Al regresar a Chicago Sae se presentó a trabajar y Roberto se quedó solo con Valeria.
―Quiero hablar contigo.
―Si papá, dime.
―Quiero que me seas honesta, es sobre Sae. ¿Es cierto que su novio se queda con ella? Dime.
A Valeria le sorprendió la pregunta, y no quiso acusar a su hermana así que lo negó.
―¿Estas segura? ―pregunto Roberto―.
La chica asintió con la cabeza.
―Pues mira ―dijo―.
Y Roberto le mostro el video de las cámaras que había mandado a instalar en las habitaciones de la casa, donde se veía como el novio estaba encima de Sae cogiéndola, luego le mostro el otro con los dos chicos.
―¡Me has mentido Valeria!
La linda chica bajo la mirada.
Era la oportunidad de darle un escarmiento. La jalo y la acomodo apoyando sus dos manos sobre la mesa, y le levanto la falda.
―¡Te voy a tener que castigar!
Le bajo las bragas y empezó a darle de nalgadas. Las primeras fueron fuertes que le quedo la mano marcada en su blanco culo, luego suavizo hasta que termino por acariciar las caderas, las pellizco, las apretó hasta que termino por acariciarlas hasta que sus dedos alcanzaron la raja de Valeria.
―¡Tienes buen culo!
La joven estaba sorprendida pero no decía nada. Roberto la jalo hacia la cama de la habitación.
―Quiero que mires esto ―dijo―.
Y le mostro otro video ahora de cuando Valeria se masturbaba mirando cómo se cogían a su hermana. La chica se ruborizo y no supo que decir.
―Me agrada que le seas fiel a tu hermana ―dijo Roberto― pero me debes ser honesta a mí y no lo has hecho. Así que te pondré otro castigo y más vale que me obedezcas. Sentó a Valeria en la cama y saco su verga.
―¡Me la vas a mamar!
Roberto no les había dicho nada sobre las ultimas peleas que había tenido con Alejandra, y lo hizo así para que no sospecharan sobre sus intenciones para con ellas.
Valeria no sabía qué hacer ante tal petición que le hacía hasta hoy todavía para ella su padre.
―¡Chupa! Sé que te gusta.
Y le mostro más videos de Valeria viendo pornografía y masturbándose. Así que al verse descubierta no tuvo más opción que obedecer.
Valeria se inclinó hacia la polla de Roberto y empezó a mamarla.
―¡Qué bonita te ves!
A pesar de ser menor que Sae, Valeria tenía un cuerpo mucho mejor formado y era de rostro más fino y delicado. Valeria también había heredado de su mama la adicción al sexo y al sentir la verga venuda y ancha de Roberto se empezó a excitar.
―¡Chupa! Muerde suave con tus labios mis huevos, anda se buena.
Valeria empezó hacer lo que le ordenaban. Le arranco la blusa y la falda sus tetas eran divinas. Los ojos del tipo brillaron de placer.
―¡Voy a humillarla y darle una follada que la recordara toda su vida! ―pensó Roberto―.
Empezó a jugar con los pechos de Valeria, a pellizcar sus pezones rosados y tiernos. La chica ya estaba caliente.
―Te voy a convertir en puta. ¿Escuchaste?
―Si papi.
―¿Serás mi puta de hoy en adelante?
―¡Si, seré tu puta!
Con las dos manos Roberto tomo la cabeza de Valeria y empezó a empujar metiéndole su polla a lo más profundo de su garganta.
―¡Chupa putita!
Valeria se sujetaba de la verga de Roberto.
―¡Mámala, así como lo hace la puta de tu madre!
Valeria luchaba por respirar, Roberto no daba tregua. Por fortuna para ella la tomo de las tetas y la coloco sobre la cama, le quito las bragas de un tirón y empezó a lengüetearle la vagina.
―¡Que dulce! ¡Estás bien sabrosa!
No quiso esperar más y hundió su verga en la vulva de Valeria. Junto su saliva y abrió la boca de la chica y le escupió toda.
―¡Abre más! ―le ordeno―.
Y escupía una y otra vez, quedando escurrida la barbilla de la linda joven.
―¡Traga!
Y seguía cogiéndola.
―¡Que raja tan suave! ¡Hazte puta Valeria! ¡Hazte puta!
―Si papito.
La volteo, el culo de Valeria quedo frente Roberto, con fuerza le abrió las nalgas empezó a chuparle el fundillo y empezó con los escupitajos. Le empezó a meter los dedos.
―¡Papi, papito! ―suspiraba Valeria―.
Roberto coloco su gruesa verga sobre las nalgas de la chica y empezó a frotarla. Valeria con sus manos se abrió las nalgas. El padre empezó a meterla, la chica cerró los ojos con fuerza al sentir que empezaba la penetración.
Roberto no tuvo consideración con el apretado fundillo de la hasta ahora su hija menor y siguió taladrando. Ella abría la boca para evitar los gritos. La verga entro toda, Valeria dejo de abrirse las nalgas y por el dolor jalo una almohada que abrazo y mordió con fuerza.
Roberto tomo la delgada cinturita de Valeria y con fuerza empezó a embestir el frágil cuerpo de la joven, parecía una muñeca de trapo siendo embestida por un toro.
Roberto vio en Valeria el engaño de Alejandra, siempre lo sospecho y de alguna manera hasta llego a justificar ese hecho por haberla abandonado al estar embarazada pero ahora dadas las infidelidades comprobadas de su esposa no se podían quedar así.
―¡Cómetela toda! ―berreaba Roberto― ¡Serás mi puta!
―¡Si papito seré tu puta!
De mi cuenta corre que Valeria sea una prostituta de esquina ―pensaba Roberto―.
La puso de pie, la chica aun jadeando por el dolor de las embestidas por el ano se tuvo que apoyarse de los brazos de Roberto para no caer. La tomo de las mejillas apretando fuerte.
―¡Me ocultaste que Sae cogía con su novio, y aparte ese maldito mete a uno de sus amigos y entre los dos se joden a mi hija! ―le grito Roberto― ¡Y tú en vez de decírmelo te pones mirar y meterte el dedo!
―¡Perdóname papito! ―dijo Valeria ya con unas lágrimas―.
―¡Ahora veras!
Roberto se sentó dejando a Valeria delante, ella quedo de espaldas a él, la jalo y la sentó en su verga. La chica se dejó ir un poco sobre del hasta que se apoyó con sus manos en el colchón. Valeria se vio entera en el espejo del tocador que estaba frente a la cama.
Roberto alcanzaba a ver como su verga entraba y salía de la vagina de Valeria, las piernas largas finas y atléticas de la chica la hacían ver muy cachonda, su abdomen liso y sus tetas moviéndose al ritmo de los sentones que ella se daba.
―¡Ha, papá! ¡Papito!
―¡Te ves bien puta!
Pero Roberto ya no aguanto más, quiso retener el orgasmo con todas sus fuerzas para poder seguir gozando a Valeria, pero lo estrecho y suave de la vulva de la joven hizo que llegara al punto en que era imposible detener la descarga de leche.
Así había sido como Roberto empezó a follarse a Sae y a Valeria. A su regreso las discusiones con Alejandra fueron peores.
―¡Son igual a ti, unas perras putas! ―decía Roberto al referirse a las chicas―.
Y le mostro los videos de las cámaras del departamento con todo lo que hacían Sae y Valeria.
Días después Alejandra viajo a visitarlas y les mostro los videos, las chicas estaban muy apenadas. Ella aprovecho para contarles a detalle lo que estaba pasando con Roberto y las hermanas de este, lo de las acusaciones y todas las intrigas y ahí también les dijo la verdad sobre Valeria que no era hija de Roberto, y que había el riesgo que no le heredara nada. Y ellas le confesaron lo que les había hecho, que se las había cogido.
Alejandra conocedora del carácter de su todavía marido, llevo un plan muy arriesgado pero algo le decía que daría resultado.
―El punto débil de Roberto es que se enamora. Sin duda seguirá viniendo y seguirá pidiéndoles que cojan con él, complázcanlo en todo. Llegará el momento que el hará lo que le pidan ―les aconsejo―.
Y así lo hicieron, en los siguientes meses Roberto viajaba más seguido para estar con ellas. Nunca hizo los movimientos legales que pensaba hacer para no dejarle nada a Valeria y a su esposa. Pasaba horas con ellas bebiendo y follándoselas.
Hasta que un día después de otra discusión con Alejandra le vino el derrame, sus hermanas culparon a Alejandra y la acuso de fraude. A los pocos días Roberto murió.
Así que Alejandra, Sae y Valeria siempre supieron todo. La justicia fallo a favor de Alejandra y sus hijas y ahora ellas estaban al frente de todos los negocios, pues legalmente eran la esposa e hijas.
El cuarto quedo en silencio un instante después que Alejandra le conto todo esto a Fernando. Sae sentada junto a Fer lo abrazo muy tiernamente. Valeria se acercó a su rostro y con su dulce voz le dijo.
―¡Papi te amo!
Y empezó a besarlo apasionadamente, con su mano busco su polla tratándola de despertarla pues con todo lo que había sucedido se había dormido.
Fernando sintió la suavidad de las manos de Valeria, la chica le acaricio las piernas, el abdomen su torso y sus manitas delicadas subieron hasta su cuello. Volvió a la polla de Fernando y el tomo entre sus dos manos de una manera tan tierna que parecía que jugaba con algo celestial.
Fernando volvió a excitarse. Valeria metió a su boca la verga de su papito que ya estaba despertando. El maduro y aun confundido hombre sintió esa sensación que solo esta hermosa chica le había hecho sentir, su boca tibia, suave, la calidez de su lengua y de su saliva.
Alejandra y Sae muy atentas miraban. Las dos desnudas.
―¡Ho, Valeria!
Ella ya se metía en su boca toda la polla. Fernando le jugaba sus cabellos claros, empujando suavemente su cabeza contra su verga. Valeria se acomodó arrodillándose sobre la cama, paro sus nalgas y siguió mamando. Fer alcanzo con una mano el culo suave de su hija y con la otra seguía empujando su cabeza.
―¡Chupa sus huevos! ―le aconsejo su madre―.
Y Valeria lo hizo, lengüeteaba los testículos, los apretaba suavemente con sus labios. Fernando cerró los ojos y abrió la boca de placer.
―¡Que rico!
Fernando ya estaba listo nuevamente, la belleza de Valeria, su sensualidad, su cuerpo, su sangre caliente, su gran apetito sexual escondido debajo de su ternura e inocencia se impuso. La chica se movió quedando en medio de las piernas de su papito, empezó a recorrer la dura verga desde abajo hasta arriba. Su mirada sensual se clavó con la mirada de Fernando, el cual la miraba a los ojos y por momentos le miraba sus nalgas que se movían suavemente.
Fer la acomodo en la cama, y empezó a chuparle los pechos, pasaba su lengua por los pezones rosados y erectos. Apretaba las tetas como si las estuviera ordeñando. Bajo a su pepa la cual estaba más que mojada, los fluidos vaginales eran abundantes por la excitación.
Valeria abría con sus dedos su raja para que la lengua de su papi degustara su deliciosa vagina. Fernando ya no pudo esperar más, preparo su gruesa pija y empezó a meterla. La chica se agarró las tetas acariciándolas sin dejar de mirar los ojos de su papa quien empujo su verga, un gesto de placer apareció en el rostro de la chica y un suave quejido.
―¡Ay!
Y Fernando empezó a meter y sacar, se encimo sobre de ella y Valeria cerro sus piernas alrededor de la cintura de su papito y lo abrazo muy fuerte y a la vez acariciando la espalda. Fer metía lo más profundo que podía y ella recibía en sus entrañas donde no podían llegar sus besos, sus caricias, su mirada, solo esa extensión de él, su palpitante verga.
Permanecieron así por varios minutos, los dos querían que el tiempo no pasara para seguir gozándose y disfrutándose uno del otro, porque a los dos les producía un inmenso placer sentirse. Fernando se enderezo y sin sacar la polla y siguiendo el ritmo empezó acariciar el rostro de su hija, sus cabellos.
―¡Papito sigue no te detengas soy tuya! ―le dijo mirándolo fijamente―.
Valeria sentía como los testículos de su padre golpeaban su cuerpo.
―¡Me encantaría también me metieras tus huevos!
Valeria estaba excitada como nunca, quería que Fernando se metiera todo dentro de ella, que ya adentro se mezclaran en uno.
―¡Bésame papito!
Fernando acerco su boca a la de Valeria, ella jadeaba, sintió como ella recibió a sus labios con la lengua y el saco la suya, sus salivas se hicieron una, sus dientes chocaban, se mordían, se respiraban uno al otro. Un chorro le semen salió de Fernando, Valeria sintió el líquido caliente en su interior que fue como combustible que avivo la lumbre que tenía ahí muy dentro de su vagina.
―¡Ha! ―grito Fernando―.
Y saco su verga la cual tiro otros chorros que fueron al cuerpo de Valeria, llegando a su cuello, a sus pechos, otros llegaron a sus cabellos, los últimos con menos fuerza en el vientre. Toda la leche que acumulo follando a Sae y Alejandra ahora salía solo para Valeria.
―¡Cuanta lechita caliente! ―dijo Sae―.
Valeria empezó a embarrársela en todo su cuerpo, junto un poco en sus manos y se la trago. Fer sacaba las últimas gotas, Valeria tomo su verga y con su boca exprimió la polla de su papito. Su erección no se perdió, dejo que su hija se la chupara hasta que la dejo limpia.
Coloco a Valeria en cuatro, chupo su fundillo, le metió la lengua hasta donde pudo. Recorrió con su boca todo el canal de sus nalgas y una vez lubricado empezó a atacar, ya conocía el camino, lo recordaba hace apenas unos días y también esa sensación que solo en el culo de Valeria le había hecho sentir.
La chica se estremeció al recibir la mitad y luego toda.
―¡Valeria mi vida! ―dijo Fernando―.
―¡Papito! ―contesto―.
Acaricio su cintura, su espalda, sus hombros y sus cabellos, todo era de lo más hermoso.
―¡Que culo tienes!
―¡Es tuyo papito! ―dijo Valeria―.
Los dos se perdieron por un momento nuevamente, se perdieron en el tiempo, él sintiendo la suavidad de su interior, y ella sintiendo como la verga de su padre topaba con algo dentro y al tocar ese algo le producía un enorme placer. Duraron varios minutos.
Fernando alcanzo sus tetas, se las apretó muy fuerte, pero estas como que se le escapaban de las manos.
―¡Me vengo! ―grito Valeria―¡Me vengo!
Y metió su mano hasta su vagina y la empezó a frotar.
―¡Papito me estoy viniendo!
Fernando acelero un poco y ya no pudo más. Lleno el fundillo de Valeria, esta vez dejo que toda su carga se quedara dentro de ella.
Valeria sintió como su recto se llenaba, sintió el viscoso líquido caliente. Con el culo escurriendo de leche, volteo y abrazo a Fernando acostándose sobre de él. Sae se acostó a un lado de la pareja dándoles la espalda y Alejandra se acostó del otro lado dejando a Fer y a Valeria en medio. Era hora de descansar.
Fernando se sintió totalmente exhausto, había vivido tantas cosas en tan pocas horas. Abrazo fuerte a Valeria, sintió su cuerpecito suave, sintió como su corazón latía, los suspiros de la chica lo arrullaron y quedo dormido.
Solo pasaron unas horas cuando Fernando despertó, y lo hizo porque Valeria le agarro la polla y la frotaba contra su cara, echándosela a la boca.
Fernando movió la cabeza para despabilarse, se froto los ojos para ver mejor y vio como Valeria ya mamaba deliciosamente su verga. Valeria al ver que su papito ya la había despertado y la miraba se detuvo y lo miro a los ojos.
―¡Quiero más leche papi!
Y volvió a meterse la pija en la boca sin dejar de mirar a Fernando.
―¿No estas cansada? ―pregunto Fer―.
―¡Si papito pero quiero sentir tu verga otra vez!
Fernando dejo que la chica siguiera chupando hasta que su verga quedo bien erecta. Con cuidado para no tocar a Sae y Alejandra, Valeria intercambio lugar con Fer. Se acostó en medio de su hermana y su madre y se abrió a lo más que pudo las piernas ayudándose con sus manos.
―¡Tu lengua papi, quiero tu lengua!
Entonces con sus dedos se abrió la raja. Fernando apoyo sus manos una en la cadera de Sae y la otra en la cadera de Alejandra las cuales ya se habían dado cuenta de que la pareja de enamorados había empezado a coger nuevamente, Fer estiro su cuello llegando a lengüetear la pepa de Valeria.
Fer mordía suavemente los labios vaginales, recorría con la punta de la lengua toda la raja. Valeria disfrutaba de la sensación de sentir la boca y la lengua de su padre en su vagina, a ella siempre le fascino el sexo, desde su primera vez con su novio el cual la desvirgó y una vez que sintió esa emoción al ser penetrada para ella fue lo máximo. Y al fascinarle siempre buscaba sentirla.
Pero nunca había sentido cosas como las había sentido con Fernando, era algo inexplicable para ella y no necesitaba una explicación, solo disfrutaba sentirlo.
Fer la volvió a penetrar, su verga erecta, dura, grande y escurrida entro en el cuerpo de Valeria la cual sintió eso que tanto disfrutaba al ser penetrada, ese placer que la trasladaba a otra dimensión, fuera de este mundo.
―¡Papito te amo! ―murmuraba Valeria mirándolo a los ojos―¡Me fascina tu verga!
Tal vez lo cansado Fernando ya no aguanto, dejo todo su semen ahora en la vagina. Se acomodaron abrazados y esta vez los dos se quedaron profundamente dormidos.
Por la mañana salieron a desayunar, como una familia normal, después del almuerzo se despidieron, con la promesa de que en cuanto pudieran regresarían.
Todos esos días por la mañana Valeria saludaba a su papá con mensajes de texto, audios o imágenes. A veces la llamaba y platicaban un rato y en una de esas pláticas Valeria le dijo.
―¡Papá, ya lo decidí me quiero ir a vivir contigo!
―¿Estas segura? ―pregunto Fernando confundido―.
―¡Completamente papá, quiero estar contigo!
A pesar que Fernando le hizo ver varias cosas Valeria le dijo que hablaría con su mamá.
Dos días después Fernando se levantó un poco más temprano, ese día su jefe le había dado una comisión, los visitarían un par de sus mejores clientes y él los iba a atender, se trataba de gente muy exigente y tendría que estar muy al pendiente. Iba bajando las escaleras cuando sonó su móvil.
―¡Hola Fer! ―era Alejandra―voy para tu casa. Valeria ha insistido tanto en irse a vivir contigo que te la voy ir a dejar.
―Lo he hablado con ella y le he dicho que conmigo no va a tener las comodidades que tiene contigo, pero ha insistido mucho.
―¡Pues está decidido! ―dijo Alejandra―vamos para allá.
―¿Sabes? Hoy estará muy pesado, estaré atendiendo a unos clientes y será todo el día.
―¡No te preocupes! De hecho pensaba ir con Valeria a comprar varias cosas eso nos va a llevar un buen tiempo y aprovecho para preguntar ¿Tienes algún problema si compro algunas cosas para tu departamento? No lo tomes a mal es para que mi hija este un poco más cómoda.
―¡Si no te preocupes! Tratare de apurarme para llegar temprano. Voy a dejar la llave con la administradora del edificio y la pondré al tanto que van a estar ustedes.
Fernando se emocionó, el pensar que tendría a Valeria a su disposición, eso hizo que el cuerpo le empezara a temblar. Quería seguir pensando pero le esperaba un día muy agitado.
Alejandra y Valeria fueron de compras, adquirieron algunos muebles, utensilios de cocina, para baño y recamara. A fin de cuentas el departamento siempre había sido de un soltero y como tal no era apto para una vida de pareja.
Valeria se veía muy emocionada, le enviaba fotos y audios a Fernando de las cosas que compraban.
Creo que van a sustituir todas mis cosas ―pensaba Fernando―.
Tuvo que llevar a los clientes a la planta en la cual hicieron un recorrido, luego a las oficinas. Por unos detalles personales el jefe de Fernando no pudo acompañarlos a comer así que él tuvo que encargarse de eso también llevándole un poco más de tiempo. Sin embargo por las fotos que le mandaba Valeria ellas andaban muy entretenidas primero comprando y luego colocando las cosas.
¡Bueno comprar cosas es lo que les encanta a las mujeres! ―pensó Fernando.
Los clientes resultaron buenos bebedores pues durante la comida pidieron varias copas y Fer tuvo que acompañarlos. Al final ya un poco más de las 6 de la tarde por fin pudo salir. Apurado y mareado por las copas de licor se apuró a llegar a casa.
La camioneta de Alejandra estaba estacionada frente al edificio, entro al estacionamiento y el efecto del alcohol lo hacía sentir prácticamente ebrio. Fernando estaba ya muy emocionado.
¡Seguramente me cogeré a las dos! ―pensó Fer acariciándose la verga.
Continuará…
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