Putas y ladronas (2)

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T. Lectura: 12 min.

Inciso de vuestra escritora: no tenía pensado seguir con esta historia y mucho menos hacer una saga, pero debido a mi tremenda imaginación se me han ido ocurriendo nuevas aventuras para nuestra queridísima pareja de ladronas. ¡¡Disfrutad!!

La alarma del móvil empezó a sonar en mis sueños haciendo que poco a poco vaya despertándome y cobre consciencia sobre donde estaba. Eran las nueve de la mañana, apagué la alarma torpemente con los ojos aún entrecerrados y tras callar ese fastidioso sonido comencé a estirarme sobre nuestra cama matrimonial golpeando levemente sin querer la cabeza de Ana. La miré con preocupación y efectivamente, la desperté sin querer.

-Tú me quieres matar o algo ayy… -Dijo Ana con voz ronca-.

Me disculpé tan cariñosamente como pude. La abracé por la espalda aún tumbadas pegando mis pechos a sus escápulas, comencé a darle besitos suaves y delicados en el cuello. Estábamos en cucharita totalmente desnudas escondiendo la mitad de nuestros cuerpos bajo la manta. Pasé mi mano sobre su abdomen para luego manosear una de sus tetas y juguetear con su pezón hasta endurecerse. Ella soltó una risa, se dio la vuelta y comenzó a besarme agarrándome la cara.

-Estás perdonada tonta -Dijo Ana riéndose-.

-¿Acabamos lo que hemos empezado?

-Me enfadaría mucho si no lo hicieras.

Aparté la manta para dejarnos completamente descubiertas, abrí sus piernas mientras ella seguía tumbada boca arriba. Acerqué mi rostro, ahora estando más despierta, a su vulva y sin demorarme comencé a lamerla pasando mi lengua por cada pliegue vaginal mientras acariciaba su clítoris, bañado en mis babas, con uno de mis dedos. Ana comenzó a retorcerse, a gemir y me agarró la cabeza para que le comiese el coño con más intensidad.

Durante el oral cruzábamos miradas, ver su rostro con expresión de que lo estaba disfrutando, sus tetas subiendo y bajando por su ajetreada respiración y sus muslos apretándome la cara me ponía muy caliente. Metí dos dedos en su vagina y centré mi oral en su clítoris, comencé a penetrarla ansiosamente deseando que Ana tuviese un orgasmo. Su coño esponjoso estaba mojadísimo, caliente y palpitante, el dedeo sonaba acuoso, su ardiente interior engullía mis dedos los cuales rozaban su rugoso punto. Sus crecientes gemidos delataban que ella estaba a punto de llegar al orgasmo, y así pasó.

Ana estalló con un agudo grito entre risas y temblores que hacían vibrar sus muslos y glúteos.

Me tumbé de nuevo al lado de ella y comenzamos a besarnos de nuevo lentamente entre profundos y cálidos suspiros con nuestros rostros mojados.

-Que buen comienzo ¿no? -Pregunté mirándola a los ojos mientras agarraba uno de sus glúteos-.

-Como siempre, nunca decepcionas.

-¿Se te ha quitado el dolor del golpe?

-Bueno… Quizás me vuelva a doler dentro de un rato… y debas ayudarme tan bien como ahora…

-Solté unas risas mezcladas con besos profundos- Pues estaré dispuesta a ayudarte.

Tras besarnos otro rato Ana se fue a duchar y yo a la cocina a preparar unos crepes canturreando felizmente. Ni me molesté a secarme el coño o a ponerme algo de ropa. Desde que nos compramos este nuevo piso en pleno centro vivíamos como reinas y sin la preocupación de que un casero amargado y pervertido nos pidiese el alquiler o apareciese sin avisar solo para ver que la pareja lésbica no hacía nada más allá de lo normal. Desayunamos tranquilas hablando de planes futuros hasta que me sonó el móvil.

-Hola Víctor, ¿qué tal?. -Dije en voz alta para que Ana supiese quién me llamaba-.

Víctor era nuestro “intermediario”… llamémoslo así. Básicamente era el hombre que nos daba trabajo, objetivos a los que robar y planes para hacerlo. Nosotras no éramos sus únicas “trabajadoras” pero éramos de las que hacíamos bien las cosas y por ello confiaba en las queridas Ana y Candela. El hombre no era malo ni mucho menos, es algo apático eso sí pero cae bien y tú le caes bien si hacías bien el trabajito. A ese hombre solo le importaba mantener su estatus y a su familia, muy comprensible.

-Muy bien Candela querida, ¿te pillo en mal momento?

-Pues justo estaba desayunando pero dime ¿qué querías?

-Tengo un trabajito para ti.

-¿De qué se trata?

-Verás… una empresa quiere joder a su empresa rival robándoles unos planos. No me han dicho exactamente de qué eran y no me importa honestamente, lo importante es robar esos PDFs que están guardados en un pendrive del jefe de Coordinación.

-Vale y… ¿Cómo sabes que está en su pendrive?

-Pues recientemente su secretaria fue despedida injustamente y contratada por nuestra empresa cliente. Según lo que dijo el jefe guarda esos planos en un pen Toshiba azul oscuro en uno de sus cajones del escritorio de su despacho.

-Ajá y supongo que tendrás un plan para que yo robe esos planos -Y ese plan consistirá en que tenga que follar-.

-Exactamente Candela. La secretaria nos contó detalles muy importantes para este trabajo. El hombre es un putero nato, contrata a secretarias buenorras que le duran unos pocos meses porque no consigue follárselas. Nuestra chivata se negó a acostarse con él muchas veces y por eso fue despedida.

-Y yo tengo que ser esa secretaria buenorra que folle con él para poder robarle el pendrive.

-Me lo has quitado de la boca Candela, pero hay más. El pen te lo tienes que meter en el culo.

-Me estás vacilando ¿verdad?

-Para nada. La sede tiene guardias con sensores que detectan las cosas metálicas, si ven que te estás llevando un pendrive será muy cantoso, pero si te metes un plug, con un hueco donde tú esconderás el pendrive, solo pensarán que eres una guarra más y te dejarán ir sin hacerte más preguntas.

-Victor… eres… me da la sensación de que solo quieres que me meta un plug en el culo y te lo de. Pero acepto el trabajo, siempre que la paga sea buena claro.

-Es buenísima eso sin duda, hablamos de seis cifras.

-Entonces es muy rentable. Venga acepto.

-Esa es mi chica. Te mando los detalles al correo. Que paséis buena mañana chicas.

Colgué y le comenté el trabajito a Ana. Lo iba a hacer en solitario y era un encargo bastante peculiar, pero consistía en lo de siempre: tontear, follar, robar y cobrar, los cuatro verbos acabados en “ar” que me encantaban.

Pasaron las semanas y llegó el día del robo. Tenía que ponerme el típico outfit que se pondría una secretaria pero un poco más sexy de lo habitual. Me puse sujetador y un tanga de encaje, ambos negros para que conjuntasen con las mallas negras que me llegaban hasta la mitad del muslo.

Me puse una camisa blanca formal aunque se transparentaba un poco dejando ver parcialmente mi sujetador, una falda negra corta que me llegaba a cubrir todo el culo y un trozo del muslo, unos tacones negros altos y una chaqueta de traje gris. Me puse unos pendientes, un colgante lindo y un maquillaje discreto. Me miré al espejo y al verme en ese conjunto más el pelo recogido con una coleta parecía una secretaria salida de una película porno.

-Te podría contratar y todo -Dijo Ana riéndose mientras me hacía unos retoques-.

-¿Me pagarías extra si te la chupase?

-Bueno… te enchufaría para que tuvieses el puesto más alto en la empresa siempre que vinieses a follar a mi casa para serle infiel a mi mujer.

Las dos empezamos a reírnos con cada chiste que soltábamos. La alarma sonó, eran las siete de la mañana, el Uber de Víctor estaría al caer. Agarré el bolso donde metí todo lo necesario y tras darle un beso a Ana salí pitando hacia el ascensor. Salí a la calle y ahí estaba en Uber, un tesla negro.

-¿Es usted Candela? -Me preguntó el conductor mientras me sentaba en el asiento de atrás-.

-Exacto, soy yo. Soy la amiga de Víctor.

-Perfecto, me dijo que la tenía que llevar a la calle Santa Fe, ¿correcto?

-Sip, eso eso.

-Estupendo, ahí tiene un regalo del señor Víctor.

Abrí el pequeño paquete que estaba en el asiento al lado de mí, era el plug anal de silicona negro donde debía meter el dichoso pendrive, pero no era normal ya que tenía una raya por el medio y era bastante grande. Además el plug era hueco, pude abrirlo y cerrarlo como si fuese el tapón de una botella, pero sin rayas que delatasen su segunda utilidad. Metí el plug en el bolso, me mentalicé durante el trayecto y me eché algo de perfume. Al llegar fui directa a la puerta donde los guardias pasaron el sensor por mi cuerpo y mi bolso, solo sonó por el móvil que llevaba en el bolsillo de la chaqueta y no sospecharon del bolso por lo que me dejaron pasar sin mayor problema.

Llegué a recepción, dije mis datos falsos y me dijeron la dirección a la que debía ir para llegar al despacho del jefe de Coordinación. Tomé un ascensor, recorrí unos pasillos bien iluminados dando pasos firmes y sensuales haciendo que los trabajadores que paseaban por ahí no apartaran la mirada de mi culo hasta llegar a la puerta del despacho. Antes de tocar para llamar me desabroché algunos botones para descubrir mis pechos con un sensual escote.

-¡Adelante! -Dijo una voz grave al otro lado de la puerta-.

Al entrar y cerrar la puerta me encontraba frente a un hombre que rondaba cerca de los sesenta años. El tiempo no había sido amable con él ya que apenas le quedaba pelo en la cabeza y del poco que le quedaba, además del bigote, estaba canoso. Parecía un hombre bastante amargado pero eso no impediría que jugase bien mis cartas.

-Usted es… -Dijo el amargado mientras yo tomaba asiento frente a su escritorio después de colgar mi chaqueta en el respaldo y dejando el bolso en otro asiento que tenía al lado-.

-Soy Mariana, Mariana Garrido Peldaños. Estoy aquí por la entrevista de trabajo para ser secretaria señor.

-Ah claro claro… bien, bien. Vi tu currículum y es fascinante la verdad. Quería hablar sobre…

Su mirada no paraba de desviarse hacia mi escote durante el rato en el que estuvimos conversando. Yo me puse mas coqueta y discretamente pasaba mi mano por mi camiseta para desvelar poco a poco más de mis pechos, llegando incluso dejando a la vista el tejido de mi sujetador.

-Pues parece usted la candidata perfecta para ocupar el nuevo puesto de secretaria señorita Garrido.

-¿Ah si? Entonces estupendo.

-Aunque… tenemos en cola a varias candidatas que igualan su nivel.

-Oh… es una pena que no pudiera trabajar en esta maravillosa empresa para usted señor Roque -Dije mientras me inclinaba hacia delante y juntaba mis codos para resaltar aún más mis tetas-.

-Si, si… sería una verdadera pena pero… podemos hacer un simulacro para poner a prueba sus habilidades. Si usted quiere claro.

-¿En qué consistiría señor?

-En… una serie de favores sexuales señorita, entienda que un jefe tiene mucho estrés y una secretaria que le ayude en ese aspecto…

-Claro señor Roque, lo entiendo perfectamente ¿Qué quiere que haga?

-Ven aquí niña.

Me levanté y recorriendo un lateral del escritorio me puse frente al hombre, quien se levantó y empezó a besarme mientras me agarraba de la cintura y tiraba de mi cuerpo con fuerza hacia él. Yo me dejé llevar, seguí el ritmo de sus besos, pegué mis pechos a su torso y acariciaba con la mano la superficie del pantalón donde crecía un bulto. El beso no fue el mejor que tuve, el aliento a tabaco y su bigote con pelillos puntiagudos hacían que me quisiese alejar de inmediato pero tenía que mantenerme profesional, dejarme follar y terminar el trabajo.

-Venga puta, ya sabes lo que tienes que hacer.

El señor Roque se sentó de nuevo en su silla de oficina, yo tiré de su pantalón hasta los tobillos y por último le bajé los calzoncillos para dejar el descubierto un pene que medía cerca de quince centímetros. No era gran cosa pero era extremadamente gordo. El pene estaba palpitante, húmedo por el fluido preseminal y por suerte estaba medio depilado. Me puse de rodillas frente a su miembro, lo agarré con unas de mis manos y me lo llevé directo a la boca hasta que el glande tocase con mi campanilla. Comencé a chupársela con mucho entusiasmo, noté como su pene iba creciendo y poniéndose aún más duro conforme más lo mamaba y más lo mojaba con mis babas.

Me saqué su pene de la boca y comencé a comerme sus huevos mientras lo miraba a los ojos y masturbaba su polla con una de mis manos, conseguía meterme uno de sus testículos entero en mi boca, lo succionaba, lo lamía y lo escupía. Después de bañar su escroto en mis babas volví a meterme su polla hasta el fondo de mi garganta. De repente llamaron a la puerta.

-Mierda… rápido, ponte debajo de la mesa.

El escritorio tenía un hueco para alojar las piernas que estaba tapado al otro lado. Me escondí debajo de él pero no dejé de mamar su polla empalmada, aunque esta vez algo más suave y silenciosamente.

-Señor, ha llamado Carlos, el CEO, y ha dicho que cancele todo lo que está haciendo y que se reúna con él dentro de una hora.

-Si, si… yo… ahora limpio mi lista…

-¿Se encuentra bien señor?

-Pues claro que sí muchacho… eeeh sal ya que tengo algunos informes que rellenar…

-Claro…

Escuché la puerta cerrarse. Salí del escondite donde seguía chupando su polla como una desquiciada.

-Venga vamos, acabemos rápido con esto, desnúdate chica.

Me quité rápidamente los tacones, la camisa y la falda quedándome en lencería. El señor Roque se quitó los zapatos y el pantalón dejándose puesta su camisa de botones. Se acercó y comenzó a besarme, fue bajando sus besos y empezó a comerse mis tetas chupándolas y succionando mis pezones mientras me las apretaba como si fuese un bebé hambriento. Me provocó un placer inmediato que me hizo gemir tontamente. Tras ello me agarró de la cintura, me puso contra el ventanal de la oficina, arqueé la espalda, me apartó el tanga y me metió su grueso miembro por mi vagina rápidamente y sin ninguna sutileza.

Comenzó a follarme tirándome de mi larga coleta y dando duras embestidas que me hacían difícil mantener el equilibro. Mi cara estaba pegada al cristal del ventanal por el cual veía los coches en las calles, las personas en las aceras y el interior de los otros edificios que había en frente. Mis tetas, con los pezones endurecidos, estaban pegadas al frío ventanal. Mis piernas trataban de acomodarse para no perder el equilibro mientras el jefe me follaba duro y tiraba de mi cintura sin ningún cuidado. Su pene se deslizaba de fuera hacia dentro y viceversa chapoteando el líquido vaginal cada vez que me la metía hasta el fondo.

Sentía su cálido y venoso pene abrirse paso en mi vagina, sus gruesas manos apretar mi cintura y su respiración cálida y a la vez ajetreada en mi nuca. Tras gemir un buen rato resistiendo cada pollazo que recibía mi vagina llegué al orgasmo que me dejó temblando en el sitio.

Mis muslos estaban empapados y mi cara enrojecida por el roce con el cristal que ahora estaba empañado y marcado con el sudor de mi rostro y la forma de mis tetas. Sin descanso alguno el hombre me tiró sobre su mesa quedando mi torso apoyada sobre esta y mis piernas aún en el suelo. El hombre comenzó a chuparme el culo y el coño, su oral no era el mejor honestamente, solo movía su lengua caóticamente donde pudiese pero aun así me daba algo de placer. Tras mojar mis partes con sus calientes babas introdujo su miembro en mi vagina y empezó a follarme con empujones brutos y muy acelerados, cosa que me sorprendió para su edad.

Mientras me follaba él aplastaba mi cabeza contra la superficie de la mesa para que no me moviera y a la vez me azotaba fuertemente lo que me producía un dolor intenso. Me sentía humillada pero me estaba encantando y mis gemidos eran prueba de ello. La mesa entera se movía por sus embestidas, algunos objetos como bolígrafos o la grapadora se cayeron, el ordenador de mesa botaba sin parar, los papeles quedaron aplastados por mis tetas mojadas de sus babas y mis manos buscaban un punto de apoyo donde sujetarme mientras recibía todas las cargas de ese hombre.

-Te propongo algo futura secretaria -Decía el señor Roque hiperventilando torpemente por sus pulmones de fumador-. Te daré una paga extra si me dejas metértela por el culo.

-Sí, sí… por favor sí… no pares oh dios…

Sacó su polla de mi coño y sin sutilezas me la metió por el culo causándome un dolor agudo que me hizo retorcer, chillar y temblar. Comenzó un mete-saca violento en mi ano, sentía su glande y su tronco deslizarse por el interior de mi recto y abriéndome el ano cada vez más con cada embestida. El dolor se mezcló con el placer, mis gritos y lágrimas expresaban ambas emociones mientras las embestidas del jefe me partían el recto por la mitad y enrojecían aún más mis glúteos.

Para compensar el dolor anal comencé a meterme unos dedos en el coño para masturbarme mientras estaba siendo follada por el culo. Él me tiraba de la cintura y me azotaba el culo cada que podía, me trataba como un objeto y eso me encantaba. Llegué a otro orgasmo que me dejó aturdida.

Me tumbó sobre la mesa boca arriba con mis piernas colgando en los extremos, me quitó el tanga diciendo “esto me lo quedo de recuerdo”, agarró mis piernas, se las puso sobre sus hombros y procedió a volver a follarme por el culo mientras él me dedeaba torpemente el coño. Por la violenta follada de antes ya no sentía dolor alguno en mi culo, el líquido que nacía de mi vagina dejó mojado toda mi entrepierna y mi ano, haciendo que sus metidas fuesen más llevaderas y menos dolorosas.

Yo disfrutaba del sexo duro que me estaba dando, mi cuerpo se dejaba llevar por cada empujón, mis pies se retorcían por el placer, mis pechos, que se salieron del sujetador, rebotaban sin parar y mi boca no paraba de gritar y rogar que me diese más fuerte. El mueble sobre el que estaba tumbada chillaba ya que no era capaz de soportar mi hermoso cuerpo siendo follado tan brutalmente por ese maduro que me doblaba la edad y más.

Hablando del él, el jefe ya se notaba cansado de darme y yo quería otro orgasmo ya de ya, estaba desquiciada y quería acabar lo que había comenzado por lo que me saqué su polla del culo, lo tumbé sobre el escritorio y me metí su pene en mi vagina en posición de vaquerita. Comencé a saltar haciendo que mis tetas rebotasen más aún que antes a la vez que eran manoseadas por el jefe.

Mis glúteos impactaban sobre sus muslos y vibraban por cada choque. Yo gemía y mantenía un ritmo acelerado ya que tenía mejor cardio que el vejestorio. El hombre empezó a gritar diciendo “me voy a correr” yo mantuve mi ritmo acelerado y finalmente tuve un orgasmo a la vez que su polla descargó dentro de mi vagina sintiendo cómo su glande eyaculaba el cálido líquido en mi interior con palpitaciones.

Terminé agotada, me levante suavemente dejando que su polla saliese de mi vagina a la vez que el semen brotaba de mi orificio como si fuese una cascada y caía sobre su vientre.

-Bueno… ¿Estoy contratada señor Roque? -Dije soltando un profundo suspiro-.

-Si chica joder… sí que lo estás.

El jefe se levantó, se limpió y rápidamente se puso el pantalón y fue en dirección a la puerta para salir del despacho pero…

-No, no… me debes dinero -Dije interponiéndome entre él y la puerta-.

-De qué hablas…

-Te he dado mi culo y me dijiste que me ibas a pagar, así que dame.

-Te pagaré cuando vuelvas.

-No, no señor Roque, me pagas ahora o salgo al pasillo totalmente desnuda y con tu semen aún en mi coño a decir que me has follado. Creo que a Recursos Humanos no le gustaría saberlo.

El hombre se enojó pero me hizo caso, fue al escritorio y se sacó una llave del pantalón. Abrió la cerradura de uno de los cajones, y sacó dos billetes de cincuenta euros tirándomelos a la mesa.

-¿Esto te sirve?

-Gracias señor Roque, estoy impaciente por trabajar con usted.

Me acerqué sensualmente y comencé a morrearle juntando nuestras lenguas en un apasionado y acalorado beso donde nos intercambiamos suspiros cálidos y babas mientras que él me volvía a agarrar de las tetas para manoseármelas y jugar con mis pezones.

-Muy bien -Dijo el maduro tras terminar nuestro beso-. Te mandaré los detalles del contrato al correo, espero que vengas igual de vestida que hoy.

-No lo decepcionaré, lo prometo -Dije riéndome-.

-Pues yo me tengo que ir, vístete y a mano derecha estará el ascensor para bajar.

El hombre salió precipitado y cerró la puerta sutilmente para que nadie me viese. Escupí al suelo para deshacerme de sus babas y saqué la llave que le había robado del bolsillo mientras lo besaba y que guardé discretamente en mis mallas. Abrí el cajón que abrió antes y robé el fajo de billetes ahí guardado, contándolo a ojo había unos quinientos euros, nada mal. Fui abriendo el resto de cajones y encontré el pendrive que estaba buscando y un reloj vintage que parecía caro. Saqué el plug, lo abrí y escondí el Toshiba dentro para luego volver a cerrarlo.

Me puse el reloj carete, me limpié el coño y me empecé a vestir rápidamente. Busqué el tanga y me acordé que el pervertido se lo había quedado. “Hijo de puta, era el único tanga que me conjuntaba este sujetador” dije en voz alta. Metí todo en el bolso y por último me metí el plug en el culo. Tras secarme con las toallitas que llevaba en el bolso salí tranquilamente de la oficina, bajé por el ascensor, llegué a recepción y a la salida donde los guardias me pasaron de nuevo el sensor el cual comenzó a pitar cuando bajó a mi culo.

-Compañera, ¿puedes llevarte a esta chica a la sala?

Una vigilante me acompañó a la sala, pasó de nuevo el sensor y pitó de nuevo al acercarse a mi culo.

-Señorita, ¿esconde algo?

-Bueno yo…

Me subí la falda y abrí mis nalgas para que ella me viese el plug.

-Es un pequeño fetiche que tengo -Dije actuando y simulando vergüenza.

La vigilante se quedó paralizada, me dijo que me volviese a bajar la falda.

-Bueno eeh… No se preocupe entonces pero si vuelve por favor, no traiga eso puesto.

-Entiendo, lo siento.

-Tranquila, venga la acompaño a la salida.

La vigilante me escoltó a la salida dando el visto bueno a sus compañeros. Ya afuera llamé a un Uber. Este llegó y le indiqué la dirección a la que debía ir. Al llegar llamé a la puerta, me abrió Víctor a quien le di el pendrive después de haber sacado el plug de mi culo.

-El plug me lo quedo Víctor.

-Haz lo que quieras Candela, has hecho un trabajo fantástico, el jueves de la semana que viene te haré la transacción.

-Gracias Victor, un placer trabajar para ti.

-El placer es mío.

Tras una larga mañana llegué al piso, abrí la puerta y lo primero que vi fue a Ana cocinando en tanga.

-¿Qué tal te ha ido cariño? -Preguntó mientras venía hacia mí para darme un beso-.

-Pues… el finde de la semana que viene nos vamos a Bali, ¿te parece?

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