La vida erótica del campesino (2/8)

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T. Lectura: 4 min.

La magia de fornicar en una “luna de miel” (La vida erótica del campesino)

Ya con la segunda copa de mezcal en mano, le pregunté a mi amiga que si le gustaría escuchar la historia de cómo hace el amor un campesino a su mujer; se interesó mucho en conocer la historia. Nos sentamos en la alfombra. Ella se acomodó su vestido falda corto color azul suave. El resplandor dorado del fuego de la chimenea delineaba cada curva con una precisión hipnótica. Y así empecé la historia:

Esta podría ser la historia de la milpa que miramos hace rato allá afuera. Imagina, la tierra es como tu cuerpo. Tus senos y caderas en la tierra son montañas. Tus líneas curvas, son los caminos que el campesino recorre. Tu vagina, es el manantial donde el labrador obtiene el agua para la milpa; chupa y bebe directo del acuífero. Tu vulva es como la parcela lista para cultivar la milpa, pero primero hay que preparar la superficie, cortar el zacate y la maleza. Una vez limpia la parcela hay que arar y hacer surcos pero tu vagina tiene los surcos -labios menores y mayores-solo hay que hacer labor para que la fertilidad sea abundante.

Note que mi narración había cautivado la mente de ella, su cuerpo se inquietaba, estaba excitada. Movía la cabeza de un lado a otro suavemente y se tocaba su cabello rizado. Se mordía sus labios y su respiración era profunda.

-¿Como has de imaginar, la vida de campesino está llena de erotismo? Le dije, a lo que ella inmediatamente responde con otra pregunta con voz agitada:

-¿Y crees que la mujer le mama la verga al campesino?

-Mmmm, supongo que si, la sexualidad es universal. El campesino sabe beber el agua del manantial, como bebe un pájaro el agua del río o una abeja succiona el polen de una flor. Imagina la forma en que el campesino disfruta el néctar de la vagina de su mujer, con todo el conocimiento que le otorga la naturaleza donde vive y trabaja… respondí pero me arrebató la palabra para decirme:

-Escuchando e imaginando tu historia, ha despertado mi deseo, creo que he experimentado ya dos o más orgasmos aquí sentada. ¿Quieres beber ese néctar de mi vagina ahora? Dijo mi amiga con una sonrisa y con mejillas ruborizadas.

Era una invitación a iniciar nuestro acto. Ella levantó un poco sus nalgas para quitarse el diminuto calzón. Me aventó en la cara la prenda y tomó mi hombro para acostarme boca arriba, enseguida ella se sienta encima de mi boca, sin dejar caer todo el peso. Mi cabeza estaba debajo de su falda, su vulva frente a mi cara, los aromas de su vagina en mi nariz y sus néctares en mi boca.

-Dime, ¿miras el manantial del bosque?, Dime de los aromas que emanan y sabor de mi vagina. Me dijo con jadeos y gimoteos suaves.

Levantó la falda de su vestido para que la luz del fuego mirara ese bello paisaje. Su monte de venus estaba tupido de follaje negro. Con las palmas de mi mano apreté sus ricas y suaves caderas y luego llevé mis manos a la vulva, haciendo a un lado el vello púbico lleno de rocío de los fluidos producto de los orgasmos que ya había experimentado ella, llegue al surco a su vagina, seguía emanando ese líquido viscoso, elixir para paladar.

De forma automática puse la punta de mi lengua y con toda la lentitud recogí y bebí cada gota, mientras que mi nariz se deleitaba de sus aromas. Cerré los ojos, solo escuchaba el concierto de sus jadeos, gimoteos y algunas veces grito de ay! Ay!, así! Así!, pero a toda costa evite tocar más allá que con la punta de mi lengua su vagina y era eso lo que la enloquecía de placer. De pronto se levanta y da la vuelta, ahora eran sus nalgas, -dos montañas con textura de seda, firmes de curvaturas, que incitaban a que mis lengua escalara en ellas-, y su ano oscuro y fruncido como un gran girasol, era que estaban frente a mi cara. Era la pose del “sesenta y nueve”.

Sin perder tiempo, ella sacó de mi pantalón, mi pene que estaba super duro, y empezó a deleitarse a su antojo. Mientras yo en su gran culo recogía con mi lengua la humedad que escurría de su vagina; en ese momento no quise mamar su vagina porque era el siguiente platillo que deseaba disfrutarlo. Ya me había conformado con beber los fluidos de sus orgasmos. Fue en ese momento en que sentí inmenso calor en mi espalda y en los genitales, había llegado al orgasmo, solté mi eyaculación en su boca, al mismo tiempo sentí otra fuerte contracción alrededor de su ano y muslos, había logrado otro orgasmo mientras chupa y mamaba mi verga. Así como yo lo hice con sus fluidos, ella también bebió mis espermas, no dejó ni una gota.

Cuando volvimos de ese viaje “cosmo-orgásmico”, procedimos a prepararnos para ir a la cena que ya teníamos programada. Ya bañados y con ropa para la cena romántica acudimos al restaurante del lugar. Ella llevaba un vestido de encaje suave ajustado con caída suave color rojo, sin duda alguna resaltaba sus curvas, senos grandes y caderas. Su peinado de mechones ondulados sueltos a su frente. Llevaba sandalias de tacón alto. Cabía en ella perfectamente la feminidad de mi amiga Yamileth. Yo llevaba un blazer azul marino, camisa blanca y pantalón color beige y zapatos tipo mocasín.

Nuestra cena consistió en alimentos ligeros y fruta. Pero eso sí, continuamos con nuestra bebida favorita; mezcal “derecho” con sal y limón. Platicamos de banalidades de nuestros oficios y de vida, entre anécdotas y risas, así consumimos varios tragos, hasta nos animamos a bailar la pieza “Bailar Pegados” que un cuarteto de violines interpretaba. Y obviamente la pieza la ejecutamos abrazos de principio a fin, como locos enamorados. Sus enormes senos suaves pegados a mi pecho.

En algunos pasos al ritmo de la música de abultado pantalón mi pene rozaba su vulva. El calor corporal -cuello y detrás de sus orejas-irradiaba una fragancia floral afrutada, dulce y tierno, pensé yo es “Chanel Chance”. Cuando dábamos el giro de 360 grados y su espalda daba lugares sin comensales, le apretaba suavemente sus caderas tratando de acariciar donde se ubica el ano. El repetía eso mismo apretando mi bulto de mi verga.

-¡Esperemos!, nos están mirando, ya me has calentando nuevamente, sabes que mis nalgas y mi vagina te pertenecen esta noche y las veces que gustes, me dijo.

Continuará con el relato tres: “Aprendiz de fotógrafa”.

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