Mi tía y mi prima me dan la mejor noche de mi vida (2/3)

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Mi tía Vanessa y yo tratamos de mantener las apariencias y creo que tuvimos éxito. No siempre hacíamos el amor, sino dos o tres veces por semana. Como ella no quiso empezar a tomar anticonceptivos, me hacía usar condones pero casi siempre me dejaba terminar en sus pechos o en sus nalgas, incluso en su boca. Por otro lado, la relación con mi prima Jackie también tomaba rumbos eróticos.

Después de aquel beso las cosas fueron escalando: cada vez que podíamos -sobre todo cuando salíamos a algún bar para evitar que mi tía viera- nos besábamos con pasión, ya le había agarrado las tetas, incluso en las había mostrado, esos pequeños pechos de mujer reciente que me encantaban y que nada tienen que ver con las enormes y suaves montañas de mi tía, incluso ya los había probado, al igual que su coñito. Me encantaba su sabor de hembra joven y hubiera dado todo por decirle que gemía igual que su madre cuando gozaba de los orgasmos que yo les provocaba a ambas.

Al fin un viernes mi tía decidió salir de la ciudad con sus amigas. Ella era una mujer que supo mantener sus amistades de la juventud y tenía un círculo social muy activo. Por mucho que disfrutara enredándose conmigo en su cama, siempre tenía tiempo para sus amigas así que ese fin se fue con ellas a San Miguel de Allende. Jackie y yo teníamos la casa y tres días para nosotros. El viernes y el sábado en realidad no pasó gran cosa, salimos con su grupo de amigas, quienes ya sabían que Jackie y yo estábamos involucrados, y la pasamos de maravilla bailando y bebiendo. Fabiola llevó a su cornudo novio pero como yo les caía mejor, nadie le dijo nada y él no sospechaba que yo ya había tenido el place de terminar adentro de su novia.

El caso es que al volver a casa, Jackie y yo íbamos bastante borrachos y no pudimos hacer gran cosa más que besarnos y quedarnos dormidos desnudos en mi cama. Yo intenté penetrarla pero ella no reaccionó y me pareció incorrecto aprovecharme de ella. Horas después, ya casi cuando amanecía, desperté con la sensación de Jackie dándome una mamada, pero estaba tan cansado que mejor le pedí que nos volviéramos a dormir.

Así pasó en ambos días de fiesta.

Finalmente, el domingo por la mañana nos despertamos con ganas de coger pero primero fue necesario curarnos la resaca. Tomamos un clásico Alka Seltzer Boost, Gatorade y pedimos barbacoa por una app de delivery. Sintiéndonos mejor, decidimos meternos a bañar juntos. La experiencia fue muy tierna. Pude enjabonar el diminuto cuerpo de mi prima. También me estaba enamorando de mi prima. Si mi tía Vanessa era una mujer deseable, abnegada e incluso un poco sumisa que no me provocaba más que el deber de protegerla y complacerla a toda costa, con Jackie, la fuente de mi amor era su personalidad extrovertida, soñadora e incluso un poco ingenua.

Todo lo que hacía era con la misma pasión, desde el examen de admisión a la facultad de veterinaria hasta la manera en que me besaba. Su juventud extrema también era muy atractiva. Amaba a ambas mujeres y cada día me despertaba con la firme decisión de hacerlas felices mientras fuera posible. En eso pensé mientras enjaboné a mi prima: su cuello, sus pechitos, su abdomen, sus axilas. Incluso su culito. Con cada caricia ella suspiraba, usando la espuma como lubricante para masturbarme. Terminamos el erótico baño y tras secarnos, nos fuimos de nuevo a mi cuarto para ver películas y descansar, ya que aún estábamos bajo los efectos secundarios de la ingesta de alcohol.

Sólo nos pusimos bóxers y bragas respectivamente y nos acostamos a disfrutar de un día de pelis y comida chatarra.

—¿Quieres ver Crepúsculo?

—No, es terrible, ¿por qué no vemos Jurassic Park?

—Es demasiado larga.

Al final acordamos ver una comedia de Adam Sandler para pasarla bien. Al terminar la película, yo pregunté:

—Bueno, ¿Y ahora qué quieres hacer?

Ella me lanzó una mirada llena de lujuria inocente, si es que algo así podría existir, la misma mirada que me lanzaba en los bares o los viernes por la noche antes de acostarse. No tuvo que decir nada más y comencé a besarla toda, concentrándome un buen rato en sus pechitos tan hermosos. Aquellos bultos diminutos tenían el mismo efecto erótico en mí que las potentes mamas de mi tía, de verdad estaba enamorado de ambas mujeres. Le quité sus braguitas y le comí el coño.

—Ay, ay, ay, primito, qué rico me comes la panocha.

—Todo sea por consentir a mi prima favorita.

—Sigue, por favor, me quiero venir en tu cara.

—Sí, primita, hazlo, disfruta.

Se vino mucho más rápido que mi tía cuando le comía el coño. Después de sus espasmos, me coloqué sobre ella, con mi mástil amenazando con entrar a su vagina. Tenía el monte de Venus depilado, dándole un aire más juvenil todavía. Los contrastes entre mis dos amantes, que además eran madre e hija, era lo que me volvía loco: tenía acceso a lo mejor de lo mejor. Una hembra madura lista para darle lo mejor al hombre que la amara de nuevo y una chica que acababa de llegar a la adultez y se entregaba con pasión por vez primera al cabrón dispuesto a guiarla por las sendas del placer.

Rocé mi glande contra su clítoris y ella dio un respingo.

—Ay no, primito, así no, así no. Ponte un condón por favor.

—Ay, prima, ¿un condón? Pero si somos familia, hay confianza.

—No, lo siento, primo, mi amor, todo tiene que ser con protección, podrías preñarme, además, déjame decirte que Fabiola es toda una puta y no sé si te la cogiste a pelo. A veces su novio me da algo de pena…

Tenía razón en estar preocupada, ya que ignoraba si a Fabiola me la había cogido a pelo o si nos habíamos cuidado. Como ya he descrito, al no ir preparado a ese fin en Cuernavaca, se la dejé ir a pelos y hasta terminé dentro de ella.

La situación no me preocupó hasta que empecé a cogerme a mi tía Vanessa y el recuerdo de irresponsabilidad comenzó a agobiarme. Por fortuna, las pruebas que me hice al día siguiente salieron todas negativas, pero no podía darle esa explicación a Jackie así que de momento, acepté.

—Está bien, prima —le dije dando un lengüetazo a su pezón izquierdo, el más sensible. —¿Tienes condones?

—Voy por ellos a mi cuarto.

Coloqué el látex sobre mi verga erecta y de un empujón se la clavé hasta el fondo.

—Ay, fuiste un poquito brusco, primito, acuérdate que era virgen.

—Sí lo sentí. Qué rico, primita, por haberme entregado tu virginidad. Te amo.

—Yo también te amo, pendejo. Por eso te la entregué a ti. ¿Prometes que me vas a cuidar?

—Siempre, mi amor, serás mi mujer. En realidad ya eras, te trato como mi princesa y nunca dejaré que te pase nada.

—Bésame, primo.

Hicimos el amor con una ternura que fue dando paso a la pasión más desbordada. Jackie me arañaba y mordía, incluso temí que me dejara marcas que más tarde notara mi tía Vanessa, pero cogerme a esa mujer era un placer demasiado grande para tener cautela. Yo a su vez también besé y lamí todo su joven cuerpo. Sus pechos, su abdomen, sus piernas, incluso sus axilas y su ano. Quería dejar mi marca por todo ese cuerpo y que ella, a pesar de que los años nos separaran, nunca olvidase que el primer hombre de su vida fue su primo.

Después de un rato, la puse en cuatro y la penetré con furia mientras azotaba sus escuetas nalgas e introducía mi pulgar en su ano. Jackie estaba loca de placer.

—Sí, cógeme de verdad, primo —gritaba —cógeme como cogen los hombres reales. Soy tu puta, tu prostituta barata. Haz conmigo lo que quieras.

—Te amo, prima, eres toda una putita y me encantas, quiero complacerte en su totalidad, que no necesites otra verga nunca más, sólo la mía —gruñía con cada embestida —pero para eso hay algo que nos hace falta.

—¿Qué? Dilo.

—Coger sin condón.

—Ay, sabía que dirías eso. Yo también quiero —confesó disminuyendo la lujuria de sus movimientos acompasando los míos —pero me da miedo alguna enfermedad o un embarazo no deseado.

—Entiendo a la perfección, prima. Y quiero darte tranquilidad.

Salir de ella fue una tortura, pero valía la pena. Tomé mi celular y le mostré los resultados de las pruebas que el laboratorio mandó por correo. Naturalmente, no mencioné que me las realicé para descartar una infección que pudiera transmitirle a su madre. Inventé que lo hacía por salud general.

—¿Por qué no empezaste por ahí, tonto? Quítate el condón. Pero no puedes terminar dentro de mí, eso sí está prohibido, las mujeres de mi familia tenemos una gran fertilidad y no quiero quedar embarazada de mi propio primo, aunque lo ame, ¿de acuerdo?

Recordé entonces las palabras dichas por mi tía Vanessa unas semanas antes en una situación muy similar y casi habían sido las mismas. Supe que podría hacerlo.

—Claro, prima, no te preocupes. Acabo afuera.

—Perfecto, quítatelo entonces y cógete a pelo a tu prima adorada.

La sensación de entrar al natural en el coño recién estrenado de mi prima Jackie fue deliciosa. Estaba empapada, lubricando mis embestidas, pero al mismo tiempo su estrechez generaba una fricción tan placentera que temí ser incapaz de controlar mi eyaculación.

—Vamos a cambiar de posición —pedí para relajarme un poco y durar más.

—¿Cómo me quieres tener, primo?

—Encima de mí.

Jackie obedeció y sin chistar se sentó en mi verga, dándome unos sentones deliciosos y dejándose llevar de nuevo, dando alaridos de placer.

—¡Me vengo otra vez primo, no pares, no pares! —gritó abrazando sus propias tetitas, retorcida de placer.

Conjuré todo mi habilidad de concentrarme para no eyacular dentro. No podía traicionar de esa manera la confianza de mi joven amada.

Después del orgasmo, se desmontó de mi pene y se acostó boca abajo a mi lado. Estaba relajada.

—Todavía no terminamos, prima —le dije poniéndome sobre ella, restregando mi verga en sus nalgas hasta deslizarla dentro de su coño de nuevo.

—Hmmm —sólo gimió.

Bombeé por algunos segundos, ya estaba a reventar y en el momento en que sentí que no podría aguantar más, saqué mi verga hinchada de su coño fértil y me derramé en sus nalguitas, aprovechando para dar golpes firme entre esas nalgas mientras mi semilla le cubría ambos glúteos, la espalda baja, los muslos e incluso resbalaba por la curvatura de sus nalgas en dirección a su ano todavía virgen.

Cuando acabé de vaciarme, me recosté a su lado, dándole tiernos besos en los hombros y espalda.

—¿Te gustó, prima?

—Me encantó, qué bien coge mi primo. Y muchas gracias por respetarme y no terminar dentro, habría sido catastrófico.

—Siempre te cuidaré, primita. Te amo.

Nos quedamos dormidos y al despertar pedimos algo de cenar. Mi prima tenía un par de llamadas perdidas, era su madre, que ya estaba cerca de llegar a casa. Nos vestimos y bajamos al comedor para hacer como si nada hubiera pasado.

—¿Cómo les fue, chamacos? —preguntó la tía Vanessa, quien venía de muy buen humor.

—Bien, ma.

—Bien, tía.

—Qué gusto. Los dejo porque vengo cansadísima, mañana les cuento cómo me fue. Después de cenar, subimos a nuestros respectivos cuartos, ya no hicimos el amor porque temíamos que mi tía fuera a escuchar, pero pasamos varias horas conversando por Whatsapp. Le mandé una foto de mi erección y ella me mandó un video corto en el que se masturbó.

—Te amo, prima.

—Te amo más, mi primo hermoso.

Al día siguiente me desperté temprano para ir a trabajar y antes de salir entré a su cuarto en silencio. La desperté poniendo mi pene en su mano. Me masturbó sin hablar mientras nos besamos y eyaculé en su mano.

—Te veo al rato, mi amor —susurré antes de cerrar la puerta.

Mi vida es increíble, pensé cuando cerré la puerta de la casa para ir a la oficina.

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