La suite frente al mar se llenaba de una luz cálida y dorada del atardecer. Las olas susurraban a lo lejos, pero dentro de la habitación solo existía el crujido constante de respiraciones pesadas y cargadas de pura lujuria animal.
Ella yacía reclinada sobre el amplio sofá de cuero marrón, su cuerpo voluptuoso y generoso, un vientre suave y redondeado, caderas anchas, pechos pesados y llenos, y muslos gruesos y carnosos que se apretaban con deseo. Vestía un traje de lycra negro brillante de cuerpo entero, con cremalleras en sus entrepiernas y una central bajaba hasta el ombligo, dejando escapar sus tetas abundantes y su barriga tierna, Completaba el conjunto botas altas de tacón hasta la rodilla y largos guantes negros hasta los codos completaban su aspecto dominante.
Él hombre gateó hacia ella enfundado en un traje de lycra negro mate de una sola pieza, grueso y ajustado como una segunda piel. El material se tensaba obscenamente sobre su pecho ancho, su barriga suave y especialmente sobre su polla gruesa y dura, que marcaba un bulto prominente. El traje tenía una cremallera estratégica en la entrepierna que permitía acceso directo a su verga y huevos sin quitarse el traje. Se acercó y hundió el rostro en el cuello de ella, inhalando profundamente, y dijo- El olor de tu cuerpo caliente dentro de traje, mezclado con tu coño me está poniendo la polla durísima-
Ella sonrió perversa y levantó un brazo enguantado, presionando el guante tibio contra su cara.— Huéleme bien. Aspira el olor de tu hembra- . Él inhaló como un adicto, gimiendo ruidosamente mientras su nariz recorría el guante. Luego hundió la cara entre sus pechos pesados, frotando la nariz y la boca contra el cuero brillante, lamiendo el sudor salado atrapado allí. Su polla palpitaba furiosamente dentro del traje. Excitada, ella lo tumbó y se sentó encima, frotando su coño húmedo contra el bulto de su polla. Bajó la cara y olió su pecho abierto, luego bajó más y presionó la nariz contra la cremallera de la entrepierna de él.—Hueles a polla caliente y sudorosa… me encanta —gimió.
Rodaron por el sofá. Ella abrió las piernas y empujó la cabeza de él entre sus muslos gruesos.—Huéleme el coño, lámeme.
Él obedeció, hundiendo la cara contra la entrepierna de ella, inhalando el aroma fuerte de jugos de coño. Lamió incluso la tela con desesperación, saboreando el gusto salado mientras su polla chorreaba liquido dentro del traje. Ella se giró y devoró la entrepierna de él, chupando el bulto grueso a través de la lycra y mordisqueando la cremallera de la entrepierna del traje de una pieza. Su polla gruesa y venosa saltó libre, dura y goteando. Ella la chupó con hambre, tragándosela hasta el fondo mientras él gemía contra su coño.
Después de descansar un momento continuaron su ritual y ambos se pusieron máscaras de gas negras y relucientes. Ahora eran dos figuras anónimas, brillantes y pervertidas. Se abrazaron con brutalidad, frotando sus cuerpos generosos. Él abrió la cremallera central del traje de ella y sacó sus tetas pesadas, tocando los pezones duros con sus manos enguantados. Luego abrió completamente la cremallera de la entrepierna de ambos, y la penetró allí mismo, de pie, en el centro de la habitación. Su polla gruesa entró lentamente en el coño caliente y empapado de ella, estirándola mientras ambos gemían dentro de las máscaras. El crujido de la lycra acompañaba cada embestida fuerte y profunda — Fóllame duro, cerdo —jadeó ella—. Méteme toda esa polla gorda-.
Él la agarró de las nalgas y nuevamente la penetró con fuerza, sus cuerpos voluptuosos chocando, crujiendo y sudando. Las máscaras chocaban mientras follaban como bestias. Finalmente se trasladaron a la cama. Ella se tumbó boca abajo, levantó las piernas en una amplia V obscena, botas altas brillando. Su culo generoso y su coño hinchado quedaban expuestos.—Ven y rómpeme el coño —exigió. Él hundió nuevamente su polla hasta el fondo en un solo empujón. Empezó a follarla con embestidas profundas y fuertes, sus cuerpos sudorosos y enfundados chocando ruidosamente.
El sonido húmedo de la polla entrando y saliendo del coño mojado llenaba la habitación junto con sus gemidos y el crujido.—Así… aprieta mi polla con ese coño gordo —gruñó él—. Voy a llenarte de leche caliente. Ella movía el culo hacia atrás, recibiendo cada embestida, sus tetas y barriga aplastadas contra la cama. El placer creció hasta que él no pudo más.—¡Me corro! —rugió. Sacó la polla y eyaculó con fuerza sobre su culo y espalda, chorros gruesos y calientes de semen blanco salpicando el traje negro brillante. Algunos chorros entraron dentro de su coño abierto. Ella gimió de placer, frotando su clítoris y corriéndose poco después, temblando mientras sus jugos empapaban su traje.
Pero no terminaron ahí. Después de recuperarse, se sacaron las máscaras y ella se sentó sobre su cara y él la comió mientras ella le chupaba la polla semidura, limpiándola de semen y sus propios jugos. Volvieron a follar, esta vez más lento y obsesivo, cambiando de posiciones, siempre con los trajes puestos y las cremalleras abiertas, perdidos en olores, sudor, semen y cuero caliente. El ritual duró horas, dos cuerpos generosos, completamente entregados al fetichismo más oscuro y placentero, mientras las olas seguían rompiendo afuera. Ninguno de los dos quería que aquella noche terminara.
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