Era una tarde cualquiera para Fernando, pero dejo de serlo cuando Mayra, una vieja amiga de hace muchos años lo llamo por teléfono.
—¡Hola amigo! ¿Te acuerdas de Alejandra? La que fue tu novia cuando trabajamos en el banco.
Como no se iba a acordar de Alejandra, por un momento una enorme cantidad de recuerdos se amontonaron en su mente.
—¿Alejandra? ¡Claro que la recuerdo! ―respondió entre confundido y sorprendido―.
—¿Pues qué crees? Me contacto su hija, Sae.
Sae tenía cuatro años cuando fueron novios.
Fernando trataba de acomodar la avalancha de recuerdos pero a la vez poner atención a lo que su amiga Mayra le comentaba.
―Pues me mando invitación por el Facebook, ahora Sae tiene veintiséis años y me pidió tu teléfono ya que quiere contactarte ¿No hay problema si le doy tu número?
Alejandra tenía veinte años cuando se conocieron, entro a trabajar como recepcionista al banco donde Fernando trabajaba en el área de sistemas. Nadie le creyó cuando conto que ya tenía una hija, pues había quedado embarazada en el último año de educación secundaria, su niña nació cuando ella tenía diez y seis años. Por eso cuando Alejandra entro al banco apenas había terminado la preparatoria pues tuvo que dejar la escuela un tiempo para cuidar a su hija.
Había algo en ella que llego a llamar la atención de Fernando, algo que le atraía más que su físico, la maternidad temprana la hacía ver mucho mayor que la edad que tenía. Sus pechos eran muy bonitos, trigueña, esbelta y de piernas largas. A los pocos días de conocerse ya eran buenos amigos y había mucha atracción entre ellos.
Alejandra vivía con su madre jubilada, la cual la apoyaba cuidando a su nena mientras ella trabajaba. La señora casi todos los días iba con la niña a esperar a Alejandra a la salida del trabajo. Muchos querían follarsela pero ella siempre se dio a respetar. Acepto salir con Fernando porque también ella sintió que había algo en él, algo especial.
Fernando era adicto al sexo, después del trabajo se la pasaba viendo pornografía y masturbándose, secretamente frecuentaba prostíbulos y gustaba de hacerse videos y fotos mostrando sus erecciones que eran muy fuertes. Fernando tenía una cualidad, se reponía muy rápidamente después de un orgasmo. A sus veinticuatro años tenía una gran energía sexual. Desde su adolescencia gustaba de leer revistas de tema erótico donde venían consejos y ejercicios para tardar la eyaculación, tal vez eso le ayudo en su capacidad sexual que fue desarrollando.
La primera vez que salió con Alejandra terminaron en la cama y ahí descubrió a su alma gemela, Alejandra si bien había reprimido su deseo sexual, estaba latente de manera muy poderosa en ella. Fernando se sorprendió cuando en ese primer encuentro le pidió que la golpeara fuerte las nalgas, que la asfixiara, que la sometiera, que la penetrara por el ano y conforme siguieron saliendo cada vez hacían cosas más extremas.
En uno de esos encuentros Fernando la llevo a su departamento ya que solo se habían visto en hoteles, en su departamento Fernando tenía instaladas en un su triple sus dos cámaras de video apuntando a su cama, donde él se filmaba y a Alejandra le fascino, le encanto verse en video teniendo sexo.
Desde entonces donde quiera que iban llevaban la cámara. En los dos años de relación de la pareja Fernando reunió horas de videos de casi todas las cosas que llegaron hacer juntos y, ese material lo conservo después que Alejandra se fue de su vida. Por varios años lo guardo y hasta se olvidó de ellos por un tiempo.
—¿Entonces le doy tu número? ¡Fer sigues ahí!
La voz de su vieja amiga Mayra lo hizo reaccionar.
—¡Si claro! Me gustaría saber que ha sido de Alejandra.
―Me dijo Sae que te busco en redes pero ves que no apareces con tu nombre.
―Sí, me imagino que por eso no me localizo―respondió Fernando―.
Alejandra termino con él y a los pocos días se fue, ni siquiera renuncio a su trabajo, y lo llamo para despedirse y le dijo que no se preocupara que tenía que marcharse que por favor no la buscara. Desapareció con su madre e hija y por más que Fernando le busco después no pudo localizarla. Tardo meses en superarla de hecho tuvo que ir a terapia y una vez la terapeuta le sugirió que se deshiciera de esos videos, pero no lo hizo, solo los reunió en unos discos compactos y los guardo.
Años después al hacer limpieza dio con ellos y los volvió a revisar, los cambio a una unidad USB y de vez en cuando recurría a ellos para recordar viejos tiempos y para masturbarse pues esa manía nunca la pudo dejar.
—Bueno Fer, gusto en saludarte. Te cuidas―su amiga Mayra se despidió de él―.
No tenía ni diez minutos de la llamada de su vieja amiga cuando sonó su teléfono.
―Hola buenas tardes ¿Fernando?
―Buena tarde ¿Quién habla?
―Soy Sae, hija de Alejandra Rosales ¿No sé si te acuerdas de mí? Me dio tu número la señora Mayra me dijo que te comento.
Fernando no pensó que le marcara tan pronto.
—¡Hola Sae! ¡Claro que me acuerdo de ti! ¡Qué sorpresa!
―Sí, que bueno que te acuerdas.
Después de los saludos no pude evitar preguntarle.
—¿Y tu mamá que tal?
Se quedó un momento en silencio.
―Es por eso que te busque Fernando porque precisamente quería hablar contigo de ella.
—¿Qué paso con tu mamá? ¿Le pasa algo malo? ―respondí―.
―Ella está en prisión.
En verdad que sentí un escalofrió en el cuerpo.
—¿Pero cómo? ¿Qué paso con ella?
―No te lo puedo contar por teléfono. Me gustaría platicarlo personalmente.
―Sí, no hay problema. ¿Estás en la ciudad? ―pregunto Fernando―.
―Sí, te veo mañana cuando salgas del trabajo, me llamas y quedamos donde vernos
―De acuerdo.
Esa noche Fernando no podía conciliar el sueño por los recuerdos, busco la USB y la coloco en su laptop. Se puso sus lentes y apareció una gran lista de archivos de fotos y videos en la pantalla. La mayoría de ellos los había archivado con nombres como “Cogida en el campo”, “Ale y su pepino”, “Ale amarrada y amordazada”, “Aventura swinger” entre otros muchos títulos, pero había algunos sin nombre, abrió uno de ellos.
Apareció Alejandra masturbando a Fernando, lo hacía con fuerza, por momentos se metía la verga a en la boca, la sacaba y volvía a masturbar fuerte.
Fue a otro archivo, apareció Alejandra en la calle y muy sonriente hablaba frente a la cámara.
―Vamos al bar Zeus, vamos a ver a chicos desnudos jiji―y sonreía muy picara―.
Luego apareció chupándole la polla a un stripper, le acariciaba el abdomen y las piernas ella en cuclillas con las tetas de fuera. El tipo gozaba con la rica felación que Alejandra le daba.
Abrió otro archivo el cual Fernando lo dejo correr y levanto la mirada preguntándose.
—¿Por qué estará en la cárcel? ―pensó―.
Al día siguiente, al salir del trabajo Fernando llamo a Sae.
—¡Hola Sae! Ya estoy libre, te veo en la Plaza del centro de la ciudad en la puerta principal en treinta minutos.
Fernando llego antes, no le costó trabajo identificar a Sae pues la chica era muy parecida a su mamá, pero mucho más hermosa. Bella trigueña, esbelta de caderas bien formadas y firmes. Se veía de buena apariencia digamos que como si fuera de una familia acomodada, y en realidad lo era. Llevaba un abrigo beige pues la tarde era fría, unas botas cafés de tacones altos lo cual le hacía ver muy elegante.
—¿Sae?
—¿Fernando?
Un beso en la mejilla y un abrazo tímido de ambos fue el saludo.
—¡Qué guapa! Te conocí siendo una peque y ahora. ¡Qué rápido pasa el tiempo!
Fernando quedo impresionado por el porte de la chica, y luego su perfume que le penetro hasta la última neurona era hermosa. Le pregunto si le gustaría comer algo pero a Sae le interesaba platicar con él.
—¿Un lugar con menos ruido por acá cerca? ―pregunto ella―.
Fernando la condujo a una cafetería a un costado de la plaza comercial muy tranquila. Apenas y se sentaron este le pregunto.
—¿Entonces qué pasó con tu mamá?
La chica tomo aire y se acomodó, iba a hablar pero el mesero se acercó a tomar la orden que fueron dos cafés. Una vez solos dijo.
―Mi padre falleció hace unos meses, y sus hermanas o sea mis tías la acusaron de fraude, movieron influencias y la metieron presa.
—¿Pero hay posibilidades que salga? ―pregunto Fernando―.
―Eso ya lo están checando los abogados de mi madre, pero los procesos llevan sus tiempos.
Sae le empezó a dar detalles. Fernando la escuchaba con atención pero por momentos no podía evitar ver el rostro, los pechos, las manos finas y delicadas de Sae. Sus ojos, sus labios y sus gestos iguales a los de su madre.
Después de casi una hora Fernando trataba de armar todo, con lo que Sae le había contado. Resulta que el motivo por el cual Alejandra termino con él en aquellos años, fue porque el papa de Sae había regresado ya que sus padres lo habían mandado a otra ciudad para alejarlo de Alejandra pues él era muy joven cuando ella salió embarazada y sus padres tenían otros planes para su futuro. Por varios años los padres de Roberto lograron controlarlo, pero después regreso y convenció a Alejandra que se fuera con el aun cuando su familia no aceptaba ni a ella ni a la niña. Se casaron sin la presencia de la familia de Roberto y nació su segunda niña de nombre Valeria.
La familia del padre de Sae siempre estuvo en desacuerdo con su esa relación, pues eran personas de dinero y consideraban que Alejandra no era de su nivel ni la mujer adecuada para su hijo aparte que era el único hijo varón y seria el Roberto que heredaría la mayor parte de los bienes de la familia. Vivieron en varias ciudades donde la familia tenía negocios y así pasaron algunos años.
Los negocios prosperaron mucho con Roberto a la cabeza y al fallecer sus padres, sus hermanas empezaron a querer hacer a un lado a Alejandra desatándose una serie de chismes e intrigas. Primero Sae y luego Valeria se fueron a estudiar al extranjero, concretamente a los Estados Unidos, la pareja quiso mantenerlas alejadas de esos conflictos entre la familia.
―Un día nos avisaron que mi padre había sufrido un derrame cerebral, nos avisó mi madre. Tiempo después del sepelio mi madre fu detenida. Mi tía hablo con nosotras y nos mostró mensajes del teléfono de mi papa donde decía que había sorprendido a mi madre teniendo relaciones con un abogado de confianza de él, y que también se constaba con el chofer. Días después mi padre falleció. Por su estado de salud nunca nos pudo confirmar nada de lo que mi tía nos dijo.
Sae y su hermana habían platicado con gente cercana a sus padres y les contaron cosas que ellas no sabían pues nunca Alejandra se los dijo, tal vez para no preocuparlas, cosas como que el matrimonio no estaba bien, había constantes y fuertes discusiones y que los rumores sobre su mama eran ciertos, que se sabía que frecuentaba antros con chicos, que si era cierto que se metió con el abogado y con el chofer entre otras muchas cosas que dejaron a las chicas muy confundidas y dudando de Alejandra.
―Mi madre siempre estuvo al pendiente de nosotras―continuo Sae― cuando nos fuimos a estudiar al extranjero ella nos visitaba dos veces al año, ella nos prefería lejos pues así no estábamos cerca de la familia de mi padre que nunca nos aceptó.
Una vez que a Fernando le quedo clara gran parte de la historia de esos años desde que Alejandra se fue, pregunto.
—¿Y todo eso que tiene que ver conmigo?
―Un día platicando con mi mamá, me hizo un comentario que en ese momento no me pareció importante pero que ahora si lo es. Me dijo que si alguien la conocía bien y a fondo en este mundo no era mi padre si no tú— La chica clavo sus hermosos ojos negros en los de Fernando―.
Sae quería estar segura si lo que su familia paterna decía de su madre era cierto, los mensajes que su tía le había mostrado si eran de su padre pues venían de su teléfono donde decía pestes de Alejandra tachándola de una cualquiera, de una “cerda puta”.
Y en realidad Fernando conocía mucho de Alejandra y no solo en palabras, le vino a la mente el USB lleno de videos y fotos.
Recordó brevemente esa noche que Alejandra llego a su departamento con un pepino ¡Vaya que era grande!
―Me lo vas a meter todo ―le dijo a Fer―.
Ella sostenía la cámara mientras que él con sus dos manos empujaba poco a poco el enorme fruto que parecía le iba a desgarrar la vagina. Sus gritos eran una mezcla de dolor y placer. Y se le fue todo, cuando retiro el pepino la vagina de Alejandra quedo abierta y roja.
―Entonces quiero que me digas el por qué mi madre dijo que tú la conocías muy bien.
Fernando no esperaba esa pregunta. Miro por un momento a la chica y pensó que si le hablaba con la verdad Sae no lo soportaría.
―Alejandra fue una gran mujer, te quiso mucho y lucho por ti.
—¡No! ¡No! ―lo interrumpió la chica— eso ya lo sé.
Los ojos negros de Sae se clavaron nuevamente en los de Fernando, su mirada era tan firme y decida que lo hizo bajar el rostro.
―Necesito que me digas si mi madre era como las personas con las que he hablado me han dicho que es.
—¿Por qué crees eso? Si la familia de tu padre nunca las acepto como dices entonces lo que te dijeron es producto de ese rechazo.
―No solo ellos, como te he platicado. Personas que yo considero confiables que trabajaron mucho tiempo con mi padre, también me lo dijeron.
Sae tomo la mano a Fernando y la apretó firme sin dejar de mirarlo a los ojos.
—¡Así que no me iré hasta que me digas la verdad sobre mi madre!
Fernando sintió la suavidad de las manos de Sae, y nuevamente su perfume que no llego a identificar que perfume era pero junto con la mirada de Sae lo desarmo por completo.
—¡No creo que lo soportes! ―dijo Fernando―con la voz casi quebrada por la impresión.
Tal vez no quería decir eso que dijo, pero la presión de Sae hizo que no tuviera control de lo que hacía y eso fue como si Fernando picara el anzuelo. Sae tomo ahora sus dos manos y acerco su rostro al del hombre, el cual ya estaba intimidado por la chica.
—¡Pues te escucho!
―Perdón, no quise decir eso…
—¡Te escucho! ―volvió a decir firme Sae―.
La estructura emocional de Fernando era débil, reservado, tímido, extrovertido, movido más por la emoción que por la razón.
―Pero toma en cuenta que éramos jóvenes, ella tenía 20 años y yo 24 entonces creo que solo eran locuras de jóvenes. Cuando veo los videos que hicimos siento que era eso, solo locuras.
Los hermosos ojos de Sae parecían no parpadear.
—¿Qué videos? ―pregunto fuerte―.
―Sae, me estás haciendo decir cosas que no quiero ni imaginar las consecuencias que eso traiga.
—¿Qué videos? —volvió a preguntar la bella chica apretando más fuerte las manos de Fernando―.
Sae había encontrado la manera de que Fernando soltara todo.
―A tu mamá y a mí nos gustaba filmarnos cuando salíamos, nada fuera de lo común, en el parque en el campo ―trato de suavizar― así para tener un recuerdo de novios, solo eso.
—¡Quiero verlos!
—¡No! ―Fernando se puso de pie— ¡Eso no!
Salió del café de prisa. Sae dejo un billete en la mesa y salió tras él. En la mente de Fernando había un caos.
—¡Como pude ser tan estúpido! ―se dijo―.
Sintió nuevamente la mano de Sae en el brazo que ya lo había alcanzado. La chica volvió a tomar sus manos y las apretó suavemente. Lo tranquilizo.
―Fernando, no tengas miedo. Soy una mujer con la mente abierta, te repito, es muy importante saber sobre mi madre, todos solo me han dado comentarios y tú tienes algo real.
Tomo a Fer ahora de las mejillas y con sus pulgares froto suavemente alrededor de sus ojos.
―Relájate. Tranquilo.
La voz y las caricias tiernas de la chica relajaron a Fernando.
―Te diré la verdad Sae, en los videos hay situaciones muy fuertes, te sentirías mal. Te traumaría de por vida creo yo.
Una sonrisa suave de dibujo en los labios de Sae.
―Los quiero ver ―volvió a decir ahora muy suave― no te preocupes. ¡Necesito verlos Fer!
Él iba a decir algo pero el dedo índice de la chica lo silencio.
—¡Vamos! ―dijo Sae.
Lo tomo del brazo y se fueron al auto de Fer.
A pesar de sus 46 años, Fernando nunca supo decirle “no” a una chica. Como autómata condujo el auto hacia su departamento, envuelto en muchas dudas.
“Y si Sae buscaba esto para tener alguna prueba en contra de Alejandra, y si esto pasaba él tendría que declarar ante la justicia y tendría que mostrar todo ese material.”
—¡Piensa Fer! ¡Tranquilo! ―pensaba―.
De ninguna manera quería perjudicar a Alejandra. Pero si Sae veía todo lo que llegaron hacer, si veía el video donde él le metía ese pepino tan grande, o esa vez que Alejandra quería experimentar una doble penetración y convencieron a un stripper que participara en el trio. ¿Podría Sae soportar ver que dos vergas atravesaban a su madre una por el ano y la otra por la vagina?
—¡No le daré ninguna copia de ese material! Si lo quiere ver que lo vea ahí pero nada que se lleve algo ―pensó― lo puede utilizar como evidencia. También vigilare que no vaya a tomar fotos de nada, es más le quitare el celular.
Sae lo miraba y de alguna manera entendía lo que pasaba por los pensamientos de Fernando. Y por momentos le frotaba suavemente la nuca así como en señal de comprensión mientras el conducía.
Llegaron al departamento de Fernando. Nuevamente la chica lo tomo del brazo y subieron las escaleras, pues vivía en el tercer piso del edificio, al llegar a la puerta Sae volvió a buscar sus ojos, lo miró fijamente y le dijo.
―No te preocupes Fer, te aseguro que estaré bien. Esto te lo voy agradecer mucho.
Continuará…
![]()
***No se admiten datos personales en los comentarios***
Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.
Administración de CuentoRelatos