Un sueño nada más (1)

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T. Lectura: 8 min.

La noche es un momento extraño. Parece que cuanto más adulto eres menos dura. Los problemas de insomnio se comienzan a volver más prolongados. Después de dos meses sin poder dormir nos atendimos con un psiquiatra y con un religioso para ayudarnos. Ambos nos han estado dando consejos para dormir mejor y si bien el insomnio se ha reducido de vez en cuando me da un pequeño lapso de inquietud y no me deja dormir.

Pero hoy escuche al amigo de un amigo, que me recomendó ir con esta mística, que según ellos arrancan el insomnio de raíz. Soy bastante escéptico, pero es mi última alternativa. Sobre todo porque esta mujer parece estar super perdida en las drogas.

Entro a la habitación y la primera impresión es una mujer semidesnuda, con cadenas y aretes por todo el cuerpo. La cara deformada de tantas perforaciones, algunas muy exóticas como un grupo de 6 cuernos qué van de arriba a abajo de su frente, un cuerno pequeño atravesando su nariz por abajo y otra por el puente, expansiones en sus oídos tan grandes qué parecen pesar más que el oído, tatuajes en los ojos. Uno de ellos parece tan oscuro qué se refleja mi expresión de descontento.

-Bienvenido, señor que agradable compañía. -dice mientras se mueve con un baile de caderas moviendo su pelvis en círculos y con una voz ronca casi susurrada, descaradamente sobre ventilada, como un gemido. -La pasión nos desborda a todos capitán, no me mire de esa manera. Seguramente sabe de lo que estoy hablando.-

-Buenos días. -respondo algo intimidado.

-Basta de formalidades guapetón. -ella se acerca a acariciar las pocas canas qué me quedan por la edad. -Dime que oscuro deseo vienes a complacer y yo te lo cumpliré. Puedes llamarme Sonia. –

Después de decir eso, Sonia Abre las piernas llenas de tatuajes y acerca su calzoncillo negro lleno de cadenas y joyas cerca de mi rostro. Puedo notar qué de la tela sobre sale un pequeño bulto como un piercing en su clítoris. Es casi hipnótico. Además comienza a sonar una serie de campanas de viento qué ella sopla con un abanico.

-Yo soy Billy. Amm no quiero ser grosero pero yo tengo esposa.

-Mejor aún, me excita más complacer a un hombre infiel.

Sonia comienza a mover su entrepierna y acercarla más a mi mientras gime.

-Me dijeron que puedes curar el insomnio. -el momento es muy incómodo. No puedo concentrarme. Pero yo genuinamente amo a mi esposa. No le seré infiel con nadie.

-No te preocupes mi amor. No te sientas inhibido conmigo. Yo se muchas cosas sobre tu matrimonio. El incienso me está hablando al respecto. -dice ella tomando de su pipa. Al soltar el viento lo señala. -Si, observa, ahí está. Se que no duermes bien desde que en una ocasión tu mujer se acostó con otro hombre… con tu hermano. Tú los encontraste y después de un gran pleito decidiste perdonarla. También veo que en la cama ella no deja que te le acerques. Es una pena porque a tu hermano le hizo de todo. O por dios, es una mujer muy hermosa, y tan ardiente. Mira como cabalga. ¿Te molesta si me toco un poco?

-Que rayos… No. O sea. Si… ¿Cómo sabes eso?

-No te enojes conmigo, aunque te ves tan sexy enojado. Me pones bien cachonda.

-basta de eso. No vengo a que se burlen de mí. Ya dije lo que busco, pero tu solo eres una charlatana. -ella suelta una pequeña risa. Se va a la repisa de atrás. Levanta su pierna hasta arriba de la vitrina y finge qué de su vulva sale una especie de poción a la vez que lanza un gritito sordo de placer.

-Aquí está todo lo que necesitas para dormir mejor. Y quizás te ayude con tu matrimonio. Son dos mil por la sesión y doscientos treinta y nueve por la solución qué te ofrezco. Aunque si quieres cogerme no te cobrare por eso. Estoy muy caliente.

-Pagaré en efectivo. -Muy enojado tomo las cosas, pago y me marcho.

Sin embargo estoy tan caliente como ella, pero como hombre fiel, no dejaré que ella lo sepa. Esta noche lo intentaré. Tomaré la poción que me dio y antes de dormir voy a hacerle el amor a mi esposa. Tan delicioso qué nunca más pensara en siquiera intentar engañarme de nuevo. Tengo tanta rabia contenida.

Llego a casa. Ella como siempre llegara tarde por su trabajo. Algo ha cambiado. Han comprado la casa de al lado. Son una pareja. Un señor y su esposa parecen ser. Van por eso de los 30 años pero se ven muy jóvenes. Nada que ver conmigo. Me acerco a ellos para saludar y darles la bienvenida. Solo cruzamos pocas palabras un “hola” “bienvenidos” “si necesitan cualquier cosa cuenten con nosotros” y ya.

Ellos se presentaron. El hombre es Cristian, la mujer es Cristina. Pero de repente algo pasa dentro de mí. Supongo que producto del éxtasis comienzo a imaginar a la Cristina totalmente desnuda. Ella es muy sensual. Tiene un cuerpo de gimnasio, tiene ojos enormes y azules, no tiene ninguna arruga y sus lunares van desde su rostro hasta sus enormes senos qué destapa con un lindo escote. Procuro solo echar un vistazo cuando ellos no se dan cuenta y después volver a ver sus rostros. Mi filosofía es firme. No pienso engañar a mi esposa. No voy a arruinar lo que tanto trabajo me costó salvar de este matrimonio.

Nos despedimos y prometemos vernos por el vecindario. Llego a casa a limpiarla. Dejo música romántica, me doy una ducha y entonces llega por la puerta Gabriela. En sus cuarenta años y aun es tan hermosa. Tiene ojos negros, pocas canas y arrugas. Sus pechos son operados pero se le ven hermosos. Siempre llega cansada de su trabajo aburrido en bienes raíces. Se da un baño, cena algo y cuando se seca su cabello se mete a la cama. Estoy decidido tomo el extraño brebaje qué me dio Sonia, lo bebo completo. La verdad es que no siento nada diferente.

Ya planee mis movimientos. Me puse traje, uno que oculta mi panza y que usábamos cuando éramos jóvenes para vernos a escondidas. Aun me queda muy bien y el efecto qué busco es el que necesitaba. Tengo unas velas aromáticas qué una vez me dijo que le gustaban mucho. De comer le serví algo ligero para que no se sienta mareada por el movimiento qué le pensaba provocar.

Algo que no le pareció muy bien, pero qué acepto de todos modos. Además compre mucha protección y lubricantes, encontré uno que produce una especie de efecto mentolado y que las mujeres dicen sentir como un vibrador. Además tengo un poco de viagra “por si acaso”. Antes de que termine la cena me le acerco por detrás y comienzo a masajear su cuello.

-Gracias cariño, pero no… hoy no…

Después de un momento sigo intentándolo aún.

-Quiero consentirte mi amor… -le digo.

-ha sido un día muy largo, solo quiero dormir.

-Tu dejate llevar, todo va a salir bien.

-¡Que no Billy! -Grita ella.

Puedo ver asco en su rostro, ni siquiera un gramo de empatía después de lo que me hizo. Yo me alejo decepcionado. Se que he perdido mi atractivo físico. Ella solo se pone más linda. Comprendo porqué le doy tanto asco.

-Quiero irme a dormir. -dice Gabriela.- Por favor esta noche no ronques.

Estando en la cama no me atrevo ni a acercarme. Siempre se pone de mal humor si la despiertas. Las luces de los vecinos aún no se han apagado. Y entonces comienzo a escuchar levemente. Me concentró para escuchar mejor. Son gritos. Es Cristina gritando.

-Dame duro, Dame más duro. ¡Si ahí! -los gritos continúan, yo me pongo de pie. Y voy a la sala después a la cocina aquí se escucha con más calidad el sonido de la cama rechinando. La respiración agitada de Cristian mi vecino y por supuesto los dulces gritos y gemidos de Cristina. Qué envidia como gozan ellos.

A veces se escuchan nalgadas, a veces se escucha como si un líquido se derramara al suelo, se escucha el sonido de las pieles chocando rítmicamente. Y cada vez se escucha más claro.

A la velocidad de un parpadeo vuelvo a estar en cama. Esta amaneciendo nuevamente. No sé cómo rayos pasó. Es como si me hubiera transportado. Gabriela sigue en cama. Yo me levanto y me doy cuenta que es justa la hora para levantarme e ir a trabajar. Antes de salir vuelvo a ir a la cocina, pero esta vez solo hay silencio.

Cuando salgo para irme justo sale Cristina. Nos miramos mientras subimos a los coches y nos saludamos con las manos. Después de lo de anoche no pude evitar mirar su cuerpo. Su rostro de ángel y ese cuerpo tan malvado combinan bien con su energía sexual. Pero ahí se queda la cosa. Pues pienso salvar esta relación en la que estoy.

Esta noche intentaré algo diferente, preparare un baño de burbujas para ambos y me pondré detrás de ella para que no me vea y solo sienta el gran placer qué yo le puedo dar a mi amada Gabriela.

Les aviso que… no funciono. Al ver la bañera y a mi invitándola, solo entro a orinar en el váter y se fue a la cama con un cara de decepción en su rostro. Esta noche los vecinos estuvieron riendo como si estuvieran jugando juntos. No recuerdo yo la última vez que Gabriela y yo nos juntamos a reír. Decidí dormir conscientemente. Y en un parpadeo, ya estaba descansado, listo para el día y justo a tiempo para trabajar.

Una vez más lo intentaré. Esta vez en cama cuando estamos acostados la abrazare y comenzaré a intentar besarla… nuevamente me rechaza. Y me advierte que si sigo molestándola me va a mandar a dormir al sillón. La noche es silenciosa. Los vecinos parece que también durmieron temprano.

Bienvenidos a la vida adulta, pensé. Tienes sexo salvaje un día y el resto de los días volverás a la cotidianidad y aburrimiento.

Todos los días en la mañana veo a Cristina y nos saludamos al ir al trabajo, pero no hablamos más que eso. A Cristian casi nunca lo veo. Sale después de que yo salgo y llega a casa antes que yo llegue. Por eso aprovecho para ver el cuerpo de su mujer. A veces usa un traje elegante con pantalón negro y blusa blanca. A veces se ve más formal con falda corta, mallas, y una blusa roja qué me encanta como se le ve. A veces va de vestido. Pero siempre trae ese hermoso escote qué muestra un par de senos preciosos. Sin embargo lo que más me encanta es su mirada y su voz. Cuando me dice “buenos días” me deja cautivado.

Es como mi pequeño placer del día. Ver ese rostro tan lindo ser amable conmigo. No es algo sensual, creo que genuinamente estoy enamorado de esa mujer, incluso un poco más que de mi esposa. Pero no. Nunca lo intentaría. Mis valores son muy específicos.

Las noches siguen pasando como parpadeos. Quizás esa posion funciona demasiado bien. Siento que no paro de moverme nunca. Pero aun así me siento descansado. Es algo extraño.

Ha pasado una semana. Mi mujer sigue alejándose de mí, los vecinos han estado silenciosos. Cristina y yo nos saludamos todos los días en la mañana. El efecto de la poción funciona bien para dormir pero no para el resto de lo que pasa en mi vida. Después del séptimo día, pude sentir que cerré los ojos por más tiempo. Incluso una pequeña imagen apareció ante mí. Una especie de fuego pero de colores morados y verdes bailaban al fondo de un pozo. Pero de inmediato desperté. Creo que debe ser efecto secundario de la poción.

Hoy Gabriela ni siquiera me dirigió la palabra. Cuando eso pasa supongo que le fue mal en su trabajo. Pero la verdad es que ella nunca me cuenta como le fue.

Se durmió de inmediato sin cenar. Es como estar solo en casa todo el día. Esa noche me acerque una vez más a la cocina y esta vez escuche a la vecina platicar con su esposo. No entendía muy bien lo que decía pero escuche entre las palabras que ella decía en voz alta “hoy dame por atrás”. De inmediato me empecé a sentir super excitado, pero justo se dio mi hora de dormir. Empecé a escuchar gemidos. Y cuando cerré los ojos todo se oscureció.

Pero no desperté de inmediato. Empecé a ver aquel fuego, ahora como un plasma moviéndose. Era como si fuera un animal hecho de esos matices en su propio universo. Pero entonces apareció mi esposa al lado mío, dormida. Totalmente desnuda y de color azul. Yo también estoy desnudo y azul en este espacio. Me acerqué para tocarla pero mi mano la atravesó. Miro al frente y un ojo de pez gigante se abre frente a mi con ese fuego morado y verde por todas partes. Esa debe ser la criatura qué me acosa.

Pero entonces dirige la mirada a otra parte. Es como ver en la habitación de mis vecinos. Ellos en pleno coito, gozando de sus cuerpos entre besos, Totalmente desnudos. Me acerco para ver mejor. Mi falo está en mi mano mientras los observo. Cristian la penetra suavemente y Cristina gime su nombre. Ambos gozando.

-Métemela por mi culito. -dice ella poniéndose en cuatro. Él pone su cara entre los dos hermosos glúteos de Cristina para devorar su cavidad. Cristina mira al frente con los ojos en blanco y la boca abierta. Respira agitada sin dejar de gemir.

-¡Eres el mejor! Comete ese culito, complacelo.

Cristian se levanta y acaricia con su falo a su mujer. Ella mueve su glúteo en círculos. La penetración ocurre. Ambos lo hacen con belleza.

-¡Así, puta madre, ahí clavame, soy tu puta! -Grita ella entre embestidas. Sus ojos comienzan a mirarme mientras Grita. Se posan fijos en mi para preparar una sonrisa con su boca abierta. La misma que veo todas las mañanas.

Despierto.

Es hora de ir a trabajar.

Calmo mi torrente sanguíneo con un té y voy justo a tiempo para ver a Cristina salir de su casa me mira pero algo ha cambiado en su mirada. Nos quedamos viendo un rato suspirando fuertemente, como si ella sintiera la misma tensión sexual qué siento yo.

Nos saludamos pero esta vez ella se acerca y me da la mano. Después entramos a nuestros coches y partimos sin dejar de mirarnos excitados.

Pero eso significa que… ¿de verdad ella podía verme? A veces los he escuchado hablar con su marido, tienen planes. Van a casarse y a tener hijos. No hay ninguna oportunidad de que ella esté conmigo. Y yo estoy aquí atrapado con una mujer que no me ama.

Lo que paso a noche me dejo pensativo todo el día. No sé como pero parece que estos sueños lúcidos significan algo. Saliendo del trabajo fui con Sonia la mística para hablarle del tema.

-Hola guapo, veo que volviste.

-Necesito respuestas ¡Ahora!

-Yo también te extrañe. Pero para tu suerte hoy no estoy tan cachonda como la otra vez. Si me vas a coger te voy a cobrar la hora como a cualquier cliente.

-No… no vengo para eso. Es sobre la poción que me diste. -Sonia sonríe y se pone una camisa en red, para quitarse el sostén y mostrar sus dos pequeños pechos puntiagudas, perforados y tatuados. Como si la camisa le diera la intimidad qué necesita.

-Sabes que, ahora si me estas poniendo cachonda.

-Quiero saber que efectos secundarios tiene. Porque tuve un sueño…

-¿Ya tuviste ese sueño? -interrumpe emocionada.

-Soñé con mis vecinos…

-que buena noticia. Ten. -Sonia saca un pequeño caramelo.

-Este te lo regalo. Cometelo esta noche y diviértete. -lo vi extrañado. No sabía que pensar.

-¿Y este cuánto cuesta?

-Este te lo regalo porque nuestros dioses parece que te bendijeron.

-¡¡Sonia!! -se escucha el grito de alguien detrás de las cortinas.

-Bien si no vas a cogerme me tengo que ir. Porque esta noche me van a desbordar el tamaño de mi vagina. –

-No me digas esas cosas, no quiero saberlas… pero gracias por la ayuda.

-De nada cariño. Te amo.

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