Capuchón de chocolate

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T. Lectura: 5 min.

Por años, Lisandro recordaba a aquella mujer con la que tenía encuentros sexuales. Ella le había propuesto estimular su pija con distintas temperaturas para provocar no solo una rigidez altamente notoria en todo su tronco venoso y rosado, sino también que sus huevos casi al punto del colapso se llenaran de leche y sintiera una extrema necesidad de acabar, casi hasta la locura…

Una mujer le había propuesto la práctica del “capuchón de chocolate”.

Chupar, lamer, acariciar toda su pija colocándose hielo en la boca y deslizando sus dedos entre los huevos y el culo, llenándoselo de saliva para poder introducir y estimular la próstata, para que esa pija no solo fuera grande sino que latiera hasta la cabeza, poniéndola casi morada…

Era tanta la chupada de pija que, entre el frío y la calentura, no notaba que ella ya le había metido dos dedos en el culo de tan excitado que estaba… Él abría las piernas agarrado de la pared; ella le hacía flexionar mínimamente la rodilla para que entraran más adentro cada uno de sus dedos mientras tocaba la campanilla de su garganta con toda la extensión de la cabeza de la verga, llegando a tocar los huevos con la lengua…

Valeria se ahogaba; con una de las manos iba apretándose los pezones hasta que le dolieran. Estaban duros, gordos, puntudos, y rozaban las piernas de Lisandro… Entre la lluvia de saliva sobre la pija y los huevos, ella se escupía los pezones, se los tocaba y después deslizaba esa misma mano hacia su concha húmeda, inflamada de lo caliente que estaba. Él miraba cómo ella se masturbaba el clítoris, abría con los dedos los labios y se metía un dedo rápidamente mientras se ahogaba y lo miraba fijamente…

En medio de esa práctica, ella extiende la mano arriba de la cama y saca de entre las sábanas una hermosa verga negra, completa hasta con los huevos, con una base que se adhería al piso. Lo mira y le dice:

“Mientras me como toda la pija, me voy a meter todo este consolador negro en la concha.”

Medía aproximadamente 23 cm y tenía 5 cm de circunferencia; vibraba, se le notaban las venas y su cabeza era enorme. Él quería mirar cómo ella se masturbaba rápidamente: jugueteaba con el clítoris, abría su vulva y empezaba a introducir de a poco esa gigante pija negra. Le temblaban los pezones, se la iba clavando, la pegaba nuevamente en el piso, se arrodillaba y, mientras movía sus caderas provocándose espasmos vaginales, volvía a succionar la pija de Lisandro y la llenaba de saliva. Con una mano agarraba un cubo de hielo y empezaba a refregarle los huevos el culo…

Y él no podía creer cómo ella se autocogía como una bestia. Se meaba encima mientras seguía cogiéndose con la pija negra y su propia pija seguía dura como una piedra, fría y rígida; los huevos calientes.

Entonces ella acerca una mesita móvil y abre un cuenco repleto de chocolate templado a 20 grados. Le agarra la pija desde los huevos y empieza a introducirla en ese cuenco como si fuera un cucurucho, un helado a punto de ser devorado… La pija queda completamente bañada en chocolate. Él queda perplejo.

Mientras espera que el chocolate se endurezca, ella introduce nuevamente su dedo más largo en el culo de él y empieza a cogerlo de manera rápida. Él le pide sentarse, tomar una silla. Ella sigue con la pija negra metida en la concha y mueve lentamente las caderas para que él vea cómo sigue cogiéndose a sí misma…

Se sienta en la silla, pone una pierna arriba de otra silla y la otra en la cama; queda bien abierto. Los huevos explotan de placer. Ella le sigue cogiendo el culo y le empieza a chupar la pija repleta de chocolate…

Él se agarra la cabeza, gime; casi no puede hablar, solo hace ruidos guturales…

Entonces ella se toma las dos tetas y empieza a estimularse los pezones hasta que le pide que él le haga una turca con la pija. Ella sabe que en cualquier momento le va a explotar la pija de leche. Lo mira: tiene chocolate en las tetas, en los pezones, en la boca…

Lisandro no puede más. No puede creer que esa hembra sea tan puta…

Entonces ella frena, después de haberse comido todo el chocolate, y le dice:

“Ahora te la voy a lavar y te la voy a seguir chupando.”

Toma una pequeña toalla, la embebe en agua y empieza a limpiarle bien la pija; la chupa, la limpia y le dice:

“Necesito sentir las dos porongas . Quiero tu pija en el culo. Quiero que me pongas en cuatro y, mientras me sigo cogiendo la cincha con la pija negra, vos me vas a meter esta belleza centímetro por centímetro dentro de mi culito…”

Lisandro no hace más que obedecer… repito… Lisandro no hace más que obedecer. Ella sigue cogiéndose en el piso con la pija negra y levanta la colita. Él le agarra las caderas, empieza a escupir su verga y le mete primero la puntita, haciéndola desear. Le dice:

“¿Así la querés o la querés toda adentro? ¿Así te gusta?”

Con las dos manos le abre el orto y se la manda entera. Él siente, en la pared vaginal, cómo ella sigue clavada a la verga negra. El estímulo del consolador le hace vibrar los huevos y no puede entender tanto placer.

Ella lo mira de costado mientras él la tiene agarrada de los pelos y, con la otra mano, la sostiene de la cadera mientras le bombea ese culo caliente. Ella le dice:

“¿Viste que faltaba poco para que me cojas bien cogida? Yo necesitaba esto… que me la metas toda, que me hagas mear, que me abras el orto, que golpeen tus huevos en mi concha puta… Tocame, tocame la conchita… refregame el clítoris… estimulame porque quiero acabar con todo…”

Ella no se sacaba la pija negra de la concha hasta que finalmente empieza a acabar y moja todo el piso. Se saca el consolador negro, él saca la verga del culo, ella vuelve a lavársela mientras sigue tocándose la concha y le muestra cómo le quedó abierta, roja y mojada.

Él automáticamente empieza a besarle el vientre, le sigue estimulando el clítoris. Ella abre más las piernas para recibirlo y ahí es donde él se tira al piso y vuelve a meterle bien la pija en la concha. Empieza a cogerla agarrándola de la espalda; quedan con los cuerpos pegados.

Ella está totalmente extasiada, grita, y empieza a morderle los pezones. Se los muerde fuerte, se los chupa, los escupe. Él la agarra con las dos manos, la mira y le dice:

“Si querés que te coja, chupá los pezones… hacé ruido…”

Ella lo mira y, con una mano, vuelve al clítoris mientras él le mete la pija y empieza a pajearse rápido. Él le chupa las tetas desenfrenadamente. Ella está toda colorada entre las chupadas, las lamidas y las mordidas. Levanta las piernas, se las pone al hombro y él la sigue cogiendo.

La tiene tan dura, tan inflada, tan grande, que él se arrodilla, la pone arriba de sus piernas y vuelve a agarrar el consolador negro.

“Ahora te vas a tener que comer toda esta pija negra por el orto…”

Ella le dice que no, que es muy grande. Él se ríe y le responde:

“No es grande. Tu orto se la va a bancar…”

Lentamente, mientras le sigue cogiendo la concha con su propia pija, le va abriendo el orto con la verga negra. Activa la vibración y ella vuelve a acabar.

Él le susurra al oído:

“Vos querés otra pija más… querés una pija en la boca mientras te cogen el orto y la concha… sos tan puta que me volvés loco”.

Entonces deja de cogerla, le deja clavada la verga negra y abre el cajón de la mesa de luz. Saca un consolador blanco. A ella le gustaban los juguetes que parecieran reales.

Hacen un 69. Él empieza a cogerle la boca, llenándosela de verga, mientras mantiene el consolador negro vibrando dentro de ella. Con la otra mano empieza a meterle y sacarle despacio el consolador blanco en la concha

Le refriega el juguete, la escupe, le chupa el clítoris y ella, literalmente, tiene la pija hasta los huevos dentro de la boca. Ella le sostiene el culo mientras le lame los huevos y él siente que pierde la cabeza de placer.

Tan excitados están que ella vuelve a meterle un dedo y después dos mientras le chupa los huevos. Los dos jadean al unísono, como dos animales exhaustos y hambrientos al mismo tiempo.

Hasta que él le dice:

“Te lleno la boca de leche… tragala toda… vaciame…”

Ella siente toda esa leche tibia en la garganta y en la boca. Mueve la lengua, juega con los huevos y parte de la leche cae sobre sus tetas. Ella se la refriega por el pecho mientras sigue acabando.

Él le saca el consolador negro, después el blanco, y le chupa la concha lentamente.

Los dos se incorporan. Ella está manchada de leche de él y él de la de ella. Quedan acostados uno al lado del otro, respirando agitados.

Él le pone la mano sobre la concha y ella le acaricia la pija. Él gira, se pone de costado, empieza a besarle la cara, el cuello, la cabeza. Después le dice:

“Abrí la boca…”

Ella todavía sigue degustando la leche de él. Le muestra la lengua y él la toca suavemente. Los hilos blancos se mezclan con los besos y las caricias.

“No puedo dejar de cogerte, Valeria… me volvés loco…”

Ella se ríe, agotada, y le responde:

“Dame quince minutos… y te la vuelvo a chupar… te lo juro.”

Los dos empiezan a reírse. Se vuelven a besar lentamente y quedan mirando el techo, exhaustos.

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