Cuidado con lo que deseas: Dominación y experimento con mi novia

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T. Lectura: 10 min.

Ese día Nicole llevaba un top blanco ajustado que no parecía diseñado para cubrir, sino para insinuar. La tela se adhería a su torso con una naturalidad casi peligrosa, marcando con claridad el contorno de sus pechos y la textura de sus pezones cada vez que se movía, como si el calor, el agua y su propio cuerpo conspiraran para que nada pasara desapercibido. No era transparente… pero no lo necesitaba. Bastaba con mirarla un segundo más de lo normal para entenderlo todo. La forma, el volumen, cómo su pecho se proyectaba bajo esa tela… era imposible no imaginar lo que había debajo.

Y eso era lo peor. Porque no me parecía que lo estuviera intentando.

Debajo, una prenda negra mínima descansaba sobre sus caderas, ajustándose a ellas como si hubiera sido hecha exactamente para ese cuerpo. No apretaba, no exageraba… solo acompañaba la forma. Su abdomen plano se tensaba suavemente con cada movimiento, dejando ver esa definición limpia que había construido con disciplina, pero que ahora, bajo el sol, se sentía más como una provocación que como esfuerzo. Sus muslos, firmes, bronceados de manera natural, quedaban completamente expuestos, y sus pies descalzos —apenas adornados con una pulsera dorada— se movían con una calma que contrastaba demasiado con lo que provocaban.

Era su cumpleaños, y quizá por eso todo se sentía distinto.

El sol caía fuerte sobre la piscina, el ambiente estaba cargado de risas, alcohol, miradas… y Nicole estaba en el centro de todo sin siquiera intentarlo. Normalmente era más reservada, más medida, más consciente de cómo se mostraba… pero ese día había algo diferente. No era que estuviera actuando distinto, era que no estaba conteniéndose. Como si por unas horas hubiera decidido simplemente existir… y dejar que los demás hicieran con eso lo que quisieran.

Y lo hicieron.

Porque las miradas estaban ahí. Constantes. Disimuladas a ratos, descaradas en otros. No hacía falta que nadie dijera nada. Se sentía. Se veía en la forma en que algunos de sus amigos se quedaban un segundo más de lo necesario, en cómo sus ojos bajaban y subían sin permiso, en cómo el ambiente cambiaba apenas ella se movía.

Y yo lo veía todo.

Y no podía apartar la mirada.

Porque no era solo que se viera increíble… era cómo se sentía verla así. Había algo en esa mezcla de belleza, descuido y exposición que resultaba imposible de ignorar. Como si de repente Nicole no fuera solo mi novia… sino algo más. Algo que otros también estaban descubriendo. Algo que ya no me pertenecía del todo.

Y eso… me estaba volviendo loco.

Esa imagen no se me fue.

Durante días.

No era solo cómo se veía… era cómo se movía, cómo parecía no darse cuenta —o tal vez sí— de lo que provocaba, cómo esa versión suya más ligera, más suelta, se sentía tan distinta a la que yo conocía en la rutina. Era como haber visto una puerta abierta a algo que siempre había estado ahí… pero que nunca había terminado de cruzar.

Porque Nicole, en el día a día, era distinta.

Más contenida. Más medida. Incluso en lo sexual, siempre había tenido ese punto de reserva, como si una parte de ella se quedara atrás, como si no terminara de soltarse por completo. Y aun así… le gustaba la atención. Le gustaban los cumplidos. Le gustaba sentirse mirada. No lo pedía, pero lo disfrutaba. Y yo lo sabía.

En el sexo siempre decía que estaba satisfecha. Que no cambiaría nada.

Pero yo sí empezaba a querer más.

Más intensidad. Más sorpresa. Más de esa Nicole que había visto ese día… sin filtros.

Esa noche no hubo suavidad.

No hubo rutina.

La tomé por detrás, de perrito, como si todavía estuviera viendo esa escena frente a mí, como si cada movimiento suyo en la piscina se hubiera quedado atrapado en mi cuerpo. La penetré con una urgencia distinta, más profunda, más insistente… como si necesitara sentirla más adentro, como si necesitara recuperar algo.

Y ella respondió.

Se dejó llevar de una forma que no era habitual. Más abierta, más reactiva… más presente. Sus caderas se abrían mientras la penetraba y sus gemidos cada vez eran más escandalosos.

Tuvimos varios orgasmos, uno tras otro, sin medir el tiempo, sin pausas reales, en una noche que se alargó hasta dejar el cuerpo agotado y la mente completamente tomada por lo que acabábamos de hacer.

Y lo dijimos sin dudar.

Había sido el mejor sexo que habíamos tenido.

Pero los días pasaron… y la intensidad bajó.

Y ahí fue cuando empezó el problema.

Porque ya no podía dejar de pensar en eso.

En su vientre plano moviéndose bajo la luz, en sus pezones marcándose sin vergüenza, en el sudor bajando por su cuello, en la forma en que su cuerpo parecía pedir ser mirado… y empecé a darme cuenta de algo incómodo.

No quería solo recordarlo.

Quería más.

Quería que ella fuera así más seguido. Más segura. Más consciente de lo que provocaba. Más dominante… más dueña de esa parte de sí misma que había visto por un momento y que ahora no podía ignorar. Quería que ella tomara el control y que fuera bastante explicita conmigo.

Y poco a poco… esa idea empezó a meterse incluso en nuestra intimidad.

Mientras la tenía de espaldas, penetrándola con fuerza, ya no estaba solo con ella… estaba con esa versión suya que me miraba distinto, que me provocaba, que no se contenía, que me pedía más, que me exigía… que me hacía sentir que no tenía el control. Imaginaba que me decía “¿Eso es todo lo que tienes? ¿No puedes cogerme más duro?”.

Y eso… empezó a gustarme demasiado.

Tanto, que dejó de ser solo una fantasía.

Se volvió una necesidad.

Y fue ahí cuando tomé una decisión.

No iba a pedírselo directamente, porque me asustaba lo que eso le podía hacer a nuestra relación.

Primero necesitaba entender si eso era realmente lo que quería, que Nicole fuera más dominante, más segura… más descarada.

Empecé viendo pornografía y descubrí los videos de dominación femenina, de instrucciones y hablado sucio…

Fue así como conocí y terminé escribiéndole a Malena.

No sabía exactamente qué estaba buscando ni si era buena idea meterme en aquella aplicación de pago por suscripción para hablar con modelos… pero cuando leí su descripción, sentí que había algo ahí que encajaba demasiado bien con lo que tenía en la cabeza.

“Cambiaré tu vida.” se leía en un perfil de una mujer increíblemente sensual especializada en dominación femenina.

Y le escribí.

Lo que encontré no fue lo que esperaba… y eso fue lo que lo hizo peor.

Porque no fue directa, mala o ruda.

Fue suave.

Cálida.

Juguetona.

—Cuéntame de ti… ¿qué te gusta? Escribió por chat

La conversación empezó suave, quizás por eso terminé contándole todo… Sin filtros.

La piscina.

Nicole.

Lo que sentí.

Lo que quería.

—Uhmmm… me gusta… —respondió— un hombre que sabe cuál es su lugar.

Y en ese momento… algo se acomodó dentro de mí.

—Quiero verla a ella… pásame una foto, no es necesario ver su rostro solo su cuerpo.

Dudé.

Pero lo hice.

Le envié esa imagen… la misma que no podía sacarme de la cabeza, una foto de aquel día en la playa donde Nicole se veía de pie con sus pezones duros en evidencia.

—Ya veo… —escribió— ahora entiendo… está vestida como una pequeña zorrita.

No lo negué.

Porque no quería negarlo.

—Y eso te gustó… ¿te gustó que otros la vieran así?

—Sí.

—Claro que sí… y seguro esa noche no la soltaste.

No respondí con palabras.

Pero ella ya lo sabía.

—Tú no quieres control… quieres que ella sea libre… que haga lo que quiera… que se muestre… me parece muy lindo de tu parte. Pero no es solo eso, quieres que ella sea más dominante.

Y ahí fue cuando mi cuerpo reaccionó solo.

—Dime… ¿Te estás tocando?

—Sí.

—Eso pensé jaja. Escribió ella

Y poco a poco… me fue llevando.

No con órdenes bruscas… sino con ideas.

Con imágenes.

Con esa mezcla incómoda entre lo que yo había visto… y lo que ella estaba sugiriendo.

Hasta que ya no era solo una fantasía.

Era algo que estaba pasando.

—Escríbele… dile que no puedes dejar de pensar en cómo se veía… que quieres verla así otra vez, que no dejas de pensar en lo sexy que se veía. Mandale su misma foto.

Y lo hice.

Sin pensar demasiado en las consecuencias…

Nicole contestó.

–¿En serio te gustó tanto? Eso explica lo duro que estabas esa noche. Sabes me gusta cómo se me ve…ahora también me gusta como me ves con el conjunto puesto.

–No puedo dejar de pensar en ti, en lo rico que se veía tu cuerpo, necesito verte así de nuevo.

En ese momento… ya no estaba pensando.

Malena me interrumpió con una imagen… su cuerpo expuesto, sin vergüenza, con la misma actitud que yo quería ver en Nicole… usaba solamente una ropa interior negra en su cadera y sus tetas estaban expuestas en la pantalla.

–Apuesto a que quieres que vean a tu novia así.

No pude contenerme con la provocación.

Me vine con una intensidad que me dejó sin aire.

Sin control.

Sin espacio para pensar en nada más.

Y cuando terminó…

Lo único que quedó fue el silencio.

Y una sensación incómoda.

No de arrepentimiento… pero sí de haber cruzado un límite.

De haber tocado algo que ya no podía ignorar.

Le reconocí a Malena que me había venido y ella se rio.

–Para nuestra próxima conversación quiero que me cuentes que te respondió tu novia sobre tu pequeña confesión de su “vestimenta de pequeña zorrita” y quiero que hagas algo: comprale la ropa más sexy que veas, quiero que le enseñes como se debe vestir una buena zorrita.

Sin reclamar nada. Solo me despedí y acepté…

Esa misma noche, mientras fumaba en el balcón intentando ordenar la cabeza, recibí un mensaje de Nicole.

Corto.

Directo.

“Ven al patio.”

Y algo en ese tono… me hizo bajar sin pensarlo demasiado.

Pero con el pulso acelerado.

Porque en el fondo… tenía miedo de haber sido descubierto, de alguna forma.

Bajé con una sensación rara en el pecho, como si no supiera exactamente qué iba a encontrar, pero intuyendo que no iba a ser algo cualquiera.

Y cuando salí…

Ahí estaba.

Sentada en una de las sillas del patio, bajo la luz cálida que apenas alcanzaba a iluminar su cuerpo, lo suficiente para ver… pero no tanto como para quitarle ese aire íntimo al momento.

Nicole no estaba completamente desnuda.

Pero casi.

La misma prenda negra de aquel día en la piscina descansaba en sus caderas, baja, ajustada, marcando la forma de su cuerpo con claridad, mientras su abdomen plano se veía aún más definido bajo la luz tenue. Sus piernas estaban ligeramente abiertas, no de forma exagerada… pero lo suficiente para que la postura no se sintiera casual.

Y arriba…

Nada.

Sus pechos estaban completamente descubiertos, y por un momento tuve que detenerme, no porque no los hubiera visto antes, sino porque no los había visto así.

Sin prisa.

Sin que ella intentara cubrirse.

Sus pezones estaban duros, visibles, reaccionando al aire de la noche… o a la situación, no lo sabía. Pero ahí estaban, y ella no hacía nada por esconderlos. Ella estaba de la misma forma que la foto sexual que me pasó Malena… sus palabras retumbaron en mi cabeza “Seguro quieres que vean a tu novia así”

Nicole no era así. Pensé…

O al menos… no lo había sido.

Su pie descalzo se movía suavemente sobre su pierna de forma seductora pero algo apresurada, como si su propio cuerpo todavía no terminara de sentirse natural en esa posición.

Y cuando levantó la mirada y me vio…

No había arrogancia.

No había seguridad absoluta.

Había algo más cercano a duda.

—¿Así… querías verme?

Su voz no salió firme.

Salió medida.

Como si no estuviera completamente segura de lo que estaba haciendo… pero tampoco quisiera detenerse.

Eso lo hizo todo más intenso.

Porque no era una actuación.

Era real.

—Sí… —respondí, sin poder apartar la mirada— te ves… increíble.

Nicole bajó la mirada un segundo, casi como procesando el cumplido, y luego volvió a mirarme, pero esta vez había algo distinto… algo más atento.

—Estabas muy raro ese día… —dijo, acomodándose apenas en la silla— casi no dijiste nada… pero luego…

No terminó la frase.

—No podía dejar de mirarte, llevo pensando en como te veías, no pude quitarte los ojos de encima —le dije— no solo yo…

Eso la hizo tensarse apenas.

—¿Cómo que no solo tú?

Ahí estaba.

Esa pequeña inseguridad.

Ese punto donde todavía no sabía cómo interpretar lo que había pasado.

Me acerqué un poco más, sin invadirla del todo.

—Algunos también te estaban mirando… —dije con calma— era difícil no hacerlo.

Nicole frunció ligeramente el ceño, no molesta… sino confundida con un poco de sorpresa.

—¿Mirando… cómo?

La forma en que hizo la pregunta dejó claro que no lo tenía completamente entendido.

No lo había visto así.

—Como te estoy mirando yo ahora —respondí— no por accidente… sino porque se notaba.

Hubo un silencio.

Pequeño.

Pero cargado.

Nicole bajó la mirada otra vez, esta vez más lento, como si intentara reconstruir ese momento en su cabeza.

—Yo… no me di cuenta… —murmuró.

Y ahí estaba lo importante.

No era que no le gustara.

Era que no lo había visto así.

Me acerqué un poco más, lo suficiente para que sintiera mi presencia sin abrumarla.

—No hiciste nada mal… —le dije— de hecho…

Dudé apenas.

—Te veías increíble y esas miradas… me gustaron.

Nicole respiró más profundo.

Y esa vez… no apartó la mirada tan rápido.

—¿De verdad?

No era una pregunta vacía.

Era genuina.

Como si necesitara confirmarlo.

—Sí —respondí— y no era solo por la ropa… era cómo te veías… cómo te movías… como si no te importara que te miraran. Me hizo sentir que me saque la lotería contigo.

Esa frase se quedó en el aire.

Porque algo en ella cambió.

No del todo.

Pero lo suficiente.

Nicole acomodó ligeramente sus piernas, esta vez más consciente de su postura, y por primera vez no intentó cubrirse.

No se encogió.

No se cerró.

Solo… se quedó ahí.

Sintiendo.

—Pensé que solo… —empezó a decir, pero se detuvo— que solo me veía bien…

—Lo haces —le respondí— pero también… llamas la atención.

Esa diferencia era nueva para ella.

Y se notaba.

Porque no reaccionó con rechazo.

Reaccionó pensando.

Procesando.

Y poco a poco… algo empezó a acomodarse.

No como seguridad absoluta.

Sino como una idea.

Una posibilidad.

Me acerqué un poco más, esta vez sí, y me arrodillé frente a ella, sin romper el contacto visual.

Nicole no se movió.

Pero su respiración cambió.

—¿Te gusta… eso? —preguntó, casi en voz baja.

Ahí estaba el cambio.

No en lo que hacía.

Sino en lo que empezaba a preguntarse.

–Sí. Afirmé. Me gustó ver cómo te encantaba la atención, como te veías tan segura.

Mis dedos empezaron a deslizarse por sus pies, muslos y cadera…

–Sabes, me gustó tu confianza, lo sexual que te veías. Que otros te vieran solo me hizo sentir que yo era el hombre más afortunado. Porque mi novia es una diosa…

Nicole se sonrojó pero disfrutando los cumplidos…

–¿No te pusiste celoso, de que me vieran?

–No. Me gustó verte en control… verte tan libre sin que te importaran sus miradas.

–No las había pensado así. No sé qué pensar de esto…

Deslice su traje de baño, exponiendo una pequeña vagina, depilada, brillante y algo húmeda.

–Debes pensar que mereces esas miradas porque eres atractiva y tienes el control de ellas. Además los hombres no podemos evitar mirar.

–Sabes yo soy mujer y entiendo lo que dices, creo que yo tampoco puedo evitar mirar… ese día tú también te veías tan bien.

Mi boca empezó a besar su zona mientras ella se retorcía de placer…

Mi lengua se movía con fuerza mientras pensaba en mi conversación con Malena

Chat:

–Tu novia merece toda esa atención. Te gusta que otros la miren así. Mírala estaba vestida como una linda zorrita

–Si, ella lo merece

–Estoy segura que tu rol debió ser dar tragos a sus amigas mientras esos hombres las veían de arriba a abajo. Eso te habría gustado

–Creo que no me habría molestado

–Si yo fuera su amiga le llevaría un par de mis amigos hombres para que le den un show, ¿crees que ella le hubiera gustado?

–Creo que se pondría nerviosa.

–¿Pero le gustaría?

–Creo que sí.

–Jaja. Muy bien, vas a tener una novia dominante muy pronto. Va a ser muy sencillo… solo dime ¿a ti te habría gustado que ella viera?

–Creo que sí…

–Mientras ella hace esto:

Malena me había enviado un video de ella tocándose por encima de la ropa y en eso pensaba… hasta que escuché unos gemidos más fuertes de lo normal.

Las piernas desnudas de Nicole se sacudían al ritmo de un orgasmo. Mi lengua estaba llena de sus líquidos y solo pude alzar la mirada para verla…

Nicole tenía sus manos en sus tetas, acariciándolas mientras sudor bajaba sensualmente por su cuello y su vagina aún en mi boca se sacudía.

Me puse en pie, me quité toda la ropa, dejando expuesto mi pene duro… Y le dije –El próximo cumpleaños te parece si soy yo el que te da un show, ¿te gustaría ser tú la que mire?

–Me encanta verte así… creo que puedo tener otro orgasmo hoy

–¿Te gusta ver mi pene, mi cuerpo, todo para ti?

–Si

–Tal vez, si ya todos te miraron. El próximo año pueda traer a otros hombres para que tu mires.

Dije sin pensar.

Ella me vio con cara de confusión pero con una sonrisa…

–Eso sería muy salvaje

–¿Pero te gustaría? Vernos desnudos tu con todo el control mientras te damos cumplidos.

–No voy a mentir, no suena mal. Confesó Nicole…

Su actitud como siempre era reservada pero esta vez había admitido algo que rebotaba en mi mente. Ella si quería ver a otros hombres y le gustaba la atención de los mismos.

Nicole se acercó a mi lentamente, la luz tenue destacaba su cuerpo desnudo caminando hacia a mí, sus caderas, sus pechos. Me vio a los ojos y me dijo..

–Últimamente andas muy caliente y eso me gusta…

Nicole se puso de rodillas y empezó a succionar mi pene con pasión.

–Sabes, lo que me gustaría es ver una actitud más confiada, más segura de ti… cuando te veo así algo se enciende dentro de mí.

–¿Te gusta que sea egoísta?

–Sí

–Sabes, no pensé que el vestido de baño de mi cumpleaños me llevara a tener tan buen sexo. Lo que sea que quieras, podemos intentarlo.

Ambos nos sonreímos mientras ella me terminaba de hacer sexo oral justo ahí…

Su piel desnuda calentaba todo el ambiente nocturno. Dándome otra imagen que no olvidaría fácilmente.

A los días.

Nicole se despertó.

En su cama, una bolsa nueva de ropa.

Una tarjeta firmada con amor y un conjunto que dejaba poco a la imaginación.

Nicole bajó las gradas con un short que dejaba ver el inicio de sus nalgas…

–¿Así te gustaría que salgamos?

–Vámonos. Le dije…

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