Visito al doctor

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Todo empezó un día cuando estaba en casa con mi hijo, me llamo Rosario tengo 38 años y vivo con mi hijo Agustín de 19 años. Él se encontraba en una transición. Había terminado la escuela y estaba indeciso con que carrera seguir, por lo que estaba todo en el día en casa, cosa que en cierta forma me beneficiaba, me ayudaba en casa y era mi chofer personal, a él no le molestaba. Siempre me llevaba y me espera en el automóvil, no le molestaba.

Me acorde que tenía que ir a la clínica para hacerme unos estudios de rutina, que me había mandado mi médico de cabecera. Como su padre, del que estoy divorciada, es médico, me pareció buena idea que Agustín me acompañara para hacer los estudios, por ahí le puede servir para decidir si opta por estudiar la misma profesión que su padre. No le pareció mala idea conocer el ambiente.

Llegamos a la clínica sin darnos cuenta que la misma estaría llena de gente ya que el otro día se correría un maratón organizado por la comuna, por lo que llegaría mucha gente al pueblo y deberían tener un certificado médico para correr. Aunque sabíamos que tardaríamos más que un día común, decidimos quedarnos, aunque le propuse a mi hijo que se marchara y volviese más tarde pero decidió acompañarme.

La orden que tenía era para ver al cardiólogo, al radiólogo, extracción de sangre y proctólogo. Había largas filas de gente esperando en los pasillos, esperamos más de 40 minutos por un turno que había sacado a la entrada, hasta que me acerco a una empleada que pasaba y le comento que venía por unos estudios y si era necesario esperar como todos los demás que estaban para la competencia del otro día.

La empleada fue muy amable y me dijo que iba a tratar de hacer algo, que iba a preguntar a un superior y volvería. A los quince minutos regresa con una planilla en las manos y me dice que la acompañe. Vamos caminando detrás de ella hasta que se detiene y me pregunta por mi hijo, que quien era, en ese momento solo se me vino una respuesta a la cabeza, le dije que era mi pareja. Ella respondió que mejor, que no nos separemos y vayamos por los distintos consultorios, que ya estaban avisados y si alguien de la fila pregunta que no digamos nada.

Primero voy a cardiología, nos esperaba una médica que mira la planilla y me dice que me descubra el torso y me acueste en la camilla. Mientras me pone unos electrodos por las tetas y me hace unas preguntas de rutina y llena unas planillas, mientras el papel del electrocardiograma caía sobre el piso. Agustín estaba parado en un rincón y miraba para otro lado, aunque seguro me vio las tetas. En unos pocos minutos me dice que me vista y pase por el análisis de sangre.

Veo la cara de Agustín y estaba roja como un tomate, ahí confirmo que me había visto las tetas. Me pareció algo tierno y excitante. Seguimos caminando hacia al final del pasillo dónde había un cartel que decía “Laboratorio”, golpeamos y sale una enfermera, toma la orden y la lee, solo confirma algunos datos para llenar una planilla y me dice que tome asiento, que iba a extraer una muestra de sangre. También nos indica que radiología estaba en el segundo piso, así que salimos y fuimos hacía ese piso.

Llagamos y nos atiende un hombre mayor con un delantal grueso de cuero, le doy la planilla, la lee y me dice que me quede me descubra el torso y pase al cuarto dónde estaba la máquina de rayos x. Me desvisto con gusto frente a mi hijo, me excitaba provocarlo, quedo con las tetas al aire y le digo que me tenga la ropa, luego voy caminado hacia el cuarto. El señor era muy parco, casi no hablaba, me dice que me apoye sobre una placa metálica y espere. El frio del metal en mis pezones enseguida los puso duros y erectos, aunque creo que mi estado de excitación también ayudo. Termino y voy donde Agustín para vestirme, nuevamente veo su rostro rojo, casi no me podía mirar, eso me excitaba más.

Salimos al pasillo con la última orden, ver al proctólogo, decía que era en Servicio de Coloproctología, le preguntamos a una enfermera que pasaba, nos dice que fuéramos al piso 8 con la orden. Cuando llegamos le doy la orden a una mujer en una ventanilla, y me dice que esperemos un ratito que la vendrá a buscar la doctora Alicia.

Esperamos sentados en el pasillo unos 10 minutos hasta que llega con la orden en la mano la doctora, una mujer muy mayor pero extremadamente amable. Nos invita a pasar a un consultorio, no muy grande, tenía una camilla y algunos instrumentos, en una mesa.

Hablaba hasta por los codos, me dice que la ponía muy contenta que me acompañe mi pareja, que casi todos los hombres nos dejan solas y no quieren saber nada con los médicos, no podía contradecirla y menos decirle que era mi hijo. Me pregunta si era un chequeo de rutina a lo que le confirmo, si alguna vez me había hecho una colonoscopía, le dije que no, me pregunta si teníamos sexo anal muy seguido, por un segundo pienso la respuesta, pero le digo que algunas veces, veo que se le dibuja en la cara una sonrisa a mi hijo.

Ella sigue hablando con total naturalidad del sistema digestivo, de hemorroides, del ano, del sexo anal, era una Wikipedia de la escatología, cuando termina con los consejos me pide que me desvista. Agustín estaba sentado en una silla a pocos centímetros de la camilla, como haciendo un striptease me voy sacando la ropa y se la doy en la mano hasta quedar desnuda. Él sería un espectador privilegiado.

Alicia me dijo que suba a la camilla mientras se ponía unos guantes de látex, me iba a revisar, me dice que me ponga en cuatro mientras se untaba con vaselina los dedos. Me pongo en la posición y empezó con una revisión visual, lo relataba como si estuviera dando una clase, nos contó que ella era profesora en la universidad, eso explicaba su detalle en la descripción.

Primero nos dio una descripción del color la textura, la profundidad del ano, dónde termina y donde empieza el recto, algo que nunca se me hubiese ocurrido, y digo “nos dio” porque mi hijo escuchaba y miraba como su mejor alumno. Me lo mira un instante y concluye que estaba perfecto, hasta que se notaba su poco uso, cosa que me causo gracia, a ella también y alentó a mi hijo que haga uso de mi culo, bueno pensando que era mi pareja.

Pero notó una pequeña protuberancia y le dijo a mi hijo que mire de cerca para que le explique, le muestra un pequeño globito que podía ser un principio de hemorroides o una leve inflamación, pero nada grave.

Luego empezó con el tacto y sin dejar de hablar en ningún momento me mete el dedo por el agujero, algo frío entrando por el culo, la vaselina provocaba esa sensación. Puedo sentir como giraba sus dedos por las paredes del ano hasta que saca el dedo. Dice que parece que está todo bien. Pero no queda ahí la cosa, le ofrece un guante a su alumno, mi hijo, para que pruebe y le diga si nota alguna protuberancia, como era de imaginar, no se iba negar. Luego que me manosearon a su gusto, y al mío también, me pidió que me vista y llenó una planilla. Nos despedimos muy amablemente y sin descaro le recomendó a Agustín que haga uso y abuso de mi culo.

En el ascensor lo miro sin decir nada y me dice:

-ya sabes que te receto la doctora

-¿recetó?

-si, sexo anal, jajaja

-Que vivo, ¿serías capaz de metérmela por el culo? A tu madre, jajaja

-Claro no puedo contradecir a un médico, jajaja

En ese juego de mentiras, verdades y sarcasmo, había flotando en el aire un deseo incontrolable de tener sexo. Apenas llegamos a casa caminamos en silencio hasta la puerta, pero cuando entramos no pudimos aguantar más, me arranco la ropa mientras yo lo ayudaba, en pocos segundos quedó desnudo con el pene erecto apuntando al techo, me da vuelta y me pone en cuatro en el piso, el objetivo era mi culo y eso hizo. Mi agujero todavía lubricado por la vaselina facilita la entra de su gran pene, casi no siento dolor, el placer era mayor. Bombea con fuerza, entra y sale ese pedazo caliente de carne, con rapidez y violencia hasta que acaba dentro con un abundante chorro de semen.

Esa primera vez fue hermosa, pero no fue la última, mi culo se hizo una rutina, casi un ejercicio diario para los dos, no podíamos parar aunque nuestra vida siguió siendo normal, si es que existe algo normal en el sexo desenfrenado.

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