Todo pasó sobre un barco (1)

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T. Lectura: 8 min.

¡Hola! Ya todos los que han leído nuestros relatos nos conocen soy Lau y mi marido es José. Llevamos varios años de casados y en los últimos hemos experimentado muchas aventuras picantes. Para quienes nos quieren conocer pueden leer nuestros relatos anteriores.

Bueno vamos a esta nueva historia.

Adriana es una de mis amigas de la juventud, con la que he tenido miles de aventuras en esa época de adolescencia, miles de salidas con chicos, fiestas sexuales, tríos y todo lo que pudimos hacer en aquellos años dorados. Después la vida nos llevó por diferentes caminos ella se casó con un chico y al poco tiempo se fueron a vivir a Buenos Aires. La distancia hizo que nos veamos muy poco, solo algunos mensajes y llamadas.

Hace un poco más de un año se separó y comenzó a salir con un chico de nuestra edad, llamado Alexis, es un profesional muy respetado, sus inicios fueron muy difíciles, pero con su esfuerzo y dedicación ha conseguido una calidad de vida que le permite tener los antojos que desea. Lleva muy bien sus años por las pocas fotos que me envió en algunos de los mensajes, se nota que toda la vida ha hecho deporte, no es muy musculado, pero se le ve fuerte, es alto y grande, lógicamente algo de barriguilla se le ha quedado.

Adriana también es más alta que yo, con un cuerpo delgado, con una cola paradita y muy pocas tetas, siempre fue su punto débil, tiene el pelo castaño, largo, y ondulado, aunque a veces, como mujer presumida que es, se lo he visto alisado, toda la vida ha hecho triatlones con lo cual también tiene un cuerpo muy bonito.

Desde que están juntos no han parado de viajar por Argentina y el mundo. Una de las cosas que más me gusta de ella de Alexis es su humildad y sencillez, y eso es muy difícil de encontrar en personas que han logrado un estatus económico alto.

Una noche cenando con José en casa, Adriana me hace una video llamada y nos propuso que conozcamos a Alexis, para pasar un fin de semana.

La verdad es que nos pareció una buena idea, además creía que se llevarían bien con José, ella conocía muy bien a los dos y sabía que tenían muchas cosas en común que podrían compartir.

Alexis nos propuso pasar un fin de semana en su casa de Tigre y que podíamos coger su barco e ir dar vuelta por todo el delta parando en distintos lugares que nos gustara.

La invitación era irresistible y enseguida aceptamos.

Yo me preparé, no sabía muy bien que llevar para un fin de semana de ese tipo, barco, playa, cena, etc. cada ocasión merecía un atuendo diferente y eso me hacía dudar un poco. Había que sumarle el hecho de no conocer a Alexis.

Salimos el sábado por la mañana, el madrugón fue considerable pero la ocasión merecía aquel esfuerzo, solíamos hacer aquel tipo de madrugones para ir a trabajar, ¿Cómo no lo íbamos hacer, para un viaje de placer como este?

Era apenas pasado el mediodía y Adriana nos estaba esperando en la casa donde nos dirigió nuestro navegador, nos dimos un fuerte abrazo y nos presenta a Alexis, que me pego un apretón como si nos conociéramos de toda la vida, y me dijo:

-¡Por fin! ¡La famosa Lau! ya era hora de conocerte, con lo bien que me han hablado de ti, pero viéndote en persona han sido muy modestos en sus explicaciones. A ver date una vuelta que te vea.

Como si le estuviera bailando Alexis me hizo girar 180º y me pego un buen repaso de arriba abajo. Si hubiera sido otra persona a lo mejor me lo hubiera tomado a mal, pero fue una forma de cortar el hielo y crear un buen rollo desde el principio.

Alexis le gusta organizarlo todo nos comentaba Adriana. Mientras caminábamos por un enorme parque. Ese trayecto sirvió para que entráramos rápidamente en confianza y nos sintiéramos como si lo conociéramos de toda la vida.

Fuimos directamente al muelle donde nos estaba esperando el barco, tenía una especie de comedor con cocina que estaba muy bien decorado y pensado para todo tipo de detalles y un amplio camarote con una cama grande de matrimonio, me sorprendió que dentro de un barco pudieran caber camas de matrimonio tan grandes, y que encima de la cama tenía una amplia ventana que daba al exterior del barco. Le pregunte a Alexis por el significado de esa ventana en el techo y me dijo:

-¿Eso? Pues ¿Para qué va a ser? Para echarse un polvo a la luz de la luna-dijo como si hubiera preguntado una tontería, aunque la verdad, pensándolo bien, la pregunta sí que fue un poco absurda.

-Pero espera que no sepas lo mejor de esa ventana-Dijo Alexis con cara de pícaro, se sacó las zapatillas y se subió encima de la enorme cama y cerro como un tipo de persiana que dejaba de verse el exterior

-¡Channn! un espejo. ¿Qué os parece? ¿A que es un buen invento? Esto se lo pedí especialmente al fabricante del barco.

La cara que debió vernos de sorpresa tuvo que ser espectacular porque se puso a reír y comento:

-Esto es especial para cuando estas con una chica que tiene un buen culo y así, no pierdes detalle de nada y ver cómo se le ponen las nalgas sonrojadas al darle unos cuantos chirlos, jajaja.

-Bueno los dejo que se cambien y pongan cómodos, están en su casa no se repriman de nada, voy a poner en marcha los motores así salimos a dar una vuelta.

Salió y dejo la puerta abierta, la verdad es que toda la situación en un momento nos puso tontos a los dos, supongo por no esperar que salieran de alguien al que acabamos de conocer personalmente unos comentarios así de naturales y soltarlo como si nada.

La verdad es que la habitación tenía un morbo espectacular, Alexis me puso en un momento muy cachonda. Le digo a José, si estuviéramos en casa no ibas a salir vivo de esta habitación, mientras nos desnudábamos para ponernos el traje de baño. Iba a cerrar la puerta del camarote y José me frena con la mano y me dice: -¿No ha dicho que como si estuviéramos en nuestra casa? ¿Tú en casa cierras la puerta para cambiarnos? -y me sonríe con esa sonrisa pícara que pone a mil.

Todos ya saben que nos encanta exhibirnos, en casa, en una playa, hotel o donde sea.

Tiene que ser lindo coger aquí, me encantaría me dice José. Y sin pensarlo -A ver ¿vamos a probar como seria? Y sin más se tumba en la cama desnudo, -Ven anda solo un momentito para ver como seria, ponte encima. La verdad es que estaba siendo una linda e imprevista propuesta, y sin pensarlo dos veces me lance encima de él. Nos besamos apasionadamente y empezamos a jugar en la boca con nuestras lenguas, que es un claro síntoma de que nuestro grado de excitación era máximo.

No tarde ni dos segundos en poner su duro miembro dentro mío.

De repente me sube la cabeza, me pone su boca en mi oreja y me susurra al oído: -Estoy muy malito, quiero que bajes y me lo comas todo. No sé si fue el susurro, la forma como me lo dijo, esa respiración entre cortada o la situación en sí, pero no tarde ni dos segundos en bajar y chuparle desde los huevos hasta la punta de su hermosa pija. Me encanta bajar a chuparle todo, me vuelve loca me pasaría horas allí, me encanta.

Estaba muy centrada en lo mío, cuando me vino a la mente pensar donde estábamos, y que estábamos haciendo. Ahí pensé en la dichosa ventana del techo. Me vino a la cabeza la idea que nos podían estar viendo desde arriba. Creo que solo fue un instante o tal vez no, perdí la noción del tiempo.

Me incorporo dejando bien babeada, con mucha saliva y dura la pija de José, me miro al espejo mientras me ponía mi bañador, estaba perfectamente depilada, lógicamente siempre he cuidado esos detalles, y en una ocasión como esta no iba a ser menos. Siempre me depilo como le gusta a José, con una pequeña tirita de pelos sobre mi vagina.

Y al mismo tiempo veía a José ponerse su malla con su pija aún dura por dejarlo con las ganas de acabar.

Estuvimos un par de minutos sin movernos y nos levantamos para intentar volver a la normalidad como si nada hubiera ocurrido, cosa imposible por parte de José que estaba con una erección tremenda.

-mira cómo me has dejado, señalando a su pija me dice. No puedo subir así, ¿Qué dirán?

Toda esa situación me puso más caliente, pero decidimos de mutuo acuerdo que teníamos que volver con los anfitriones.

Cuando subimos nuestra sonrisa no era la habitual de haberse cambiado simplemente un bañador, la cara de ellos también fue de una sonrisa de complicidad, pero preferí no darle más importancia para que se notara aún más.

Alexis para cortar esas decimas de silencio que se hacen eternas, dice: -Con lo que han tardado pensaba que se estaban poniendo el traje de buzo. Nos empezamos a reír todos.

Como había dicho antes, Alexis es muy detallista, y había preparado un aperitivo acompañado por una picada completa para que almorcemos.

La verdad es entre el aperitivo, el vino y la deliciosa picada de fiambres, empanadas, sándwich, y postre, al final de la comida, es como si los cuatro nos conociéramos de toda la vida. Supongo que el alcohol ayudo a que también hubiera algunas bromas subidas de tono, a las que Adriana se apuntó rápido, eso quería decir que nos sentíamos cómodos, distendidos y relajados.

Después de un rato Adriana me dijo: -Vamos a tomar el sol, mientras ellos reparaban una lona que se veía rota atándolas con unas sogas.

Al rato después de unas charlas tan interesantes con Adri y de ponernos al día, me confiesa que por lo general ella toma sol en top-les y a que saben ir a playas nudistas donde hacen integral los dos, y ahí aprovecho a contarles que nosotros solemos hacer lo mismo. Así que sin dudarlo las dos quedamos con nuestras tetas al aire.

De inmediato pasa una lancha cerca y nos gritan con unos hermosos halagos. Cosa que seguramente escucharon también los chicos que inmediatamente con la excusa de traernos algo fresco para que no nos deshidratemos se acercan, y sin sorprenderse al vernos a las dos en top-les, incluso Adri llevaba el minúsculo bikini desabrochado de los laterales para que no dejaran marcas y tapando mínimamente sus partes más íntimas.

Alexis dice: “El que busca encuentra” y nos reímos.

Adri dijo: ¿Por qué no me pones crema por la espalda, cielo? Lógicamente no se negó, se tomó con las manos las tiras del bikini y se dio la vuelta, esfuerzo que no dio resultado porque prácticamente se le vio todo. Cuando acabo la espalda y empezó por las piernas le dice: -Espera un momento, no quiero que se me manche la malla y deja su culo al aire para que le acabe de poner el bronceador, a mí me salió del alma decirle: -¡Que Guacha! A lo que respondió: -¿Qué pasa? No es la primera vez que me lo ves y seguro que a José no le importa ¿Verdad? a lo que repliqué: -¡Qué va! es más, te voy a pedir José que me hagas lo mismo a mi si no te importa…

Se creó otra situación inesperada y altamente cargada de erotismo sin haberlo previsto, y con la excusa de las copas de vino espumante se brindó.

Cuando José acabo de ponerme crema por la espalda comenzó a tirar de mi minúsculo bikini que debía salir por mis piernas, lo hizo con cuidado de no mancharme el bañador, tuve que levantar mis caderas para que saliera.

Alexis y José se sientan sobre un sillón con otras dos copas más de espumante, a ver el espectáculo, por un lado, la inmensidad del paisaje del delta y por otro a nosotras tomando el sol desnudas, era como el paraíso.

Empezamos hablar los cuatro de viajes que habíamos realizado, salió el tema del nudismo de donde lo habían practicado ellos y donde nosotros, tanto como el barco, como en playas.

Nos explicaron que alguna vez se habían acercado a Cap D’ Adge, en Francia, que tenía una de las playas más maravillosas que habían estado nunca, nadabas entre aguas cristalinas llenas de peces que te iban acompañando.

La situación por lo menos había subido para mi muchos grados y no solo por el calor sino por la charla que iba tomando temperatura. La situación era realmente provocativa para todos y ellos lo disimulaban muy bien.

Enseguida con Adri empezamos a contar algunas de las historias de nuestra juventud, de algunos de los tríos que habíamos hecho con un par de chicos de aquella época. Cosa que José conoce perfectamente, porque se lo he contado varias veces.

Alexis conocía algunas historias de Adri, pero evidentemente no todas… jajaja.

Ellos tenían planeado ver la puesta de sol en el barco, Alexis decía que es una de las cosas más bonitas del delta, así que estuvimos hasta que el sol desapareció y recién ahí partimos hacia la casa de ellos que no estaba muy lejos.

En camino de regreso Alexis recibe una llamada, era paciente amigo que le ha complicado la noche, y tiene que ir a atenderlo, todos nos quedamos un poco decepcionados. Hubo un detalle, al despedirse de Adriana, algo le dijo porque se sonrieron de una forma muy especial, me quede con las dudas de que le podía haber dicho para que acabara con aquella sonrisa.

Después de cenar los tres, Adriana nos propone que con José durmiéramos en el barco así podíamos ver las estrellas y la luna por la ventanita. Lo que provoco risas sobre todo después de lo que habíamos tomado.

Alexis vuelve a llamar que se había complicado y que no sabía a que hora regresaría. Así que la conversación después de muchos temas se centró en una discusión muy divertida y acalorada entre José y Adriana. Por los chicos que habíamos estado juntas en aquella época.

Yo a esa altura tenía mucho sueño y también estaba caliente, por un momento se me cruzo invitar a Adri a dormir con nosotros en el barco, pero como que no se dio, solo le dije a José que vayamos a ver las estrellas y la luna entre sonrisas.

A marcha acelerada hasta el barco, llegamos con un grado de excitación máxima con José. Nos quitamos la ropa en un segundo, la atmósfera que se respiraba dentro del camarote era insostenible y de inmediato me subí sobre José que ya estaba tirado sobre la cama mirando las estrellas con su pija apuntando hacia el techo.

Comencé a moverme desaforadamente, necesitaba una buena cogida después de todo el día de estar caliente. Cuando terminamos quedamos tendidos en la cama mirando la luna por la ventanita y sentimos unos ruidos en la cubierta y una sombra paso. Al asomarnos no vimos nada.

Pero los dos pensamos lo mismo, que era Adriana que debe haber estado tan caliente como yo y vino a espiar o tal vez no solo espiar.

Al otro día al despertar, tenía unos mensajes de Adri preguntando como habíamos pasado la noche. Y que cuando queramos se llegaban hasta el barco que tenían el desayuno preparado y la comida para todo el día.

Por supuesto le contesté que tuve un hermoso orgasmo mirando las estrellas y la luna y que ya estábamos listo para cuando quieran zarpar para pasar otro día sobre el barco.

Llegaron y enseguida Alexis puso en marcha el motor y partimos, como se anunciaban algunos chaparrones dijo: no vamos a ir muy lejos por las dudas que nos agarre una tormenta con viento.

Continuará.

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