Entregándome a un desconocido

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Después de poner el anuncio, por fin al paso de los días encontré a alguien con coincidencias en todos los aspectos, a quien en lo sucesivo solo lo nombrare Galán, porque su nombre no me lo quiso decir justificándose que era parte de su discreción, igual tampoco quiso que le dijera el mío. Después si nos llegábamos a ver ni me conocía ni yo tampoco a él.

Al tener una semana de tratarnos concertamos nuestra cita, para vernos en su casa que compartía con compañeros de un trabajo temporal en la ciudad. Así que en cuanto vio la oportunidad de quedarse solo en casa me contactó y acudí a su domicilio.

Me dejé ir y a pesar de que el día era muy airoso y con mucho polvo, me afané en buscar el domicilio que se me dificultó encontrar y justo cuando ya iba a desistir lo encontré en el fraccionamiento F. Velázquez.

Al tocar todo estaba como me había dicho, la casa con media luz, casi a oscuras, serían como las cinco de la tarde y el día nublado ayudaba más. Me había dicho que fuera y que si al verme no le gustaba que no me haríamos nada. Al entrar como iba con ropa normal noté que no le agradaba. Pero le mostré la tanga de la foto del anuncio, me dijo que me la pusiera, y para pronto ya tenía su mástil como una barra de duro y bien parado.

Era un muchacho de pocas palabras, solo me dijo que subiera a la cama, pero yo le dije no seas malito, primero déjame ponerte el condón, y darte una mamadita, cosas que ya habíamos platicado por el buzón de la aplicación y sin decir una sola palabra accedió a mi petición.

Muy pronto me subí a la cama y le dije que empezara de cucharita y así lo hizo. Sentí sus dedos untándome lubricante en la entrada de mi anito sediento de pito y luego empecé a sentir la delicia de su punta deslizándose por toda mi raja trasera, y cada vez que pasaba por mi hoyito le daba una entrada leve, hasta que me ensartó la cabeza, y eso me dio algo de dolor, pero aguanté como las meras machas, luego hizo un leve vaivén y lo metió más, aumentando el dolor de mi culito, y así lo estuvo haciendo hasta que entró toda, que si era de un considerable tamaño y grosor.

Sentí muy padre cuando toparon sus huevos en mi entrada anal, me sentí toda una mujer a su merced, y después de unos minutos empezó el mete y saca, aumentando poco a poco la velocidad.

Muy pronto desapareció todo dolor y empezó el puro placer de sentirme toda una hembra complaciendo a su hombre. Lo que me hacía sentir aumentó en mí el deseo que ya traía, luego me bajé de la cama y me puse de 7, me dio de besos en las nalgas, me jaló con fuerza hacia él, y nos fuimos caminando a pasitos lentos, yo caminaba hacia el frente y él daba pasitos atrás de mí, dejándose guiar por mí con sus ojos cerrados hasta llegar a la pared y ahí me dio duro de pie, luego me cansé y caminamos lentamente hasta el borde de la cama, me empujó sobre el colchón y se subió arriba de mi haciendo una variante de la lagartija y me dio duro.

Después ahí me puso en cuatro y me dio con todo, parecía que me iba a desarmar mi culo, pero no porque a cada ratito agregaba unas gotas de lubri, eso ayudó a que todo fuera más placentero y sin dolor a pesar de estar muy dotado y yo con mi colita bien estrecha, pero me la supo dilatar y tratar bien.

El caso es que ya muy pronto, sentí como aceleró su ritmo, su respiración y su verga la sentí expandirse y soltar su explosión en mis entrañas, lo cual detonó mi doble orgasmo, uno en mi penecito y el otro en mi culo que no dejaba de contraerse dándome un placer inmenso en cada espasmo anal.

Después de eso pronto me la sacó, me ayudó a limpiarme el culo con toallitas húmedas, igual yo a quitarle el condón y dejar todo como si nada hubiera pasado pues ya en minutos llegarían sus compañeros. Terminamos y salí de su casa. Jamás lo volví a ver, pero la ricura del polvo que me echó permanece en mi memoria.

Siempre al elegir a un hombre para tener intimidad procuro que sea serio, respetuoso, limpio y me trate con delicadez, aunque sea muy serio y seco como este muchacho, a mi lo que me importa es que me den una deliciosa culeada y sin tener algún problema.

Esta historia real sucedió en Ciudad Juárez, Chihuahua, México. En el verano de 2014.

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