Con el dueño del gimnasio

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Cuando cambié de gimnasio me pareció de lo más aburrido, no asistían más que chicos de apenas los 20 o menos, pero todo dio un giro cuando el dueño del gimnasio comenzó a asistir, le decían el Ruso pues parecía uno, era un hombre bastante alto y atlético, unos brazos gruesos y marcados al igual que ese abdomen, sus patillas encanecida, no tenía barba ni bigote, pero no le hacía falta alguna, el solo verlo me ponía cachonda, por mi mente corrían fantasías en dónde ese tipo era todo un semental uno que me dominaría completamente en la cama.

Estaba en mi rutina de pierna, recostada en dicho aparato levantando cerca de 20 kilos, poco pues recién estaba comenzando la rutina, estaba por parar para subir un poco más de peso cuando el dueño se acercó, se posicionó a mi lado y comenzó a instruirme de la nada, sin pedirlo, la charla no se hizo esperar y entramos en confianza casi de inmediato, ese día comenzó todo el coqueteo. Aunque al inicio fue lo clásico, nombres, edades, si llevaba mucho en ese gym hasta que la conversación llego a algo crucial.

—¿Novio? —soltó la palabra en modo de pregunta—

—Eso no es lo mío, son celosos y a mi me gusta más divertirme —solté sin miedo alguno a la mal interpretación porque eso era precisamente lo que quería— Ya sabes —y solté una risita tras un guiño—

—Es más rico así —respondió directo a mis insinuaciones—

—¿Sin novia entonces? —esta vez me levanté y exagere el movimiento al bajar del aparato para mostrarle descaradamente el culo—

—Yo también me quiero divertir —vi como se tocó la entrepierna—

—Eso me encantaría… —solté esas palabras con toda la intención de ofrecerle sexo—

—Delicioso… —dijo sonriendo y se fue hacia un grupo de chicos que el solía entrenar—

Era claro que se había acercado a mí con ese solo objetivo y me encantaba que así fuera pues deseaba con ganas a ese hombre. Al día siguiente llegué como de costumbre, pero como era costumbre en los días entre semana la gente asistía menos, además que las promociones de membresías habían expirado y el costo aumentó, era obvio que cada vez irían menos, pero no creí que tan pronto, pues tan solo se encontraban tres chicos, el Ruso y yo.

Sin tardanza fui a la caminadora y me quite mi pequeña chaqueta deportiva dejándome en solo top, mi pantalón de licra marcaba por demás mi culo, sabía lo que podía pasar, por lo que ese día no lleve ropa interior, estaba segura que eso se notaba, lo corroboré cuando subí a la bicicleta y el Ruso se me acercó, empezó la plática y pronto está ya corría en doble sentido.

Me ofreció ayuda con las pesas y acepté aunque esa rutina hoy no me tocaba, se ponía tras de mí y me pegaba su bulto cuando yo me agachaba, obviamente exageraba mi movimiento para tallarle bien mi culo, empezó a ser más descarado y me tomaba la cintura, tocaba mi nuca con la punta de su nariz y me respiraba en el oído, pronto sentí su dura verga frotarse más en mi culo y sus manos pasaron a acariciar mis caderas, no sé en qué momento ya estábamos solos, solo fui consiente cuando dos de los chicos se fueron, el tercero ni siquiera noté en que momento.

Seguramente el Ruso si lo notó, porque me apretó hacia el por el abdomen y paso sus labios por la curva de mi cuello, gemí y lo escuché soltar una risita, el permiso para hacerme lo que él quisiera ya lo tenía, aunque no lo había pedido.

—¿Das entrenamiento privado? —le susurré y moví mi culo para sentir más esa enorme erección—

—Lo doy muy duro muñeca— me dio una nalgada que me hizo soltar una risita— Tengo una rutina muy buena pensada en este culito…

—Lo quiero probar —sentí como me apretó el culo con ganas, mordió ligeramente mi oreja, gemí y cerré los ojos—

Sin decir nada más me llevo hasta el almacén del gimnasio que también funcionaba como su oficina, había un sofá largo y algo ancho, un escritorio de madera sólida, una silla que claramente no era de oficina sino una gamer, estaba algo obscura esa habitación, la luz era opaca amarillenta, pero poco importaba el entorno, había un sofá y eso era lo único que importaba.

No espero mucho tras cerrar la puerta se abalanzó contra mí, se inclinó a besarme y apretar esos fuertes brazos en mi cintura, me levanto para sentarme en el escritorio y meterse entre mis piernas, luchó para quitarme el top y al verme las tetas se relamió los labios, bajo a chupármelas, las apretaba con deseo, metía su cara entre ellas, se quitó la camiseta y que deleite con ese enorme cuerpo, estaba por querer quitarme el pantalón pero se detuvo.

—Tengo un mejor lugar para entrenar, ¿quieres ir? —me pregunto apretando las tetas y besando mi cuello—

—¿Y por qué no aquí? —pase mis manos acariciando su abdomen y paso sus labios hacia los míos—

—Vamos quiero entrenarte como la putita que eres..—paso sus manos por mi cintura y mordió mi labio inferior— Además está por llegar a su turno el otro instructor…

—¿Y no quieres que se una? —solté una risita y me jaló para bajar del escritorio—

—Este culo —y me apretó con ambas manos las nalgas— Va a ser mío primero….

No sé dijo más y me acomodé el top para salir y subirnos a su motocicleta, condujo como un loco, agradecida con que no viviera a más de unos minutos del gimnasio, cuando llegamos casi corrimos para entrar a la casa, la ropa empezó a volar conforme llegamos a la sala, para cuando estuvimos allí no le hizo falta pedir nada, ya estaba de rodillas abriendo la boca pidiéndole que me dejara mamársela, su lujuriosa expresión me hizo entender que eso era lo que quería, pero abrí más la boca del asombro, esa cosa era la más grande que me había tocado, su grosor y su largo me dieron duda de si aguantaría algo así en mi garganta.

Pero no hubo demasiado tiempo de apreciación porque como un desesperado me la ensartó en la garganta, se echó a reír por la fuerte arcada que emití, definitivamente esa cosa era mucho para mi boca, pero eso no importaba me puse a mamar como una verdadera adicta a la verga y le arranque esos gemidos y jadeos de placer, yo levantaba la mirada y lo podía ver como me veía, esa mirada lujuriosa y dominante, el como me sostenía de la cabeza y empujaba para oírme atragantarme.

La espesa saliva caía de mis labios llenando me las tetas, el Ruso me tomo fuerte de mi coleta y me hizo levantarme llevándome al sofá en una extraña posición pues dejó la parte superior de mi cuerpo arriba y la inferior colgando hacia el piso, se montó sobre de mí y me empezó a follar las tetas, las apreté y saque la lengua para recibir la punta de su hinchado glande, se movía duro incluso se generaba un choque obsceno, me provoco gemir debido al cosquilleo en mi palpitante coño, deseoso de verga, mojado y hambriento.

—¿Quieres verga puta? —me apretó el cuello y bajó de mi, apretaba fuerte y no me salió la voz así que me dio una bofetada muy fuerte— ¡Responde puta! —grito enojado y yo moví la cabeza en afirmación, él sonrió de manera perturbadora—

Me volvió a tomar del cabello y me levanto violentamente para lanzarme al sofá y abrirme las piernas, se metió entre estás, con esa larga y gruesa erección amenazando con destruirme el coño por completo, pero aun así lo deseaba con desesperación, no lo perdía de vista y me apreté una teta y con la otra mano me frote el coño para después abrírmelo con el dedo índice y medio, él sonrió, me azotó la verga en el coño y sin compasión alguna me ensartó, el bufó, yo grite sin ningún tipo de tono placentero, fue un grito desgarrador, que claramente a él le gustó porque empezó el mete saca violentamente, me reventó, duro sin espera.

Sentí mi coño abrirse con dolor, sus empujes uno aunó me hacían gritar, incluso por instinto quise apartarlo pero mi nuevo recién adquirido masoquismo le encontró placer a ese dolor, a sus jadeos de animal lujurioso, mi cuerpo se arqueo, mi garganta dolió por los gemidos que soltaba, abrí todo lo que pude las piernas para recibir a ese hombre enorme y corpulento que arremetía sin compasión pero con un placer indomable.

—Si… ¡Grita puta así! —me abofeteo y apretó su mano una vez más en mi cuello— Aprietas más rico de lo que pensé…

—Esta… enorme —apenas pude emitir con mucho esfuerzo esas dos palabras sintiendo la falta de aire— Me rompes…

—¿A si? Mira lo que ganas por ofrecida… —me escupió en la cara y se rio— Te voy a dejar bien reventada por puta…

Mis ojos se llenaron de felicidad y el pareció captar eso porque se levantó para tomarme de las piernas y hacer el mete saca más rítmico, el sonido húmedo era delicioso al igual que sus ensartadas, empecé a gemir con ese placer que recorría mi cuerpo, el mismo que cosquilleaba intensamente en mi coño, me apretaba mis teta sin dejar de mirarlo, gimiendo le y pidiéndole más. “Que verga tan rica papi” le gemía y el más duro la metía, me daba leves azotes en las piernas y en la cara, “Soy tu puta” le decía cada que me azotaba…

—Ponte en cuatro pinche puta —me jalo violentamente y me acomodé a lo largo del sofá pero me dio un tirón del cabello para acomodarme a lo ancho sujetándome al respaldo de este— Así porque quiero ver esas tetas —justo a espaldas de ese sofá había una vitrina enorme que más bien parecía echa de espejos.

—Métela duro papi… —le moví el culo al sentir que no me la metía ni se acercaba—

—Que rica te vez en cuatro —me acaricio las nalgas y me dio una fuerte nalgada— Ya te había visto así levantando pesas, pero ahora te la puedo meter como tanto imaginé…

Y sin más me ensartó como me gusta, de golpe sin compasión, me apretó fuerte de la cadera y empezó el frenesí de su vaivén, mis nalgas rebotando duro contra su pelvis y sus hinchadas bolas contra mi clítoris, este excitado, sensible y amenazante con explotar, me daba unas descargas de placer deliciosas, verme en el espejo mi cara de puta abriendo la boca gimiendo y debido a lo bajo del respaldo del sofá mis tetas se veían perfectas, rebotando al ritmo de sus embestidas, el hombre tras de mi se veía enorme a comparación de mi esbelto cuerpo y mi estatura claramente.

El disfrute era glorioso, me sujeto de las manos y las paso hacia mi espalda, me tenía a vilo atrayéndome hacía él para empujarme más duro su verga dentro de mí, no aguante más, mi cuerpo tembló y mi coño explotó en un orgasmo, entre gritos escandalosos y mis jugos saliendo a chorro, el Ruso se volvió loco se movió más rápido soltando bufidos exagerados, parecía un toro, de repente me soltó las manos, caí con la cabeza clavada en el sofá, sujeto mis caderas y me dejo toda su lechita adentro, mis piernas temblando, mi pecho subía y bajaba agitada de verdad.

Pero no le basto con dejarme así, no le fue suficiente, pues con esa violencia que al parecer lo caracteriza, me zarandeo del brazo y me sometió del cabello a ponerme de rodillas en la alfombra de su sala y me golpeó la cara con su pesada verga.

—Ahora deja bien limpia la verga de tu macho mi putita —y me dio otra cachetada—

Me puse a hacer mi trabajo, mamar, la lamía desde las bolas hasta la punta, mientras chupaba su glande lo masturbaba con mi diestra, me la empecé a tragar cuánto pude, de mis ojos caían lágrimas por el esfuerzo y de pronto me empujó tanto que tuve que hacer más esfuerzo por no vomitar.

Él se percató de eso y le encantó, me llevo gateando de mi coleta como si fuera mi correa, como si fuese una perra, hasta llegar a una de las sillas altas de su barra desayunador y me sentó allí yo de frente al respaldo y mi culo saliendo un poco del asiento, de ese modo me pudo penetrar fácilmente y con ese salvajismo que me encanta, metió sus brazos por mis axilas y sosteniendo mis hombros con sus enormes manos, tal como si sus brazos fueran las correas de una mochila, se dejaba ir con fuerza dentro de mí, el choque de mi culo contra él era delicioso y sus gemidos roncos en mi oído eran la gloria.

—Te encanta la verga putita —jadeo en mi oído y mordió un poco mi cuello—

—Esta deliciosa papi… —gemí agudo , sintiendo como rebotaban mis tetas sin control alguno— Que rica verga…

—La pedías a gritos entrenando con esos pantaloncitos y sin tanga —me soltó de los brazos y me empezó a dar nalgadas fuertes, ardían demasiado una tras otra— Ya quería ver rebotando este culo en mi verga…

—Y yo sentir esa verga ensartándome duro papi —grite la última palabra gozando el placer de esos espasmos antes de un orgasmo, las contracciones de mi coño eran más continuas— Reviéntame toda!!! —grite rogando como una gata en celo—

—Así me gusta puta que ruegues… —tiro de mi cabello y me dio unas ensartadas bien duro—

Pero paro por un momento, me hizo girar y me volvió a ensartar sosteniendo mis piernas por detrás de las rodillas y me levantó, yo me sujete fuerte de su cuello y empezó a columpiarme duro, entraba en mi con todo el peso de mi caída a cada columpiada, me tenía gritando de placer, mi coño explotó en placer una vez más, se me fueron los ojos en blanco y sin darme cuenta de en que momento ya estaba sobre de mi en el amplio sofá, me bombeada delicioso con sus enormes brazos a cada lado de mi, jadeaba como una bestia, le clave las uñas en la espalda y me abrí para él todo lo que me permitían las piernas.

Que vendita verga tenía, me llenaba delicioso y la metía aún mejor, se dejaba caer con fuerza y ritmo, me daba el placer más exquisito, había perdido la cuenta de los espasmos de placer tan deliciosos que me explotaban en el coño, ya jadeaba exhausta pero con ganas de no parar, quería más aunque el coño ya me ardía, el Ruso se levantó un poco me sostuvo las piernas y me bombeo más duro y contundente, jadeaba pareciendo que ya eran sus últimas, “Que rico se mueven esas tetas” me decía jadeante.

De entre esos deliciosos movimientos me llevo al orgasmo, uno intenso, delicioso, uno que dolió porque el también llegó a su clímax, entre esos gemidos roncos que tanto amo de los hombres, me dejó aun más llenita de leche, cuando me saco la verga sentí como escurría su caliente leche en mi coño palpitante, dolorido, mis piernas temblando y mi cuerpo entero bañado en sudor. El Ruso se quedó mirando esa grotesca imagen de mi, con las piernas abiertas frotándome el coño y palpando su lechita con mis dedos.

—Vas a ser mi puta —se relamía los labios y se frotaba la verga sin dejar de mirarme— Dónde voy a depositar toda mi leche cuando yo quiera…

—Y en dónde tú quieras papi… —me levanté para ir a montarme sobre de él— Cuando lo pidas….

—Perfecto porque solo estamos tomando un respiro mi puta… —me rodeo por la cintura y nos devoramos la boca—

Me acariciaba completamente, desde mi culo hasta las tetas, mis muslos y pasaba dedo bien rico por mi coño, no sabía si podía resistir más de esas metidas pero la estaba pasando muy bien, además estaba claro que este sujeto no estaba dispuesto a dejarme ir aún…

Nos quedamos cachondeando en el sofá, aún desnudos nos levantamos por unos tragos y entre estos seguía el cachondeo rico…

Así que está aventurita con este tipo depravado tiene una segunda parte porque no me dejó ir hasta salir el sol…

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4 COMENTARIOS

  1. Mamasita, como siempre parandome la verga imaginando Qué soy yo quien te reviente y te mete unas cogidas deliciosas. Me dejaste seco otra vez ricura. Sigue con tus puterias mami. Te mando un besote y un apretón de culo ricura. De parte de tu vergon favorito.

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