En automático Fernando miro a Valeria, como preguntándole con la mirada si ella también quería ver.
―¡Si! Queremos ver ―fue la respuesta―.
Alejandra de manera voluptuosa se empezó a quitar la ropa.
―El público lo pide ―dijo la hermosa y veterana dama―.
Sae empujo a Fernando hasta la cama. Alejandra se quitó la blusa y el sostén, sus tetas se mecían aun firmes. Sae ayudo a su madre quitándole la camisa a Fer y Valeria recogió la ropa de su madre acomodándola en una silla y dejando la cama libre.
―¡Quiero chupártela! ―dijo la madre―.
Las chicas se pusieron frente a la cama. Fernando saco su verga y Alejandra se lanzó a mamarla como era su estilo, chupando y masturbando fuerte. Se metía toda la polla hasta la garganta, la sacaba y volvía a masturbar tan fuerte que parecía que le arrancaría la pija.
―¡Un 69! ―y rápido se acomodaron―.
Alejandra mamando verga y el chupando su raja. La vagina de la dama era amplia, sus labios vaginales color marrón le cegaban, estaba bien depilada. Fernando lamia y jalaba con su boca los colgantes labios a la vez que acariciaba las caderas.
Ella sin parar seguía chupando y masturbando, por momentos bajaba hasta los testículos chupándolos.
Luego con sus grandes tetas, envolvió la verga de Fernando y apretando con sus manos sus chiches empezó a masturbar.
―¡Siguen deliciosas y suaves! ―murmuro Fer―.
Con el impulso del cuerpo las tetas eran lanzadas hacia arriba, la gravedad se encargaba de bajarlas, Alejandra tomo su ritmo haciéndole una deliciosa rusa . Las dos hijas veían el movimiento de los pechos de su mama como si fuera todo en cámara lenta.
―¡Mama, queremos ver tu movimiento de cintura! ―exclamo Sae emocionada―.
Alejandra se montó sobre Fernando, se sentó sobre la escurrida polla del maduro hombre de 46 años y empezó la danza, las caderas de Alejandra educadas en ese movimiento de manera maestra se ensartaba envolviendo la verga tensa y roja.
Acelero, su culo golpeaba fuerte la pelvis de su cogedor, luego más rápido. Sae y Valeria sonrientes miraban.
―¡Que cachondos! ―dijo Sae―.
Alejandra dio una catedra de cómo mover la cadera a sus hijas. Fernando acariciaba las grandes nalgas mientras estas seguían moviéndose como si tuvieran propulsión a chorro.
―¡Me vengo, me vengo! ―dijo Alejandra―.
Esta vez Fernando también empezó a moverse quedando acoplado con el movimiento de Alejandra. Sae se acercó para ver de cerca como la verga del hombre entraba y salía de la raja de su madre con esa rapidez.
―¡Mira Valeria como entra y sale!
Y Valeria se acercó para mirar más de cerca. Alejandra termino pero Fernando seguía penetrando.
―¡Sae, ayúdame! ―dijo Alejandra―.
Fernando freno para que Alejandra desmontara, Sae la apoyo porque sus piernas estaban trabadas por el tiempo que paso en esa postura.
Valeria tomo la ropa de Alejandra de la silla y se la ofreció para que se apoyara.
―Tu turno ―le dijo Alejandra a la mayor de sus hijas―.
Y le choco la palma de la mano como si fuera un relevo de carreras. Sae se desnudó rápido, no traía bragas, venia preparada. Se montó también a Fernando y trato de imitar el movimiento de su madre. Fer la ayudaba moviendo sus caderas y poco a poco fue agarrando el ritmo.
Sintió el cambio, la estreches de vagina de Sae con la ya veterana pucha de Alejandra. Las tetas de Sae brincaban en la cara de Fer este trataba de lengüetear los pezones marrón de la chica.
―¡Muévete más rápido hija! ―dijo Alejandra― ¡Suelta las caderas!
Sae en verdad se esforzaba, su condición física era excelente pues era una asidua jugadora de Pádel y todas las mañanas trotaba cinco kilómetros, sus piernas y cintura eran fuertes.
Alejandra se levantó y tomo las caderas de Sae.
―¡Déjate llevar mi amor! ―le decía―.
Alejandra le marcaba el ritmo a su hija mayor, lo hizo hasta que Sae logro igualar la velocidad de su madre. Fernando solo cerraba los ojos y apretaba las tetas de la chica con fuerza. Los dos gemían. Valeria con las ropas de su madre en la mano solo sonreía y observaba.
―¡Muy bien hija, lo lograste! ―dijo orgullosa Alejandra―.
Soltó las caderas de su hija y esta solita siguió con un acelerado movimiento de caderas. Los huevos de Fer rebotaban en el culo de Sae que parecía que también se le querían meter en la vagina.
Antes de sentarse Alejandra dio la orden.
―¡Coge a Sae por el culo!
La chica desacelero poco a poco y se acomodó en la cama en cuatro, levantando sus suaves caderas. Fernando de inmediato busco el fundillo, con una buena puntería a pesar que el cuerpo le temblaba le tiro un escupitajo en el agujero de la chica para lubricarlo dando en el blanco. En unos segundos la polla del maduro hombre ya estaba dentro del culo de Sae.
―¡Dale! ―dijo Alejandra―.
El hombre tomo a Sae de los hombros y ahora él dio una muestra de resistencia de caderas y empezó a empujar con fuerza el cuerpo de la chica contra su verga. Empezó acelerar sin piedad. Sae se quejaba como si se le estuvieran quebrando los huesos.
―¡Ha!
Con la mano derecha Fernando agarro los cabellos de la chica y con la otra le agarraba las tetas a la vez que no dejaba de meter y sacar la verga del culo ya rojo de la hija mayor de Alejandra.
Fernando estaba inspirado, no dejaba de penetrarla con rapidez y fuerza, seguía jalándola de los cabellos y luego sujetando sus tetas con fuerza que Sae parecía una frágil mariposa atrapada en una telaraña.
―¡Mamá me vengo, me vengo!
Fernando retiro su verga del culo de Sae, el cual quedo abierto, iba a volver a meterla pero Alejandra lo tomo del hombro alejándolo y tomo a su hija y la ayudo a pararse. Las piernas de Sae se le doblaron que Alejandra y Valeria tuvieron que sostenerla.
Fernando se tiró en la cama, mientras Valeria con la ropa de su mama le echaba un poco de aire a su hermana.
―¡Ahora si hija te dejaron como si te hubiera atropellado un tren! ―dijo su madre en tono de broma―.
Alejandra se acercó a Fernando, lo acomodo en la cama.
―¡Necesito que te relajes! ―le dijo― Valeria, en mi bolso traigo un bote de agua, tráemelo.
Fernando respiraba profundamente, sabía que faltaba su chica favorita, Valeria. Entro con el agua y se la paso a su madre que estaba sentada en la cama junto a Fernando al cual le ofreció el agua.
Una vez que Fernando tomo medio bote, Alejandra le dio el resto a Sae, que se reponía también.
―¡Te tengo una sorpresa Fernando!
Fer no le quitaba la mirada a Valeria, era su turno y lo excitaba demasiado pensar cogerla frente a su madre.
Alejandra tomo aire y tomo a Valeria del brazo y la acerco a la cama. El corazón y la verga de Fernando se aceleraron. Sae jalo su silla al otro costado de la cama para poder ver bien lo que su madre estaba haciendo.
Alejandra que aún estaba desnuda abrazo a Valeria con mucha ternura y levanto su carita tomándole la barbilla.
―¿Te gusta? ―le pregunto―.
―¡Claro, es hermosa! ―respondió él―.
La orgullosa madre acaricio los dorados cabellos de su hija, le dio un vuelta mostrándosela a Fernando.
―¡Muéstrale tus tetas! ―ordeno Alejandra―.
Valeria se quitó la blusa y el sostén. Alejandra se puso atrás de ella y con sus manos le tomo sus pechos jugándolos.
―¡Mira! ―le dijo a Fernando― mostrándole las tetas de su hija.
Él ya no podía esperar más, quería poseerla, recordó unos días antes cuando se había follado a Sae y a Valeria y quería repetirlo ahora con el extra de la presencia de la madre y hermana juntas.
―¿Sabes quién es ella? ―pregunto Alejandra―.
A Fernando le extraño la pregunta pero respondió.
―Sí, es Valeria, tu hija menor.
―¡No! ―respondió Alejandra―.
Fernando pensó que era alguna ocurrencia, miro que Sae se reía.
―¡Valeria no es mi hija! ―volvió a decir Alejandra―.
Por un momento Fernando pensó que seguramente entonces Valeria era adoptada y podría ser pues ella no se parecía a Alejandra.
―¿Entonces? ―pregunto extrañado―.
―Fernando, Valeria no es mía solamente. ¡Es nuestra hija, tuya y mía!
El maduro hombre de estar recostado en la cama, se sentó como impulsado por un resorte.
―¿Es broma verdad?
Alejandra aun detrás de Valeria, la abrazo y apoyo su rostro en el hombro de la chica.
―Tenía un mes de embarazo cuando me fui con Roberto el padre de Sae. Recuerdas que la salud de mi madre no era buena y él me ofrecía todo, era la solución. No voy a negarte que fue el interés económico lo me empujo a irme, cuando vi que Roberto estaba dispuesto a enfrentarse a su familia por nosotras y me convenció.
Y así había sido. Alejandra sabía lo que el padre de Sae poseía, había sido una decisión difícil pero valía la pena. Condiciono a Roberto con casarse de inmediato así ella y su hija estaría legalmente seguras aun con el desacuerdo de sus suegros.
―¿Acuérdate Fernando? Los dos últimos meses que cogimos lo hicimos acá, y contigo nunca usamos preservativos.
En varias ocasiones Alejandra y Fernando experimentaron haciendo tríos, con otra mujer o con otro hombre. En una ocasión ella quiso que la cogiera un estríper, luego les emocionaba salir por la noche a algún bar, elegir al azar a algún tipo que le agradara y proponerle un trio, o la vez que se metieron a un club Singer mintiendo que estaban casados donde Fernando tuvo que compartirla con otros hombres pero el requisito en esos encuentros era el uso del condón.
Fernando hizo memoria y si, había pasado un buen de tiempo que Alejandra había sido cogida por un tipo que no era él. Lo recordó, fue precisamente el organizador de las reuniones swinger, los había invitado exclusivamente a ellos a su casa para intercambiar esposas. Fue la última locura que hicieron en ese aspecto. Fernando lo recordaba perfectamente que fue en diciembre, ya que los había llevado a unas cabañas turísticas en el bosque y estas estaban adornadas con árboles navideños.
Alejandra termino con Fernando a fines de enero, una semana después que Roberto se había comunicado con ella y la había convencido de que se fuera con él. Todo el resto de diciembre después del encuentro swinger, hasta la última follada que se dieron casi al terminar enero lo habían hecho en el cuarto.
El padre de Sae, vino por ellas el 12 de febrero. Por eso el 14 día de San Valentín él se la paso llorando porque un día antes se había enterado que Alejandra se había marchado.
―Tú sabes que mi regla me bajaba muy puntual. Y me paso lo mismo que con Sae, cuando mi periodo no llego fue porque estaba embarazada―dijo Alejandra―.
Fernando buscaba recuerdos, algo que negara el hecho que Valeria fuera su hija. Y quería que así fuera ya que días antes se había cogido a esa chica, la había deseado, la veía como mujer. ¿O era por eso que sentía esas sensaciones? Ese sentir que la conocía desde hace mucho tiempo, ese sentimiento tan especial que experimentaba cuando tenía a Valeria cerca, cuando se miraban.
Un día antes que Roberto llegara por ellas, Alejandra se hizo la prueba y salió positiva. Pero la decisión ya estaba tomada. Ella tenía el plan de que una vez llegando donde se instalarían que era en otra ciudad donde los padres de Roberto no se dieran cuenta de lo que había hecho, una vez ahí buscaría la manera de follar con Roberto para que justificara el embarazo.
Pero ese día al llegar a su nueva ciudad a la madre de Alejandra le bajo tanto la presión que la tuvieron que hospitalizarla, así que se la pasaron en la clínica con ella, a los dos días Roberto tenía que estar en el juzgado de otra ciudad por una resolución que tenía ya un buen tiempo que no se daba y no podía posponer. Aprovecho ese viaje para poder hablar con sus padres y de ahí salieron otras cosas.
Roberto regreso a verlas hasta los primeros días de marzo. Valeria nació en octubre. Roberto siempre tuvo sus dudas pero nunca lo dijo, al menos en ese momento.
―¡Valeria es tu hija!
Fernando confundido ahora si no sabía que pensar. ¡Se había follado a su propia hija! Sae sonreía.
―¿Tu lo sabias? ―pregunto Fernando a Sae―.
―¡Claro!
―¿Porque no me lo dijiste? ―respondió Fernando alterado―.
La verga de Fer había perdido la erección ante tan impactante noticia. Alejandra y Valeria se le acercaron. La chica le tomo las manos.
―Papito, no te sientas mal, a mí me encanto lo que me hiciste.
―¿Lo sabias? ―pregunto Fernando a Valeria―.
―¡Por supuesto que si papá!
Cuando Sae termino la preparatoria, a los 18 años, sus padres tomaron la decisión de que se fuera hacer la universidad a los Estados Unidos, a Chicago concretamente donde la familia tenía un departamento, y también decidieron que Valeria se fuera con ella. Y esa decisión se tomó a raíz que en una reunión familiar los padres de Roberto enfrentaron a Alejandra tachándola de interesada y oportunista e insultaron a sus niñas diciendo que dudaban que llevaran su sangre.
Al principio la pareja visitaban juntos a sus hijas una vez al mes, después cuando los problemas entre ellos se agudizaron cada quien lo hacía por su cuenta. Roberto que tenía que viajar con más frecuencia a los Estados Unidos por sus negocios las visitaba más seguido.
Cuando Sae termino la carrera quería regresar a México pero un amigo de su padre le ofreció un buen empleo, además que quería esperar a que Valeria también terminara sus estudios para hacerle compañía.
Cuando Valeria cumplió 18 años que fue en el 2024, Alejandra quiso poner unas propiedades a su nombre, para entonces los rumores sobre su infidelidad hacia Roberto ya no se limitaban a comentarios de la familia de este, si no que con gente de su confianza le llegaban a comentar. Los padres de Roberto fallecieron por esos tiempos a los dos meses que falleció su padre lo hizo su madre.
Ante todos esos acontecimientos Roberto cambio mucho y mando vigilarla. Los rumores eran ciertos comprobó sobre los deslices de su esposa. Por eso esa vez que Alejandra le tocó el tema de la mayoría de edad de Valeria y que legalmente ya se podía asignarle alguno de los negocios Roberto estallo.
Discutieron y hasta entonces reprocho a Alejandra sobre la certeza de su paternidad de Valeria.
En una de sus visitas a sus hijas con engaños les hizo realizar una prueba de ADN y efectivamente, solo Sae era su hija.
Y ahora acá, en un departamento de la ciudad con Fernando desnudo recargado en la cabecera de la cama, con Alejandra, Sae y Valeria desnudas también.
―¡Valeria es tu hija Fernando! ―repitió Alejandra ―.
Muchas veces Fernando había visto videos de incesto y le parecían excitantes sobre todo padre e hija pero él nunca pensó que se encontraría en esa situación.
Sae se acercó a él y con una mirada comprensiva le tomo la mano.
―¡Fer, disfrutamos mucho y más Valeria! Y lo quiere repetir.
No sabía que decir.
―No quiero que otro goce a Valeria, mejor que lo haga su papá―dijo Alejandra―.
Cuando Roberto volvió de su viaje con las pruebas de ADN, enfrento a Alejandra.
―¡Valeria no es mi hija! Si bien lo sospeche ahora con esta prueba ya no lo dudo―y le lanzo la prueba en la cara ―.
Luego le puso el video donde el investigador que contrato le informaba y le comprobaba las infidelidades con fotos.
―Señor Fernando, su esposa tiene relaciones sexuales con el Lic., Jiménez en el departamento de este, con su chofer se van a cualquier hotel a tener sexo, sale por las madrugadas a lugares y contrata chicos y ha tenido encuentros sexuales con tres de estos tipos al mismo tiempo.
Roberto le compartió varias fotos como prueba.
―¡Eres una maldita puta! ¡Tenían razón mis padres!
Alejandra le reprocho también sus infidelidades.
―¿Qué de las jóvenes que contratas de acompañantes? ¿Qué de tu asistente con la que follas? ¿Qué de los transexuales que contratas? Eres un maldito drogadicto.
Y era verdad, Roberto hacia eso y mucho más. Pero él no lo veía así, aquí él era la víctima. Por varios días el acaudalado hombre se pasó pensando y decidió tomar venganza de Alejandra.
―¡La dejare en la calle!
Pero también tenía otros planes para lastimar a Alejandra. Roberto muy hábil e inteligente. Mando a investigar también a sus hijas, con el pretexto de algunas reparaciones mando instalar cámaras en todo el departamento de las chicas en Estados Unidos.
Fue fácil, el informe le llego días después con los videos de las cámaras instaladas. Sae metía al departamento a su novio un chico de color con el pene muy grande que se lo metía por ambos agujeros y Valeria los espiaba desde la puerta. A veces el novio llevaba a un amigo y entre los dos se cogían a Sae y Valeria que siempre vigilaba a su hermana cuando su novio y amigos la visitaban se masturbaba mirando.
Valeria siempre tenía abierta alguna página de pornografía, se relajaba después de hacer la tarea masturbándose frente a la computadora.
―¡Son igual de putas que su madre! ―se decía Roberto―.
En esos días visito a las chicas, ellas no sabían a detalle lo que pasaba con sus padres. Alejandra algo les había comentado pero no pensaban que fuera tan grave. Roberto llevaba los videos de las cámaras instaladas en su móvil. Pero le excitaba ver como los chicos negros se follaban a su hija.
―¡Sae tiene buen culo, así como su madre, pero también tiene lo puta! ―pensaba Roberto al ver los videos―.
Y no dejaba de ver como Valeria se masturbaba viendo a su hermana ser penetrada por los dos chicos de color.
Tal vez proyectando el rencor que le había surgido hacia Alejandra y el deseo de vengarse de ella, de dañarla, el punto débil eran sus hijas.
―¡Me las cogeré! ―pensó Roberto― ¡Me cogeré a las dos!
La siguiente vez que viajo a ver a las chicas le pido a Sae que lo acompañara a Nueva York a ver a unos clientes, se hospedaron en la suite de un lujoso hotel. Se empezó a portar muy cariñoso con su hija, la llevo de compras y le dijo que escogiera lo que ella quisiera, la lleno de regalos. Luego le dijo que se arreglara ya que cenarían en un buen restaurant.
Si bien Sae estaba acostumbrada a frecuentar lugares exclusivos, nunca había asistido a sitios como esos, lo exclusivo de lo exclusivo. Ya en el restaurant mañosamente Roberto hizo que se tomara varias copas. Al regresar al hotel le pidió a Sae que brindaran.
Sae ya estaba ebria.
―¿Quién es tu papito hermoso?
―¡Tu Roberto, eres mi papito hermoso!
Y le pidió que le bailara. A Sae le pareció una buena idea. Llevaba un hermoso vestido de noche azul marino escotado, con la abertura casi hasta la ingle.
―Hija, a ese vestido le va una música suave y sensual, se buena, busca una pieza así y báilame mi amor.
Sae se quedó pensando.
―¡La tengo! ―dijo―.
La habitación tenía un buen sistema de sonido a la cual Sae se conectó. Había escogido Je t′aime moi non plus la cual empezó a sonar en la habitación. Sae empezó suavemente con movimientos muy sensuales al ritmo de la música, sus movimientos dejaban ver su hermosa y suave pierna, con sus manos recorría su cuerpo acariciándose sobre el vestido.
Roberto se encendió.
―¡Alza más ese vestido! ―dijo―.
Bebió de su copa. Sae movió el vestido mostrándole ahora sus dos piernas, se le noto las pantis negras de encaje. Su sensualidad le salía por los poros.
Roberto se empezó a sobar su bulto.
―¡Sigue Sae!
La chica ya estaba muy mareada, empezó a meterse tanto en la música y en sus movimientos que cerró los ojos, repitiendo la sensual letra de la canción.
Luego abrió los ojos y vio que Roberto su padre había sacado su polla, gorda y erecta. Antes que Sae reaccionara le ordeno.
―¡Ven! ―con voz fuerte e imperativa como solía hablar ―¡Acércate!
La chica obedeció. Roberto la sentó a su lado.
―¡Toca, tómala!
Sae miro la verga de su padre, nunca la tuvo tan cerca. Estaba desconcertada, no lo esperaba de esa manera.
―¡Mastúrbame!
Y la chica empezó a subir y bajar. Roberto descubrió las tetas de Sae y las empezó a acariciar. Sae sintió que despertaba en ella una rara excitación, un mostró dormido en ella que abría los ojos.
―¡Estas hermosa!
―¡Esta muy dura! ―dijo Sae―.
―¡Chúpala! ―ordeno su padre―.
Sae sintió que el corazón se le aceleraba, su pepa en un momento se le mojo. Se inclinó y le empezó a mamar la verga de su padre.
Roberto observaba como la chica chupaba.
―¡Desnúdate!
Sae rápido se sacó el vestido quedando con las pantis de fino encaje y sus zapatillas ambas cosas de negro y volvió a ponerse en cuclillas a mamarle la verga a Roberto.
―¡Que linda chica! ¡Chupa!
Sae alcanzaba a meterse toda la pija en la boca, sus labios llegaban hasta el tronco de la verga de Roberto. El padre empujaba la cabeza de su hija para que se le fuera toda. Luego le empezó a mamar las tetas, al mismo tiempo que metía sus dedos en la raja mojada.
Mamo sus pechos y mordió los pezones por un buen rato sin dejar de meter sus dedos en la vagina a estas alturas ya muy escurrida de Sae.
Roberto se quitó el saco, la corbata, el pantalón todo. Sentó a la chica en el sofá le abrió sus piernas hizo a un lado el encaje de las pantis y empezó a mamar su dulce vagina, metió su dedo pulgar en el ano de la chica, su gruesa lengua recorría la raja de abajo hacia arriba.
―¡Papito!
Volvió a meter ahora dos dedos en la vagina y otro en el ano.
―¡Ha papá!
Roberto le dejo ir su verga, la vagina de Sae estaba bien lubricada tanto por la saliva de su padre como por sus fluidos. Empezó a cogerla.
―¡Que deliciosa estas Sae!
Empezó a besarla, a meterle la lengua en la boca. Roberto tenía la manía de reunir toda la saliva que podía y escupirla en la boca de su pareja y eso le hizo a su hija. Junto toda la saliva que pudo y la escupió en la boca de la chica.
―¡Devuélvemela! ―le dijo― no la tragues, dámela.
Sae hizo lo mismo, junto toda la saliva y se la devolvió a su papa. Roberto seguía cogiendo la vagina de su hija. Volvió a escupirle toda la saliva a Sae.
―¡Trágala!
Y Sae lo hizo, el padre volvió a besarla desesperado, enredando su lengua con la de la chica que jadeaba de placer.
Sin cambiar de postura, Roberto busco el fundillo de Sae, ensartándola.
―¡Papito! ¡Ha!
Se le fue toda, hasta el fondo del culo de la chica.
―¡Que rico! ¡Que culo tienes!
Lo apretado del fundillo de Sae, hizo que Roberto no aguantara más.
―¡Ha!
Inundo el culo de Sae, la espesa leche de Roberto lleno el fundillo de su hija.
―¡Papito, me dejaste llenita la colita de leche!
Continuará…
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