La amiga de mi hija

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T. Lectura: 3 min.

Me llamo Javier, 42 años, felizmente casado con Valeria de 40, dos hijos, Agustina en el primer año de la facultad, estudiando en la UBA, y Lucas, aún en el secundario.

Ese verano Agus nos avisó que venía una amiga de ella y compañera de alquiler del departamento donde vive en Capital, Valentina, una simpática porteñita que hizo una linda amistad con nuestra Agus.

Vivimos en el interior de la provincia, donde los veranos son tranquilos y cálidos.

Lunes temprano ya las dos estaban bajando de la combi que las traía al pueblo, Agus con su cara de felicidad de poder mostrar a su compañera la tranquilidad de su pueblo natal, y Valentina con cara de dormida todavía del viaje.

Agustina me pidió si después de almorzar las podía llevar a casa de una amiga que tiene una hermosa pileta en las afueras del pueblo, excelente plan para una tarde de verano.

–Cuando estén listas me avisan y las llevo, no hay problema –les dije.

Después del almuerzo ya empezó la revolución, entraban y salían de la habitación al living donde tenemos un gran espejo, probándose sus bikinis y viendo que tal les quedaban.

Yo trataba de no mirar mucho, Agustina ya no me asombraba, creció y ya es toda una mujer, tiene un cuerpazo, herencia de la madre, a Valentina la habíamos visto un par de veces en época invernal, muy vestida así que no había prestado atención a su cuerpo.

Por fin ya estaban listas, subieron al auto y las lleve, no paraban de hablar, al llegar ya las esperaban al borde de la pileta, la amiga de Agus y un par de amigos varones, creo que uno era hermano de la amiga o algo así, hablaban tanto que ya me confundían.

A la tardecita noche me avisaban para que las vaya a buscar. Lucas tenía que estudiar así que esos días iba a quedarse en casa de mi cuñada, que vive sola y cerca de nuestro barrio, así les dejaba su habitación y las chicas estaban bien cómodas.

Siete y media de la tarde recibo un mensaje de Agus, que a las ocho las vaya a buscar si podía, de paso a la quinta tenía que dejar a Lucas y a mi mujer en casa de mi cuñada, ahí cenaban, Lucas ya se quedaba y Vale me avisaba si la iba a buscar.

Ocho y cuarto, un poco retrasado pero llegué a la quinta, todavía estaba claro, se hacen largas las tardes de verano.

Les hago señas desde la tranquera y nada, todos todavía junto a la pileta, unos con mate y otros con charla.

Ni me veían, la llamo al celular, menos, hasta que por fin uno de los chicos me ve y le avisa a mi hija.

Para mí sorpresa la que se acerca caminando es Valen, sin pudor ni vergüenza a lucir su cuerpo, bikini bombacha blanca colaless, y corpiño celeste, una locura como lo lucía.

–Javier, dice Agus que no te enojes, ya nos preparamos y vamos

–Perfecto, te mandó a vos para que no me enoje, ay si es ocurrente mi hija, estamos de vacaciones, no tengo apuro

Valentina volvió sobre sus pasos con la misma tranquilidad con la que había venido, caminando luciendo ahora de espaldas su hermosa cola entangada.

Tremendo espectáculo, la mire por un instante y volví al auto para esperar que vengan para volver a casa. No tardaron mucho y ya estábamos los tres rumbo al barrio.

Obviamente todo el camino sin parar de hablar las dos, Agus sentada a mi lado y su amiga en el asiento de atrás.

–Pa no te preocupes, nos sacamos las bombachas de las bikini así no te mojamos el auto, ya le dije a Valen que sos bastante rompe con eso.

Nos reímos los tres, yo no podía imaginar otra cosa que a las dos sacándose las bikini mojadas y subiendo al auto conmigo, trate de no pensar pero mi imaginación era más fuerte

Por fin en casa, cenamos tranqui, mucha charla y risas, la habían pasado de diez la tarde con amigos y pileta.

Agus arranco primero a ducharse, me quedé charlando con su amiga.

–La pasamos re bien, me encanta el pueblo, súper tranquilo.

–Si la verdad que si, pasan los años y sigue muy tranquilo.

–Vuelvo en dos segundos, dijo Valen, me deje puesto el corpiño de la bikini mojado y ya me está dando frío

–Ok, no tomes frío que todavía te quedan varios días para disfrutar, dije mientras imaginaba esa escena, verla sacándose el corpiño y exhibiendo sus hermosas tetitas

En un momento volvió, solo con su remera, nada de corpiño, ahí mismo salió Agus de la ducha y se unió a la charla, ahora era el tiempo de la ducha de Valen.

Me quedé charlando con mi hija hasta que Valen por fin salió de la ducha, en ese rato mi mujer me avisó que al fin se quedaba a dormir en casa de su hermana, aprovecharon y se ponían al día de chismes familiares.

Agus y Valen ya cansadas de la tarde de pileta se despidieron de mí y siguieron su charla en el cuarto. Yo me quedé un rato viendo la tv, ya casi la medianoche pero sin sueño aún.

Continuará.

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