Como me enamoré de mi papá (5): Cuarentena

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Así fue pasando el tiempo y cuando me quise acordar, ya hacía más de un año que mantenía una relación amorosa con mi propio padre.

En ese tiempo había experimentado de todo, amor, alegría, celos, tristeza y por sobre todo, el mejor sexo que jamás había probado.

Transcurría el mes de marzo de 2020, durante el verano de ese año no me fui de vacaciones a ningún lado. La realidad es que, entre el trabajo y la preparación de algunos exámenes para la facultad, no tuve tiempo. Mi papá tampoco se tomó vacaciones, pero durante enero y febrero viajó mucho a EEUU por trabajo por lo que durante esos meses nos vimos poco, en comparación con lo que nos frecuentábamos habitualmente.

Fue un verano en donde me tuve que conformar con videollamadas hot con él, fotos de su pija y charlas muy calientes por chat durante las madrugadas.

Para finales de febrero mi papá volvió a Buenos Aires y como siempre, trajo una de sus inmejorables propuestas:

-Hola pendeja. El sábado de madrugada llego a Ezeiza, voy a casa, armo un bolso con ropa y me voy a instalarme a la casa del Tigre mínimo un mes a rascarme los huevos. ¿Querés venir conmigo?

-Obvio, ¿querés que te ayude a rascarte?

-¿Los huevos? No, mejor quiero me los chupes junto con la pija jajajaja. No en serio, tengo una leche encima que cuando te agarre te voy a partir al medio

De más está decir que apenas se puso así de guarro me mojé toda, como siempre

-Bueno dale Daddy, ¿me pasás a buscar el sábado entonces?

-Si, a media mañana estoy por ahí

La famosa casa del Tigre se encuentra en una isla del Delta a unos 30 km de Buenos Aires, a la cual solo se puede llegar en lancha. Es ideal para descansar y desconectarse de todo porque hay una paz y tranquilidad increíbles. Mi viejo siempre la tuvo para ir algún fin de semana en familia en verano y también para llevarse minas para cogerse en invierno. Yo me acuerdo de eso, era pendeja pero no boluda.

El sábado, pasado el mediodía ya estábamos ahí. No hace falta aclarar como le chupé la pija a mi papá mientras íbamos en su yatecito así que se bajó al recontra palo. No me dejó ni sacarme la mochila cuando entramos a la casa que ya me estaba cogiendo. Fue un rapidito nomás para empezar.

-¿Estás tomando pastillas no Pequitas?

-Si pa, acabame adentro tranquilo

Por la tarde fuimos a comprar provisiones en la lancha para abastecernos y no salir de la casa por los días que íbamos a estar ahí. Yo me había pedido 2 semanas de vacaciones en el trabajo así que eso es lo que estimaba quedarme, sin saber lo que nos esperaba.

Volvimos de la proveeduría y mi papá me cogió de nuevo. Por la noche mientras me estaba duchando irrumpió en el baño y mientras nos bañábamos me hizo el culo. De madrugada me despertó lamiéndome la concha y me volvió a coger. A la mañana siguiente de nuevo. Se ve que andaba cargado porque en 2 días lo hicimos como 15 veces.

Y así fueron pasando los días, hasta que cuando yo ya me estaba por volver a mi casa y a mi rutina, pasó lo que todos ya sabemos: Pandemia.

Como comenté en otro capítulo, mi papá es CEO de un laboratorio multinacional, por lo que él siempre tuvo permiso para circular libremente. Iba y venía de Capital seguido, a llevar y traer cosas, a comprar y demás. Trabajar, trabajaba desde la casa, alguna que otra vez iba a la oficina, pero muy poco.

Yo en cambio me quedó 100% home office. Fueron meses de convivencia, en donde la pasamos muy bien, pero tanto encierro y tanta convivencia fueron haciendo que las cosas se pongan un poquito difíciles y además, me hizo ver una faceta de mi papá que yo desconocía, en cuanto a sus gustos sexuales. Algunas al principio me gustaron, pero otras me hicieron sentir incómoda con el correr del tiempo y paso a detallar:

Un día por ejemplo se metió al baño mientras yo estaba meando. Se arrodilló a mi lado mientras yo estaba sentada en el inodoro, me metió la mano entre las piernas y comenzó a masturbarme mientras me pedía que siga meando. A partir de ahí comenzó un fetiche con el pis, que nunca me contó ni me había dado cuenta te tenía. Me hacía mear en la ducha, me pedía que lo mee encima, o que mee en el piso. A veces me hacía mear en un vaso, él metía su pija adentro del orín y luego me cogía con la verga toda mojada de mi meo.

Otra vez, en una de esas tantas idas a su departamento, trajo un bolso lleno de cosas para practicar lo que yo después supe que se llama BDSM. Esa noche me ató con una cuerda colgando desde una viga del techo, me puso unas pinzas en los pezones y una máscara de cuero en la cabeza. Debo confesar que eso me gustó y me excitó mucho hasta que me cogió por el culo sin ningún tipo de lubricante y me hizo doler el orto como nunca.

Por momentos me cogía normal, como siempre, con la fuerza e intensidad que siempre tuvimos. Me daba fuerte como a mí me gusta con esa pija gorda que tiene, pero otros días le pintaban esos fetiches raros.

Pero hubo algo que definitivamente me hizo verlo completamente distinto, desconocido casi. Un día mientras me garchaba en el sillón de la sala me dijo que le gustaría verme coger con otro tipo. Supongamos que eso puede ser excitante, (aunque yo solo quería estar con él) pero dejó de serlo el día que me dijo:

-Ya tengo todo arreglado para hacerte coger por Beto

Beto es un amigo suyo que me parece de lo más desagradable. Un viejo choto que se cree joven y lindo y es un asco. Y cuando entendí que lo decía en serio le dije que ni en pedo y que se sacara de la cabeza esa idea de mierda.

-¿Y con quien te gustaría?, preguntó

-Con nadie, no quiero que me “hagas coger” por nadie como decís vos, no soy una cosa ni una puta que está para que uses a tu antojo. Usame vos, cógeme vos, pero eso no.

Ese día sentí que ya no era lo mismo. Que no se mal interprete, me encantaba garchar con mi papá, cuando no se ponía con esas cosas raras, era lo mejor del mundo, pero sentía como que todo iba decayendo de a poco, muy de a poco.

Así pasaron los meses hasta que comenzaron las primeras “aperturas” para poder volver a la vida normal y volví a mi casa.

A veces pasaban 5 o 6 días sin que habláramos y yo de a poco sentía que me alejaba cada vez más de él, hasta que de repente me llamaba (o lo llamaba yo), nos encontrábamos y me lo hacía como solo él sabe hacerlo. Cuando quiere, me hace gozar como nadie y me hace acabar a chorros.

Y fueron pasando los días, las semanas y los meses. Nos veíamos cada vez más espaciadamente, hasta el día que me llamó para contarme que se iba a Nueva York por 6 meses, por cuestiones de trabajo y porque necesitaba alejarse.

Continuará…

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