Me acomodé en el sofá, con mi miembro todavía babeado, bajaba por mis testículos una mezcla de semen y saliva. Pensé, es increíble esto que estoy viviendo, somos una familia totalmente morbosa y degenerada.
Mi mujer se sacó su corpiño y se iba a sacar la tanga cuando la detuve.
–Déjatela Vicky. Te hace un culo hermoso.
–Y desde ahí tenés la mejor vista.
En el sillón mi hermana de piernas abiertas le tomaba la cabeza a mi mujer. Vicky en cuatro patas le comía la concha y dejaba a mi vista su enorme culo, en el cual se reconocía un triángulo blanco de tela en la parte baja de la espalda y nada más. El hilo elástico se perdía entre sus nalgas para luego volver a aparecer en la tela blanca que cubría su vulva y apenas se veía. Tenía un culo redondo hermoso en forma de corazón.
–¿Hermano, te gustaría ayudarme un poco con Vicky?
–Claro hermanita para lo que necesites.
La mirada pícara entre nosotros, demostraba que habíamos cruzado la última frontera de duda y prejuicio.
–En mi mochila que está cerca de la puerta hay algunas cosas que te gustará probar con tu mujer.
Sin responder fui a buscar su mochila, tenía un pene de goma y un huevo que vibraba. Agarré los dos cosas y dejé un pomo de crema que supuse era un tipo de lubricante, no lo íbamos a necesitar.
–¿Por cuál te gustaría empezar? (Levantando las dos cosas frente a ella)
–A mi dame el huevo y vos agarra la pija de goma.
–Celina acóstate en la mesa ratona, boca arriba y con las rodillas flexionadas y abiertas.
Celina le hizo caso, mi hermana por su parte le pidió “no dejes de chuparme la concha amor”. Y se la puso en la cara. Quedó entonces arrodillada en la mesa de frente a mí como si fueran a hacer un 69 con Vicky pero ella no se agachó, mirándome de forma provocativa se llevó el huevo a la boca lo mojó y lo prendió. Vibraba evidentemente.
–Ahora vas a ver como se moja tu mujer de verdad.
Le apoyó el huevo vibrador a la altura de su clítoris por encima de la tanga. Se escuchaba a mi mujer gemir y suspirar, sonidos guturales de placer acompañados de movimientos pélvicos en donde subía y abría su concha buscando mayor contacto con el vibrador.
De a poco fue apareciendo una mancha de humedad evidente en su ropa interior.
–Así es mi putita preferida, te estás mojando toda, así como me chorrea a mí te va a chorrear a vos.
Salió de encima de mi mujer. Le pidió que se pusiera en 4 con el culo apuntándome. Mi mujer obedeció.
–Ahora tenés el culo de tu mujer para divertirte con esa pija de goma.
Estaba empezando a excitarme de nuevo, se me estaba parando la pija y no habían pasado ni 10 minutos desde que había acabado en sus caras.
–Vicky voy a abrirte el culo con la pija de goma.
–Mi amor méteme todo lo que quieras pero hacelo ya. Quiero sentirme bien puta con ustedes. Quiero que me abras el culo y la concha.
Le corrí la tanga blanca que en su parte delantera ya era gris por todo lo que la había mojado. Cuando se la saqué del culo noté como los hilos de ese gel se estiraban y quedaban pegados al triángulo delantero de su ropa interior. Esto me volvió loco.
Le pasé la punta del dildo por su vulva para mojarlo bien y con una mano le separé las nalgas. Mi lengua buscó su culo, le mojé bien su agujero y empecé a hacer fuerza para que entrara la cabeza del pene de goma.
Ella gozaba y mi hermana la besaba con pasión. Le hablaba al oído, no lograba escucharla, pero mi mujer gozaba como una poseída. Hasta que se giró y me miró a la cara, con voz ronca me dijo:
–Quiero que me la metas toda de una y tu verga la quiero en la concha.
–Como digas.
De a poco le enterré el dildo en su cola y le fui penetrándola con mi verga que ya estaba dura de nuevo. No podía sostener el movimiento de ambas cosas, así que le pedí ayuda a mi hermana. Ella se acercó a mí, despacio, se puso frente a mí y sentí su respiración chocar con mis labios. Sacó su lengua me la pasó por la boca, luego me besó y nos fundimos en un beso lleno de deseo prohibido y pasión.
–Me dijo al oído. Ahora vamos a coger a tu mujer entre los dos pero tu próxima leche la quiero dentro de mí. No la pienso compartir con nadie.
Agarró el dildo por la base y comenzó un movimiento donde se lo sacó del culo entero y se lo volvió a meter, por lo menos un par de veces. Nunca había visto ese agujero tan abierto, mi mujer tan puta pedía que le hiciera lo mismo con la concha.
–¡Si! Cójanme los dos juntos. Ábranme toda. Voy a acabar, no paren, no paren.
–Puta estás dejándole toda la pija blanca con tu crema. Es increíble como disfrutas.
–Si así, así, me encanta. Me llenan toda y quiero que sigan.
Luego no pudo más, con gemidos y respiración cortada llegó un tremendo orgasmo que hizo que se dejara caer sobre la mesa. Quedó ahí inmóvil solo con el dildo todavía en el culo. No podía ni sacárselo. Balbuceo algo como “la mejor cogida de mi vida” “no me voy a poder sentar tengo el culo todo abierto”. Celina le sacó el dildo y la ayudó a acostarse en el sofá. Quedó mirándonos, ahora era momento de mi hermana.
–¿Hermana qué es lo que tanto deseas?
Me habla en secreto, al oído y muy pegada a mi cuerpo.
–Tu mujer es la puta que quiere que la revienten y también que una mujer la desee. Yo no. Yo te quiero a vos. Quiero besarte, abrazarte y sentirte dentro de mí.
–¿Hermana porque nunca me dijiste esto?
–Por miedo, porque no me entendieras, porque soy insegura y porque Vicky hizo todo para suplirte y hacer que me sintiera mal por esto.
–Cuando éramos chicos siempre te miraba tus tetas y también te deseaba, te dediqué escondido muchas pajas, olía tu ropa interior, yo también estoy roto.
–Me encantaría que me beses.
Me sentó en el sofá y me besó otra vez. Apoyándose en mis hombros se sentó en mi regazo quedando cara a cara. Rodeo sus piernas en mi cintura, nuestros pechos chocaban y sentía la dureza de sus pezones. Una vez así, agarró mi pija con una mano, la ubicó en la entrada de se concha y poco a poco fue bajando hasta penetrarse toda. Sentir su calor, humedad y su respiración en mi cara, me excitaron era todo lo que no se podía hacer y lo estábamos disfrutando.
Se quedó allí un par de minutos sin moverse, mirándome a los ojos y besándome. No había degradación ni pornografía en lo que hacíamos. Había sexo, pasión, deseo y amor.
Me acercó a la boca una de sus tetas con la mano, empezó a moverse despacio. No entraba ni salía mi pene, solamente frotaba su clítoris contra mi pelvis. Dentro mi verga le recorría todo su interior empapado, caliente que latía con furia.
Poco a poco fue aumentando la velocidad y fuerza en su roce. Me abrazó y clavó sus dedos en mi espalda.
–Estoy por acabar, pero quiero que lo hagamos juntos. Dale Mati, acabemos juntos. Quiero sentirte eyacular dentro de mí. Quiero saber que te hice explotar de gozo y que me llenaste toda. Acábame adentro. Estoy por acabar, dale. Quiero sentir como te palpita la pija dentro de mí, mi amor.
Esas últimas palabras me lograron derrumbar y empecé a eyacular copiosamente dentro de ella. Sus piernas que rodeaban mi cintura me apretaron fuerte con sus talones, lo mismo hizo con los brazos, mi pene no podía estar más dentro de ella.
En ese abrazo acabamos los dos. Mi orgasmo fue muy intenso. Se separó lentamente, me miró a los ojos y me dijo “gracias por permitirnos disfrutar”.
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