Las relaciones incestuosas de Sae y Valeria (3)

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Valeria camino despacio para ver qué pasaba en el baño. Sae recibía la gruesa y grande polla de Fernando el cual acariciaba las nalgas de la chica, subía sus manos hacia la espalda fina y de piel suave, luego llegaba hasta las tetas las cuales apretaba y jalaba los pezones. No dejaba de meterle y sacarle la verga.

La chica vio la escena y el rostro se le ilumino, se acercó hasta la puerta del baño. Vio las manos de su hermana apoyándose en la pared y gimiendo, escucho como las nalgas de Sae chocaban con el cuerpo de Fernando.

—¡Por mi culo! ¡Métemela por mi culo!

Valeria abrió la boca de la sorpresa al escuchar la súplica de su hermana mayor. Y quiso ver cómo iban a penetrar a Sae, como se la meterían por el fundillo.

Fernando preparo su palpitante verga, busco saliva en su boca para lubricar pero por lo nervioso tenía la boca seca, así que empezó a meterla con el solo líquido lubricante que su pene producía. Sintió como el culo de Sae era perforado, poco a poco, suavemente. Ella gemía y de pronto Fernando sintió unas manos muy suaves que lo abrazaban desde atrás.

¡Una sorpresa más! Giro la cabeza y ahí estaba, la hermosa Valeria. Lo abrazaba por la espalda y con sus manos suaves le acariciaba los vellos del torso.

—¡Velería! ―dijo―.

Sae se voltio al escuchar el nombre de su hermana, la cual se abrió paso y se paró junto a Sae.

—¡Quiero ver cómo te cogen!

Sae miro a Fernando, el cual estaba a punto de entrar en shock.

—¿Escuchaste? Mi hermana quiere ver que me la metas.

Fernando trataba de aterrizar y entender que si era real lo que estaba viviendo y no era un sueño. Sae tomo un poco de agua del lavabo y le salpico a Fer el cual ante eso reacciono. Las hermanas sonrieron burlonamente al ver la reacción de hombre.

―Valeria quiere ver cómo me la metes por el culo ―y ahora Fernando si escucho―.

Sae volvió a voltearse y a apoyar sus manos en la pared tratándose de acomodarse, paro las caderas.

—¡Métela!

Valeria se inclinó para ver de cerca. Fernando empujo la verga ensartando a Sae, luego otro empuje y se le fue toda, saco la mitad y volvió a empujar. La linda joven gemía.

Fernando no dejaba de ver a Valeria, pensó en sacarle la polla del culo a Sae y meterla en la boca de la chica pero no se atrevió, la veía tan frágil, tan bonita.

―Vamos afuera, estaremos más cómodos―dijo Fernando―.

Sae se apuró a tomar a Fer del pene y se lo llevo así tirando del hasta la sala, atrás de ellos sonriente iba Valeria.

Fueron a la recamara Sae sin soltar la pija de Fernando dijo.

—¿De modo que este es el cuarto donde tú y mi mamá hacían los videos?

Valeria dio una vuelta mirando con curiosidad el cuarto mientras su hermana mayor recostaba a Fernando en la cama.

Sae jalo a Valeria y las dos se acomodaron y dirigieron su mirada hacia la verga del maduro anfitrión.

Valeria le tomo el pene, la suavidad de su mano era como el suave interior de una vagina, así lo sintió Fernando.

—¿Me la prestas? La quiero chupar―le dijo Sae a Valeria con un tono de niña tonta―.

Valeria le acerco la polla a la cara de su hermana y esta atrapo con la boca y la empezó a lengüetear. Valeria que no había soltado la verga de Fernando se la saco a Sae de un jalón produciendo un chasquido y a la vez salpicando la saliva de su hermana, ambas sonrieron.

Fer observaba a las chicas.

—¡Son hermosas las dos! Y que calientes. Igual que su madre ―pensó―.

En eso Valeria se la empezó a chupar, Fernando sintió una sensación muy especial, la tibieza de la boca de la chica le provoco un estremecimiento que su cuerpo recibió como una pequeña descarga eléctrica. Valeria con mucha calma empezó a mamarla, como disfrutando cada bocado de la caliente carne de su futuro verdugo.

Valeria se veía hermosa y cachonda, la verga de Fernando parecía que segundo a segundo se ponía más dura y grande. La chica alzo la mirada y los ojos de ambos se quedaron fijos, esta vez Valeria no agacho la cabeza, miró fijamente a Fernando mientras metía todo lo que podía en la boca. Ahí fue donde ambos sintieron un entendimiento natural, como dos piezas de un rompecabezas que encajan a la perfección porque es su sitio adecuado, porque así fueron hechas para estar juntas, pegadas.

Sae para cobrársela a su hermana jalo ahora ella la pinga sacándola de su boca, Fer no separo la mirada de Valeria, esta se acercó subiendo como una gatita se acerca a la comida. Busco los labios de Fernando, el sintió nuevamente esa tibieza ahora de la saliva de la chica, de sus labios.

Primero fue un beso tierno, suave, pero la excitación de los dos hizo que sus lenguas y sus dientes se entrelazaran sin control, mordiéndose, lamiéndose. Sae ya tenía el pene metido más allá de la garganta, sacaba y volvía a metérselo. Fernando disfrutaba de lo dulce de la boca de Valeria, pasaba su lengua por sus labios, por los orificios de su nariz, ella respondía mordiéndole la barbilla, lengüeteando los lóbulos de las orejas.

Sae se acomodó encima de él y se ayudó con su mano a meterse la roja pinga la cual por lo erecta que estaba fácilmente se metió toda en la pepa de la hija mayor de Alejandra. Empezó a cabalgar sobre el duro fierro que sentía que en cada sentón que le daba se pasaba de su vagina y llegaba hasta el útero.

Fernando sin dejar de besar a Valeria jugaba sus tetas, las apretaba y las frotaba. La chica lo alejo un instante y se tomó sus dos pechos.

—¿Te gustan mis ubres? ―le dijo con su vocecita inocente—¡Chúpalas Fer, son tuyas!

Y se las puso en la boca, Fernando las empezó a chuparlas, las mordía, las lamia, succionaba los pezones rosados de Valeria. Fernando tenía algo especial para ella que no sabía a ciencia cierta que era, pero le agradaba sentirlo. Valeria se bajó de la cama para quitarse sus pantalones y sus bragas quedando completamente desnuda.

Fernando fijo su vista en el montón de vellos negros que cubrían la vagina de Valeria, al mismo tiempo que tomaba de la cintura a Sae mientras esta había agarrado su ritmo subiendo y cayendo sobre la verga.

—¿Quieres chuparla? ―le pregunto Valeria a Fernando―.

—¡Si, claro que sí!

Sae jalo a Valeria montándola sobre el pecho de Fer de manera que su pucha le quedara en la cara, Sae se volteó quedando con Valeria pegadas espalda con espalda y se ensarto nuevamente en la polla del cuarentón caballero.

Fernando tomo a Valeria de las nalgas a la vez que su boca se hundió en la mojada pepa de la chica.

—¡Qué delicia! ―chupaba esa mojada raja como si estuviera saboreando una jugosa rebanada de la más dulce sandia―.

Se tragaba todos los jugos de Valeria a la vez que Sae se ensartaba en su verga y con una mano acariciaba las nalgas de la hermana menor y con la otra alcanzo la espalda y culo de la mayor.

Fernando sintió que en cualquier momento estallaría, las dos hermanitas eran demasiado para él, no solo sus bellos cuerpos si no por lo que ellas significaban, las dos eran hijas de Alejandra y al parecer habían heredado el gusto por el sexo de su madre, todo eso les daba una carga sexual excitante, no era una follada cualquiera, eran chicas muy especiales. Hace años se había follado a su madre y ahora a sus dos hijas juntas.

Sae se incorporó, tomo de los hombros a Valeria y la jalo alejándola.

—¡Queremos comprobar algo! ―le dijo a Fernando―.

Las dos hermanitas se miraron y sonrieron.

—¿Qué? ―pregunto el hombre―.

—¿Quieres penetrar a mi hermana? ―dijo Sae abrazando a Valeria―.

—¡Si! ―respondió tímidamente Fernando―.

―Pues será tuya, pero con una condición. Queremos comprobar que lo que vimos en los videos es verdad.

—¿Qué? ―volvió a preguntar Fer extrañado.

―Queremos que termines en mi primero―dijo Sae—e inmediatamente penetraras a mi hermana.

Fernando entendió. Sin embargo él no era el mismo físicamente como cuando tenía 24 años, aun así él sabía que si lo podía hacer. Y acepto el reto.

Valeria se sentó en la orilla de la cama mientras Sae se ponía en cuatro y Fernando le ponía saliva a su polla para penetrar a la hermana mayor.

Terminaré pronto ―pensó— Mejor, así me cojo más rápido a Valeria.

Fernando empezó a darle fuerte y duro a Sae, las tetas de la chica parecían dos peras de boxeador. La sujetaba fuerte de la cintura empujándola contra su verga, luego de sus hombros la jalaba con tanta fuerza que parecía que la casa era golpeada por martillos de albañiles. Luego la tomo de los cabellos y de la misma manera la jalaba sin piedad.

Valeria miraba la escena con la boca abierta y una sonrisa congelada.

—¡Mi culo! ―grito Sae— ¡Méteme tu verga por el culo!

Fernando lo hizo, empezó suave, le jugaba las nalgas, la jalaba despacio luego poco a poco fue acelerando. Sae apretaba los dientes ahogando sus gemidos.

—¡Mm! ¡Ha!

Fernando sintió que terminaría y como había hecho con la vagina de Sae le repitió la dosis a su fundillo. La tomo de los hombros y la jalo contra su pene fuerte y rápido. Sae no pudo evitar lanzar un grito.

La caliente leche de Fernando inundo el ano de Sae. Pero Valeria dijo.

—¡Quiero ver cómo sale!

Fernando obedeciendo de inmediato, alcanzo a sacarlo y lanzar unos últimos chorros sobre las nalgas de Sae y con la misma verga erecta empezó a embarrarle el semen en todo el culo de la hija mayor de Alejandra.

Sae se levantó y junto con Valeria veían que la erección de Fernando seguía ahí.

—¡Me toca! ―dijo Valeria―.

La menor de las hermanas se acostó en la cama y abrió sus largas, blancas, torneadas y elegantes piernas. Fernando de inmediato se colocó en medio de ellas preparando su grueso pene dándole suaves jalones. Aun le salían algunas gotas de semen, cosa que Valeria noto y la excito aún más.

Sae de pie observaba, había en ella una sonrisa complaciente. Fernando no pudo evitar acariciar las piernas de la chica que eran muy suaves, las empezó a besar desde el muslo hasta llegar a los hermosos pies.

Fernando se metió la mitad del pie de la chica en la boca. Valeria sintió que sus pezones se pusieron duros y erectos como nunca los había sentido. Siguió chupando los pies de Valeria como si degustara unos ricos caramelos. Raspo la planta de los pies de la chica con su barba que si bien se había afeitado por la mañana ya raspaba, Valeria al sentir ese contacto su cuerpo se estremeció como si hubiera metido sus dedos en un contacto de energía eléctrica.

—¡Cógetela ya! ―dijo Sae impaciente―.

Fernando nuevamente tomo su posición y empezó a frotar la vulva de Valeria con la cabeza de su polla y para que las chicas se dieran cuenta lo dura que estaba le dio unos golpes a la vagina y luego empezó a meterla.

En el momento que los primeros centímetros de la verga de Fernando entraron al cuerpo de Valeria sintió que entraba en una dimensión distinta, y esa especial tibieza del cuerpo de la chica, de la hija menor de Alejandra. Sintió que su pene era recibido por una vagina mojada pero que apretaba con sus pliegues suaves y firmes. El placer que sintió Fernando fue indescriptible.

Valeria sintió que moría cuando le entro toda, sintió que no solo estaba siendo penetrada por la vagina, si no que Fernando se estaba metiendo en su mente, en su sangre, en sus huesos y en su alma.

Los dos disfrutaban de la clásica postura del misionero, por momentos el mamaba sus tetas, ella envolvía con sus piernas el cuerpo de Fer el cual no dejaba de metérsela. Se dieron la vuelta y sin sacársela Valeria quedo montada, ensartada en la verga del maduro señor.

La linda chica empezó a manejar su ritmo tomando el control de la velocidad, Fer solo seguía acariciando las tetas mientras ella aceleraba los sentones.

—¡Fernando mi amor!

—¡No pares Valeria!

La chica acero un poco más. Sae complacida veía como la polla de Fernando entraba y salía de su hermana menor.

—¡Que cachondos se ven!

Fernando sujeto a Valeria y la pego a su cuerpo, la abrazo fuerte y empezó a meterla fuerte.

—¡Ay Fernando, sigue así, no pares por favor, no pares!

—¡Coge su culo! ―dijo Sae―.

Valeria obedeció a su hermana y se puso en cuatro. Fernando le puso saliva a su verga y puso otro tanto en el fundillo de la chica y empezó a taladrar. El cuerpo de Valeria se estremecía cada vez que Fer empujaba su pija y se abría paso en el apretado fundillo de la hija de Alejandra. La verga de Fernando llego al tope.

Valeria sentía que sus brazos y piernas temblaban. Apoyo su cabeza en la cama y de esa manera su culo quedo más expuesto. La poderosa polla del maduro hombre entraba y salía del estrecho ano de la linda joven chocando con sus nalgas. A diferencia con Sae, Fer suavemente tomo los finos cabellos largos de Valeria y con la misma suavidad jalo su cuerpo contra su verga, la chica sentía que su alma se le escapaba cuando la verga del amigo de su madre le entraba a lo más profundo de su ser. Fue ella la que ya no soporto.

Volteo hacia Sae.

—¡Ay Dios mío me voy a venir!

El cuerpo de Valeria se puso tenso, su piel se puso más erizada.

—¡Dale con fuerza! ―dijo Sae.

Fernando acelero, el aire atrapado en el fundillo de la chica salió de golpe. Sae no pudo evitar la carcajada.

—¡Hermanita te está sacando hasta los pedos!

Pero a Fernando no le importo, por el contrario le pareció excitante. Valeria por un momento se sintió avergonzada pero el pene de Fernando algo le toco por dentro que hizo que el orgasmo fuera también inevitable.

—¡Ha!

Fernando ya no pudo resistir y termino dentro del fundillo de Valeria teniendo el orgasmo inmediatamente después que el de ella. Fernando le dejo adentro la verga hasta que sintió que ya sus depósitos de semen se habían vaciado por completo.

Se tiraron en la cama, los tres. Sae abrazo a Fer por la espalda y Valeria de frente, quedándose quietos por un buen rato, reponiendo sus fuerzas.

Fernando sintió nuevamente esa tibieza ahora del cuerpo entero de Valeria. Sentía una extraña calma que hasta llego a pensar que tal vez en otra vida él y Valeria habían sido marido y mujer.

—¡Ya es tarde! ―dijo Sae―.

Se levantaron y se vistieron rápidamente.

—¡Bye Fer! Estuviste increíble―se despidió Sae―.

Valeria salió tras de ella, pero se detuvo y regreso. Se despidió de Fernando con un beso breve pero muy apasionado. Fernando vio por la ventana como las chicas se subieron a la camioneta y se fueron.

Estaba exhausto, no quiso bañarse, quiso que el aroma a sexo de las chicas se quedara en él. Se tiro en la cama y durmió.

En los siguientes días Fernando no hacía más que pensar en Valeria, ella todas las mañanas le mandaba un mensaje dándole los buenos días, o algún mensaje de voz, durante el día le mandaba alguna imagen bonita.

El viernes de esa semana Sae lo llamo.

—¡Fer, estamos felices! ¡Mi mamá ya salió de prisión!―dijo muy contenta―.

—¡Qué bueno, me da mucho gusto! ―dijo Fernando―.

—¡Dice mamá que mañana vamos a verte! ―dijo Sae—¿O no la quieres ver?

—¡Claro que me gustaría verla!

—¡Mañana a las 6 de la tarde estamos contigo!

Al otro día Fernando estaba muy emocionado, vería a Valeria nuevamente a Sae y ahora a Alejandra. Estaba muy nervioso de pensar que vería después de años a Alejandra.

Ese sábado se fue temprano a su casa para tener su departamento ordenado para las visitas. Y un poco antes de las seis de la tarde llamarón a la puerta.

¡Y ahí estaban las tres! Alejandra con Sae y Valeria, vestidas con ropa casual muy elegante. Apenas lo vio Alejandra se lanzó sobre Fernando.

—Fer mi amor! ¡Cuánto tiempo!

Se dieron un fuerte abrazo.

—¡Alejandra querida!

Ya adentro del departamento y después de dejar su bolso y unas cosas que traía en la mesa de centro de la sala Alejandra volvió a abrazar a Fernando y esta vez le dio un apasionado beso.

—¡Sigues hermosa! ―dijo Fer―.

Y así era, Alejandra aún conservaba el encanto y el atractivo de su cuerpo, ahora de 42 años estaba en plena madurez lo cual le asentaba muy bien. Llevaba un pantalón gris, con una blusa blanca escotada y también lucia como una señora de buena posición social y pues lo era gracias a su ex marido.

―Trajimos una botella para brindar y algunos bocadillos ―Dijo Alejandra— ¡Niñas acomoden todo!

Era evidente que Alejandra era la que mandaba porque de inmediato las chicas obedecieron. Y vino el brindis y después de varias copas y de platicar de tantos recuerdos, Alejandra, Sae y Valeria se quedaron en silencio y se miraron entre ellas cosa que Fernando noto.

—¿Qué pasa? ―Pregunto―.

―Fernando, las niñas me contaron sobre los videos.

Fer sintió que se mareaba y se puso muy nervioso. Pensó que Alejandra le reclamaría por qué les enseño todo eso a sus hijas. Pero las tres al notar lo nervioso que se puso empezaron a reír.

―No te preocupes Fer, mamá no está molesta ―dijo Valeria―.

Fernando miro a Alejandra.

—¡Por supuesto que no estoy molesta! ―dijo― mis hijas son chicas sin ningún complejo.

Alejandra alcanzo la botella y lleno las cuatro copas.

―Es más ―continuo― ya me contaron que ayer te las follaste.

Fernando por poco y sufre un paro cardiaco al escuchar eso.

—¡Me lo contaron con lujo de detalle!

Pero las tres nuevamente lanzaron una carcajada. Sae se acercó a Fernando y le presiono las mejillas con sus dedos.

—¡Jajaja! ¡Qué carita! No te espantes Fer.

Alejandra se acercó a él y se sentó en sus piernas dándole de tomar de su copa.

―Y me dijeron que les encanto. Veo que todavía conservas tus cualidades.

Fernando se sintió tranquilo y relajado al ver que Alejandra no se había molestado uno por mostrarles los videos a sus hijas y dos por habérselas cogido.

—¿Me dejas pasar a tu cuarto? ―dijo Alejandra— hicimos tantas cosas ahí.

—¡Claro! ―dijo Fernando— Vamos.

Se tomaron el resto de sus copas. Al ver la manera que Alejandra y sus hijas tomaban las cosas Fernando se sintió por fin en total confianza.

—¡Junten todo esto niñas! ―ordeno Alejandra―.

—¡Uy, quieren ir solitos he! ―dijo Sae―.

—¡Ay niña! Bueno entre todos juntemos esto ―fue la nueva orden de la madura dama―.

Y así se hizo, pusieron todo en orden y los cuatro entraron a la habitación.

―¡El mítico cuarto donde mi mamá y Fer se tomaban videos! ―dijo Sae―.

Alejandra sonrió ante el comentario de su hija.

—¡Parece que fue ayer! ¿Y tus cámaras? ―pregunto Alejandra―.

―La tecnología ha cambiado mucho, ahora es más fácil con un celular.

Alejandra se sentó en la cama, luego se recostó estirando su cuerpo, relajándose.

―Valeria, trae la botella, quiero brindar acá en el cuarto por los viejos tiempos.

Rápidamente la hija menor llego con la botella y las copas, pero Alejandra tuvo una idea.

—¡Tomemos directo de ella hasta que la terminemos!

Y así le hicieron los cuatro. Alejandra se volvió a recostar en la cama pero esta vez tomo la almohada y se recostó boca abajo mostrando sus anchas nalgas.

—¡Queremos ver que te folles a mamá! ―dijo Sae―.

Continuará…

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