No me dejó decir nada pues rápidamente junto con Sandy subieron a la recámara muy sonrientes y comparando sus pulseras. Conté los billetes y eran quinientos dólares, eso me puso de muy buen humor así que salí a arreglar la sala. Pensé que a ese paso pronto saldríamos de nuestros problemas, aparte el efecto del medicamento me hizo que pudiera moverme un poco mejor y dejé la sala lista para el último cliente.
Bajaron las chicas, Sandy me apoyó con la charola de copas llevándola a la cocina. Mónica me abrazó por la espalda, sentí el aroma de su perfume, delicioso. Me di la vuelta y nuevamente irradiaba de belleza. Su vestido dorado brillante, muy escotado, zapatillas de tacón alto, medias negras muy elegante.
―Este último cliente es un hombre de edad avanzada, va a ser fácil. Viene con su chofer que es también su asistente, es conocido de Sandy y es un hombre de mucho dinero. ¿Te incomodaría que el chofer esté contigo en la cocina, ya que tiene que tenerlo a la vista para cualquier situación?
―Por mí no hay problema. ¿Él sabe que estaré ahí?
―Sandy le va a explicar.
Ya iba a ser hora así que me dispuse a irme a la cocina. Sandy había ya lavado y secado las copas mismas que volvió a sacar a la sala. Sonó el timbre.
Me asomé y se efectivamente se trataba de un hombre como de unos setenta años, pulcramente vestido, de traje negro calvo con lentes y bastón. Lo apoyaba su ayudante el cual también se veía maduro de unos cincuenta años pero muy cuidadoso y atento con su amo. Le ayudo a acomodarse en el sofá.
Mónica de pie lo recibió con Sandy, luego esta tomo del brazo al tipo y lo trajo a la cocina, me aleje de la puerta y me recargué en el lavabo.
―Pasa Aldo.
El tipo pasó pero volteaba para no quitarle de vista a su patrón. Sandy nos presentó brevemente y cuando escucho que yo era el esposo de Mónica hizo un gesto de sorpresa.
—¡Vaya! Mucho gusto.
Sandy le dijo que podía vigilar desde la ventanilla de la puerta, así que se adueñó de mi lugar.
Sandy y yo nos sentamos en el comedor dejando que el tipo vigilara al viejo cliente. Unos minutos después vi que se puso nervioso y encendió un cigarro.
—¡Santo Dios que bonita es! ¡Qué cuerpazo tiene! ―dijo el chofer―.
—¿Estás pensando en voz alta? —dijo sonriendo Sandy―.
Volteo y nos vio algo apenado.
—¡Perdón! ―se me quedo mirando―. Perdón pero tu esposa es hermosa.
―Gracias ―dije— y sonreímos muy suave Sandy y yo.
Creo que eso rompió el hielo, Aldo el chofer también sonrió.
—¿Le diste su viagra? ―pregunto Sandy al asistente―.
Este evito la carcajada.
—¡Claro! Sin eso no funciona.
—¿Puedo ver que hace don José? ―pregunto Sandy al chofer―.
—¡Claro! ―dijo este— ven.
—¿Qué te parece si abrimos la puerta? La vista de tu patrón ya no llega hasta acá y no se dará cuenta además que estaremos más cómodos.
Y Aldo abrió suave la puerta de la cocina, teniendo vista así para los tres. Don José con agarrándose los lentes veía de cerca las dos tetas de mi esposa.
—¡Que hermosas! ¡Que hermosas! ―se alcanzaba a escuchar que decía―.
Se puso a mamarlas. Aldo volteo hacia mí.
—¿No hay problema? ―me dijo―.
—¿De qué? ―Respondí―.
—¿Si no hay problema que veas lo que le hace a tu mujer?
—¡No, para nada! ―y me acomode dando un paso al costado para poder ver mejor-.
Aldo se encogió de hombros y nos dispusimos a ver lo que pasaba.
Mónica, cuidadosamente abría el zipper y sacaba la flácida polla del longevo cliente, lo quiso recostar pero el tipo estaba muy a la orilla del sofá cama, había que acomodarlo. Aldo rápidamente fue hacia la sala para apoyar.
Recostó a don José acomodarlo, haciéndose a un lado pero quedándose cerca. Mónica sin importarle la presencia del asistente, tomo el pene del anciano y empezó a chuparla muy suave y delicadamente.
Don José acariciaba la espalda y las nalgas de mi mujer.
—¡Quita esto! ―le ordeno―.
Mónica se desnudó, quedando con las medias y el liguero, dejando ver sus hermosas nalgas viendo al pene del anciano y parando su delicioso culo mientras mamaba.
Vi que el asistente no quitaba la mirada de mi esposa.
―Aldo ya se prendió―me dijo Sandy acercándose a mí―.
Don José nuevamente enfocando sus lentes ponía su atención en las nalgas de mi esposa y luego hacia la rica mamada que le estaba dando.
Aldo se alejó de la pareja y despacio se acercó a nosotros.
―Amigo―me dijo—con todo respeto, pero que buena esta tu esposa.
Creo que ahí el asistente se dio cuenta que por mi había problema por lo que mi esposa hacía. De hecho se me acerco diciéndome.
—¡Que culo tiene tu mujer!
—¡Es una delicia respondí!
Ante esa confianza Aldo ya sin pudor, se puso a observar ya sin ningún problema la escena.
―Creo que ya hizo efecto la pastilla y se le está enderezando al viejo ―bromeo―.
Sandy se volvió a sentar en el comedor y yo y Aldo nos quedamos atentos de la sala.
Mónica, delicadamente se montó sobre don José y después de unos instantes logro introducir el pene del anciano en su raja, este la tomo de los cabellos y la cerco para besarla, lengüeteaba la boca de mi esposa la cual también sacaba la lengua juntándola con la del viejo. Las caderas de Mónica se movían lentas y sensuales que Aldo no pudo evitar agarrarse la polla.
—¡Tranquilo! ―le dijo Sandy— tal vez tu jefe te invite al final.
―Siempre lo hace, y tú lo sabes ―Respondió Aldo burlonamente―.
Mónica se había volteado, encima de don José con la vagina en la cara del viejo y ella volviendo a chuparle la verga en un delicioso 69. Las tetas de mi mujer colgaban cachondamente mientras mamaba, solo alcanzaba a ver las manos del anciano acariciar las enormes caderas.
Mónica nos vio a mí y al asistente muy atentos desde la cocina, y nos empezó a mirar sensualmente mientras se tragaba la polla de don José.
Aldo sin dejar de apretarse el pene sobre el pantalón dijo.
―El viejo no va a durar mucho, así le pasa. A Sandy mucho le dura diez minutos.
Se cubrió la boca con la mano para evitar la carcajada.
―No te burles de mi amado don José ―respondió Sandy sonriendo―.
—¡Aldo! Ayúdame a pararme.
Pronto el asistente corrió para poner de pie a don José, poniendo a Mónica en el sofá y quedando el al frente para penetrarla parado.
Aldo quedo cerca, pero el viejo le hizo una señal que se alejara.
―Así nada más yo puedo.
Se puso las piernas de mi esposa en el hombro y se esforzó en penetrarla, muy lento metía y sacaba, hacia pausas para acariciarle las tetas, luego otra vez metía y sacaba. Mónica se sentó para poder estar frente a su cara pues el viejo lengüeteaba buscando un beso.
—¡Ah! ¡Ah! ―y paraba para evitar el orgasmo―.
Yo y Aldo nos veíamos y sonreíamos. Pero ya don José no aguanto más y sacando su polla, disparo unos pequeños chorros.
Fue todo.
—¡Disculpe Mónica! Pero ya no pude ―dijo el anciano―.
—¡No se preocupe don José!
Aldo corrió a auxiliarlo, lo sentó y con ayuda de mi esposa empezó a vestirlo.
Una vez listo, el viejo le pidió a mi esposa que se sentara frente a él, ella aún estaba desnuda, solo con las medias, ligueros y zapatillas. Tomo su bastón y abrió con él las piernas de Mónica y nuevamente enfocando sus lentes con una de sus manos busco el orificio de la vagina pero no daba.
—¡Ayúdame! ―le dijo a su chofer―.
Este inmediatamente guio la punta del bastón en la raja de mi mujer. El viejo empezó a empujar suavemente. Mónica se recostó para facilitar la acción, a la vez que se jugaba sus tetas.
—¡Esta preciosa! ―le dijo el anciano a Aldo que estaba a su lado―.
Siguió metiendo el bastón por un momento más, luego le dijo a su asistente.
―Que se ponga en cuatro.
No fue necesario que Aldo le dijera a Mónica, ella muy atenta y profesional se puso en cuatro apuntando el culo hacia ellos, sus nalgas eran deliciosas, el liguero y las medias la hacían ver más cachonda.
Don José, busco el ano de mi mujer y de la misma manera Aldo guio la punta hacia la entrada y el viejo empezó a metérselo.
—¡Cógela por el culo! ―le ordeno don José a su chofer―.
Este de inmediato, saco su escurrido pene y procedió, el viejo enfocaba sus lentes para poder ver bien.
—¡Así, métele todo!
Aldo, metió toda en el recto de mi esposa, jalo el sofá cama de tal manera que el viejo sentado en el sillón tuviera una buena vista, quedando justamente frente a él.
—¡Métesela por la pucha!
Y Aldo de inmediato obedecía.
—¡Así, jodela! ¡Fuerte! ¡Agárrale las tetas!
Las bellas nalgas de Mónica, chocaban con la pelvis del asistente rebotando cachondamente. Pero Aldo tampoco resistió mucho.
—¡Me vengo!
—¡En la cara, pónselos en la cara! ―ordeno el viejo―.
Y así le hizo, un gran chorro de esperma baño la frente, ojos y mejillas de mi señora. Luego otro y otros más pequeños, hasta que todo el rostro de Mónica quedo cubierto de la leche de Aldo, el cual se esforzaba por aventarle toda la esperma a mi esposa.
Don José, enfocaba sus lentes viendo como la leche le escurría de la cara a las tetas de Mónica.
—¡Que buena vaciada la del tipo! ―dijo Sandy―.
Yo tuve que sentarme nuevamente pues ya llevaba un buen rato de pie.
—¡Pobre Mónica! ―pensé― este día su vagina recibió una buena joda.
Sandy se me acerco.
—¿Viste que Mónica maneja muy bien la situación? ¿Viste que puedes confiar en ella ya que es toda una profesional?
―Sí, lo sé ―respondí―.
Aldo entro para despedirse.
—¡Mucho gusto amigo! ―estiro la mano— ¡Tu mujer es una delicia!
―Gracias amigo, cuando gustes.
Minutos después Sandy entro con Mónica. Los tipos ya se habían ido y Sandy también se despidió. Salimos a acompañarla hasta la puerta. Mónica seguía con las pantis y el liguero.
—¡Has estado estupenda hoy! ―le dije― creo que con esto me estoy enamorando más de ti.
Sobre el sofá había otro rollo de billetes. Eran nada más y nada menos que seiscientos dólares.
—¿Viste todo? ―me pregunto sensualmente―.
—¡Si! Y estoy con la leche ya saliéndose ―conteste―.
Me sentó en el sillón, abrió el zipper y saco mi verga. Sin más empezó a chuparla, se metió toda hasta un poco más allá de la garganta, sentí como la punta bajo por su cuello. Las escenas de ese día vinieron a mi mente, como las vergas le entraban por el coño, por el culo, por la boca, como los dos chicos la penetraban por ambos agujeros, como Roque sin piedad le metió su enorme verga, la cara de placer y gozo del primer cliente de ese día.
Por mi situación física, suave me recostó, ella ya sabía, se sentó encima de mi polla la cual entro a lo más profundo, en mi mente seguían las imágenes de sus nalgas bien hermosas y Aldo metiéndole toda su pinga por la vagina. Ya no pude más, todos mis chorros de leche quedaron dentro de su tibia vagina. Fue delicioso, el mejor de los orgasmos el estar recordando cómo se follaban a mi esposa, mi esposa prostituta.
Fin
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