrió y antes de entrar Tadeo dijo:

-Marta no hay nadie trabajando, que están… Su frase se cortó a la mitad en cuanto entró en su despacho.

-¿Por dónde empiezo? Quédate en calzoncillos y ¿podés poner muy dura esa pija torcida que tenés? Tu hermana está a disposición siempre

-Esta pronta para coger lo que vos me digas.

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