Mesera (5)

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Ninfómana, según un diccionario, es una palabra que se utiliza para designar a una mujer con apetencia sexual insaciable, mi relación con mi esposo nunca fue muy fogosa. Y ahora, con el tiempo transcurrido, se ha enfriado aún más.

Tenemos relaciones sexuales una vez cada dos semanas, la mayoría del tiempo simplemente se acuesta, apaga la luz y se queda dormido, sin importarle mis necesidades.

Esta situación, lo confieso, empezó a aburrirme, mi naturaleza me reclamaba de día y de noche, así que empecé a salir con quien se pudiera, jóvenes y viejos de cualquier estrato social se convirtieron en clientes asiduos al bar, compañeros de trabajo, jefes etc.

Incluso los esposos de mis compañeras se convirtieron en parte de este desfogue sexual, sin embargo, al final siempre termino con la idea de que algo falta, al principio todo fue diversión y dinero, pero después ya no tanto, incluso me di cuenta, de que solo servía para ser el depósito de semen de quien pudiera pagar mis servicios.

Me doy un tiempo, renuncié al bar y me separé de mi marido para poder ordenar mis ideas, incluso empiezo a frecuentar con regularidad al deportivo que esta como a media hora de la casa, como siempre, me pongo mis pants pegaditos, un top deportivo negro, mi gorra y mis tenis y me dirijo hacia allá.

Vagos por todos lados no dejan de mirarme, algunos me silban o me dicen cosas, pero la mayoría está metido jugando o platicando, en fin, sin dejar de sentir las miradas de los hombres en mis caderas o mis pechos, me pongo a trotar, termino mi rutina y me siento en las gradas de concreto de la cancha de fut y vaya sorpresa, el equipo del bar está jugando, o sea, ¡ni siquiera sabía que el bar tenía un equipo!

La mayoría me reconoce y me saluda, solo don Genaro hace como que no me ve y no es para menos, siempre lo hice menos cuando me pedía salir con él o incluso al pasar delante de el con algún amante en turno, en fin, comprendo su enojo y solo atino a echarle porras ya que es el portero, el muy digno ni siquiera voltea verme.

Sonriendo por la situación y sin darme cuenta, me coloco la botella de agua que llevo justo a la mitad de mis senos y de vez en vez le doy de mordiditas a la taparrosca, de repente noto que la mayoría de los jugadores empiezan a fijarse en mí, algunos a murmurar y otros a reírse, incluso don Genaro no evita voltear a verme, le sonrío y en un afán de conseguir su atención le grito que si no se deja meter gol le doy un beso.

Y ahí está el pobre, tirándose de un lado a otro esforzándose por evitar que le metan un gol, en fin, termina el partido y los chicos del bar me buscan para saludarme y preguntarme el porque de mi desaparición, entre risas y chistes noto a don Genaro retirarse de nuevo cabizbajo lanzándome una mirada triste, no sé, de repente me siento mal y termino retirándome del lugar sin dejar de pensar en el pobre Genaro.

Es casi de madrugada, despierto agitada y excitada, soñando a don Genaro en mi cama ordenándome que le mame la verga en medio de muchas palabras obscenas, trato de no hacer caso a mis pensamientos, pero mi lívido empieza a ganarme de tal forma que no puedo contenerme y me masturbo con frenesí pensando en don Genaro, pasan los días y el sueño se vuelve recurrente casi necesario.

Decidida me pongo un vestido gris claro, largo y ajustado al cuerpo, me miro al espejo y noto que resalta mi figura especialmente mi cadera perfecta, deseada, también el escote deja ver un poco mis senos bien formados, me maquillo y arreglo hasta lograr que mi cuerpo invite al sexo y al placer.

Me encamino hacia su puesto de periódicos moviendo el trasero de una forma muy sexy, los tipos me miran, el no saber dónde tienen plantada la mirada me generaba ideas demasiado provocativas, me doy vuelta, los sorprendo embobados mirándome el trasero, ensayo mi mejor sonrisa sabiendo de antemano, que esto le da un poco de sabor a lo que pienso hacer.

–hola buenas tardes

–buenas tardes, que se le ofrece

Nerviosa le digo que perdí mis llaves y no puedo abrir la puerta de mi casa.

–claro que si señora para eso estamos

Me dice que lo espere mientras cierra su local, saca una caja de herramientas y nos encaminamos a la casa, camino delante de el al llegar a la casa, subo las escaleras imaginando como viene observando mi trasero y seguramente viendo como se marca mi diminuta tanga, saca sus herramientas y tarda como 5 minutos para abrirla.

–ya esta señora “bien abierta” y sonríe, pinche naco pienso al notar la indirecta.

–pues ya que esta “abierta” ¿no quiere entrar? Le digo coqueteando con el entrando a la casa.

Los nervios y la excitación no me dejan, me dispongo a armar un ramo de flores en la mesa del comedor esperando con ansias el momento que no llegaba y justo cuando pensaba que mi plan no había dado resultado escucho su voz diciéndome que si necesito algo más.

–Si, necesito algo más le digo sin voltear, se acerca, lo siento detrás de mi y me quedo quieta sintiendo como da un paso hacia mi posando suavemente sus temblorosas manos en mi cintura.

–Discúlpame por favor no quise decir lo que dije, me dice apoyando su bulto en mi trasero

Empiezo a rozar mi cuerpo contra él con mis nalgas tratando lenta y suavemente de atrapar lo que me está apoyando.

Algo dentro de mi empieza a despertar, quiero que se vaya pero al mismo tiempo no quiero dejarlo ir, sus manos van subiendo por mis muslos tomando mi vestido, subiéndolo poco a poco hacia mi cintura, volteo.

–¿Le gusto don Genaro? le pregunto

–sí, mucho me dice entre sorprendido y asustado.

Aplasta sus labios contra los míos, al principio me resisto ya que como buena puta no estoy acostumbrada a besar a mis clientes, pero empiezo a sentir su cosota crecer y empezar a puntearme el ombligo, eso me calienta y mucho y él lo sabe, porque empieza a restregarme su garrote, casi puedo sentir que se vuelve loco por quererme penetrar,

Le ofrezco mi lengua y me restrego contra su sexo con rudeza, me carga en sus brazos y yo rodeo su cintura con mis piernas para no escaparme ni dejarlo ir.

–¿Tu recamara? me pregunta, yo no respondo lamo su cuello, sus orejas y solo le indico con el brazo, él se dirige hacia la escalera, se apodera de mi boca nuevamente y yo rodeo su cuello apretándolo contra mis labios se detiene a la mitad de la escalera me baja, me besa con pasión y yo empiezo a masturbarle el pene por encima del pantalón.

Lo alejo de mí y con mirada retadora le digo: Ven.

Don Genaro me sigue encantado, como león a su presa, abro mi recamara y lo invito a pasar, él se abalanza sobre mis pechos como perro hambriento chupando y mordiendo mis pezones por encima del vestido, me lo saca con habilidad, mis nenas le gustan porque se les queda viendo muy quedamente, un espacio de silencio nos rodea, casi puedo escuchar mi respiración mezclándose con la suya, deseo, pasión, lujuria, un fuerte aroma a feromonas se extiende por la habitación.

Se desnuda quedando en una especie de trusa aguada, volteo hacia abajo viendo como algo enorme queriendo salir, se acerca y empieza a chupar nuevamente mis pechos me aferra hacia su cuerpo dejándome sentir su miembro en pequeños vaivenes restregándomelo a la altura de mi vagina, me separo de él, acomodo mi curvilíneo cuerpo sobre la cama colocándome en cuatro esperando su reacción, don Genaro me aferra fuertemente de la cintura con una mano mientras con la otra me coloca su verga en la entrada de mi ano.

Jalo aire lentamente por la boca al sentir como va empujando su tranca en mi ano invadiéndolo por completo, volteo a verlo, su cara de lujuria me incentiva, mis lamentos empiezan a llenar la habitación, mientras él no se detiene ni siquiera espera a que me acople, empieza a moverse dentro de mi con fuerza, con furia.

–Pinche puta, Júrame que yo soy el único que te ha cogido el culo ¡júramelo!

–Se lo juro don Genaro, uf, usted es el, ah, el único, le digo en mi paroxismo escondiendo la verdad.

–Que buena esta chingada madre, tienes un culo de ensueño y es mío ¡mío!

Así clavada sin desprenderse me incorpora tomándome de las tetas cogiéndome por el culo me voltea de la cara para besarme, diciéndome al oído lo buena que estoy, lo mucho que deseaba cogerme entre palabras fuertes y leperadas, sus manos prietas y calludas en mi piel morenita pellizcando mis pezones.

Así parados y acoplados jala mi pelo hacia atrás como si fueran riendas y empieza a galoparme como a una yegua, no tarda mucho, siento su leche dentro de mis entrañas, bañándolas con cada chisguetazo de mocos, volteo a verlo sobre mi hombro motivándolo, alentándolo, sonriéndole, esperando a que termine sosteniendo sus manos con la mía en mi cintura mientras con la otra acaricio su pelo entre cano.

Se desprende de mí, me voltea para quedar de frente a él, nos besamos, tenía mucho que no besaba así, lo disfruto como si fuera la primera vez que beso, entre beso y beso lo miro angustiado.

–¿Qué? Le pregunto

–Por primera vez en mi vida he encontrado a alguien que me acepte como soy y pues siento que ya no vas a querer estar conmigo, hay weyes que valen más que yo, me dice mientras recoge sus ropas y me mira.

Me sonroja, no tengo grandes pechos, son medianos, hermosos, redonditos, con el pezón un poco más oscuro que mi piel, apetitosos, mis piernas perfectas y mis caderas espectaculares, en armonía con mi delgada cintura y con todo mi cuerpo.

Comprendo que no puedo detenerlo, me vuelvo de espaldas a él mirando hacia la ventana de mi recámara con mis lagrimas a punto de salir de mis ojos sintiendo que mi alma se parte en dos, ¿Por qué? No lo sé, solo atino a pensar que hacía mucho tiempo que no me pasaba ni sentía esto, don Genaro me escucha llorar, se acerca lentamente, me voltea hacia él, quedamos frente a frente, en medio de los sonidos y el ajetreo en la calle, mirándonos fijamente a los ojos.

Me toma la cabeza con ambas manos y me atrae hacia sus labios, nos besamos tomados de las manos con besos largos y pausados, acariciándonos las lenguas mutuamente, los chasquidos de nuestros besos se escuchan con claridad, las manos del viejo recorren mi joven y curvilíneo cuerpo, estrujan mis redondos senos, me coloca suavemente sobre la cama, se posa sobre mi deteniendo su cuerpo con las manos, me besa, empieza a bajar lentamente separando mis muslos, hunde su cara en mi sexo, arqueo la espalda al sentir la boca de mi amante en mi vagina, mete un dedo en mi boca y lo chupo con delicia como una bebé golosa.

Lo muerdo mientras me pellizco los pezones con cada lametón suyo, después él se tumba a mi lado dejando ver su erecta herramienta lista, gorda, dura, tiesa, me acerco a él haciendo mi cabello a un lado con mi manita al fin tomo su verga en mis manos, acerco mi boca y le paso la lengua por el glande lamiendo en movimientos lentos, el coloca su mano en mi nuca invitándome a tragármela, obediente la cubro de besos y lamidas el empieza a metérmela en la boca en empujones lentos, hasta que emprende un frenético mete y saca de mi cavidad bucal, tomo aire con dificultad y el disminuye la velocidad para dejarme respirar y retomar de nuevo, me saca su gruesa boa de la boca varias veces para macanearme los labios, la cara, el pecho

–me gustas Diana, me gusta como le chupas la verga a este viejito, que rico te la comes, hum, eres mía.

Detengo mi frenética mamada, me recuesto junto a él tomando su poderosa reata en mi manita, lo masturbo mirándolo a los ojos

–¿Esta celoso verdad?

–la verdad es que sí, me contesta, siento que solo juegas conmigo igual que con todos los que te he visto

–y ¿por qué no me ha dicho nada?, Paso mi pulgar por su hongo

–que te puedo decir, mírame, ya estoy viejo

–pero igual aquí está conmigo ¿no?

–Además ¿le digo algo?

–¿Que?

–No puedo dejar de pensar en usted don Genaro, reconozco que es lo más lindo que me ha pasado hasta hoy, neta, ¿lo duda?

–No, me dice plantándome un beso apasionado, mientras sus dedos invaden mi vagina, sobándola, lubricándola, abre mis piernas colocándose en medio de ellas atrayéndome con firmeza y ternura hacia él, tomando mis caderas, mi cuerpo menudito ayuda en cada maniobra que él hace, nos miramos a los ojos mientras el coloca su pito a la entrada de mi vagina, hundiéndose poco a poco en mi sin ninguna protección.

Abro la boca y los ojos desaforadamente al sentirlo entrar lentamente, eso le gusta, cubre mi cuerpo con el suyo poseyendo por completo mi cuerpo joven, firme, perfecto, pero ahora no solo posee mi cuerpo, si no también mi alma rendida por completo a mi dueño.

–Genaro, suspiro a su oído mientras empieza a copularme lentamente, sin prisas, de forma pausada y deliciosa

–¿Te gusta? ¿te gusta Dianita?

–Si, me encanta mi vida, con los brazos tendidos en la cama sintiéndolo, pidiéndole más, mi macho reacciona a las peticiones de su hembra y empieza a bombearme frenéticamente.

–ah, así, lo amo don Genaro

–mi reina, mi diosa, grita

Nuestros quejidos y gritos inundan el ambiente, don Genaro se quiere desprender, pero lo detengo aferrándome a su cuello, el empieza a respirar más agitado se está viniendo dentro de mí, recibo sus espermatozoides gustosa, anhelante, aferrándome a su cuello, hundiendo mi cara en sus brazos, completamente rendida a mi hombre.

Quedamos así exhaustos, el encima de mi por un rato, hasta que desprendiéndose se sale de mí, recostándose a un lado, me arrimo a el, me acorruco en su pecho, nos besamos, alguien pone música a lo lejos.

Desde ese día, no me pierdo ningún partido de él, siempre gritándole que lo voy a llenar de besos si porterea bien y obviamente terminamos besándonos al final de los partidos ante las miradas de todos, haciendo sentir todo un hombre a mi nuevo marido, porque al final me casé con él.

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