La carretera estaba casi vacía y las luces de la ciudad se reflejaban sobre el parabrisas mientras yo conducía en silencio.
El silencio era inusual para nosotros. Pero dadas las circunstancias de lo que había ocurrido… tampoco resultaba extraño…
En el asiento trasero, Ally, nuestra mejor amiga, revisaba el teléfono como si nada hubiera pasado aquella noche.
Como si no hubiera sido testigo de algo capaz de cambiar una relación para siempre.
Llegamos frente a su casa.
Ella guardó el teléfono.
—Bueno, niños… sobrevivan.
Nicole soltó una pequeña risa.
Negué con la cabeza.
—Buenas noches, Ally.
Abrió la puerta del automóvil.
Pero antes de bajarse volvió a asomar la cabeza por la ventana.
—Y hablen.
Su sonrisa se volvió más traviesa.
—Lo digo en serio.
—Ally…
—Háganme caso. No todas las parejas sobreviven a una noche como esta, pero ustedes pueden.
Nicole se sonrojó inmediatamente.
Ally, visiblemente ebria todavía, me señaló con el dedo.
—Deja de hacerte el valiente, admite que te gusta que tu novia sea libre… muy libre… no paaasa nadaaa.
Luego señaló a Nicole.
—Y tú habla. Dile lo que sientes.
Nicole se tapó la cara con las manos.
—Lárgate ya, borracha
—Los quiero mucho también.
Ally abrió la puerta.
—Buenas noches, pervertidos.
—¡Adiós!
Ella soltó una carcajada y desapareció detrás del portón de su casa.
Después de unas risas nerviosas, volví a arrancar.
Y el silencio regresó.
Ninguno habló durante varios minutos. Ambos sabíamos exactamente cuál era la conversación que nos estaba esperando.
Y ninguno parecía encontrar la forma correcta de empezarla.
Cuando llegamos a casa todo se sintió extrañamente normal.
Las llaves sobre la mesa.
Las luces encendiéndose.
Los zapatos abandonados junto a la puerta.
La misma rutina…
Pero, la verdad, algo había cambiado.
Lo sentía en el pecho.
Dejé las llaves sobre el mueble de la entrada. Cuando levanté la vista me di cuenta de que Nicole me estaba observando.
Quizás por primera vez en toda la noche sin distracciones.
Le sonreí.
—¿Qué?
Nicole tardó unos segundos en responder.
—Nada.
—Mentira.
Ella soltó una pequeña risa.
—Te estaba viendo.
—Lo noté. Estoy despeinado?
—No. Estás bastante bien jaja.
Nicole bajó la mirada sonriendo nerviosa.
Por alguna razón aquello me tranquilizó.
Llegamos al cuarto otra vez en silencio, viendo como Nicole buscaba su camisa favorita para dormir en el cajón de ropa.
De espaldas su figura enamoraba.
Su ropa se deslizo por sus caderas definidas en un sonido corto y seco.
Sus pies descalzos,
Sus piernas largas y suaves,
Sus nalgas redondas, grandes, respingonas.
No podía dejar de mirar la ropa interior que traía. Hasta que sus manos llamaron mi atención.
El sostén fue desabrochado con facilidad, en cuestión de segundos y su espalda me incitaba a besarla…
La camisa larga me robo muy rápido el espectáculo y apenas logré ver la forma de sus pezones en la sombra que transmitía…
Ella, en silencio, se sentó en la cama viéndome.
Yo, sin romper contacto visual. Me desnude frente a ella. En parte como si quisiera sentirme deseado por sus ojos.
Me quede con la misma ropa interior y me acomodé a su lado.
Nicole jugueteaba distraídamente con el borde de la camiseta que llevaba puesta.
Yo la observaba.
Esperando.
Ella también parecía estar esperando algo… O reuniendo valor.
Finalmente habló.
—¿Sigues pensando en lo que pasó esta noche?
Solté una risa suave.
—Bueno, si digo que no me vas a llamar mentiroso.
Nicole sonrió.
—Sabes…Yo tampoco dejo de pensar en eso.
El silencio volvió y Nicole bajó la mirada.
—Durante estos días he estado intentando no admitir que me siento atraída a la idea… de estar con otros hombres.
No respondí.
Solo escuché.
—Y creo que parte de mí tiene miedo de lo que pasó en esa fiesta.
—¿Porque te gustó lo que hiciste?
Nicole sostuvo mi mirada.
Y asintió.
Escucharla decirlo en voz alta hizo que todo pareciera más real.
La revelación me generó un sentimiento de adrenalina que no podía esconder.
Nicole notó el bulto que crecía en mi ropa interior. Pero no dijo nada.
—A mí también me gustó, más de lo que esperaba —admití tapando mi erección creciente con las manos.
Nicole parpadeó.
—¿Por qué?
Solté una pequeña risa.
—Estas fantasías mías…
Negué con la cabeza.
—No entiendo por qué quiero cumplirlas. Nunca esperé que en un juego tan tonto como verdad o reto, ibas a terminar besando a ese hombre, en frente de todos, enfrente de mí.
Nicole permaneció observándome.
Como si estuviera intentando reunir el valor para cruzar una línea.
Finalmente tomó aire.
—Diego…
—¿Sí?
—Creo que necesito confesar algo.
Y de repente sentí que toda la conversación acababa de empezar.
Nicole tomó aire lentamente.
—Diego…
—¿Sí?
—Tú crees que sabes todo lo que pasó esta noche.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Y no es así?
Nicole negó con la cabeza.
—No.
El silencio volvió a instalarse entre nosotros.
Por primera vez desde que salimos de la fiesta sentí que iba a decir lo que llevaba guardando desde entonces.
—Cuando me retaron a entrar al cuarto con él, a los 10 minutos en el paraíso… pensé que iba a ser una tontería.
No respondí.
Solo escuché.
—Pensé que iba a entrar, reírme un poco y salir.
Nicole bajó la mirada.
—Pero no pasó eso.
—¿Qué pasó?
Ella jugueteó nerviosamente con el borde de la camiseta, dejando ver un poco de su ropa interior.
—Me sentí diferente.
—¿Diferente cómo?
Nicole tardó varios segundos en responder.
—Más libre…
Aquella palabra volvió a aparecer.
Y esta vez sonó más peligrosa.
—¿Libre?
Asintió.
—Libre de pensar demasiado en lo que diga la gente… de ser impulsiva…
Libre de preocuparme por si estaba haciendo lo correcto.
Libre de ser la Nicole responsable de siempre.
Nicole levantó la vista.
—Y eso me gustó.
Tragué saliva.
—¿Y él te gustó?
Nicole soltó una pequeña risa nerviosa.
—Sí… también me gustó.
Aquello dolió un poco más de lo que esperaba.
Y al mismo tiempo necesitaba escucharlo.
Porque había pedido honestidad.
Y eso era exactamente lo que estaba recibiendo.
—Lo besé con muchas ganas.
La frase cayó entre nosotros.
Simple.
Directa.
—Ya imaginaba esa parte.
Mi erección ya era inútil de ocultar…
Nicole asintió, viendo directamente a mi miembro.
—Sí.
Guardó silencio unos segundos.
—Pero no fue solo eso.
La observé.
Esperando.
—Quería saber qué se sentía.
—¿Qué cosa?
—Que alguien nuevo me mirara
Que me deseara así.
—Y también sabía que tú estabas ahí.
Aquello me hizo fruncir el ceño.
—¿Pensaste en mí?
—Pensaba en lo que estarías sintiendo.
Pensaba en las caras de todos cuando saliera de esa habitación con otro hombre que no era mi novio.
Nicole sonrió nerviosamente.
—Y me gustó.
El silencio volvió.
—Hay más.
Sentí que mi corazón aceleraba.
—¿Qué?
Nicole reunió valor.
—Cuando estábamos encerrados, lo besé con lengua y él besó mi cuello…
Nicole puso su mano en mi pene…
—Me quite la blusa frente a él…
Nicole se puso en frente mío y lentamente levantó su camisa de pijama… exhibiendo sus pechos ante mí.
Sus pezones duros, la luz cálida y su rica forma me excitaban.
Esos pezones los habían visto otros ojos.
—Le pedí que me los succionara… mis pechos…
No respondí inmediatamente.
Simplemente la observé.
Nicole sostuvo mi mirada.
Sin esconderse.
Sin retirarlo.
—Y me gustó que me viera.
La habitación quedó en silencio. Mientras nos mirábamos a los ojos.
Me quité lentamente el bóxer, liberando un pene duro que ella no tardó en estimular.
—Sabes que Ally me dijo en secreto que lo intentará
—Esa Ally
—Me dijo, que ella sabía que te gustaría si yo besaba a ese hombre frente a todos.
—Me miraron todos.
—Y eso te gustó…
—Sí… pero, qué más pasó en ese cuarto
Dije impaciente.
Nicole se quitó su calzón y quedamos ambos desnudos frente al otro.
Su pierna suave y larga, paso sobre mi… mientras su vagina rasurada y suave se deslizaba sin pedir permiso sobre mi pene.
—Uhmmm
—Ahhh
—No pude evitarlo. Quería ver su pene…
Me puse de rodillas con mis pechos al aire y vi su pene.
Era diferente al tuyo.
El tuyo es más grueso…
Pero el de él estaba rico igualmente…
—¿Rico? Pregunté.
—Sí… uhmmm… ah… yo ah…
Nicole hablaba con dificultad mientras la penetraba y sus tetas enrojecidas daban evidencia de otra boca en ellas.
—Lo puse en mi boca…
Lo mame… Estaba rico…
No pude evitarlo…
Ya había llegado tan lejos…
Una vez habíamos hablado de que a ti no te molestaba que yo besara a Ally cuando estaba borracha… pensé que no sería diferente si solo le hacía sexo oral a él.
Nicole gemía cada vez más fuerte mientras sus piernas se abrían más y más ante mis movimientos.
—Ahora sé que estaba buscando excusas porque quería ese pene en mi boca.
—Enseñame cómo lo mamaste
Puse mi dedo en su boca y ella hizo la mímica de sexo oral en el.
Nicole se sentía sobre estimulada, sentía que iba a tener un orgasmo pronto, mientras tenía mis dedos en su lengua y mi pene en su vagina.
Su boca iba de la base se mi mano hasta mis dedos… hasta que un gemido interrumpió el momento.
—Duro, dame duro…
Empecé a darle con fuerza usando sus caderas de apoyo.
–Lo siento tan adentro.
Yo la penetraba con fuerza y los típicos gemidos de mi novia ahora eran gritos, bastante inusuales en nuestra rutina.
—Aaahhh siii… Así…
Su cuerpo se retorció y cayó sobre mí.
Mi pene aún en su vagina ahora hacia movimientos tímidos.
Mi mano acariciaba sus nalgas mientras ella reanudó la historia aun jadeando.
—Lo mame, mi lengua estuvo en toda su verga.
La quería adentro mío pero no quería ir tan lejos…
Mi cuerpo empezó a anunciar que mi orgasmo también estaba pronto.
—Él sabía tan rico…
—¿Te gustaría volverlo a ver?
—Creo… creo que sí…
—¿Solo sería sexo?
—Solo eso… si te niegas, lo entenderé…
—Acepto…
Sus caderas empezaron a hacer movimientos circulares y mi pene ya no aguantaba más…
—Dime la verdad… él se vino
—Sí, lo hice venirse sobre mi…
—Sobre ti
—Sobre mi boca…
Un orgasmo estalló en su vagina…la sensación caliente le anunció a ella que la había llenado de leche…
—Creo que tengo lechita en mi boca y en mi partecita… dijo Nicole
Ella parecía otra persona. Su forma de hablar era… diferente…
Cayó desnuda relajada sobre mí. Mientras mi semen salía de ella en chorros.
—Debemos seguir hablando…
—Sí, dijo Nicole aún relajada.
—Te propongo un trato…
Nicole me miró con curiosidad…
—Te dejaré tener sexo con él… pero antes déjame procesar esto…
—No haré nada hasta que lo pidas
—Esta relación… no ha tenido limites muy claros desde el inicio… En parte me gusta la libertad que tenemos, pero siento que podríamos estar en problemas si no pensamos.
Nicole reaccionó con sorpresa.
—Escuchar eso es nuevo en ti…
Ambos nos miramos y reímos.
—Haz lo que tengas que hacer, me diste permiso de explorar sin barreras. Tú también puedes hacerlo.
—Gracias amor…
La noche transcurrió tranquila.
Pensamientos iban y venían.
Por primera vez desde la fiesta sentía que Nicole y yo habíamos sido completamente honestos.
No teníamos respuestas.
Tampoco reglas demasiado claras.
Pero al menos habíamos dejado de fingir que nada había cambiado.
Muchas cosas habían pasado desde que ese día en la piscina pensé… “me gusta la atención que recibe mi novia”.
Nicole seguía desnuda apoyada sobre mí. Sus glúteos grandes, redondos y su cuerpo suave se sentían tan embriagadores.
La vi a los ojos, sus ojos grandes, color café claro, que parecían de miel y que se veían tan inocentes.
La bese.
Con ganas.
Como si estuviéramos reconciliándonos.
Los besos se empezaban a poner apasionados cuando una notificación iluminó la pantalla de su teléfono.
Nicole sonrió inmediatamente.
—Es Ally.
—Ella nunca trae nada bueno.
Nicole soltó una pequeña risa.
Abrió la conversación.
Ally: ¿Siguen vivos o ya se divorciaron?
Nicole negó con la cabeza.
—Es imposible tomársela en serio.
Escribió una respuesta.
Apenas unos segundos después llegó otro mensaje.
Nicole leyó en silencio.
Y volvió a sonreír.
—¿Qué dice ahora?
—Que sabía que terminaríamos hablando.
—Eso era bastante obvio.
Nicole dudó unos segundos.
Luego escribió algo.
Esperó.
Y volvió a mirar la pantalla.
—¿Qué pasa?
Nicole levantó la vista.
—Me preguntó si quería el número de ese chico que bese…
Era una decisión.
El teléfono vibró.
Ally: Sé que ambos desean esto. No lo hagamos más difícil.
Nicole puso los ojos en blanco.
Otro mensaje apareció inmediatamente.
Ally: Si vas a descubrir quién eres, hazlo de verdad. No te escondas. Tu novio te adora y además yo lo conozco bien, experimenten juntos… ¡Y me cuentan el chisme!
Nicole permaneció observando la pantalla unos segundos.
—No puedo creer a esta tonta
—Yo menos… Ella tal vez sabe demasiado de nosotros y nuestra relación.
—Sabes, una mejor amiga debe saberlo todo, pero mis secretos en manos de Ally no se sienten seguros. Vaciló.
Nicole, se puso de rodillas en la cama mientras contestaba los mensajes.
Sus piernas descansaban abiertas con naturalidad, las caderas apoyadas sobre sus pantorrillas y la espalda perfectamente recta.
La luz cálida de la habitación dibujaba cada curva de su figura.
Yo la observaba en silencio.
Y por un momento me pregunté cuántas personas realmente veían a Nicole.
No la versión amable.
No la versión tímida.
No la versión dulce que sonreía cuando alguien le hacía un cumplido.
A Nicole.
La real.
Su cabello oscuro caía ligeramente húmedo sobre los hombros y enmarcaba un rostro que siempre me había parecido imposible de olvidar.
Tenía facciones suaves.
Una nariz pequeña.
Labios llenos.
Y unos ojos grandes que muchas veces transmitían más emociones de las que ella era capaz de decir en voz alta.
Era hermosa.
Nicole era de esas personas que parecían volverse más bonitas cuanto más tiempo las mirabas.
Mi mirada descendió por su cuello.
Por la línea delicada de sus clavículas.
Por sus hombros.
Por la forma en que su postura hacía que todo su cuerpo pareciera elegante incluso en la intimidad de nuestra habitación.
Sus pechos llamaban la atención inmediatamente.
Redondos.
Llenos.
Proporcionados con el resto de su figura.
Sus pezones, eróticos.
Ella tiene la clase de curvas que parecían desafiar la idea de que alguien pudiera verse inocente con ellas.
Y sin embargo ahí estaba la contradicción.
Mi vista siguió bajando.
Su cintura era estrecha.
Marcada sin exageración.
Lo suficiente para que sus caderas parecieran todavía más pronunciadas.
Aquellas caderas eran probablemente una de las cosas que más me gustaban de ella.
No porque fueran enormes sino porque tenían una forma natural.
Suave.
Femenina.
La clase de silueta que hacía que cualquier vestido pareciera diseñado específicamente para ella.
Su vagina.
Rasurada.
Suave.
Las piernas seguían la misma lógica.
Largas.
Firmes.
Con esa mezcla entre suavidad y definición que aparecía en alguien que se cuidaba sin obsesionarse con ello.
Incluso sentada podía notarse.
Incluso inmóvil.
Y cuando se movía era peor.
Nicole no era consciente de lo sensual y hermosa que ella era.
Tal vez recién estaba empezando a descubrirlo.
El teléfono vibró.
Ella sonrió mientras escribía una respuesta.
Y aquel gesto sencillo terminó llamando más mi atención que cualquier otra cosa.
Su cuerpo podía atraer miradas en cualquier lugar y ese hecho me gustaba.
Ella seguía reaccionando a los mensajes de Ally con la misma sonrisa tímida de siempre.
Como si no fuera consciente de la tormenta que acababa de provocar en mi cabeza.
—¿Qué? —preguntó sin levantar la vista del teléfono.
Sonreí.
—Nada.
Nicole finalmente alzó la mirada.
Esa sonrisa apareció inmediatamente.
—Mentiroso.
No supe qué mas hablaron ellas… pero sé que después de un tiempo apareció un contacto nuevo enviado por Ally
Nombre.
Número.
Una posibilidad.
Apagó el teléfono lentamente.
Y por primera vez desde la fiesta pareció entender que aquella puerta ya estaba abierta.
Ella siempre fue tan reservada, estaría dispuesta a explorar… a conocer una versión nueva de ella misma.
A mi lado, yo también tomé mi celular.
Busqué una conversación que llevaba meses sin abrir.
Malena.
Una vieja amiga.
Probablemente la única persona que conocía capaz de escuchar toda aquella historia sin juzgarme.
La única que tal vez entendería por qué una parte de mí estaba tan confundida.
Y tan curiosa.
Escribí un mensaje.
“Necesito hacerte una pregunta extraña.”
La respuesta llegó casi de inmediato.
“Las preguntas extrañas suelen ser las interesantes.”
No pude evitar sonreír.
“Creo que estoy descubriendo cosas sobre mí que no entiendo.”
Los tres puntos aparecieron en la pantalla.
Desaparecieron.
Volvieron a aparecer.
Finalmente llegó una respuesta.
“Perfecto.”
Fruncí el ceño.
“¿Perfecto?”
“La gente interesante siempre empieza las conversaciones así.”
Me reí por lo bajo.
Entonces llegó otro mensaje.
Más corto.
Más simple.
“Te digo algo inesperado. Ven mañana a mi casa.”
Me quedé observando la pantalla.
Desvíe la mirada y vi a Nicole observándome, aún desnuda.
Ella examinó mi cuerpo.
Mis piernas fuertes, mi pene largo en reposo.
Mi vientre definido levemente
Mi estómago trabajado,
Mi abdomen…
Mi cara sonriéndole con descaro.
Había deseo mutuo. Pero la idea de explorar se sentía tentadora para ambos.
Nicole ya tenía el número de un hombre que apenas conocía.
Y yo acababa de aceptar una invitación que no terminaba de comprender.
Dos mensajes.
Dos decisiones.
Dos caminos nuevos.
Y la sensación de que la verdadera historia apenas estaba comenzando.
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