Con las dos mujeres dormidas en la cama, no me queda otra que levantarme antes de lo acostumbrado, las dejó que continúen durmiendo acurrucadas una contra la otra, contempló sus cuerpos desnudos antes de abrigarlas con las sábanas. Salgo al exterior de la casona, vestido solo con el pantalón como única prenda. Esta amaneciendo, desde las alturas las vistas de la sierra son impresionante, el pueblo a lo lejos se ve diminuto, cerca pastan algunas cabrás y el único sonido que se oye es el del riachuelo que pasa cerca.
El frío hace que me arrepienta de haber salido con poca ropa y decido entrar para vestirme. Compruebo que aún continúan durmiendo y me voy a dar un paseo por la zona, un poco más tarde cuando vuelvo me encuentro a Amparo levantada, cuando me acerco para magrearla ella retrocede, diciéndome ¡No, no es que me haga la estrecha, pero alguien tiene que preparar en desayuno! Me estruja contra ella y me besa cariñosa mente a la vez que me guiña un ojo y me dice ¡alguien te espera en la cama! Me desnudo y entro en la cama arrojándome a los brazos de Remedio con la lengua recorro sus pezones paso de una teta a la otra.
Aprietos sus tetas con mis manos para pasar mi lengua por todas ellas, la siento suspirar de placer, me aventuro a bajar por su vientre con mi lengua hasta llegar a su coño.
Me situó entre sus muslos pasando la lengua por sus labios gruesos y carnosos, recorro cada rincón de su sexo, pasando varias veces la lengua, ella se retuerce gimiendo con las manos aferradas a las sabanas, masajeo su clítoris con la punta de mi lengua mientras meto el dedo en su vagina, sin poder aguantar más curva el cuerpo y explota con una corrida que hizo que le temblaran las piernas. Sin darle tiempo a reponerse de una estocada se la meto.
Ella grita- ¡Aaaah! Siento como sus labios carnosos succionan mi polla dura, me sujeto su cintura y comienzo a embestirla como un poseso, pasando por levantarle las piernas hasta colocármelas en los hombros la embisto con todas mis fuerzas, recibe mi polla hasta los huevos.
Me mira gritando como una posesa ¡aaah, aaah! ¡dámela, dámela aaah, aaah! No sé cuánto tiempo llevo embistiéndola, cuando ella suelta un gemido intenso ¡yaaa! Corriéndose intensamente. Continúo con las embestidas mientras ella enrosca sus piernas en mi cintura y clama ¡así, así! ¡dámela, dámela, más, así, así, mas, más! Gime con fuerza. Mientras yo me afano por echar hasta la última gota de mi corrida, ella me grita varias veces que se está corriendo, nuevamente gimiendo y gritando ¡sí, sí, me corro! Me echo a su lado exhausto, tengo que reponer fuerzas aún me queda que satisfacer a Amparo que nos ha observado con mucho interés.
Una hora más tarde sin preámbulos alguno Amparo se aferra a mi cuerpo y se adueña de mi polla preguntándome ¿qué? ¿Le damos al asunto? Remedios se deja caer en la silla que antes ocupaba Amparo para ver el espectáculo. Amparo se mete en la cama situándose en el borde de esta a cuatro, con los muslos bien separados, acercándose las almohadas se aferra a ellas enterrando la cabeza.
Me dejó caer de rodillas pegando mi boca en su coño metiendo la lengua en su raja, no sé cuánto tiempo llevo lamiendo cuándo clavo mis ojos en ese centro arrugado armándome de valor pasó la lengua ¡Oh, ¡cómo me gusta! Exclama, no hay rechazo por su parte al contrario se acomoda aún más, lo tengo ahí ante los ojos, expuesto. Apoyo la cabeza de mi polla en el ojete ¡Me pide que la penetre! Con el mismo tono desesperado que cuando me pide que la joda el coño.
La polla entra como una bala y comienzo a joderla por el culo como un poseso, percibo sus alaridos ahogados por las almohadas ¡Aaaah, aaaah!, qué capacidad para el goce tiene esta mujer, lanza todo tipo de alaridos, quiere que la joda más duro ¡dámela, dámela más, así, así, mas, más! ¡Aaaah, Aaaah, si, si! La jodo… metiéndole unos viajes de la hostia con la polla sin parar hasta que nos corremos los dos. Caigo rendido a su lado ¡Ha sido maravilloso, me dice mientras me besa! Decidimos pasar el resto de la mañana paseándonos, mientras me cuentan sus vivencias.
Las dos son nacidas y criadas en las casonas, las dos se casaron muy jovencitas y enviudaron hace años, les preguntó por sus maridos coinciden en que eran muy trabajadores, pero en el sexo eran pésimos amantes Amparo tiene una hija casada que vive en Madrid y Remedios a Lucia, que después de casar se llevó a su madre a vivir con ella al pueblo de donde procede la familia de mi madre.
Regresamos a la casona y descorchemos unas botellas de vino tinto, que pronto hizo efecto sobre todo en Amparo que se levanta la falda y lleva mi mano entre sus muslos, compruebo que su coño está caliente y húmedo mientras ella me abre la bragueta y saca mi polla. Se arrodilla y termina de bajarme los pantalones, Párese una niña con un juguete nuevo entre las manos. Se la lleva hasta la boca y la mamá con ahínco, hasta que la endurece como una roca, murmura como le gusta mi gran tranca mientras besa la cabeza.
Sin previo aviso se levanta y se vuelve dándome la espalda. Inclinándose sobre la mesa, se levanta la falda mostrándome su gran culo respingo, ayudándose de sus manos se habré de nalgas. Antes de que pueda volver a juntarlas, estoy detrás de ella con la polla en una mano y sosteniendo los pantalones con la otra. Le separo las piernas y froto mi polla en su coño.
Amparo parece desesperada, empuja su coño contra mi polla y se introduce un poco, sujeto a sus caderas le introduzco un par de centímetros más mientras disfruto del panorama. Amparo impaciente empuja de nuevo hacia tras y se la introduce de un golpe, Remedios a mi espalda observa con atención por encima de mi hombro.
Amparo comienza a follarse ella misma, veo mi polla aparecer y desaparecer entre los muslos mientras ella gime ¡Aaah, aah! ¡Cómo me gusta, si, si! Está súper excitada no cesa de convulsionar sus movimientos se aceleran cada vez más hasta que de repente comienza a gritar.
¡Métela! ¡Méteme la polla en el culo y jódeme…! Oculta la cabeza entre los brazos y zas se la meto tan profundamente como puedo le arranco un chillido de dolor, pero no cesa de pedir más y más está al borde del delirio remedio a su lado parece entender aullar y gemir ¡Ha, Ha! Mientras yo le entierro la polla hasta los huevos en su dilatado culo. Con un gran aullido ¡Haaaa! Se corre con un buen chorro.
Agitándose como pez fuera del agua y yo detrás, jodiéndola aún… decidido a no sacarla del culo hasta que me corrí dentro de ella. Sin darme apenas tiempo para reponerme Remedios reclama su derecho a pernada también está muy excitada, ya se ha desprende de la falda y braga, mi polla aún continúa rígida cuando ella se aferra a ella y la masajea con habilidad.
Apoyándose en el borde de la mesa se recuesta en ella, en medio de sus anchos muslos y su gran coño negro, la penetro con facilidad debido a lo caliente y húmedo que tiene el coño, ella se aferra al borde de la mesa para sujetarse, mientras yo la embisto con violencia muy excitado, ella gime de placer ¡Oooh, oooh! Instintivamente recoge sus piernas sobre sus ingle permitiéndome profundizar más aun su coño, la penetro con ahínco, llevado por la excitación y sin pensarlo pretendo metérsela por el estrecho culo.
Aún no ha entrado del todo, cuando Remedios suelta un alarido de dolor ¡Haaa, por ahí no! Me pide a gritos que la saque, del susto me quedo inmovilizado y preocupado por si la he dañado. Ella me tranquiliza admitiendo que nunca había permitió a su marido que le entrara por ahí, pero comprendía mi confusión por no ponerme sobre aviso.
Le pido disculpa cariñosamente diciéndole que no pretendía hacerle daño, recostado sobre su abdomen voy besándolo hasta llegar a su coño, pretendo compensarla por el daño causado, arrodillado en medio de sus enormes muslos beso y lamo su abultado coño. Meto la lengua hasta donde puedo no dejo de mover la lengua por todas partes, ella parece excitadísima no cesa de agitar nerviosamente el culo, ¡Oh, oh! Sujeta a mi cabeza con ambas manos, con la lengua localizo su clítoris y se lo froto suavemente, ella se retuerce sus gemidos son incontrolables, se frota el coño contra mi boca, jadea y sacude el cuerpo, aferrándose a mis cabellos explota con una gran corrida, y aun así sin dejar de frotar su coño en mi boca, me pide muy excitada que continúe lamiendo ¡Oh, Dios! ¡aaah, sigue no pares! Sigo lamiendo recorro cada rincón, entre resoplidos y gemidos curva el cuerpo hacia delante sobreviniéndole otra gran corrida gimiendo muy fuerte ¡Aaah, aaah! Mientras permanece aferrada a mis cabellos sujetadme contra su coño.
Parece desmayarse sobre la mesa, mantiene sus ojos serados y una sonrisa placentera de lo ajusto que se ha quedado ¡Eso ha estado muy bien! Dice Amparo. Mientras la ayuda a levantarse, nota que todavía tiembla un poco, así que la sostiene con suavidad para que recupere el equilibrio. Ambas ríen con descaro y se felicitan entre ellas. El resto del día hasta bien entrada la tarde tuvimos hablando y riendo, hasta que llegó la hora de despedirnos de Amparo con la promesa de volver el próximo fin de semana.
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