Ya estando en mi silla, con todo listo para iniciar el día me sentía completamente nervioso. Puedo confesar que era una mezcla entre excitación y miedo. No sabía cómo ver a mi jefa el día de hoy. Quería pensar que el “regalito” que había dejado en su oficina era para mí, pero ¿y si no? ¿Qué tal que llegaba y al no verlo?, de inmediato sabría que yo lo tomé ya que me quede solo al final a hacer limpieza en su oficina.
Por un momento pensé en abrir mi cajón, sacar su tanga de mi escondite secreto y regresarlo junto a su bote de basura, pero ya era tarde. La gente ya estaba empezando a llegar y la licenciada no tardaría mucho en llegar. Sería muy obvio. Comencé a sudar frio. Se abrió el elevador y empezó la pasarela. Hoy veía a todas las chicas como grises. Estaba más nervioso que atento a todo lo que desfilaba enfrente de mí y cabe hacer mención que hoy todas venían super sexys. Mas de dos traían minifalda o pantalones tipo leggins, pero super ejecutivos. En otro momento hubiera sido el paraíso para mí, pero por el momento todo estaba borroso.
No era posible que alguien de mi edad estuviera así de nervioso. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Qué me corrieran por tomar la tanga que la jefa se quitó y dejo en el piso de su oficina? Eso ni siquiera sonaba lógico.
Francamente ya planteado así me traía un poco de calma, deje que mi respiración se controlara y respire hondo. Seguía registrando a las visitas, saludando a las chicas que trabajaban ahí. Me fui calmando poco a poco, ya solo quedaba un tic en mi pierna que no podía detener.
De nuevo se abrió el elevador y salió un joven, como de unos 25 años, muy bien vestido, de muy buen ver y se acercó a mí, saludó muy propio y pregunto por la licenciada Georgina. Diciendo que tenía una cita con ella a las 9.30 de la mañana. Lo registré y le pedí que tomara asiento en la sala. Le escribí al chat del trabajo a la licenciada para avisarle que su cita había llegado.
No hubo respuesta. Me puse algo inquieto, pero en seguida se abrió el elevador de nuevo y ahí estaba. No podía evitarlo, el simple hecho de verla iluminaba mi día, matizaba todo por completo. Y no estoy hablando de nada romántico o amoroso, no. Esto era pasión pura, deseo explicito, lujuria efervescente, de esa que no se detiene con nada. Traía una falda blanca con una blusa del mismo color, pero algo traslucida, se podía percibir de manera nebulosa su brasier y la perfecta forma de esas tetas que no podía quitarme de mi cabeza. El pelo sujeto solo por una coleta y maquillaje discreto que la hacía ver aún más hermosa.
Al entrar al vestíbulo volteó hacia donde yo estaba y esbozo una gran sonrisa, sacudió su mano saludando y me guiño el ojo.
-Hola señor Hugo, que gusto verlo. Ahora si se me hizo algo tarde pero ya andamos aquí. Ya no le contesté porque ya venía subiendo, pero si vi su mensaje, no piense que lo dejé en visto, ¿he?
-No, para nada pensaría eso licenciada, de verdad que el gusto es mío, que bueno que ya anda por aquí. El joven que está sentado en la sala viene a entrevista con usted.
-Muchísimas gracias. Dame unos minutos y cuando veas que ya estoy lista en mi oficina lo pasas por favor.
-Claro que sí licenciada adelante, bienvenida.
Después de unos segundos de irla siguiendo por las cámaras me quedé pensando en lo que me dijo: “Cuando me veas ya en mi oficina, lo pasas” eso quiere decir que sabe que la veo por las cámaras o ¿solo lo diría como para que yo estuviera atento?
De verdad estaba empezando a experimenta esto que las nuevas generaciones llaman “Ansiedad”.
La licenciada se fue hacia el baño. Después se preparó un café y se fue a la oficina. La vi sentarse, colgar su bolso, sacar sus teléfonos, abrir su computadora y mientras esta encendía se puso a revisar el celular personal, soltando risitas en ocasiones. Después de unos minutos volteo hacia la cámara y entendí. Sabía que yo observaba. Un frio recorrió mi espalda, pero seguí las indicaciones de mi jefa.
Le hice una seña al chico que esperaba y lo conduje a la oficina. Ya afuera toqué la puerta y ella levanto la mirada y con una sonrisa hizo una seña para que abriera. El joven entró y la licencia me dio las gracias. Regresé a la recepción, no sin antes sentirme muy confundido. No sabía que estaba pasando. Me sentí excitado, caliente, nervioso, con miedo. Decidí ir al baño mojarme el rostro y regresar.
La mañana transcurrió como siempre, poco movimiento después de las 10:30.
A las 11 am la entrevista concluyó, el chico salió, se registró de la bitácora de salida y desde esa hora hasta las 12:50 la licenciada se la pasó viendo correos, revisando expedientes y su celular.
La vi levantarse y dirigirse al baño de nuevo. Dieron las 13:00 horas y el personal empezó a salir a comer. Solo se quedó en el comedor un par de personas, pero fuera de eso la oficina estaría vacía hasta las 14:00.
A las 13:10 mi jefa salió del baño, se hizo otro café y se fua a la oficina. Marcó el teléfono de la recepción.
-Dígame licenciada, a la orden.
-¿Otra vez no se fue a comer señor Hugo?
-Ya sabe, andaba sin hambre, pero estoy a la orden, ¿en qué puedo ayudarla?
-Puede venir a la oficina por favor.
-Voy enseguida.
Mi corazón se detuvo por un microsegundo. Pensé que me correría. Que me reclamaría, que me confrontaría, pasaron por mi cabeza tantas cosas, pero en la pantalla solo estaba ella viendo su celular y tomando su café.
Me paré, fajé bien mi camisa, me acomodé el saco y sali hacia su oficina.
Al llegar toqué y de nuevo con una sonrisa me hizo seña de entrar. Cerré la puerta detrás de mí y me pidió que me sentara.
-¿Qué vamos a hacer con usted señor Hugo?
-¿Pasa algo malo licenciada? Tartamudeé un poco y la voz se quebraba.
-Pues ¿cómo que no se va a comer?, se me va a desmayar aquí un día -soltó una sonrisa algo burlona de ver mi respuesta. Siento incluso que estaba disfrutando esto.
-Lo que pasa que desayuno bien en casa y luego me tomo un café con pan aquí en la oficina, no me da mucha hambre, a ratitos voy comiendo, pero todo bien licenciada prefiero quedarme aquí por cualquier cosa.
-Está bien, no se preocupe. Hay un par de cosas de las cuales quería hablarle y la verdad no quiero dejar pasar más tiempo. Creo que es importante porque no me siento tranquila y si quiero platicarlo con usted de manera personal.
En ese momento agradecí estar sentado porque las piernas me flaquearon. Pensé en todo lo catastrófico que pudiera imaginar. Yo creo que ella vio mi expresión y trato de aligerar la carga sobre mis hombros siguiendo con la conversación.
-Por favor licenciada, dígame lo que sea y con toda confianza, si me he equivocado en algo o si he realizado mal algo estoy en la total disposición de arreglarlo, de verdad no quiero tener ningún problema aquí…
Se llevó su dedo índice de la mano derecha a los labios haciendo una seña para que guardara silencio (fue casi erótico el ademan). Obedecí de inmediato.
-No diga nada y déjeme hablar por favor, antes que otra cosa, usted no ha hecho nada malo. Por el contrario, me siento muy complacida con su trabajo, tiene mucha disposición y me ayuda a resolver muchas cosas. De hecho, es por eso por lo que quería platicar con usted. Francamente me apena mucho, pero quiero que antes de decirle cualquier cosa, me prometa algo.
-Lo que sea licenciada. Tenga mi palabra.
-De todo lo que hablemos, no debe salir de aquí ya que solo usted y yo sabemos. Si algo saliera por ahí, en radio pasillo, seguro sería porque usted lo dijo y ahí si las cosas cambiarían bastante.
-No se preocupe de nada licenciada. De hecho, casi no platicó con nadie en la oficina. Seré totalmente discreto, jamás, le juro que jamás saldrá nada de esta oficina o de aquello que usted me confíe. Le doy mi palabra de que usted puede confiar en mi plenamente.
La vi recargarse completamente en su silla, se le percibía un poco más relajada. Incluso su expresión parecía ser calmada.
-Perfecto don Hugo, siendo así podemos hablar con toda calma. Se acuerda que ayer me ayudo a mandarme un formato que necesitaba desde mi computadora.
-Así es licenciada, como olvidarlo. – pero que estúpido comentario acababa de hacer, completamente delator.
-¿Ha sí? ¿Cuénteme, porque no lo olvidaría?
-Perdón licenciada, me exprese mal, quise decir que no olvidaría el ayudarle, ósea. es que…
-Quiso decir que… ¿por un descuido mío, dejé abierto otro chat, donde envié una foto personal a un contacto, una foto que quizá usted no debió haber visto?
Me quede entre la espada y la pared, completamente atrapado. Y una filosofía de vida que tengo es nunca mentir y mucho menos cuando ya estas más que atrapado. Solo es llevar la frente en alto y enfrentar las consecuencias. Respiré hondo y sin desviar la mirada solo asentí con la cabeza.
-¿y le puedo preguntar algo señor Hugo?
-Por supuesto que si licenciada, lo que usted guste.
-¿y me contesta con toda honestidad?
-Por supuesto.
-¿le gustó la foto?
Quedé congelado. Jamás en la vida hubiera pensado siquiera, ni en mis más bajas fantasías, que esto pudiera ser cierto.
La miré por unos segundos, sonreí ligeramente y después de un suspiro largo conteste:
-Licenciada Georgina, con todo el respeto que usted merece y de la mejor manera, le puedo decir que es lo más bello y delicioso que haya visto en toda mi vida.
-¿de verdad le parece?
-No solo me parece, estoy mil por ciento seguro.
-Es que a quien se la mandé me dejó en visto y me contestó hasta muy tarde con un corazoncito. La verdad si me dio el bajón.
-¿en verdad que solo un corazón? No bueno, pero qué clase de hombre hace eso, en serio que no lo puedo creer. Perdón por lo que voy a decir, pero es usted casi una diosa como para que ese fulano no lo valore, Que daría yo porque algo así me pasara.
-Y qué bueno que lo dice, justamente tiene que ver con el segundo tema que le quería platicar y el que me da más pena aún.
-Estamos en total confianza licenciada dígame, que pasa.
-Cuando ayer me di cuenta de que usted había visto mi foto y de que el fulano, como usted bien lo llama, no me había contestado nada, me sentí mal y no sé por qué, de verdad no sé por qué pensé que, si a él no le gustaba, quizá alguien más si podría estar feliz con algo mío. Sin pensarlo decidí… ay no que pena…
-Por favor licenciada. Está segura conmigo. Sabe que tiene toda la confianza. Usted tiene todo mi respeto y mi lealtad.
-Bueno, es que decidí en un arranque de enojo y frustración y quizá algo de calentura, porque no decirlo, quitarme mi ropa interior y dejarla aquí, en la oficina. Junto a mi bote de basura. Y después fue que le pedí quedarse a realizar la limpieza. Ya que me fui me arrepentí de ello. No quería generar en usted una imagen que no es o que fuera a pensar mal de mí.
Por un segundo imaginé que usted se iría después de mí, sin hacer la limpieza de mi oficina, incluso deseaba que eso pasara, pero cual fue mi sorpresa que cuando entré al coche, me conecté a la app remota donde puedo ver las cámaras en mi celular y lo vi haciendo la limpieza de mi oficina. Me quedé observando y cuando vi que se hincó a un lado del bote de basura, agachó su mano y la llevo después a la bolsa de su saco, supe en ese momento que ya no había marcha atrás. Estoy segura de que había encontrado aquel “regalito” que dejé tirado.
Pero para mi mayor sorpresa, vi que se apresuró a dejar la oficina limpia, salió muy rápido a los baños y tardo más de 15 minutos en salir. Lo vi caminar más relajado a su lugar, abrir el ultimo cajón de su escritorio y meter la mano hasta el fondo. Supuse que guardo ahí mi tanga. Es obvio que no se la llevaría a su casa… se imagina que lo descubriera su esposa. Sería muy malo para usted.
Yo estaba atónito. No me di cuenta de que estaba respirando entrecortado y sentía mi cara totalmente fría, las manos me sudaban. Podía sentir la taquicardia desbordándose del pecho. Ella vio todo y me estaba diciendo que sabía lo que había pasado. La miraba fijamente, pero me desconcertaba que no tenía una expresión enojada y su voz, lejos de ser amenazante, era cálida, dulce. Mas bien sonaba como si me estuviera contando un chisme.
-Pero no ponga esa cara señor Hugo, créame que no le estoy reclamando nada solo quería contarle todo el contexto de lo que ha pasado. Francamente y siéndole muy honesta, me puso algo caliente pensar que entró al baño a masturbarse con mi tanga… ¿me equivoco?
Yo ya no sabía de qué color ponerme. Primero me sentí descubierto y después saber que esto era como un juego para ella, me intrigo demasiado. Ella sonreía de manera coqueta y volteaba ocasionalmente para afuera de su oficina como para ver que aún no hubiera nadie.
-¿Le puedo preguntar algo y me contesta con la verdad?
-Pues ya a estas alturas licenciada, que más podría hacer (sonreí nerviosamente)
-Me queda claro que, si se tocó con mi tanga, pero ¿cómo fue? ¿Qué fue lo que le gustó?
-Ay licenciada, voy a ser muy franco con usted, pero quiero que a partir de ahora todo sea así de claro y sincero entre nosotros. Que podamos hablar libremente entre nosotros, sin tabúes ni nada – tenía que intentarlo. Esto estaba avanzando hacia un camino que yo moría por recorrer y ya no iba a perder ninguna oportunidad.
-Mi querido señor Hugo, estoy más que encantada de que sea así.
-Pues desde que la conocí quede idiotizado. No puedo dejar de pensar en usted, incluso cuando hago el amor con mi esposa la imagino a usted. Pero todo eran solo fantasías mías. Me deleitaba viéndola a través de la cámara. Disfrutando a la distancia de usted. Pero cuando vi que se sacó la foto, mi imaginación ya no dejó de fluir. Mi deseo se volvió cada vez mayor y cuando tuve la oportunidad de entrar a su máquina y vi la foto… eso fue suficiente para que mi cuerpo reaccionara a tope. El día que bajé con usted a dejar las carpetas a su carro y se metió al auto, pude ver un poco debajo de su falda y para ser muy honesto tuve que entrar al baño del sótano a jalármela. Ya no podía.
Cuando regresó por la tarde y vi por la cámara que se quitó la tanga, empecé a imaginar tantas cosas, pero jamás pensé que usted me la dejaría ahí, por que, ahora con lo que me cuenta, puedo decir que si era para mí.
Después de tomarla ardía en ansias por estar en un lugar privado para disfrutarla por completo y con toda la pena del mundo … es que no sé cómo decirlo.
-Ande, por favor, señor Hugo, no pare, siga. Cuénteme más – Su respiración ya era algo agitada y no me quitaba los ojos de encina, cruzo las piernas y puedo jurar que apretaba sus muslos uno contra otro.
-Entré al baño, cerré la puerta y digamos que la degusté en su totalidad, primero con mi nariz, olí cada centímetro de esa tela que aún estaba húmeda de su sudor y su flujo y después….
-¿y después ¿Qué pasó después?
-Después probé de usted, no pude evitar hacerlo. – no sé porque sentí mucha pena.
Bajé la mirada, respire hondo y levante la vista de nuevo. La licenciada tenía un brillo diferente en sus ojos. Me veía como si fuera una cosa rara en el zoológico. Me sentí algo incomodo, pero ya estaba ahí.
-Me parece tan increíble lo que me cuenta, pero al mismo tiempo tan interesante… sabe que, le voy a dar mi número personal para que cualquier cosa, estemos mejor en contacto por ahí.
-¿en serio? Me siento muy alagado licenciada. Muchas gracias.
-Nada que agradecer señor Hugo, de verdad. Le agradezco haber escuchado y sobre todo su discreción y entendimiento de todo esto. Le prometo que no volverá a pasar, fue solo un arranque de mi parte, pero siento bonito que le haya gustado.
-Descuide licenciada la verdad yo feliz de que pase. (expresé ya con más confianza) pero como le dije, usted tiene toda mi lealtad.
La licenciada sonrió coqueta, me guiñó un ojo. Me levanté y me fui a mi lugar. Iba caminando lento, pero sobre todo decepcionado. Me sentía frustrado de que esto solo se quedara ahí.
Ya en mi lugar volví a saludar a los que regresaban de la comida y puse atención a las cámaras. Mi jefa seguía su rutina habitual. Transcurrió la tarde sin mayor novedad. Francamente me sentía muy desmotivado.
Ya cerca de las 5.50 toda la gente empezaba a prepararse para salir. La licenciada seguía trabajando en su computadora y yo seguía contemplándola. Después de las 6.15 ya no quedaba nadie. Solo la licenciada y yo.
Se paró y se fue al sanitario. Yo ya estaba preparando mis cosas para retirarme. Solo esperaba a que mi jefa se fuera para salirme yo también.
Sonó una notificación en mi celular. Era un mensaje de watts de un número que no tenía registrado. Lo abrí y mi corazón brinco de gusto.
-Hola, señor Hugo, este es mi número personal para que pueda guardarlo. Es que en el del trabajo no me gusta poner nada que no sea de trabajo.
-Hola licenciada que gusto leerla. Muchas gracias por la confianza. Lo valoro mucho. Lo voy a guardar y estar muy pendiente para cuando me mande mensaje.
En seguida me llegó una foto de ella, era una selfie tomada desde el baño. Solo su cara, mandando un beso.
En seguida un texto que decía: Le mando esta foto para que vea que si soy yo.
-La voy a guardar como un tesoro jefe – le dije sin reparos y cada vez con menos nervios.
-¿en serio sería un tesoro para usted?
-Ya lo es licenciada. Cada imagen suya, cada recuerdo, cada olor y sabor… todo lo guardo en mi memoria como un tesoro. Mi mas grande y secreto tesoro.
-Basta don Hugo, me la voy a creer y luego que vamos a hacer, a ver que hace luego.
-Lo que usted me pida que haga, eso voy a hacer.
-No me diga eso que le voy a tomar la palabra y después no me va a quitar de encima, ¿eh?
-Si eso es lo que más quisiera licenciada, poder tenerla encima.
-Si eso es lo que quiere, debe prometer que obedecerá a cada cosa que le diga, sin cuestionar, sin preguntar. Debe ser el guardia mas obediente del mundo. ¿le queda claro?
-Totalmente claro.
-Pues entonces, levántese de su lugar y venga al baño de mujeres.
No dije nada. siempre he sido dominante en mis relaciones. Me gusta ser el que enseña, el que guía. Jamás me había pasado por la cabeza entrar en un juego de dominación por una mujer, pero curiosamente esto me estaba excitando demasiado.
Me levanté de mi silla, respire profundo, acomode lo mejor que pude mi verga para que se notara perfectamente lo dura que ya estaba y empecé a caminar hacia el baño de mujeres.
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sigue así hermano buena serie
Rápido la siguiente parte de la licenciada puta
Ya se puso bueno