La señora L, la milf de mis fantasías

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Cuando conocí a la señora L, yo tenía 25 años, acaba de llegar al vecindario y ella desempeñaba un cargo, por lo que tuve que ir a hablar con ella para arreglar algunas cosas después de la mudanza.

Solo verla por primera vez, ella una señora, creo yo de alrededor de unos 40 años en ese entonces, delgada, de ojos cafés, cabello negro ondulado que hace un gran contraste con su piel blanca como la porcelana y una sonrisa pícara que hizo que fantaseara con hacerla mía una y otra vez.

La vi y aun que la plática no salió más haya de amabilidad de su parte y su estricto profesionalismo, supe que ella sería la madura que me gustaría parcharme si tan solo tuviera la oportunidad.

Unas tetas medianas, pero bien conservadas, así como un culo redondo y bien cuidado, siempre con jeans ajustados que resalta su antojable figura de milf.

En una ocasión me pidió que le ayudara con unas cosas que estaban en un cajón, primero se empino, para después ponerse de perrito y decir:

-Creo que así es más cómodo, ¿no?

Me congelé y no supe cómo reaccionar, ¿es una casualidad?, ¿es una trampa?, ¿ella tenía intenciones perversas?, ¿Cómo saberlo?

Me vi acercándome a ella, dando pie a los rozamientos de su culo y sus tetas, con el pretexto de la ayuda solicitada, solo para encontrar sus labios con los míos, mientras mi mano izquierda masajea una de sus deliciosas tetas, y con la derecha hundiéndose en su pantalón solo para encontrase con su rica puchita que se encuentra ya convertida en un mar generado por sus fluidos.

Comienzo a desabrochar su pantalón y de un solo movimiento lo bajo hasta las rodillas junto con su tanga turquesa, mientras ella arquea la espalda solo para ofrecer sus canales que han de convertirse en el lugar que mi verga a de llenar.

-Parchame, por favor –me suplica con una voz desesperada.

Me coloco atrás de ella y bajo el cierre de mi pantalón, mientras comienzo a palpar su agujero que muere por recibirme.

Juego un poco con su puchita para que aumente su deseo y su suplica para que la penetre

-Ya no aguanto papito, por favor, te lo suplico, ya méteme tu verga, dale a tu puta tu verga mi amor.

De un solo golpe se la meto hasta el fondo, lo que hace que de su boca salga un grito lleno de victoria al verse por fin penetrada, y comienza un mete y saca que hace que sus nalgas se muevan con violencia.

-Si papito, si, ya te quería dentro de mí, de ahora en adelante puedes parcharme cuando tú quieras mi vida… ah ah ah…

Ella ya no es dueña de sí misma, está perdida en el placer más elevado que jamás haya sentido, tanta es su calentura que no le importa cuando comienzo a introducirle primero uno, luego dos y hasta tres dedos en su ano, siente una descarga de placer que era desconocida para ella.

Sabe lo que viene, pero no puede ni quiere impedir que sea poseída analmente, lo disfruta como buena puta que ahora es, comienza como si estuviera dentro de un trance a mover su hermoso culo para adelante y para atrás, buscando en cada movimiento enterrarse más aquel pedazo de carne que le está provocando un bombardeo de dopamina en su cerebro.

Finalmente estoy a punto de reventar y ella lo sabe, y suplica:

-Échamelos adentro, por favor papi.

Cosa que cumplo para darle gusto a esta milf que me vuelve loco. Comienzo mi descarga en sus entrañas.

Caigo rendido y caemos al piso permanecemos un instante fundidos en una misma carne pero ella se separa y pone a lamer los restos de semen que tiene mi verga hasta dejármela limpia.

Con sus bellos ojos claros me transmite ese agradecimiento que las palabras nunca podrían expresar, claramente sabe que esto debe volver a repetirlo, sabe que difícilmente podrá estar sin tenerme dentro de ella.

Pero regreso de la fugaz visión y la veo ahí, aun de perrito, mirándome sin yo saber si es una invitación o simplemente algo que malinterprete.

Me encantaría estar con ella aunque solo fuera una vez, probar esos labios y averiguar si son buenos para mamar una verga, para recibir mi leche, probar ese coño y descubrir si aguanta hacer anal, o si estaría o ha estado con más de un hombre a la vez.

Saber cuál es su posición favorita, si es sumisa o dominante.

Verme reflejado en esos ojos claros mientras se la ensarto hasta quedar adoloridos por tanta pasión.

Algún día, pienso yo…

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