La soledad de Fabiola

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T. Lectura: 10 min.

El silencio en la casa era absoluto, solo interrumpido por el eco lejano de algún pájaro que revoloteaba en los jardines. Fabiola dejó caer las llaves sobre el mármol del recibidor con un sonido cristalino que resonó en los techos altos, vacíos. Andrés estaba en Silicon Valley (San Francisco) cerrando negocios, Muriel había volado a Madrid para reencontrarse con viejas amistades, y su hija… su adorada hija estaba pasando unos días de mimos con los abuelos en la finca de campo.

Estaba sola. Completamente, gloriosamente sola.

Se quitó la ropa con un suspiro de alivio. Doce horas en la clínica, entre consultas ginecológicas y partos, habían dejado su cuerpo tenso pero su mente… su mente estaba en otra parte. Esa tensión que sentía entre los muslos no era solo fatiga. Era algo más antiguo, más primitivo, más urgente.

—Necesito esto —murmuró para sí misma, sirviéndose una copa generosa de Cabernet Sauvignon en la cocina moderna y espaciosa de su casa.

El vino tinto oscuro giró en la copa mientras se dirigía al baño principal del segundo piso. Allí, frente al espejo de cuerpo entero, se detuvo para contemplarse. Cuarenta años, el cuerpo de una mujer que se cuidaba, que se amaba, que conocía cada centímetro de su anatomía. Morena, de facciones hermosas, cintura delgada que se abría en caderas generosas, un culo redondo, firme y perfecto que hacía suspirar a quienes lo veían, pechos medianos pero con pezones que ahora, apenas excitada, ya asomaban tensos contra la tela de su sostén.

Se desabrochó la blusa lentamente, dejando que sus propias manos acariciaran la piel que iba descubriendo. Los dedos rozaron sus clavículas, bajaron por el valle entre sus senos, se detuvieron en la hebilla de su falda. Se desvistió con una deliberada lentitud, convirtiendo cada gesto en una caricia propia, en una adoración de su propio templo.

La falda cayó al suelo. Las bragas de encaje negro siguieron. Se quedó solo con el sujetador, el reflejo mostrando una mujer de curvas generosas, piel morena iluminada por la luz del atardecer que entraba por la ventana.

—Te deseo —se dijo al espejo, y la mujer del reflejo sonrió con complicidad.

El jacuzzi de la terraza ya estaba preparado, el agua burbujeante a treinta y ocho grados, el vapor elevándose en la fresca tarde/noche santiaguina. Fabiola se deshizo de del sujetador y se sumergió con un gemido de placer que resonó en el jardín vacío. El calor la envolvió, las burbujas masajeaban su espalda, sus muslos, rozaban apenas su sexo ya húmedo de anticipación.

Tomó un trago de vino. El líquido caliente bajó por su garganta mientras cerraba los ojos, dejándose flotar. Su cuerpo de médica mantenía una disciplina envidiable, pero ahora no pensaba en medicina. Pensaba en placer. En su juramento que le había hecho a Andrés, en que ningún hombre la penetraría salvo él, pero si podía jugar, provocar, exhibirse. Eso la excitaba.

Sus manos bajaron por su vientre plano, rozando el monte de Venus depilado, y encontraron su sexo ya palpitante. Los dedos índice y medio se deslizaron entre sus labios mayores con una suavidad experta, frotando de arriba abajo, sintiendo cómo su clítoris despertaba bajo el agua caliente.

—Mmm… —gimió, arqueando la espalda contra el borde del jacuzzi.

Tocó su clítoris, lo apretó suavemente entre los dedos, sintió cómo salía de su capucha, hinchado, grande, palpitante de sangre. Se empezó a humedecer más, el propio lubricante mezclándose con el agua. Frotó más rápido, sus caderas moviéndose solas, buscando fricción.

Metió dos dedos curvados hacia arriba, encontrando sin esfuerzo su punto G, esa zona rugosa que sabía exactamente cómo acariciar. Se agitó en el agua, las burbujas golpeando su cuerpo desnudo como miles de dedos invisibles, sus gemidos resonando en el jardín privado.

—¡Dios…! —gritó cuando el orgasmo la tomó, violenta, haciendo que sus piernas se tensaran y su espalda se arqueara completamente fuera del agua, sus pechos expuestos al aire fresco.

Se quedó flotando, jadeante, el cuerpo temblando con las contracciones del placer. Terminó su copa de vino con manos aún temblorosas y salió del jacuzzi, el agua cayendo en cascada por sus curvas morenas.

Pero no estaba satisfecha. La masturbación solo había exacerbado su hambre.

Se envolvió en una bata de toalla blanca, dejando que el tejido absorbente rozara sus pezones aún sensibles, y tomó su portátil. La gran cama king size del dormitorio principal la recibió como un trono de lujuria, y se recostó con las piernas ligeramente abiertas, la toalla apenas cubriéndola, dejando ver la curva de sus pechos y la sombra de su sexo.

Encendió el equipo y accedió a su cuenta personal, aquella donde recibía mensajes de lectores y amigos virtuales. Como escritora ocasional de relatos eróticos en una página especializada donde compartía pasajes íntimos de su vida sexual, su bandeja de entrada se había convertido en un festival de deseos ajenos.

Cincuenta y tres mensajes nuevos. La mayoría contenían fotos de penes erectos, algunos bonitos, la mayoría ordinarios. Una que otra vagina abierta y jugosa. Fabiola los revisó con ojo clínico pero sin excitación real. Los penes ni las vaginas por si solas nunca la habían encendido; necesitaba contexto, historia, alma, juego.

Pero luego abrió el chat. Seis amigos conectados.

Su sonrisa se dibujó lenta, sensual, cuando vio los nombres.

Roberto de Lima, Perú. Tímido, tierno, pero con una imaginación que ella sabía explotar. Le gusta calentarse rápido, aunque es poco juguetón.

Facundo de Maldonado, Uruguay. El nombre le provocó un escalofrío. Caliente, pervertido, directo. Exactamente lo que su cuerpo pedía a gritos.

Y Valeria de Barranquilla, Colombia. Su amiga, su cómplice, esa mujer guapa y extremadamente sensual con quien había compartido orgasmos virtuales en más de una ocasión.

Fabiola sonrió, sus dedos ya jugueteando bajo la toalla mientras decidía por dónde empezar. Los tres la veían conectada. Los tres la deseaban. Y ella… ella jugaría con los tres sin que ninguno supiera de los otros.

Tomó su celular, asegurándose de que la cámara estuviera limpia, y comenzó el juego.

Chat privado – Roberto:

Roberto: Fabiola… estás aquí. Qué bueno verte. Pensé que hoy no aparecerías.

Fabiola: (sonrisa perezosa) Hola, Roberto. Acabo de llegar. Doce horas en la clínica… estoy agotada pero también… inquieta.

Roberto: ¿Cómo estás? ¿Cansada? ¿Necesitas hablar?

Fabiola: Cansada, sí. Pero mi cuerpo pide otra cosa. Acabo de salir del jacuzzi. Estoy en mi cama ahora… con una toalla apenas puesta.

Roberto: (Se ajusta en la silla) ¿Una toalla? ¿Estás… desnuda debajo?

Fabiola: Completamente desnuda. Mi piel aún está húmeda del agua caliente. Puedo sentir cómo la toalla absorbe la humedad… rozando mis pezones cada vez que respiro. Están duros, Roberto. Tan duros que duelen.

Roberto: Dios… Fabiola… estás matándome. Estoy en casa, trabajando, pero ya estoy tenso solo de imaginarlo.

Fabiola: ¿En tu casa? ¿Estás solo?

Roberto: Mi pareja está arriba, en el segundo piso. Tengo que tener cuidado… pero no puedo evitar escribirte.

Fabiola: Me excita que estés así… a escondidas… con ella arriba y tú abajo pensando en mí desnuda… masturbándote en secreto… con tu polla dura mientras trabajas…

Roberto: Para que sepas, estoy muy cómodo, solo con un polo y short, sin nada debajo. Estoy empezando a ponerme duro… tengo que ser discreto.

Fabiola: ¿Duro, Roberto? ¿Cuánto tiempo llevas así? ¿Desde que viste mi nombre conectado?

Roberto: Desde antes. Desde que me desperté y pensé en ti. En tus manos… en cómo deben saber tocar…

Fabiola: Mis manos saben mucho, Roberto. Saben encontrar el punto exacto, la presión perfecta, el ritmo que hace perder la cabeza. Ahora mismo están bajo esta toalla… acariciando mis muslos… subiendo lentamente… rozando mi sexo… estoy tan húmeda…

Roberto: Estoy metiendo la mano bajo el short… está totalmente parado… goteando…

Fabiola: Sigue tocándote… imagina que mis manos son las tuyas… que estoy ahí contigo… acariciándote bajo el short… chupándote en silencio para que ella no escuche…

Roberto: Me la estoy jalando más rápido… estoy viendo tu foto de perfil en la pantalla… imaginando tu boca… tu lengua…

Fabiola: La toalla se está abriendo… estoy dejando ver mis pechos… mis pezones están tan erectos… me los estoy pellizcando… me duelen… me gusta el dolor…

Roberto: Está muy parado… mi mano está bajo el short… acariciándome… estoy goteando… estoy tan duro…

Fabiola: Quiero que me muestres. Quiero ver esa polla dura. Tómate una foto con el celular… muéstrame lo que tienes…como estás de caliente.

Roberto: (envía foto)

La imagen mostraba la pantalla del computador visible al fondo con el chat de Fabiola abierto, y en primer plano, su polla erecta saliendo por la cintura del short, roja, tensa, goteando, su mano agarrándola por la base, los dedos manchados de humedad, la punta brillante y palpitante.

Fabiola: Eso es hermoso… estás tan duro… tan rojo… me hace agua la boca… quiero que sigas tocándote… pero cuando estés a punto de correrse… me avisas….te tengo preparada una sorpresa…

Roberto: ¿Qué sorpresa? Dime…

Fabiola: Algo muy exquisito… algo que te hará explotar… pero debes esperar… aguantar para mí…

Roberto: Estoy temblando… me la estoy jalando bajo el short… estoy al borde…

Fabiola: Espera… aguanta… todavía no…

Chat privado – Facundo:

Facundo: Te estaba esperando, doctora. Sabía que hoy era tu día de clínica. Siempre llegas caliente.

Fabiola: (acariciándose los pezones) Me conoces demasiado bien.

Facundo: ¿Dónde estás? ¿Cómo estás vestida?

Fabiola: Estoy en mi cama. Desnuda bajo una toalla. Recién salida del jacuzzi. Me masturbé pero no fue suficiente. Necesito más. Necesito que me hagas venir sin piedad.

Facundo: No me digas eso Fabiola. Estoy empalmado desde que vi tu nombre. Acabo de salir de la ducha, estoy desnudo, el agua aun goteando por mi cuerpo. Mi polla está dura, palpitante, goteando.

Fabiola: Quiero ver eso. Quiero ver tu cuerpo. Envíame un video…

Facundo: (envía video (12 segundos))

El video mostraba a Facundo completo, desde la cara hasta los pies. Un hombre de barba oscura, ojos profundos, sonrisa perversa. Hablaba directo a la cámara: “Mírame, doctora. Mira lo duro que estoy por ti. Quiero metértela toda. Quiero llenarte hasta que grites.” Y en el centro, su mano agarrando su polla erecta, gruesa, de buen tamaño, la punta brillante de humedad, las gotas de presemen goteando por el glande mientras la acariciaba lentamente.

Fabiola: (envía video (10 segundos))

El video mostraba sus pechos desde el cuello hacia abajo, sin mostrar su rostro. La toalla corrida, los pezones erectos, duros como guijarros, la piel morena brillante. Sus manos pellizcaban los pezones, tiraban de ellos, los hacían rodar entre los dedos. Solo se escuchaban sus suspiros entrecortados, sus gemidos suaves de placer.

Facundo: ¡Qué bárbaro!… esos pezones… quiero mordértelos. Quiero pellizcarte hasta que grites. Envíame más…

Fabiola: (envía video (10 segundos))

Un primer plano extremo de sus pezones, erectos, contraídos, la textura de la aureola visible, la piel de gallina alrededor. Sus dedos los apretaban, los soltaban, los volvían a apretar. Los gemidos eran más fuertes, más urgentes, casi gritos ahogados.

Facundo: Estoy acariciándome… estoy duro como una roca… quiero verte más abajo…

Fabiola: (envía video (10 segundos))

El video mostraba su vagina, la toalla completamente abierta, sus dedos separando los labios mayores, mostrando el interior rosado, húmedo, brillante. Su clítoris asomaba hinchado, fuera de su capucha, grande, palpitante. Los dedos lo rozaban, lo acariciaban en círculos. Los gemidos eran claros, húmedos, el sonido de su humedad audible junto a sus suspiros.

Facundo: Estás perfecta… estás toda abierta y mojada… estoy acariciándome. Quiero verte usar algo…

Fabiola: Mira lo que tengo…

Mostró Un dildo grande, negro, realista, con venas prominentes.

Fabiola: (envía video (10 segundos))

El video mostraba el dildo rozando su entrada, sus labios húmedos recibiéndolo, estirándose alrededor de la gruesa punta. Su mano lo empujaba lentamente hacia adentro, entrando centímetro a centímetro, su vagina tragándolo, húmeda, apretada. Los gemidos eran largos, profundos, de placer intenso, de estiramiento, de plenitud.

Facundo: Che, me vas a matar… estoy acariciándome… mirando tu video… estoy duro como una roca… quiero ver cómo te lo metes…

Chat privado – Valeria:

Valeria: Hola, hermosa. Te vi conectada. ¿Estás sola?

Fabiola: Con los dedos húmedos Valeria… estoy… estoy jugando…

Valeria: ¿Con quién? ¿O estás sola?

Fabiola: Estoy sola en mi cama… pero estoy tan excitada… necesito una mujer… necesito tu suavidad… tu lengua…

Valeria: Muéstrame. Quiero ver ese cuerpo que me vuelve loca.

Fabiola: (envía video (10 segundos))

El video mostraba sus pechos de nuevo, esta vez con los pezones pellizcados, rojos, erectos, la piel morena brillante de sudor. Sus manos se masajeaban los pechos, los apretaban, los ofrecían a la cámara. Los gemidos eran de anticipación, de necesidad.

Valeria: (envía video (15 segundos))

El video mostraba a Valeria completa, su rostro hermoso sonriendo a la cámara, sus ojos oscuros de lujuria. Hablaba directo a Fabiola: “Mírame, putita. Mira lo mojada que estoy por ti. Quiero lamerte toda. Quiero chupar tu clítoris hasta que me supliques que pare. Quiero meterte los dedos en esa cuca apretada que tienes mientras te penetro el culo con mi lengua.” Sus pechos grandes con pezones oscuros y erectos, su mano entre sus piernas moviéndose lentamente.

Fabiola: (envía video (10 segundos))

El video mostraba su vagina abierta, los dedos separando los labios, mostrando la humedad brillante, el clítoris hinchado, grande, salido completamente de su capucha. Los dedos entraban y salían, húmedos, brillantes, el sonido de la fricción audible. Los gemidos eran más altos, más urgentes, de desesperación.

Valeria: (envía video (18 segundos))

El video mostraba la vagina de Valeria, sus labios carnosos, húmedos, abiertos, mostrando el interior rosado, brillante de lubricación. Sus dedos se metían profundo, salían húmedos, volvían a entrar. Su cara aparecía sonriendo, lamiéndose los labios. “Estoy tan húmeda, mi amor. Estoy pensando en ti. En cómo sería chuparte mientras te metes ese juguete en la cuca. En cómo te convulsionas cuando llegas. Quiero verte llena, mi amor. Quiero verte doblemente llena.”

Chat privado – Facundo:

Fabiola: (envía video (10 segundos))

El video mostraba el dildo entrando y saliendo de su vagina, sus labios estirándose alrededor de la gruesa intrusión, su mano moviéndolo con ritmo, entrando profundo, saliendo casi completamente, volviendo a entrar. El sonido de la humedad era evidente, los gemidos agitados, acompasados a cada embestida, de placer intenso.

Facundo: Me estoy haciendo una paja mirando tu video… estoy duro como una roca… quiero verte más llena… quiero ver tu culo…

Fabiola: (envía video (10 segundos))

Mostraba el plug anal de silicona negra, mediano, rozando su entrada anal, sus nalgas separadas con las manos, mostrando su entrada contraída, el dildo aún visible en su vagina. Los gemidos eran de anticipación, de deseo, de pequeños gemidos de “sí, sí…”

Facundo: Por Dios… ¿vas a ponértelo? Estoy tan caliente que me vas a matar… estoy viendo tus dos agujeros…

Fabiola: (envía video (10 segundos))

El video mostraba el plug entrando lentamente en su ano, su entrada estirándose, abriéndose, recibiéndolo. Su mano lo empujaba, entraba más, hasta que la base quedó asentada. Luego mostraba ambos orificios llenos, el dildo en la vagina, el plug en el ano, ambos visibles, húmedos, brillantes. Los gemidos eran profundos, guturales, de plenitud extrema, de “estoy tan llena…”

Facundo: “Mirá eso che… lo tenés todo dentro… me va a dar algo… me estoy pajeando más rápido… no aguanto más… me voy a venir…”

Chat privado – Valeria:

Valeria: Estás tan llena… eso me vuelve loca… quiero verte usar el vibrador también… quiero verte completamente llena… triple placer…

Fabiola: (envía video (10 segundos))

Mostraba el vibrador conejo rosa encendido, rozando su clítoris hinchado, mientras el dildo seguía en su vagina y el plug en su ano. Su cuerpo se convulsionaba, las piernas temblaban, los gemidos eran de agonía y éxtasis, de sobrecarga sensorial, gemidos altos, desgarrados.

Valeria: (envía video (20 segundos))

El video mostraba a Valeria usando un consolador de doble penetración, una punta en su vagina, otra más pequeña en su ano, moviéndose con ritmo frenético, su cara hermosa contorsionada de placer, sus pechos rebotando, su boca abierta en gemidos. “Vente conmigo, Fabiola. Vente ahora. Estoy tan cerca. Siente cómo me contrae. Cómo grito tu nombre. Fabiola… Fabiola…”

Chat privado – Roberto:

Roberto: Fabiola… estoy al borde… me la estoy jalando bajo el short… mi polla está roja… estoy goteando mucho… estoy viendo tu foto de perfil en la pantalla… estoy tan cerca… no aguanto más…

Fabiola: Prepárate… aquí está tu sorpresa…

Fabiola: (envía foto)

La imagen mostraba su vagina completamente abierta, los labios separados con los dedos, mostrando el interior rosado, húmedo, brillante, listo para recibirlo. El plug aún en su lugar, visibles en su ano, pero el foco era su entrada vaginal, abierta, acogedora, esperando.

Roberto: ¡Dios! ¡Estoy llegando! ¡Me voy a venir! ¡Ahora!

Fabiola: ¡Vente Roberto! ¡Vente imaginando que estás dentro de mí! ¡Que me estás llenando! ¡Que estás eyaculando dentro de mi vagina!

Roberto: (envía video (10 segundos))

El video mostraba a Roberto acelerando frenéticamente, su mano borrosa, su polla roja, y en el fondo la pantalla del portátil con la foto de Fabiola abierta. Su semen brotó en arcos blancos que cayeron sobre su mano, su vientre, salpicando el teclado, mientras gemía bajito, tratando de no hacer ruido: “Fabiola… estoy dentro tuyo… me estoy corriendo…”

Chat privado – Facundo:

Facundo: ¡Me estoy corriendo! ¡Mírame!

Facundo: (envía video (25 segundos))

El video mostraba a Facundo acelerando desenfrenadamente, su mano borrosa de velocidad, su polla roja, su cara mostrando el éxtasis absoluto, hablando: “Me voy a venir, doctora. Me voy a venir viendo cómo estás llena. Quiero llenarte yo. Quiero ser yo el que esté en tu vagina, en tu culo. Fabiola… Fabiola…” Y luego el semen brotó en arcos blancos que cayeron sobre su vientre, su mano, su muslo, mientras gruñía el nombre de Fabiola con voz ronca, animal, largamente.

Fabiola: (envía video (10 segundos))

El video mostraba su cuerpo convulsionándose, los tres juguetes aún en su lugar, su mano moviendo el vibrador frenéticamente, sus gemidos de “sí, sí, corrámonos todos… córranse…” altos, desgarrados, de orgasmo inminente.

Chat privado – Valeria:

Fabiola: ¡Valeria! ¡Ahora!

Valeria: (envía video (22 segundos))

El video mostraba a Valeria convulsionándose, su cuerpo arqueado, el consolador de doble penetración hundido profundo en su vagina y su ano, su cara hermosa mostrando el éxtasis absoluto, su boca abierta en un grito: “¡Fabiola! ¡Me vengo! ¡Vente conmigo, putita hermosa! ¡Ahora!” Su cuerpo temblando incontrolablemente, sus piernas tensas, sus pechos rebotando.

En su habitación, Fabiola se convulsionó, el orgasmo tomándola con violencia, sus músculos internos contrayéndose alrededor del dildo y el plug, su clítoris palpitando contra el vibrador. Gritó, un sonido largo, ronco, animal, mientras su cuerpo se sacudía en la cama, imaginando que los tres la veían, que los tres llegaban con ella en ese momento exacto.

Se quedó jadeante, el vibrador aun zumbando entre sus piernas, los ojos vidriosos, el cuerpo cubierto de sudor, los tres orificios pulsando con las contracciones del placer, los juguetes aún dentro de ella, húmedos, brillantes.

En tres ventanas diferentes, tres personas jadeaban también, satisfechas, sin saber que habían compartido el momento exacto con otros.

Facundo: ¡Que salado che!… eso fue… increíble… estoy sin aliento… estoy cubierto de semen…

Fabiola: jadeando Increíble…

Valeria: Maravilloso… llegamos juntas… estoy temblando todavía… estoy tan mojada… mi cama está empapada…

Roberto: temblando Eso fue… intenso… me vine tan fuerte… estoy limpiando el semen del teclado… de mi mano… tu foto… fue demasiado… imaginé que me corría dentro de ti… que te llenaba de mi semen…

Fabiola sonrió, se despidió cariñosamente de cada uno de ellos cerrando las ventanas, dejando a cada uno en la dulzura de la euforia, dejándolos con la sensación de que su corrida había sido única y especial.

Se quedó mirando el techo, el plug aún en su lugar, el dildo aún dentro de ella, el vibrador apagado a su lado, el cuerpo brillante de sudor y placer, las sábanas mojadas debajo de ella.

Sonrió. Estaba sola, sí, pero nunca solitaria. Tenía su cuerpo, su mente, sus amigos virtuales que jugaban sin saber que compartían su atención, y pronto tendría a Andrés de vuelta, para contarle cada detalle, para que él la tomara con la furia que solo él podía darle, para sentir su semen llenándola donde otros solo podían imaginar.

Pero eso sería mañana. Ahora, Fabiola cerró los ojos y se dejó llevar por el sueño, desnuda, satisfecha, llena, una mujer completa en su lujuria.

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