Una invitada

1
579
T. Lectura: 4 min.

Esta historia es del día en que nuestra amiga Gaby, que era la única persona que sabía de nuestros videos porque era una apasionada al porno y había reconocido en un video un mueble de nuestra barbacoa nos pedía para participar.

Un día estábamos grabado en la barbacoa, era de tarde, no estaba frío pero tampoco hacía calor extremo, no habíamos grabado nada en una semana y nos habíamos dedicado a otras cosas, al principio nos había costado trabajo tener la elasticidad anterior, tal vez por los días que había pasado e íbamos realmente despacio.

Ella estaba sentada en la hamaca sexual y pendía del techo, sobre la mesa el dildo gigante Goliath, de ocho centímetros en la cabeza y casi diez en la base, yo la bajaba de a poco y ella se acomodaba, primero habíamos logrado que entre la cabezota entera, después hasta la mitad, de a poco centímetro a centímetro, luego un poquito más, cada cierto tiempo me pedía que la levantara y agregábamos lubricante. Hoy íbamos a grabar un buen rato para al final cerrar con unos buenos primeros planos del gran agujero y su estirada vulva, recién la había bajado un par de centímetros más ella de ojos cerrados y labios apretados…cuando sonó el teléfono.

Ella se sobresaltó, atendí yo, era Gaby la amiga.

Le pasé el teléfono, ella primero se negaba a agarrarlo porque apenas podía hablar, no le salió casi la voz.

-Hol, hola, holaaa Gaby

Primero escuchó y después como pudo dijo.

-Gaby, ahora no puedo, veo más tarde. Dijo con la voz entrecortada

Escuchó de nuevo y dijo…

-Si, si, estamos en eso.

Tapó el teléfono, me miró con cara de terror y me dijo

-Quiere venir.

-Que venga. Le contesté

-Vení, dijo, y cortó.

Gaby debe haber bajado corriendo las escaleras y hecho las dos cuadras que nos separan muy rápido porque no demoró nada. Daniela, mi mujer movió en redondo su cadera acomodando esos grandes labios alrededor de ese gigante trozo de silicona que la abría al medio, le pellizqué los grandes pezones que ya estaban algo parados.

-En este momento no siento dolor, solo placer, ¿cuanto tengo adentro? Dijo

-La mitad, contesté.

-Espera que llegue Gaby para continuar, dijo.

No habían pasado ni 4 minutos y tocaron al timbre, pero antes de irme a atender, la levanté de apuro a tal punto que apenas quedó la cabezota de ese dildo rozándole los labios

-Nooo… No seas malo, dijo y quedó protestando inmóvil colgando del techo con la cabeza del consolador gigante dentro suyo, mientras yo desaparecía en el jardín mientras corría hacia la puerta.

Atendí, la hice pasar a Gaby y mientras ella subía los escalones delante de mi me di cuenta que no llevaba nada debajo del amplio pantalón de bambula blanca arrugada, cuando íbamos pasando por el living frente a la puerta del cuarto donde a veces grabamos y donde están todos los dildos y artefactos le pedí que abriera la puerta, entrara y llevara un lubricante. Y continué caminando hacia el patio de la casa.

Ella demoró un par de minutos y apareció con un lubricante en una mano y un consolador mediano en la otra, antes de entregarme el lubricante puso un abundante chorro en el dildo y mientras se daba un beso con Daniela se metió el dildo bajo su ropa, lo metió de una, todo en su vagina y se acomodó la tanga sujetándolo para que no se cayera.

-Ahora si, estoy pronta para mirar. Dijo

Se sentó en una silla e hizo una mueca cuando el dildo le llegó al útero, ella estiró la mano y tocó los grandes labios de Daniela mientras yo la bajaba nuevamente.

Mucho lubricante chorreaba por los costados del monstruoso dildo, Daniela ya estaba entrenada y recién me hizo seña de parar cuando tuvo más de la mitad adentro. En ese momento su vulva estaba abierta más casi nueve centímetros de diámetro o veintiocho de circunferencia. Ella de ojos cerrados disfrutaba, sin muecas de dolor en su cara, con cierto placer en su sonrisa, Gaby no podía creer la elasticidad de sus labios.

-¿Bajo más? Le dije

-Me está doliendo, pero no los labios sino allá adentro, pero dale otro poquito. Dijo

Ella entrecerró los ojos mientras yo la bajaba nuevamente y se devoraba la parte más ancha, contra la base del consolador era gigante, de casi diez centímetros de diámetro, pero ella no me interrumpió hasta haberlo devorado todo. El gran estiramiento hizo que tuviera, allí sentada un orgasmo. Se quejó, se retorció, se movió todo lo que pudo pero estaba ensartada en un gigante de silicona que estaba pegado a la mesa con una ventosa, los músculos de su vulva estaban tan estirados que no tenían fuerza suficiente para apretar y soltar, este orgasmo era diferente, y no lo iba a olvidar en su vida. Gaby también se retorcía en su silla de ojos cerrados gimiendo, ninguna de las dos terminaba primero.

En determinado momento Daniela quedó quieta, en silencio, jadeando. Abrió los ojos y me miró fijo, pasaron unos segundos antes de que pudiera hablar y decirme que la levante, no podía articular palabras.

Acuérdate que al bajar tienes que arrodillarte en la mesa y abrirte con tus manos para la cámara.

No iba a ser fácil editar estos videos porque en muchos ángulos aparecía Gaby, primero su cara al llegar, después sus gemidos y luego su mano que tiene tatuajes, pero algo iba a salir. Y hablando de salir…

-Ya, levántame, dijo

A medida que la subía, sus enrojecidos labios casi morados iban despidiéndose del consolador, al salir del todo su vulva hizo un ruido

Sonó a Slurp…, sonó como a mojado, mezclado con aire.

Ella se arrodilló en la mesa y se abrió con ambas manos las nalgas. Se abrió un agujero descomunal en su vulva, se veía todo el interior y brillaba con la luz de la cámara por la cantidad de lubricante que tenía.

-Gaby, mete la mano, le dije, mientras ella con cara sorprendida cerraba el puño y lo metía hasta la muñeca. Lo metió y sacó varias veces sin resistencia, una de las veces entró un poco más allá de la muñeca, y sin querer entraron hasta las pulseras.

-Ya, ya, paren porque voy a acabar de nuevo dijo Daniela.

-Ya está, saquen las manos, no doy mas dijo, mientras se movía hacia adelante y bajaba rápidamente de la mesa mientras una mezcla de lubricante con un tinte rosado corría por sus muslos.

La ayudé a bajar de la mesa y caminamos los tres adentro de la casa, Gaby entró en un baño, Daniela en otro y yo lavaba y guardaba todo en su lugar, se iba yendo la luz natural y llegaba la tardecita.

Luego de un buen rato ambas salieron por separado, Gaby no sabía bien que iba a decir, pero lo único que le salía era un:

-Gracias, Gracias por dejarme participar.

El beso de despedida entre ellas dos fue un beso con lengua que le dio Gaby, Daniela no se opuso y una cuando dejaron de besarse nos miró y nos dijo.

-Me voy toda mojada del lubricante y del deseo, no sé qué le voy a decir a Carlos.

Mientras ella se iba caminando revoleando su hermoso culo que se movía libremente dentro de ese amplio pantalón Daniela se dio media vuelta, me dio un gran beso y me dijo:

-Los relajantes musculares hacen maravillas, ¿viste?

A lo que yo contesté

-Si, yo te decía… pero.

-¿Viste como se metió el consolador Gaby cuando se sentó? De una, y no era el más chico.

Daniela me contestó.

-Capaz ella tiene consoladores grandes también… Se ve que está bien entrenada.

Loading

1 COMENTARIO

  1. ***No se admiten datos personales en los comentarios***
    Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
    Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.

    Administración de CuentoRelatos

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí