La gerente de RH (5): Mas perversa de lo que imaginé

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Me quedé parado justo al llegar a la entrada del baño. Me paré derecho y toqué la puerta. Escuché la voz de mi jefa.

-Adelante don Hugo, pase.

Abrí la puerta, ella estaba aún dentro de un cubículo, pero podía ver sus zapatillas, lo blanco de sus pies. Mi verga seguía erecta, más dura que un tronco. Me prometí antes de entrar que no pensaría nada. Me dejaría llevar, fluir con mis deseos y mis más bajas pasiones. Llegaría hasta donde Georgina me dejara llegar. Hasta donde mi jefa me ordenara llegar.

-Un momento por favor.

-Yo aquí espero licenciada. Usted tranquila, no se preocupe.

Pasaron unos segundos… cuando de pronto ella dijo:

-Carajo, no hay papel aquí. Señor Hugo, puede entrar al cubículo de al lado y ver si hay papel.

-Claro licenciada.

De inmediato procedí y así fue. Saqué papel en abundancia y lo quise pasar por arriba. Ella, en un tono serio me dijo:

-Señor Hugo, no me puedo estirar, pásese para afuera y démelo en la puerta.

Tenía toda la razón, debería poner más atención. Me fui frente a la puerta y le toqué.

Ella abrió la puerta, tomó el papel. Dejó abierto, envolvió su mano en el papel de baño, la llevo al fondo de sus piernas y en varios movimientos como de circulo limpio su vagina completa. yo estaba casi babeando. Estaba sentada frente a mí, con la falda hasta la cintura, la tanga por debajo de las rodillas y su vulva depilada por completo. Ella no me miraba, pareciera incluso, que yo era invisible.

Estiró su mano hacia mí, puso el papel húmedo en mis manos. Tomó otro poco y repitió la operación, la idea era dejar por completo limpio y seco.

De nuevo estiro la mano y me dio el papel. Se levantó dejando ver por completo lo largo de sus piernas, lo blanco de su piel, lo perfecto de su monte de venus. Subió la tanga, la acomodó y bajó su falda. Se aseguró de quedar presentable. Fue ahí cuando me miró fijamente y me dijo pase, siéntese.

Ella salió del cubículo, dejó la puerta abierta y tomé asiento en la tasa.

Sentía la humedad del papel en mi mano, el olor ya inundaba todo el cubículo, yo no dejaba de ver a la licenciada. Esa majestuosa mujer parada frente a mí. La veía tan segura, tan altiva. En ese momento sabía que estaba por vivir una de las experiencias que tanto había leído pero que nunca imagine que la pasaría en carne propia. Sentí por primera vez en la vida el deseo de obedecer a todo lo que esta mujer me pidiera,

Con una seña de su cabeza me indicó que llevara los papeles húmedos de su orina y sus fluidos hacia mi nariz. No puse ninguna objeción. Ya estando ahí respire profundo. Este olor era diferente al de su tanga. La urea era más dominante pero aún se percibía esa fragancia de hembra, cargada de feromonas. Por instinto me llevé una mano hacia mi miembro.

-Ahora escúcheme bien, quiero que se saque la verga señor Hugo. Que empiece a masturbarse lento, oliéndome. Quiero ver como le hizo con mi tanga el día de ayer, justo igual.

-Si licenciada, aunque déjeme decirle que…

-No le dije que podía hablar, solo limítese a hacer lo que se le pide. Recuerde señor Hugo que las ordenes no se cuestionan, se ejecutan.

-Perdón licenciada, lo lamento, no volverá a ocurrir.

Desabroché mi pantalón, aflojé mi cinturón, lo bajé un poco y descubrí mi pene quitando el bóxer hacia abajo. Lo sujeté con mi mano derecha, podía sentirlo caliente, palpitante, mientras que mi mano izquierda sostenía el papel pegado a mi rostro. Empecé a frotarme el miembro de manera rítmica, firme, sin darme cuenta lo empecé a hacer más rápido a lo cual ella reaccionó:

-Le dije que lo hiciera lento.

-Lo siento licenciada, es que no puedo controlar esta sensación, tenerla frente a mí y yo estar oliendo un papel… es delicioso, no me malentienda, pero sería aún más si pudiera estar cerca de la fuente misma.

-Anoche no estaba frente a usted, solo tenía un pedazo de tela y no le fue necesario nada más. Pero, seré buena con usted el día de hoy.

Avanzó hacia mí. Entró al cubículo. Su pierna derecha quedo entre el muro y mi pierna y la otra pierna quedo entre las mías. Sin darme tiempo a pensar levantó la pierna que estaba entre las mías y apoyó su zapatilla en mi muslo, subió su falda rebasando el borde superior de sus nalgas dejando su sexo completamente a la vista, su vagina estaba a la altura de mi esternón. Ahora si sentía ese olor de mujer salir de su entrepierna. Tuve que acomodarme un poco para que mi cara quedara a la altura de su cadera.

Acerqué lo más que pude mi nariz, hasta el punto de que la punta rosaba sus labios por arriba de la tela. Respiré más profundo. Sentía que estaba en el cielo. Esto no podía estar pasando. Era muy típico de mis más profundas fantasías, pero jamás llegue, siquiera, a considerar que llegaría a ser real. Hasta llegué a pensar que me estaba volviendo esquizofrénico. Estaba alucinando. Mi mente viajaba por estos pensamientos mientras mis pulmones de saturaban de ese aroma y mi mano seguía frotando mi miembro.

Un movimiento de mi jefa me sacó de mis cavilaciones. Bajó la pierna, acomodo su falda de nuevo. Me miró fijamente:

-Jálesela más rápido, más fuerte señor Hugo, quiero ver cómo se excita teniéndome aquí.

No era dueño de mi voluntad. Hacía lo que me pedía. Cuando de un movimiento se puso de rodillas. Abrió su sacó, desabotonó su blusa de botón en botón, con la vista fija en mi pene que cada vez lo friccionaba con mayor fuerza.

Ya no podía dejar de disfrutar el como sus tetas iban apareciendo en esta sexosa postal. Solo dejó los dos últimos botones abrochados a la altura de su ombligo. Después llevó ambas manos a las copas de su brasier y con gran destreza sacó primero una y después la otra. Tenía las tetas más perfectas que yo hubiera podido ver en la vida. Blancas, con una caída como de gota de agua, pezones pequeños y rositas y un tamaño mucho mayor del que uno se hubiera imaginado.

La sola imagen de tenerla hincada frente a mí, con la falda hasta arriba, los pechos de fuera y con su mirada fija en mi miembro me hizo sentir una excitación inigualable. Comencé a sentir los testículos llenos, completamente cargados de semen, la sensación inequívoca de que estaba por terminar. Empecé a jadear, a respirar mas y mas agitado. Frotaba mi verga como adolescente viendo porno y en el segundo previo a eyacular, ella se acercó aún más, a tal grado que mi glande quedo justo entre sus tetas.

Disparé un chorro largo y espeso de leche hirviendo, por el frenesí del momento, el primer chorro llegó casi hasta su cuello. El segundo chorro lo dirigí hacia sus pezones y el tercer chorro y ultimo salió hacia arriba, quizá fue por como seguía masturbándome, para quedar vacío que no me percaté que llegó a sus mejillas.

Abri los ojos y llevé mi mirada hacia su rostro. un hilillo de semen escurría de su barbilla hacia sus tetas mientras que de sus pezones ya colgaba otro hilo de leche que se balanceaba hacia su blusa. Iba a tomar papel, pero me dijo que me quedará quieto.

Con gran habilidad fue recogiendo cada hilo líquido que colgaba de su piel y lo llevaba a la palma de su mano. Fue haciéndolo de una manera tan meticulosa que era mas que sensual la vista. Ya que por fin tenía todo el semen en la palma de su mano se puso de pie…

-Señor Hugo, bájeme la tanga a medio muslo.

-Si licenciada.

Tome el hilo lateral con ambas manos. El solo rose con la piel de su cadera me genero de nuevo otra erección casi inmediata. Podía sentir como mi miembro se iba llenando de sangre vertiginosamente formando de nuevo este mástil de placer.

Empecé a bajar la tanga conforme dejaba que mis dedos fueran rosando su piel.

La parte que cubre la vagina se quedó como pegada. Así que sin que me dijera aproveche la oportunidad para llevar mi mano por debajo, pellizqué un poco la tela para poderla jalar y aprovechar para sentir el calor de sus labios en mis dedos. La tanga cedió y quedo completa y alineada a medio muslo.

Me recargué de nuevo y ella solo llevo la mano que tenía llena de leche y la embarró en la parte interna de su tanga. Con esa diminuta parte de tela limpio por completo ese líquido que cada vez era más fluido. Podría decir que casi se desbordaba. Con ambas manos subió la tanga y la ajusto para que la parte mojada quedara tapando su vagina completa.

-Ahora don Hugo, me llevaré todo el camino a mi casa su leche recorriendo mi puchita. Quiero sentir como me va embarrando y mojando y sabe que, así me voy a dormir. Y mañana en la mañana, cuando despierte lo primero que hare será probar sus jugos con los míos.

Buenas noches. Cierra bien la oficina. Lo veo mañana.

Se dio la vuelta, salió del baño y me quede ahí, aun sin saber si había sido real o solo un viaje de mi imaginación pervertida.

Me acomodé como pude y salí del baño también. No sin antes llevarme los papeles de baño húmedos aun para guardarlos en el cajón de la oficina.

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