Aquel día había tenido que salir por cuestiones de trabajo a otro estado, porque lo que me vi algo perdida en cuestión de transporte público, así que lo más fácil fue transportarme en taxis locales.
Ya era entrada la tarde noche, el sol apenas empezaba a querer ocultarse y yo estaba estresada al extremo por todo el movimiento del día, tome un taxi en un paradero de estos en plena avenida central, yo no sé mucho de autos pero, ver una Ford de taxi no es usual, no era de esas enormes está se veía más compacta, pero no dejaba de pertenecer al rango “auto familiar” sin embargo el chófer de está me ofreció el servicio apenas me vio, quizás por lo perdida que se me veía al tratar de abordar algún taxi, o mi aspecto con la blusa blanca ajustada y una minifalda muy ajustada a mis curvas.
—Señorita, sin miedo, dónde se dirige… —me abordo aquel hombre alto y delgado, de aspecto amistoso, no guapo pero de algún modo la madurez le sentaba muy bien— ¿A la estación? ¿Dónde la llevo?
Yo sonreía y ese hombre sabía vender su servicio, además de que claramente se me veía que no era de por allí, estaba comenzando a abrir la puerta trasera de aquella camioneta cuando hablé.
—¿De verdad es un taxi? —aunque al ya haberlo visto bien, aquel hombre alto me pareció atractivo enfundado en esos pantalones de mezclilla, su camiseta casual y esa chaqueta que le daba un toque más juvenil seguía siendo raro un auto así de taxi, pero él era un madurito muy rico y yo andaba muy con ganas de uno—
—De algún modo tengo que pagar el lujo de tenerla —si parecía nueva y de alguna manera eso tenía sentido— Entonces la llevo, será viaje de lujo… tengo buen aire acondicionado.
Entre ese tipo de bromas generó confianza, me subí y le dije que me dirigía a mi estancia, un pequeño hotel a la salida del municipio.
Prácticamente al comienzo del viaje el móvil de aquel hombre comenzó a sonar y sonar él no respondía, pensé que no lo hacía por mí, así que le comunique que si deseaba podía parar para responder, el avergonzado se negó pero insistí, creyendo que sería una emergencia, para mí sorpresa y la de él cuando respondió debido a que estaba conectado al estéreo del auto, una enojada mujer comenzó a gritarle el hecho de que yo me había subido al auto, me llamo piruja y a él perro sin cansancio, el hombre estaba desesperado por desconectar el teléfono y yo me trataba de aguantar la risa, salió para terminar esa conversación fuera del auto y cuando regreso fuera de vergüenza tenía furia en el rostro.
—¿Una situación mal entendida? —dije sin pensarlo— ya lo metí en problemas…
—Siempre es lo mismo, no sé dónde estaba pero… ahh —suspiro frustrado— Me lo ganó no soy una blanca paloma señorita.
—Entonces es.. cría fama ¿y? —cuestione entre risitas, las cueles el acompaño con una carcajada— Quien diría..
—Bueno soy un hombre débil ante la belleza —yo simplemente reí un poco, la malicia comenzaba a apoderarse de mí y fui coqueta sin vergüenza alguna lanzando una mirada pasando mi diestra entre mis pechos, el miro eso por el espejo— Y usted es preciosa… con todo respeto. —solté una risita—
—Gracias… —me acomode más al medio del asiento trasero— Usted también tiene su atractivo… Entiendo porque los celos…
—Favor que hace, pero creo que ya soy muy viejo —reía ahora casi nervioso—
—Si la esposa lo cela es por algo… una mujer cuida lo que le gusta… —reí quitando mi bolso de las piernas yo con mucha más intención maliciosa de hacer de las mías— Están de moda los hombres mayores después de todo..
—Bueno… —titubeo nervioso y mirándome por el retrovisor incluso paso al carril derecho y bajo la velocidad considerablemente— No lo sé… Pero bueno ¿usted cree eso también? —vi como trago saliva nervioso pero con esa mirada pícara—
—¡Oh! Si, soy ferviente seguidora de ese pensamiento —mordí mi labio inferior mirándolo a los ojos— Los muchachitos no me provocan lo mismo..
La plática había aumentado tanto de tono que las indirectas ya eran muy directas, las miradas ya muy descaradas y mi escote había aumentado a mitad de mis tetas al hacer salir dos botones de la camisa ante la mirada de ese madurito, incluso nos habíamos detenido a mitad de camino en aquella solitaria carretera, claramente ninguno quería terminar el viaje.
—Sera que… ammm espere… —baje para subir al frente rápidamente— Bueno así está mejor ¿no? Pero a todo esto no me dio el precio del viaje… —eso había sido una tontería pero como parte del jugueteo se sintió rico la espera de la respuesta— Quizás no tenga mucho efectivo…
—No se preocupe, a usted la llevo gratis y a dónde quiera… —me devoró con la mirada, mi minifalda más arriba de lo normal, mis tetas casi saliendo de la camisa pues ya se dejaba ver el encaje blanco traslúcido de mi sostén y ese hombre como un lobo hambriento saboreándome— Aunque también acepto otros métodos de pago…
—¿Como cuáles? —me incline un poquito hacia él y lo escuché suspirar sin despegar la mirada de mis tetas aprovechando ese momento para quitarme un botón más, provocando que salieran más de la blusa— ¿Acepta estás?
Aquel hombre sonrió, relamió sus labios y no me perdió de vista, yo estaba por completo en mi papel de puta, estaba cachonda desde antes, había estado tan atareada y sin tiempo alguno, no había cogido en más de dos semanas y ese sujeto no estaba nada mal, además de que noté su libidinosa mirada desde el inicio, no podía irme sin coger, fue mi premio de consolación ya que el compañero que había esperado fuera conmigo le cambiaron el viaje a otro sitio.
Me acerque con un objetivo claro, el hizo lo mismo y nos encontramos en un beso lujurioso y hambriento, no perdió el tiempo en apretarme las tetas, meter la mano entre mis piernas y estirarlas hasta tocar mi culo levantando mi apretada falda, yo jadeaba excitada por demás, autos pasaban a toda velocidad a nuestro lado, y así de veloz baje para encontrarme con una deliciosa erección bajo esos pantalones, la cual sin durar un segundo me la metí a la boca, mamando como una adicta recayendo en su vicio, escuchaba los jadeos y pujidos de aquel hombre, me la dejaba ir por la garganta y la chupaba con ganas.
Él me empujaba la cabeza y me retenía solo para escucharme desesperada por tomar aire cuando me dejaba libre, lo escuchaba susurrar diciendo “que puta, como se la traga aah”, me pegaba nalgadas y gemía “que nalgotas tiene”, sabía que lo decía para él, y yo no paraba de mamársela y llenar el interior del auto con los sonidos de mi garganta.
—¿Dejará que se la meta? —jadeo después de un rato entre esa retención de gemidos, yo me levanté sonriendo sin dejar de masturbarlo—
—Tu solo dime cómo me pongo papi… —y le lleve su mano a mi mojado coño— Mira como me tienes…
—Que mojadita está señorita…—susurro en mis labios—
—Ya piérdeme el respeto papi —seguía llamándome de usted al dirigirse directamente a mi, cuando entre susurros me designaba el nombre de puta— Me quieres hacer tu puta ¿no?
—Te la quiero atascar toda piruja —jadeo ronco contra mis labios— Quiero oírte pedir verga…
—¡Oh! Si papi, la quiero toda —me saque las tetas del sostén y gemí masturbándolo rico— Quiero tu verga bien adentro… que me hagas gritar que soy tu perra…
Aquel hombre maniobro como un experto, echando mi asiento hacia atrás, se abalanzó contra mí y se metió entre mis piernas, yo soltaba risitas extasiada por el momento sintiendo como hacía de lado mi tanga con la verga y me la empujaba con ganas, ensartándome de golpe, fue tan rico que mi cadera se arqueo, solté un gemido fuerte lleno de placer, seguido de muchos más tras cada bombeada que me daba, me cogía con ganas, entre jadeos y bufidos llenos de placer que el soltaba, mis tetas rebotaban y aquel hombre me arrancaba múltiples espasmos de puro placer.
—¡Aii papi!! —grite casi volteando los ojos en blanco— Por eso te celan, la metes bien rico…
—Y ahora sí tenía razón —jadeo sin dejar el mete saca— Subí a una puta al auto… —me eche a reír entre gemidos entrecortados—
—A la más puta mi amor… —le mire a los ojos y entre abrí los labios gimiéndole— Porque no le regresaré al marido hasta dejarlo seco…
Aquello le pareció excitante a mi empotrador porque me dio con más ganas, gemía con más gozo y me llevo al éxtasis pleno, me retorcí debajo de el en un orgasmo delicioso, en ese éxtasis salimos del auto y abrió la puerta trasera de nuestro lado para cubrirnos me puso en cuatro, me sostuve del asiento separé las piernas y recibí con sumo placer al rico macho duro y erecto como mástil, yo soltaba gritos de loca, extasiada de lo lindo, y él me azotaba el culo con esas manos ásperas.
—¡Que nalgas! Cómo rebotan —y me empezó a coger como desesperado— ¡Mierda! Estás más buena que mi vieja, estás deliciosa perrita…
Gimoteo, gimiendo con ganas pero notaba un cambio en él cada vez que un auto se acercaba, pues era evidente que estando a obscuras y los autos acercándose con luces si ponían atención podrían ver qué ese hombre se movía de cierta manera nada usual y si ponían mucha más atención podrían escucharme pidiendo verga a gritos, eso me ponía más cachonda, y a él lo descontroló, agradecí que me dio un buen orgasmo más antes de dejarme las nalgas llenas de leche pues se corrió rápido para mi gusto.
—Me ponen nervioso los autos —jadeo las palabras entrecortadas— La ley pasa a menudo por acá…
—Bueno… —yo tenía ganas por demás me gire hacia el después de limpiarme, percatándome que aún estaba bien duro— ¿Y eso le asusta? —mi frase sonó de manera retadora incluso sonreí de manera burlona—
Me empujó dentro del auto, corrió a su lugar, relamió sus labios, me tomo de la nuca y me hizo bajar a mamársela, condujo como un loco, sentí como se desvío por un camino de terracería y cuando paró me di un golpe con el volante de auto en la cabeza, reímos ante eso y sin decir nada salimos del auto, me había puesto en cuatro en el asiento trasero del auto pero él me llevo hasta la parte de atrás abrió la cajuela y me recostó abriéndome levantando mis tobillos y sin espera me ensarto su dura verga, solté un grito de emoción riendo, seguido de gemidos a cada ensartada que me daba, me taladro delicioso, me quite la camisa y el sostén, quedé completamente desnuda, solo en tanga y tacones, el sin camiseta y con los pantalones en los tobillos, gemía delicioso y no despegaba esos lujuriosos ojos de mis tetas y mi rostro.
—¡aah! —echó la cabeza atrás gimiendo delicioso— Abre esas piernas… como la puta que eres…
Me apretó el cuello con esa enorme mano y me bombeo como un poseso, se me fueron los ojos en blanco, y moje todo su abdomen arqueando mi cuerpo de placer, pero a pesar del squirt el no salió de mí, me siguió dando aún más duro, yo soltaba gemidos desesperados y ahogados por su agarre, el tenía una cara de loco, reía extasiado al máximo por como me había hecho correrme, “Que buena piruja me estoy cogiendo” soltó entre bufidos para el mismo, cuando me la sacó frotó su grande en mi clítoris como si fuese un vibrador eso me arranco un orgasmo más.
—En cuatro mi puta —me dio una palmada en el muslo y lo obedecí sin espera— Eso menea ese culo —yo lo movía y el me daba nalgadas— Ábrete bien mamacita porque te voy a meter hasta los huevos…
—Dámela toda papi —le gemía bien abierta y parando bien el culo— Dame verga… —suplicaba por la tardanza—
—¿Quiere verga mi piruja? —me azotaba con ganas las nalgas y en ese momento el teléfono timbrando en el bolsillo de su pantalón ya me tenía harta—
—¡Ya dame cabron! —y me castigo solo frotándome la verga—
—Así pide una verdadera hembra en celo —y me dio una nalgada fuerte, sentí su comentario algo extraño Pero yo estaba hirviendo de deseo— Una buena puta.
—¡Dame papito! Dame verga —gemí alto suplicando como si esto fuera cosa de vida o muerte— ¡Me tienes hirviendo el coño papi!
Fue el ruego final pues me la dio tan duro como me gusta que me puse a gemir como gata en celo, sin embargo sentí algo más, un objeto frío en mi cadera, hasta ese momento no me di cuenta que respondió a la llamada, pues una mujer muy enojada gritaba maldiciones por el altavoz y el sínico sujeto no dejaba de bombearme duro, para como yo estaba igualmente me fue imposible acallar mis gemidos, el tipo gemía y me nalgueaba de lo rico.
—¡Que ricas nalgas! —pujaba entre gemidos— ¿Quieres más verga? ¿Eh quieres mi nalgona? —gruñía el sinvergüenza—
—¡Dame papi dame! —le rogaba siguiendo su juego que de alguna manera me sobre éxito— ¡Dame más!
—¡Que rico te la comes! —gemía y no paraba de moverse delicioso— ¿Quién es mi puta?
—Si papi. Yo soy tu puta si. Soy tu puta —repetía gritando llena de un placer tan sucio, desvergonzado y morboso— Dame … más papi más! —rogaba en el más puro placer recorriendo mi cuerpo—
La mujer en el teléfono seguía gritando insultos tanto para el como para mí, me llamaba perra, puta y piruja, sin saber que esos eran mis sobrenombres favoritos y que los hombres sinvergüenza infieles eran los que más cachonda me ponen, me causo gracia el hecho de que ella no colgara y siguiera escuchando como chocaban mis nalgas en su marido una y otra vez el cómo este gemía y el cómo me hacía gemir, empezó a darme más rápido y de momento a otro me corrí, entre alaridos de gozo por parte de él por disfrutar de provocarme otro squirt y los míos de placer puro.
—¡Puta madre! —soltó un grito— Jamás me había cogido a una puta que se corriera así…
Yo estaba sumida en placer como para responder, y él me movió haciendo caer el teléfono, el si la llamada seguía o no, ya no me importaba, me hizo bajar las piernas al suelo terroso y húmedo, subir solo una sola pierna a la plataforma de la cajuela, y me la volvió a meter como me gusta, desesperado, me hizo girar un poco el torso tomándome el cuello y besándome con apuro, siendo el agarre de mi cuello su punto de apoyo se puso a darme verga sin parar, no éramos más que un par de animales cogiendo, jadeando y gimiendo a mitad del monte con la obscuridad rodeándonos, con solo la tenue luz de la cajuela de la camioneta, un desconocido hombre del cual literalmente no sabía su nombre ni él el mío, me estaba susurrando entre gemiditos en el oído.
—Te ofrecí el taxi, porque te vi bien buena —gimoteaba sin parar el mete saca— No sabía… —gimoteaba— Que terminaría por tenerte encuerada en cuatro con la verga bien adentro, diciendo que eres mi puta…
—Y que rico me estás cogiendo papacito —gemí frotándome el clítoris— Me tienes de tu puta si… Que rico la metes…
—Que rica te veías con esa faldita, muy fresita pero bien putona ¿no?… —me propinó una fuerte nalgada que me hizo soltar un gemidito— Y mira como te pones cuando la tienes bien adentro…
—Si papi, era para buscar macho… —gemí y solté una risita— Me encanta la verga… Y más cuando el macho que me la da me dice que estoy más buena que su esposa….
—Si lo estas! deliciosa mamacita, solo de ver estas nalgas —me azotó fuerte las nalgas con ambas manos— y esas tetas gordas… puta madre que dura me la pones… —me apretaba el cuello y me la metía más duro jadeando en mi oído— ¿Te gusta eso verdad? Apenas supiste que soy casado me diste las nalgas… —jadeaba y se le escapaba alguna risita entre las palabras, este juego estaba siendo delicioso para los dos—
—Me fascina, me encanta —empujaba el culo hacia atrás para que me diera más rápido— ¿Te diste cuenta no papasito? Vi la oportunidad y me puse de ofrecida, ya quería verga…
—Piruja… ahora te voy a dejar los mecos adentro, por pinche puta ofrecida…
Solté una risita por demás excitada, y ese tipo se puso loco, empezó a follarme sin control alguno, resoplaba fuerte y mis gemidos aumentaron, de repente se me salían risitas, a él maldiciones y ofensas deliciosas hacia mí, en cosa nada ya me tenía chorreándome en orgasmos, está vez el atrapó un mis juguitos con su mano y me palmeaba el clítoris, me bajo la pierna me inclino bien en la ya mojada tapicería de la cajuela y me cogió duro, me tomaba de la cintura con fuerza y de momento a otro soltaba graznidos dejándome toda esa lechita bien adentro, se quedó jadeando y con ligeros espasmos detrás de mí, moviendo la pelvis en círculos y dando ligeras metidas y sacadas, por un momento.
Cuando salió de mi sentí cada centímetro de su rica carne prohibida abandonarme, aún se frotaba la verga jadeaba y tras soltar un largo suspiro se dejó caer a mi lado en la cajuela.
—Joder… —se dejó la flácida verga reposando en su abdomen— Ahora sí me llevo la chingada…
—Pero supongo que valió la pena —solté sin preocupación alguna por ese hombre— ¿o no? —me levanté y me apreté las tetas una contra la otra por lo que tomaron más volumen—
—Toda mamacita —por un momento al fijar su vista en las tetas su cara de preocupación se fue, se levantó y le vi las ganas por tocarme— Deliciosa… —me devoraba con la mirada—
—Bueno… —empecé a vestirme sin dar mayor importancia ya— ¿Me llevas a mi hotel entonces? Pasarán por mi allí…
El sujeto ya no dijo nada, levantó sus cosas y empezó a vestirse.
Ya de camino el sujeto no se quedó con las ganas pues empezó a hablar.
—¿Sería posible que en algún otro momento la pueda encontrar? —volvía a hablarme de usted— Aunque supongo que ya seré soltero… —Yo reía muy divertida—
—Pero… seguirás cogiendo rico ¿no? —le extendí un trozo de hoja con mi número de teléfono— Quizás sea posible… —dije respondiendo a su pregunta—
—La podríamos pasar más rico que hoy —ahora su entusiasmo cambio y relamía sus labios con lujuria la misma que trasmitía esa mirada— Pronto te llamo para llevarte a un motel y ver esas ricas nalgas que tienes preciosa…
—No tardes porque quiero sentir que más puedes hacerme ahora en una cama… —para ese momento ya habíamos llegado y a eso se debía las desinhibición del taxista—
—Te haré mearte de placer más de dos veces mamacita rica —se acercó a mis labios deslizando su mano desde mi muslo a mi cintura.
—Llama pronto entonces mi amor —mordí su labio inferior y apreté un poco su entrepierna antes de bajar de la camioneta—
A los pocos minutos llegó mi compañero de trabajo por mí.
Aquel hombre llamo al día siguiente y pasados tres días de llamadas cachondas y dos días más de espera, viajo dos horas para cumplir lo que prometió, pasarla más rico…
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