Robar es un placer (1)

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T. Lectura: 11 min.

Acostada en el sofá y con la música metal a todo volumen que viene del parlante de Pablo, chateo con uno de los “interesados”, aquel que más cháchara tenía avanzada ya.

-… y dime Claudia, ¿te gusta lo que ves?

-Mmm si, por mi está bien. No más me preocupa el lugar donde quieres que nos juntemos.

-Bueno, puede ser que los moteles de la zona no son de lo mejor, pero son seguros.

-Nunca he estado en uno, me da vergüenza.

-No hay nada que temer, eres mayor de edad así que muestras tu identificación y ya, ni te verán. Además yo pago y llevo protección… ¿qué dices nena? Me tienes recaliente. Mira:

Me envía una fotografía de su pene erecto y venoso.

-Ay se ve rico eso, pero si mejor hacemos algo en tu carro

-Ay no pues, hay que estar cómodos…. si no estás segura mejor lo dejamos hasta aquí ok.

-Es que… solo he estado con mi único novio y ya… ¿me entiendes?

-Descuida nena yo te guiaré, te cuidaré y te haré gozar, te sentirás segura, te lo doy por hecho. ¿Qué dices?

-Bueno, te envío mi número…

Le envié mi número con la esperanza que se tragara todo el show que le venía contando hace unas semanas, actuar de chica ingenua me va bien.

No pasa ni un minuto y me llama.

-Es él Pablo.

Le indico que baje la música y mantenga silencio con un dedo en mi boca.

-Hola preciosa.

-Hola Jorge.

-Mmm me encanta el sonido de tu voz…

-Gracias…

Contesté titubeante, actuando de chica nerviosa.

-¿Entonces? ¿paso por ti a las nueve?

-Si, bueno.

-Ay que rico. Dime tu dirección para pasar por ti.

-No, mejor me recoge en la plaza Santos. Así no me ven por donde vivo.

-Bueno, como gustes… te recogeré… jajaja

-Jejeje.

Respondí con la voz de niña buena que bien fingía.

-Y dime, ¿te vestirás como te lo pedí?

-Es que me da un tantito de vergüenza…

-Ay chiquilla, eres hermosa como para no sacar provecho de tu figura, de tu lindo cuerpo… anda di que sí.

-Jejeje usted y sus gustos, bueno me vestiré como le gusta.

-Ay ricura… ardo en deseos. Nos vemos entonces.

-No vemos Jorge.

-Te llamaré cuando vaya en rumbo. Chau bebé.

Corté la llamada golpeando el móvil en la mesa.

-Arggg. Que viejo más degenerado. Puaj…

Dejo mi celular cargando y parto a la ducha.

-¡Ya puedes subirle Pablo!

-Vale. ¿Se lo creyó el vejete?

-Si, me encargué de dejarlo bobo en el video chat del otro día.

-¿Y cómo te pidió ir vestida?

-Bah ¿tú también ahora? Ahí me veras al salir, voy a alistarme.

Bajo la cálida lluvia de la regadera pienso en el vejete ese y en el paso a paso para que todo salga bien.

Seco mi cuerpo en mi habitación mientras de fondo suena el metal pesado que a Pablo le fascina. Elijo el atuendo que aquel viejo verde me pidió. Una tanga diminuta negra bien metida en mis nalgas, un brasier negro de forma triangular, la camiseta de tirantes negros que usé en la video llamada y la minifalda calipso más corta que tenía, una a medio muslo, que debido a mis atributos se subía fácilmente y solo cubría mi trasero gracias al divino pudor… unos tacones de aguja negros y ya solo faltaba unos retoques.

Peiné mi cabello castaño en fleco, unos enormes aretes de anillo dorado y un choker negro. Pinté mis labios de rojo guinda y una leve sombra rosa en mis ojos marrones, el ultimo toque de perfume y ya. Al verme al espejo pensaba en lo aliciente de mi atuendo y salí mentalizada.

-¿¡Cómo me veo!?

Le grite a Pablo, quien baja la música y al verme queda en shock.

-Wow. Ave maría Fabiana estas requetesabrosa.

-Ajajaja que eres…

-¿Llevas todo?

-Si, puse mi teléfono, llaves, labial, papel higiénico, mi gas pimienta y… las últimas dos dosis…

Suspirando aquello último.

-¿Qué harás si no se duerme? Pregunta Pablo mirándome boquiabierto.

-Hasta ahora todos lo han hecho, es solo que será la última vez.

-Pero si con una dosis basta.

-¿Y el plan B? ¿y si no es suficiente?. No, gracias, no tomo ese riesgo.

-Mm buee… Veré si puedo conseguirte algo.

Un último vistazo en el espejo y unos retoques por aquí y por allá… bajando mi faldita y ajustando mis senos al leve escote que exponía.

-Lástima no poder usar lentes de sol esta vez, ni modo, nos vemos Pablillo.

-Buena suerte Fab.

Salí raudamente al ascensor, al llegar venia una pareja de viejitos, quienes no parecían aprobar mi desinhibida apariencia.

Llegamos a la planta baja y salí a paso rápido por el hall, tomé la calle principal rumbo a la plaza, estaba a seis cuadras y solo disminuía el paso para bajarme la faldita que llamaba la atención de varios hombres a medida que avanzaba. La noche de verano ayudaba a no sentir frio, mi diminuto atuendo se sentía agradablemente fresco al transitar por las calles, avanzado un par de cuadras siento el móvil sonar.

-¿Sí?

-Hola bebé, estoy a un par de cuadras de la plaza.

-Yo estoy casi llegando.

-Ay que bueno bebé. Te llamaré cuando llegue, le daré unas vueltas. Bye…

Bueno, este va seguro.

Pensaba al posarme sobre una banca.

Persona que pasa se me queda viendo, trato de cambiarles la vista y más de algún chiflido y siseo me llevo por parte de los hombres que van llegando al lugar. Con el móvil en la mano a cada tanto veo la hora y siendo las nueve y cinco suena el ring otra vez.

-Bebé estoy dando vueltas en la plaza, conduzco una SUV blanca.

-Bueno, voy para la esquina junto al monumento

-Yaa… no me cuelgues la llamada.

Espero al vejete junto al monumento de la ciudad y lo veo doblar por la esquina, era la única SUV blanca que podía ver.

-Ahí lo vi. Le estoy haciendo señas.

Aventaba mi mano izquierda.

-Ahm ya te vi preciosa.

Colgó la llamada acercándose a mí, estando cerca pone luces altas lo que me sesga la vista. Juega con ellas y se estaciona justo frente a mí.

-Sube nena.

Me abre la puerta de su enorme vehículo, se me levanta la falda al subir y sentarme.

-Hola Clau.

Se anima a saludarme de beso en la mejilla, casi rozando mi boca.

-Hola Pedro.

-Vaya sí que eres de verdad… un monumento… no pienses mal, pensaba que te ponías algo debajo o no sé.

-Je je je. que dice Pedro, soy de verdad y natural.

-Eres un bombón.

Conduce a gran velocidad rumbo al motel, se ve bien entusiasmado y confiado.

Al tanto frena de seco en un semáforo que cambió a rojo.

-Tranquilo Pedro, tenemos tiempo ¿o no?

-Si bebé, perdóname que estoy un tanto ansioso.

-Relax, relax.

Dicho esto y casi suspirando suelta la palanca de cambios para poner su mano sobre mi muslo descubierto, la falda estaba que reventaba y apenas me cubría la entrepierna por lo que el viejo caliente me manoseaba las piernas, tanteando con su mano mi muslo como si fuera un melocotón.

-Eehh. Ya cambio a verde.

Le indico.

-Uy bebé me tienes atontado.

El motel estaba saliendo de la ciudad y en la carretera vuelve de tocarme y sobarme las piernas.

-Oye bebé y desde cuando tú.. ¿no estas con alguien?. Si se puede saber

-Ehm… no se puede saber je je je. No, mmm más de 4 meses, por ahi.

-¡No te creo!. ¿En serio?

-Sip. Conteste sonriendo forzadamente.

-Ay muchacha ¡eso es un montón! ¿Te estabas guardando o qué?

-Estaba buscando alguien que me guste y me trate como merezco.

-Ahh ¿por eso buscabas maduros como yo?.

-Ejeje sí. Podría decirlo así.

La verdad es que hacía casi un año que tuve sexo por última vez con mi ex novio y su incredulidad me hacía sentir extraña.

-¿Y quieres que te estrene tu culito?

Soltó con un tono de voz parlanchín, como pidiendo perdón por ser tan desvergonzado.

-Bueno Pedro, para esos nos contactamos no? me gustaría intentarlo.

-Nunca, ¿nunca te hicieron algo ahí?

-Nunca.

-Me sorprende Clau, me sorprende.

-¿Por qué?

-Bueno… ere hermosa, linda sonrisa, rasgos finos, lindo rostro, piel blanquita y una cinturita de avispa… pero por sobre todo unas nalgotas paradas, está hecha para darte por el culo bebé.

Argh, lo típico de los hombres mayores… te hablan tan lindo para terminar tan burdamente… Quieren convertir a toda mujer en puta… mejor lo calmo un tanto, para que no intente rellenarme como un pavo a la primera de entrar a la habitación, lo mejor en estos casos es fingir cierta ingenuidad mezclada con calentura.

-Lo sé, es algo que siempre he tenido y de tantas miradas, piropos y hasta palabrotas… me da para pensar en probar, pero solo he llegado a jugar con un dedo para ver que se siente.

-Uff. ¿Te gustó sentirlo dentro?

-Sí.

Conteste tierna y escuetamente. Animándole a tocar entre mis muslos cerrados, estirando sus dedos hacia mi entrepierna.

-Ya verás cómo te la meto bebé, me pedirás que no pare…

Su expresión de regocijo y calentura me tranquilizó, el viejo realmente creía que yo quería intimar con él.

-y usted Pedro, ¿desde cuándo…?

-Uff yo hace una semana con mi esposa, pero con una chiquilla como tú, ay dios. Varios años.

-¿cómo yo?

-Si pues, así jovencita, blanquita olorosita y bien caderona, cachetona… jejeje.

-Ay don Pedro, ji ji ji

Actuaba de inocentona, eso no falla. Ahora debía seguir el plan y todo saldría bien otra vez.

Ya nos acercábamos al motel, uno con un nombre francés, ingresó con el auto hasta bien pasadas varias cabañas mirando por la ventana al cobrador que se acercaba.

-Buenas noches, ¿por cuánto tiempo vienen?

-Mm no sabemos, pero cóbreme la noche entera.

-Bueno son seis horas. Identificaciones por favor, de ambos…

Le cedi mi identificación y las pasó juntas. El tipo anotó en una tablilla, viendo bien mi identificación y de reojo tasándome con su mirada, mientras Pedro le pagaba.

-Muy bien, ¿querrían algo para beber?

-Tiene champagne?

-Claro señor, le enviare la cubeta al instante.

-Gracias

-Cabaña quince y aquí está su llave. Disfruten la noche.

Estacionó el coche junto a la cabaña y bajamos, le seguí mientras abría la puerta y el entró primero directo hacia la cama, acostándose con las manos en su nuca.

Me quede viéndole con algo de risa.

-Ay bebé, es que estas buenota, buenota, haber date una vuelta, deja tu bolso en la mesita.

Le obedecí dejando mi bolso y poniéndome a su vista al costado de la cama, me di vuelta meneándome levemente.

-Mm que ricura… me diste en el gusto poniéndote esa ropa, te queda muy bien. Te prometo nena que te lo compensaré, ya verás…

Lo interrumpió el sonido de la puerta.

-Servicio.

Fui a la puerta y era el mismo tipo quien morbosamente miraba al interior y pedía permiso para entrar con la mesita.

-mmm yo la entro, gracias.

-Bien señorita, que tenga “buena noche”.

Acentuando lo de buena noche con una voz degenerada, que me hizo sentir otra vez extraña, algo enojada.

Entré el carrito y puse mi bolso encima. Era la oportunidad de servirle champagne junto con el somnífero.

-Momento bebé espera, traje algo. Ven aquí please.

-¿Seguro no quiere brindar antes?

-Ven, es algo rápido.

Me acerqué desconfiada mientras se trajinaba el bolsillo de la chaqueta de buzo.

-Aquí está. Me permites que quiero saber…

Era una cinta de medir, de esas de sastre.

-A ver bebé quietita.

Se acerca a mí con la cinta en la mano, con una gran sonrisa y regocijo en sus ojos.

Yo solo actuaba algo nerviosa.

-Levanta los brazos.

Le hago caso y cruza la cinta en mi espalda juntándola entre mis pechos. Siento sus manos hirviendo mientras acomoda la cinta en mi espalda y por sobre mis senos.

-Mm 85 cm. Tienes unas lindas tetitas…

Ugh viejo verde…

Suelta la cinta y la deja caer a mi cintura, donde vuelve a medir.

-62… 61. Delgadita. Mmm.

Suelta un extremo de la cinta y con ambas manos me toma de la cintura, queriendo juntar sus manos en mi cintura.

-Uy que cinturita angosta, casi caes entre mis manos.

-Ay don Pedro.

-Dime Pedro bebé…

Se reincorpora para medir mis caderas. Se arrodilla ante mi sintiendo que me olfatea.

-Ahora viene lo bueno.

Tomó la cinta y me rodea el trasero con ella. Me aprieta y me toca las nalgas con sus manos abiertas. Junta los extremos y deseoso saca medidas.

-96… 99… 103. ¡Ay dios mío!

Su sorpresa era real mientras me observaba de arriba hacia abajo, soltando la cinta y tomando su paquete, que ya estaba abultado.

Yo pensaba que desde los doce años que vengo siendo bien culona, sé que mis padres eran brasileños, quizás de ahí venga aquello. Pero mi culo fue y es la perdición de muchos hombres y este viejo verde no sería la excepción.

Es cosa de abrir una app de citas, crearse un perfil y poner unas fotos cachondas y tendrás cientos de visitas, añade a eso una descripción “busco hombres maduros” y aparecerán menos, pero más interesados, mándales unas fotos de tu culo en bikini y caerán rendidos. Pedro es el onceavo desde que partí con esto y al parecer el último.

El vejete sirvió el champagne quitándome la oportunidad de ponerle el somnífero en su trago o al menos el primer trago de la noche.

-Salud bebé.

-salud.

Chin. Bebimos el dulce champagne mientras nos veíamos.

-Bueno Clau, que tal si me bailas un poco antes. Y te sacas la ropita, que quiero ver como mueves tu cuerpo caliente bebé.

-¿Un striptease?

-Sii. ¿Ya?

Partió entusiasmado a la cama, sacándose los zapatos, pantalón y chaqueta quedando en slip y sudadera sobre la cama. Acomodaba unas almohadas mientras yo buscaba en mi iPhone alguna música para la ocasión, no se me ocurría nada la verdad…

-¿Alguna música en particular?

Pregunté alzando la vista.

-Ay no se amor, esas de twerking. Para que muevas tu culazo.

Ya estaba acomodado en la cama acariciando su tremendo bulto por sobre el slip.

Bue… puse música twerking en YouTube y elegí lo primero que salía.

Dejé el celular sobre la mesita mientras empezaba una música de trompetas y cajas a un ritmo elevado, no había escuchado ni bailado aquello pero debía ponerle afán. Estaba cerca de las copas así que, sin que me viera, puse el somnífero en una copa.

Al ritmo de la estruendosa música comencé a bailarle y moverle el culo a su vista. Movía el culo de arriba a abajo por lo que la falda por fin se subió mostrando parte de mis nalgas y la boquita de mi cuca.

-Uff que culazo te gastas…

Me quité los zapatos para bailar mejor y ahora más abierta de piernas seguía moviendo mi culo, le tome el ritmo y cierto gusto al baile. A fin de cuentas tenía con qué… aparte los ánimos que el vejete me infundía ayudaban a desatar mi baile y sensualidad.

A la tercera canción estaba en tanga y brasier algo chascona y sudada de tanto movimiento. No estaba acostumbrada a moverme tanto… Pedro ya tenía la verga fuera slip tocándosela con su pulgar, viéndome atentamente y gesticulando con su boca entreabierta…

-Bebé estas rebuena, tienes unas nalgas de campeonato.

Bailaba y disfrutaba el momento calentando al viejo verde, movía el culo, mostrándole todo, abriendo mis nalgas, apretando y soltando el ano mientras me tocaba las piernas hasta mis pezones tiesos bajo el pequeño brasier que cubría la copa de mis pechitos. Disfrutaba aquello de calentarlo, no podía evitarlo luego de engañar a tanto tipo, es la parte que más me gustaba.

Al terminar la quinta canción cansada y sudada, mi piel brillaba bajo la cálida luz de la habitación de aquel motel.

-Ufff. Que cansancio… ¿champagne?

Pregunté sonriente mientras servía ambas copas. Detuve la música y me quedé viéndole con cara de pícara.

-Ay bebé estoy que reviento, me dejaste la verga grandota, vente aquí. Ven, ven, ven.

Dándole pequeños golpes a la cama junto a él. Me acerqué con ambas copas y brindamos nuevamente, ahora sobre la cama a su lado vi como bebía toda la champagne de un sorbo mientras yo disfrutaba el dulzor de aquel espumante en mis labios.

-Listo –pensé– ahora unos minutos y ya.

Pasa su mano tras mi espalda y me acerca bien pegada a él.

-Ven bebé mira, tantea.

Toma mi mano y la lleva a su verga, es gruesa, mis dedos palpan su erección, la tiene durísima.

Estaba sorprendida de mí y la situación, nunca estuve así con los anteriores vejetes, ellos siempre me llevaban a sus casas o departamentos donde era más fácil darles el somnífero de una u otra forma antes de que osaran tocarme. Alguno que otro me metió mano y yo le correspondía con toques por sobre el pantalón, pero tener una verga en la mano cambiaba las cosas. Confiaba en el somnífero, fue difícil conseguirlos pero habían rendido y pagado la inversión con creces. El vejete intenta besarme pero mi boca permanece sellada y solo acepto sus piquitos.

Está como loco tocando mi cuerpo, manoseando mis piernas y caderas, tirando del hilito derecho de mi tanga. Ahora lo masturbo levemente sin su ayuda, ya que se me abalanza besando y lamiendo mi cuello mientras intenta sacar mi brasier, con sus manos recorre toda mi espalda hasta donde puede agarrar mis nalgas. Su respiración es agitada y me tiene toda babeada la cara, no puedo evitarlo y lo empuje de mí.

-¿Ay bebé que pasa? Me dice viéndome los ojos.

Recuperando el aliento lo calmo con mis manos en sus hombros.

-Ay papi, ¿más lento si? Tenemos toda la noche.

-Perdona bebé es que estas muy cachonda…

Quedaba poco para que se duerma, así que tomé la iniciativa para llevar la situación a mi antojo.

-Acuéstese papi.

Me hizo caso y me puse encima de él, cabalgándole de espaldas, sin verlo sería más fácil seguir con el plan.

-Ay bebé que nalgona que eres, que culote tienes chiquilla.

Sus manos recorrían desde mis caderas a entre mis nalgas mientas sentía su verga tiesa en mi chocho por sobre mi tanga. Se anima a darme unas palmadas y al ver que sigo con mi sensual meneo, me golpea más fuerte, sacándome verdaderos quejidos de placer que me sorprenden.

-Ay papi, que rico.

-Culona sabrosa.

Aplicaba palmazos a mano abierta dejando sus manotas sobre mi piel para luego palparme con fuerza, enterrando sus dedos en mis carnes.

Palmazo tras palmazo me estaba calentando la situación, yo solo sentía sus golpes mientras tomaba mi cabello con ambas manos y comencé a moverme de forma provocativa y circular sobre su verga tiesa. Le bailaba sobre su entrepierna mientras quitaba mi brasier, mirándole por sobre mi hombro podía ver su expresión de excitación.

-Ay preciosa, tienes tus pezoncitos duritos. Dice aquello hablándome al oído, apegándose a mi espalda. Provocándome un cosquilleo en mi interior y en mis senos, los cuales estruja y pellizca.

Su mano derecha comienza a hurguetear mi entrepierna mientras su izquierda no suelta mi teta, al momento en que acomoda su verga entre mis nalgas. Me mantiene acomodada en su regazo y el sentir de su verga caliente entre mis nalgas, me provoca sin querer un morbo y satisfacción repentina. Me siento extraña y algo enfadada otra vez, serán sus dedos presionando y estimulando mi clítoris, la tremenda verga que siento entre mis nalgas. Sus besos y lamidas en mi oído. No lo sé, tan solo espero que el somnífero entre en efecto; pero a su vez me agrada sentirme así de deseada.

Me está estimulando como ningún otro, llegando a soltar unos quejidos mimosos, los cuales no fueron necesarios de actuar.

-Eres una ricura preciosa, una putita calentona, te la voy a meter bien adentro por todos tus hoyitos.

-Ay Pedro… solo atino a decir, tratando de recobrar un poco el objetivo. Me tiene loca metiendo su lengua en mi oído sacándola para recorrer mi cuello y darme unos chupones sonoros. Tan solo despega su boca para decirme cachondeces…

-Te voy a comer bosar toda, a comer toda mi bebé, mi putita culona… quiero metértela…

Interrumpe un tanto su labia lasciva, tratando de tomar aire dejando mi teta para tantearse su rostro al parecer.

-Debe ser el somnífero -pienso. Se despega poco a poco de mi hasta ya dejarse caer sobre la cama.

-Claudia, no me siento muy bien.

-Ah ¿cómo dice?

-Paremos bebé, deja llamar al servicio.

-Ah pero Pedro, ven relájate y déjame ayudarte.

Para dejarlo tranquilo decidí, girarme y acercarme a su verga dándole besitos en su cabeza morada.

-Ay bebé que rico…

Sigo dándole besitos y pasando mi lengua en su glande, se siente salada y algo fuerte; pero esta tiesa, dura y se me apetece.

La aprecio frente a mí y de reojo aun veo que está tratando de permanecer despierto.

-Tengo que usar la segunda dosis -pensaba- esperare unos minutos.

Continué besando su verga engullendo cada tanto su cabezota en mi boca, que debía abrir bastante para tragarla.

-Ay menos mal que no me va a coger el culo este viejo, me dejaría toda rota -pensaba al expandir mi quijada para tragar su vergota y evitar el reflejo de vomitar.

Pasaron unos minutos y de reojo veo que está cediendo al tener la cabeza casi en su hombro. Algo balbucea y cae tumbado en las almohadas. Suelto su verga y me despego de su entrepierna.

-¿Pedro? ¡Pedro!

Le grito y no despierta. Me aseguro moviendo su cara y nada. Esta ido, está dormido.

Es mi oportunidad, trajino sus pertenencias, su billetera tiene bastante dinero y lo guardo todo en mi cartera, me llevo las llaves de su carro y me visto tal cual llegué para salir de la habitación, no sin antes ir al baño a lavarme la boca y el cuello babeado.

Me miró al espejo desconociendo mi cara de salida, mis pezones aún están duros de la excitación, pero debo partir de inmediato.

-Gracias Pedro. Le digo al vejete durmiente antes de salir.

Voy al carro y salgo discretamente del motel. Me arrepiento de no haber lavado mi entrepierna, que manejando, siento húmeda y pegajosa.

-Uff.- Suspiro. Este es el último y ya… vejete caliente nomas, no pensaba que me pusiera tan caliente…

Decía aquello, recuperando el foco y conduciendo rápido rumbo al taller que está al otro lado de la ciudad.

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