Mi tía y mi prima me dan la mejor noche de mi vida (3/3)

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20077
T. Lectura: 4 min.

Alternar entre complacer a mi tía y a mi prima me tenía exhausto, pero feliz. Sin embargo, las implicaciones logísticas eran cada vez más complejas. Llegué a pensar que ambas sospechaban que me estaba cogiendo a la otra, pero la idea les parecía tan inimaginable que decidieron ignorarla. La primera pista es que la cantidad de semen que era capaz de producir resultaba insuficiente para dos mujeres. Para ocultarlo, trataba de no eyacular en las tetas o nalgas de mis dos amantes y hacerlo en el condón para que no se dieran cuenta, al menos la primera vez. La segunda es que en más de una ocasión fui sorprendido tomando más de un baño al día.

El primero de mayo de aquel año cayó en miércoles y no tuve que ir a trabajar. Como los miércoles Jackie no tenía clases en la facultad y mi tía Vanessa aprovecharía el día para ir a desayunar con sus amigas, decidimos aprovechar la mañana para hacer el amor.

—Ven aquí —me dijo mi prima al verme entrar a su cuarto. Ya estaba desnuda.

Pasé un buen rato calentándola, haciendo que se mojara con mis besos y lamidas por todo su cuerpo. También le pasaba el glande por su entrada, tentándola. Ya no usábamos condón y siempre había podido controlarme para poder terminar afuera, así que ella confiaba plenamente en su primo.

—Ay sí, mi amor, cómo me prendes —me susurró al oído —me urge que me la metas.

Cumplí su deseo y me hundí en ella.

—Qué rica verga me das, primito —desde que empezamos a coger, mi prima Jackie poco a poco comenzó a revelar su verdadera personalidad a la hora del sexo, llena de morbo.

—¿Te gusta cómo te cojo?

—Me encanta, te amo, primo.

—Te amo, primita.

Hicimos en el amor de misionero por un buen rato y como siempre, nuestro único mundo era el cuerpo del otro. Por eso no escuchamos cuando mi tía regresó a casa y abrió la puerta del cuarto, sorprendiéndome dando tremendas embestidas a su única hija.

—¿Qué coño están haciendo? —gritó con incredulidad mi tía Vanessa al descubrir la traición por parte de ambos.

Nos quedamos inmóviles. Pensé en salir de mi prima, pero no quise moverme, por otro lado, seguir con mi verga dentro del coño de Jackie mientras mi tía estaba de pie en el marco de la puerta era una situación totalmente surreal.

—Mamá, mamá —balbuceó mi prima.

—Tranquila, tía, por favor, puedo explicarlo.

—¿Qué vas a explicar? ¿Que también te estás cogiendo a mi hija?

—¿También? —gritó Jackie empujándome fuera de ella con un fuerte movimiento. Me quedé desnudo a los pies de la cama. Aún tenía una erección y mi verga brillaba cubierta de fluidos y líquido preseminal. Jackie se cubrió con las sábanas. Estaba furiosa.

—Mamá. ¿cómo que también? Alguien me que me explique qué está pasando.

Mi tía Vanessa se echó a llorar.

—Me sentía muy sola, y tu primo estuvo ahí para consolarme y hacerme sentir mujer de nuevo.

—Eres un asqueroso, un patán —gritó mi prima —lárgate de nuestra casa. Eres un abusivo.

Mi tía lloraba en silencio.

—Por favor, déjenme explicar.

—Que te largues —seguía gritando mi prima.

—No me voy a ir a ningún lado hasta que me escuchen. Sí es cierto que mantuve oculto nuestros respectivos amoríos, pero en ningún momento he sido abusivo. A ambas he llegado a amarlas de verdad en poco tiempo. Tía, tus cuidados y tu personalidad tan amable me han hecho enamorarme de ti, te prometí que nunca ibas a estar sola de nuevo y he cumplido. Y prima, eres tan divertida y a tu lado me siento tan vivo que era no imposible no amarte. A ambas les he dado lo mejor de mí: mi amor, mi tiempo y mis fuerzas para complacerlas por completo y creo que no les he fallado. Si buscan fidelidad, piensen que en realidad todo ha pasado en esta casa y entre nuestra propia familia.

Creo que el vínculo que hemos desarrollado es demasiado fuerte y verdadero. Por favor, piénsenlo —dije extendiendo mis manos hacia ellas. La primera en tomarla fue mi tía Vanessa, pero Jackie permaneció con los brazos cruzados sobre tus tetitas.

—Te creo, sobrino y también te amo —confesó abrazándome. Nos comenzamos a besar frente a Jackie y la lujuria nos ganó. Le quité la ropa y nos acostamos en la cama. Jackie nos observó mientras besaba las enormes tetas de mi tía y la masturbaba hasta que por fin la penetré y ella gimió de placer.

—Ay sí, sobrino, nunca me dejes. Te amo, mi niño.

—Te amo, tía.

Mientras hacía el amor con mi tía, volteaba cada ciertos minutos en dirección de Jackie. Ya no se cubría los pechos y poco a poco deslizó su mano hacia su coño, para masturbarse con el espectáculo que presenciaba. Al fin me acarició la espalda y acercó sus pechitos a mi cara. Entendí de inmediato y los chupé y mordí con deseo.

—Te amo, prima, también eres la mujer de mi vida —le dije entre lamida y lamida. —Vamos a ser muy felices juntos, los tres.

Penetré unas pocas veces más a mi tía y en silencio pregunté qué opinaba: si íbamos a vivir la vida perfecta que queríamos, necesitábamos convencer a mi prima de que se uniera. Ella asintió y me dio un beso profundo antes de que me separara de ella y en un movimiento fluido, penetrara a Jackie.

—Ay, me lastimas —se quejó, pero era mentira, estaba tan húmeda como siempre.

—¿Te gusta cómo te coge tu primo?

—Eres un marrano, pero sí, me encanta esto que está sucediendo, es tan prohibido que no puedo ni siquiera definirlo.

Entonces comenzó el juego más maravilloso. Una ruleta rusa de semen. Entre ambas mujeres me forzaron a ponerme boca arriba y tomaron turnos para cabalgar mi verga. El cambio súbito de coño era maravilloso: la experiencia de Vanessa y el ahínco de Jackie, lo mejor de todo el universo a la hora de hacer el amor. Para hacer las cosas más interesantes, me cubrieron los ojos con la blusa de mi tía Vanessa.

Así ambas mujeres disfrutaron de mi pene durante un rato hasta que estuve a punto de acabar y se los hice saber.

—Ahora viene lo interesante —dijo Vanessa —vamos a ver quién gana el juego.

Siguieron tomando turnos pero sus movimientos eran más salvajes y ambas hacían el mismo truco, al fin y al cabo eran madre e hija: apretaban mi verga con sus paredes vaginales.

—Las amo, las amo, mis mujeres hermosas, es el mejor día de mi vida—grité como un desquiciado cuando al fin expulsé mi leche dentro de la vagina madura de mi tía Vanessa. Ella a su vez se retorcía en un orgasmo poderoso que la dejó exhausta.

—¡Sobrino! —gritó soltando su squirt.

Inmediatamente se acostó junto a mí para relajarse. De su vagina chorreaba mi semilla. Jackie volvía a observarnos, celosa.

—No le puedes fallar a la niña, cabrón, tú puedes—ordenó mi tía Vanessa.

Sin pensarlo me lancé hacia el cuerpo de mi prima, lamiéndolo por completo, me costó algo de trabajo pero en menos de un minuto mi erección volvía a su máxima potencia y volví a entrar en ella.

—Qué rápido se te puso dura, primito.

—Así me pones tú, mi amor.

Cogimos con furia hasta que me volví a vaciar, esta vez en el apretadito coño de Jackie. Me acosté en medio de ambas mujeres y nos abrazamos hasta quedarnos dormidos. Al día siguiente nadie fue al trabajo o a la escuela. Pasamos un día delicioso en familia. Comimos, vimos películas e hicimos el amor. Ya nos daba igual dónde terminaba. Así nuestra familia se unió mucho más hasta que por fin sucedió lo inevitable. Ambas mujeres quedaron embarazadas.

La idea nos encantó, traer niños a este mundo con las mujeres que más amo es lo mejor que me ha pasado. Por supuesto tuve que ponerme a trabajar más duro para mantener a mis mujeres y a mis futuros hijos. De todas maneras sigo siendo feliz, teniendo acceso a los mejores coños del mundo: el de una madre y una hija que están completamente enamoradas de mí.

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