Mi hija (2)

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T. Lectura: 12 min.

No podía creerme lo que ella acababa de decirme.

—Era broma hija. Es una frase hecha. Me han traicionado los nervios —Me apresuré a decir muy serio—. No tendría que haberte dicho eso.

—Yo no estoy de broma papá. Anda venga que como tú bien dices nos quedamos sin tiempo.

—Pero, no, yo, es que, es que… —tartamudeé.

Me quedé unos segundos en silencio sin saber que decir.

—¿Se te ha ido la cabeza hija? —dije ya repuesto un poco de la sorpresa.

—A ver papá —se impacientó—. Me vas a tener que meter los dedos en la vagina. ¿Qué más da eso también?

—No es exactamente lo mismo cariño y tú lo sabes muy bien. Eso es muy diferente.

—Sí, pero de todos modos tienes que tocar por completo mi vagina. Y me tienes que meter tus dedos —insistió.

Me acerqué a la entrada del salón. Ella se había vuelto a tumbar con el cojín bajo su culo y la camiseta por encima del ombligo. Claramente hablaba en serio y estaba totalmente dispuesta a ello.

—Por favor papá, probemos un momento a ver. O mételos así de seca como estoy. Te juro que aguantaré lo que haga falta.

No me daba tiempo a pensar y siguió insistiendo:

—Papá ya llevo muchas horas con eso ahí dentro. Sácamelo de una vez por favor, que me está dando muchísimo asco.

Me quedé un rato pensativo.

—¿¡Papá!? —Me miró—. ¡Terminemos con esto de una vez por favor! —suplicó.

—Vale, voy —Y me apresuré de nuevo a situarme a su lado.

Me arrodillé otra vez junto a su costado derecho. Me temblaba todo el cuerpo. Volví a abrir con mi mano izquierda sus labios vaginales. Con la derecha situé mi dedo corazón sobre su prácticamente inexistente clítoris.

Noté que me temblaban mucho las manos. No tenía nada claro que pudiera estimularla estando tan perturbado. Aun así logré sacar fuerzas de valor y comencé a frotar su clítoris muy lentamente con movimientos circulares. Pensé que de todo esto no podía salir nada bueno. Lo último que deseaba yo, era provocar un orgasmo a mi hija, del cual, después ella se pudiera sentir culpable y arrepentirse y avergonzarse el resto de su vida. En cuyo caso no tenía ni idea de cómo seguiría nuestra (ya de por si) tensa relación.

Por suerte, yo sabía hasta cierto punto como lograr que esto no sucediera. O eso esperaba. Poco rato pasó y pude concentrarme en masturbar a mi hija. Mis manos habían dejado de temblar por completo.

Pasé de mis movimientos circulares a frotar de arriba abajo y de derecha a izquierda. Todo esto lo iba intercalando (a mí antojo) con acelerones para acto seguido volver a reducir la velocidad drásticamente, y luego acariciar muy lentamente la base de su clítoris e ir subiendo en círculos. De vez en cuando le pellizcaba muy suavemente su clítoris, el cuál comenzaba a ponerse grande y muy pero que muy duro.

Hice de este juego de frotación un ciclo repetitivo y al mismo tiempo aleatorio, que seguro que mi hija no se esperaba. Este tipo de frotación tan irregular es ideal para retrasar muchísimo los orgasmos de una mujer. Ya que si en algún momento estuviera a punto de provocarle uno, al cambiar el ritmo y el sentido de la frotación, éste remitía por momentos. Lo que sí se lograba con este juego, es llevar a una mujer a un punto de excitación próximo a la desesperación, por conseguir un orgasmo y a que no dejase de lubricar. Esto último, claramente era lo que en ese momento más me interesaba conseguir.

No pasaron 5 minutos que noté como la respiración de ella cambiaba por completo. Empezaba a ser más profunda, haciendo que sus pechos se elevasen considerablemente con cada inspiración. Su respiración empezó a ser lenta, profunda y descompasada, con pequeñas contracciones de su caja torácica. Observé que sus pezones se empezaron a marcar una barbaridad, bajo la fina camiseta de su pijama.

¡Madre mía, ahora parecían tan duros como para cortar vidrio!

Ahora claramente con cada inspiración, sí se apreciaban por debajo de la camiseta, el volumen de sus redondos y firmes pechos puntiagudos.

Mi pene, aunque parezca inverosímil (gracias a Dios) estaba por completo relajado. Tal era lo traumatizado y estresado que me tenía la situación.

Yo seguía a lo mío. Intentando hacer oídos sordos, a cualquier sonido de su respiración. Por el rabillo del ojo vi como ella se cubría la cara y la boca con su antebrazo derecho.

Sus tímidos y contenidos jadeos y suspiros, eran cada vez más audibles y empezaban a ponerme muy nervioso. Madre mía, sus caderas comenzaron a zigzaguear al ritmo de mi estimulación. Instintivamente seguí acariciando su clítoris cada vez con mayor interés y vigor. Noté que cuando acariciaba la base de este, y presionaba un poco, mi hija empujaba sus caderas hacia arriba buscando más roce o presión. En definitiva, mayor placer.

Empecé a tomar muestras de su lubricación. Pasé mis dedos alrededor de la entrada de su vagina. Ahora ya estaba tremendamente húmeda. Tanto era así que, en ese momento pensé, que se podría llenar un vasito de chupito con sus jugos vaginales.

Fui cogiendo con mis dedos toda esa lubricación y se la refregué por todo el exterior de sus labios vaginales y por su duro e hinchado clítoris. Sus ya incontenibles jadeos, eran tan ostentosos que empecé a sentir un hormigueo totalmente involuntario en la base de mi pene. Noté con verdadero pánico, como este empezaba a reaccionar a tanto suspiros, jadeos y gemidos de placer de mi propia hija. Tan mojada ya se encontraba, que decidí que era el momento de empezar de introducir mis dedos, en busca de ese maldito preservativo.

Quería terminar rápido. Sobre todo antes de que mi pene terminase por completo por reaccionar. Tenía muy claro, que si quería atrapar esa goma, tendría que utilizar únicamente los dedos índice y corazón. Estos actuarían a modo de pinza para poder cogerlo y extraerlo.

Tengo que aclarar que mis manos no son muy grandes. Mis dedos son más bien finos y largos. Son manos normales pero muy fuertes eso sí.

Empecé a introducir los dos dedos de mi mano derecha muy lentamente en su cavidad. Al mismo tiempo para que no parara su lubricación, seguí estimulando su clítoris con el dedo gordo de la misma mano. Mi mano izquierda descansaba apoyada sobre su firme estómago. Así estuve un rato (poco la verdad) con un mete y saca muy lento para evitar hacerle daño, pero cada vez más profundo. Intenté dilatarla, separando un poco los dedos conforme los introducía, pero su joven vagina era tan estrecha, que no podía apenas separarlos.

—Ufff, Dios papá. Ooo papá, Ufff, oooh —susurró con la voz entre cortada y contenida.

La miré un instante. Seguía teniendo su brazo tapando parte de su cara y boca. Esto me impedía ver la expresión de su bonito rostro.

—Oh, ufff, ooh dioos papaaá —decía cada vez más fuerte respondiendo claramente a cada uno de mis pequeños y cada vez más profundos, mete y saca de mis dos dedos.

Su espalda, empezó arquearse mientras acompañaba con sus caderas el movimiento de mis dedos. Su respiración era cada vez más agitada y empezó a tener pequeñas sacudidas arrítmicas que iban acompañando y acompasándose, con mis lentas penetraciones. Ahora mis dedos entraban con muchísima facilidad, hasta prácticamente el fondo de su ser.

En ningún momento pude tocar aún el dichoso preservativo.

Ella no paraba de gemir. Y esto se estaba convirtiendo en un verdadero problema para mi.

—¡ohh, ufff, ooh! —gemía.

Intenté por todos los medios hacer caso omiso a sus ya casi gritos de placer.

¡Quería terminar lo antes posible lo juro!

Ahora sí que su vagina hacia verdaderas aguas. Aun así pensé en dilatarla un poco más, ya que lo de separar mis dedos en su interior, no me acababa de funcionar. La notaba aún muy estrecha y no había conseguido aún tocar esa goma.

Pienso, en verdad que, mi siguiente ocurrencia fue lo que lo precipitó todo. De lo contrario, creo sinceramente que la cosa no hubiera pasado de unos gemidos y jadeos o incluso un fuerte orgasmo, como parecía que podía suceder en cualquier momento. Pero no, se me ocurrió dilatar algo más su vagina en busca del preservativo.

“—Es que no te puedes estar quieto —me recrimina constantemente mi mujer—. ¡Eres un manazas!”

Y tiene toda la razón del mundo.

Así que fui sacando lentamente los dos dedos, hasta tenerlos casi fuera de su chorreante oquedad. Preparé un tercer dedo. El dedo anular y empecé a introducir los tres, muy despacio y a la vez. Según fui introduciéndolos, la fuerte presión que ejercía su vagina sobre ellos era indescriptible. Esto, como decía, provocó un antes y un después en el comportamiento de mi hija, ya de por si algo descontrolada.

Fue notar ella como mis tres dedos, llenaban por completo su estrecha y prieta vagina, que de súbito se volvió por completo loca.

—¡Ohhh Diooos!, ¡Fóllame!, ¡Fóllame papá!, no pares, no pares, uuufff ¡papá! —gritaba descontrolada por completo.

Quitó el brazo de su cara y agarró fuertemente mi brazo izquierdo, clavándome sus afiladas uñas. Su cabeza se echó hacia atrás y arqueó por completo su espalda proyectando sus caderas hacía, adelante buscando que la penetrara aún más y mejor.

Que perdiera de ese modo el control y me pidiera prácticamente a gritos que me la follara, me dejó sin respiración.

Noté de repente una tensión muy fuerte en el pantalón del chándal. Bajé la vista y vi como mi chándal era una verdadera tienda de campaña.

Ella dobló un poco sus piernas, las apoyó sobre sus pies y proyectó sus caderas hacia arriba, dejando totalmente libre el cojín donde, hacia tan solo unos segundos descansaban sus nalgas. Tanto elevó su cuerpo que de repente noté por la zona de su costado derecho, a la altura de su ombligo como mi pene y su costado empezaron a rozarse.

Cuando noté este contacto miré y vi con verdadero estupor, que mi erección a través del chándal era tremenda. Pero lo que más me sorprendió, fue ver una gran mancha de líquido preseminal en él.

Los gemidos y gritos de placer de mi propia hija, pero sobre todo sus últimas palabras, provocaron que mi pene se endureciera, hasta extremos para mí por completo insospechados. Por descontado que ella también tuvo que notar la dureza de mi pene contra su costado, pues de repente se incorporó un poco, retiró el cojín que tenía bajo sus glúteos y se dejó caer de golpe.

Los duros cachetes de sus glúteos, impactaron contra la alfombra.

Este movimiento me pilló tan desprevenido, que de súbito me vi inclinado y arrastrado junto con los dedos de mi mano en su vagina en la caída. El dorso de mi mano golpeó con brusquedad contra la alfombra y proyectó fuertemente mis tres dedos, hasta lo más profundo de su empapadísima vagina.

—¡Ufff papá ohhh!, por dios papá ohh que gustooo, no pares ¡no pares por favor!, ¡fóllame! ¡fóllame bien!

Se recostó sobre su lado derecho apoyándose para ello en su antebrazo quedando frente a mí. Se deslizó un poco más hacia abajo de tal forma que su rostro quedó a la altura de mi abultado pantalón.

Cuál fue mi sorpresa cuando de un certero tirón con su mano izquierda, me bajó de golpe el pantalón del chándal, calzoncillos incluidos, por debajo de mis nalgas. Mi pene de súbito libre de la prisión del pantalón, saltó como un resorte. Vi con asombro salir despedida una considerable cantidad de líquido preseminal, que se le pegó en el cuello y un poco en su pelo. Yo estaba tan atónito, que paré de penetrar su vagina dejando mis tres dedos completamente inmóviles en su interior.

Ella cogió mi pene y se lo metió con prisas en su boca, y lo comenzó a chupar vigorosamente. Con su mano izquierda se sujetó a mi cadera y me empujó hacia ella, invitándome a que fuese yo quién penetrase su ardiente boca.

Todo esto sucedió en apenas unos segundos, quedándome yo por completo fuera de juego. En ese momento, yo tenía muy claro que no deseaba de ninguna forma hacer esto con mi hija, así que intenté que soltara mi pene empujándola por su frente.

—¡Eso no!, no, no, no quiero que hagas eso, ¡para..! —logré decir.

Empujé fuertemente mientras ella hacía lo propio en contra.

No quise insistir empujando su cabeza por miedo a hacerle daño en la nuca. Así que muy serio acerté a decirle:

—¡No!, ¡no!, ¡no quiero!, ¡no, te digo que no!, ¡para, para suelta!, ¡te he dicho que pares!, ¡no quiero hacer esto!, ¡que pares!

Ella no me hacía ningún caso. Es más, parecía que ni tan siquiera me escuchase.

—¡Para joder!, ¡Para! —grité finalmente.

No podía consentir algo así y pensaba cortarlo de golpe. Ella notó en ese momento que estaba sacando los dedos de su vagina. Rápida como el rayo, soltó mi cadera y agarró fuertemente mi mano a la altura de la muñeca, impidiéndome así que sacara mis dedos de su interior. Nos habíamos quedado en una postura algo forzada. Así que al fin, sacó mi pene de su boca.

Jadeaba fuertemente y estaba muy agitada. Vi como sus mejillas y comisura de los labios, estaban empapadas de su saliva. Algunos mechones de su pelo cruzaban su preciosa cara. Se les habían quedado pegados por la saliva de un lado a otro lado de sus mejillas, también por debajo de sus labios y barbilla. Mi pene ahora liberado, se había quedado completamente pegado a su mejilla derecha. Lamentablemente éste seguía duro como una piedra.

Con voz entre cortada y jadeante me miró a los ojos y dijo:

—Papá por favor no pares ahora. No podemos dejar esto así. No después de todo lo que acaba de suceder, de como me he comportado y hasta donde he llegado.

Hizo una pausa intentando recuperar su respiración:

—Papá no lo soportaría. Me sentiría muy culpable. No por favor, no puedes hacerme esto ahora. No me desprecies de ese modo. Ahora ya no. Hemos ido muy lejos. Por favor papá…

Su excitación debería ser de tal envergadura, que curiosamente y mientras me decía todo esto, noté como ella no dejaba de apretar su vagina contra mi mano. Seguía frotándose lentamente con movimientos semicirculares de sus caderas, contra mis dedos. De tal modo que mientras me suplicaba, no paraba de penetrarse ella misma dándose placer.

¡No me lo podía creer! Mi hija estaba tan cachonda que aun estando verdaderamente preocupada por mi reacción, no podía dejar de penetrarse así misma con mis tres dedos.

Esto me provocó un impactante shock.

Volví a mirar su cara.

Estaba toda sudorosa y tenía una indescriptible expresión de disfrute y placer con una mezcla de sincera preocupación, que me hizo mirarla de la cabeza a los pies.

Como expliqué, se había puesto de lado mirando hacia mí, apoyada sobre su antebrazo derecho. En esta pose había dejado su largas e increíbles y torneadas piernas, en una posición de pleno acceso a su sexo. La derecha semi doblada y descansando sobre la alfombra y la otra la tenía completamente abierta y apoyada sobre su pie.

¡Vamos completamente espatarrada estando de lado!

El brillo de la piel sudada de sus muslos, me era escandalosamente provocador. Esta imagen tan pornográfica con sus muslos sudorosos totalmente abiertos, mientras su mano sujetaba fuertemente mi muñeca impidiéndome que la sacara de su vagina, y mientras sus caderas no paraban de dirigir su hambrienta vagina, comiéndose sin parar mis tres dedos. Esto junto con las palabras de mi hija, fue suficiente para hacer que mi mente hiciera una especie de reseteo.

De repente tuve como un extraño y pequeño calambre que me recorrió todo el cuerpo y que empezó en mi ano y terminó en la punta de mi polla. Ésta se endureció aún más si cabe. Se elevó mucho más haciendo unos leves movimientos involuntarios, que se tradujeron en unos pequeños golpecitos en la mejilla de mi gozosa hija.

Ella interpretó estos golpecitos, a que la invitaba a introducirse nuevamente mi rabo en su jugosa boca. Y así lo hizo. Giró un poco la cara y no hizo falta más, yo mismo le introduje mi polla hasta casi el fondo de su garganta.

—uh ohh —gemí ahora yo libre de cualquier culpa, prejuicio, pudor o remordimiento.

Me concentré plenamente en disfrutar de la mamada que me estaba haciendo mi propia hija. De súbito ya no la veía como a una hija (que también) sino más bien como una estupenda, deliciosa e irresistible joven, que me estaba pidiendo sexo a raudales.

Que fuese mi hija quien lo deseara, de repente había pasado a ser un irresistible plus y no un tremendo e infranqueable impedimento. Empecé nuevamente y lentamente a darle vida a mis dedos en su coño. Ella me acompañó sujetando aún rato más mi mano en esa nueva y pervertida vida. Ya confiada, fue soltando muy lentamente mi muñeca y apoyó nuevamente su mano en mi cadera derecha.

Siguió chupando como una posesa, mientras que con su mano me empujaba contra su boca, animándome otra vez a que fuese yo quién me la follase. Cosa que no dudé en concederle. Saqué mi polla hasta sus carnosos labios, para luego introducirla nuevamente una y otra vez. Le sacaba mi polla hasta situar mi capullo en sus labios, ella los apretaba fuertemente sobre mi glande y lo chupaba como si fuese un gigantesco chupachups.

¡Dios, una verdadera locura!

Dejaba inevitablemente de chupar mi glande, cuando yo volvía a introducir mi polla casi hasta el fondo de su boca. Así estuve jugando con su boca un buen rato.

¡Ohh cielos!, me estaba dando un placer indescriptible.

Desde luego, no era la primera vez que me comían la polla pero que fuese ella la que lo hiciera, me estaba produciendo un gozo totalmente inesperado y mucho más intenso y placentero. Mientras me follaba su boca, podía notar en mi polla su fuerte y agitada respiración que, salía a presión por su pequeña nariz.

Instintivamente aumenté el ritmo de mis embestidas en su coño acompasándolas a la velocidad a la que me estaba follando su jugosa boca. De repente, fui consciente del tremendo chapoteo de sus jugos vaginales en cada una de mis arremetidas.

Ese chapoteo de su coño empezó a ponerme por completo loco. Más aún que la tremenda mamada o follada en su boca. No había escuchado en mi vida nada tan escandaloso. Ese sonido me estaba haciendo precipitar mi orgasmo.

Ella empezó a jadear fuertemente teniendo mi polla dentro de su boca y pronunció palabras que yo no terminaba de entender del todo entre otras que sí entendí.

—¡ohh uuh ufff papá!, más, más fuerte, más, ¡dame más fuerte papá! ¡Fóllame! ohh, ¡Fóllame fuerte! —llegué a entender las más evidentes.

Entre los jadeos de ella, las palabras que si logré, entender y el chapoteo escandaloso de los jugos de su coño, no pude aguantar más.

—Ohh, ¡me voy a correr¡, ¡me voy a correr! —Le grité mirándola.

Ella al escuchar que me corría, dejó de repente de chupar mi polla y me sujetó por mis caderas parando mi follada en su boca. Miré su cara con mi polla aún dentro, tenía los ojos entrecerrados con una expresión de gozo y placer indescriptible. Su cara estaba por completo empapada por su saliva. Temí que se retirara, que sacara mi polla de su boca. Pero no, no fue así. Noté como con su mano izquierda me mantenía apretando dentro de ésta. Intuí rápidamente que no le importaba que me corriese dentro de su boca, es más, estaba esperando expectante a que lo hiciera.

La primera descarga le pilló de sorpresa y lo noté muy claramente con el gesto que hizo. Fue como si la hubieran golpeado en el interior de su garganta. También lo noté en la apertura desmesurada de sus ojos. Primero de sorpresa y luego de complicidad y deseo.

Esto no evitó que sus caderas dejaran de buscar mis dedos, todo lo contrario, aún apretaba más su coño contra mi mano. Pareció gustarle la textura y sabor de mi semen, ya que reanudó su mamada con un nuevo y deslumbrante vigor. Yo seguí corriéndome como nunca lo había hecho antes. Mis latigazos de semen dentro de su preciosa boca eran incontables. Me apretó más contra su boca metiéndose mi polla casi hasta los huevos.

Dios, no paraba de salir leche. No había tenido una corrida tan cuantiosa en mi vida.

Lo increíble era que, parecía estar tragándose todo ese semen sin problemas y con verdadero placer. Cosa que no hacía su madre. No me lo podía creer. No era que tan sólo se tragase toda esa leche sin problemas no, es que la estaba disfrutando y saboreando con verdadero placer. Esto hizo que mi mano en su coño, se acelerara al máximo, de tal forma que a un observador, le parecería que la estuviera apuñalando en el coño.

¡Dios bendito! Ella empezó a convulsionar totalmente.

Sacó mi polla chorreante casi en su totalidad, hasta la punta de sus labios y me suplicó:

—¡Fóllame oh fóllame!, ¡más fuerte ohhh!, ¡papá por favor fóllame!, ¡¡así, así, así ohhh!!

¡Madre mía! Mientras decía esto sus carnosos labios, no paraban de acariciar mi glande con cada palabra que pronunciaba.

Empujé nuevamente mi polla al interior de su boca, ahogando sus palabras y gemidos suplicantes. Ella la siguió chupando con pasión, mientras convulsionaba por su tremendo orgasmo. Su cuerpo daba sacudidas y se apretaba contra mi mano. Mientras yo no paraba de taladrarle el coño, hasta que ella cerró violentamente sus sudorosas piernas, dejando atrapada mi mano entre sus muslos impidiéndome cualquier movimiento.

Su orgasmo la llevó a empujar sus caderas de forma rotativa e intensa, haciendo que su coño se follase mis dedos, mientras apretaba fuertemente con sus prietos muslos.

¡Era algo impactante y maravilloso!

Se retiró un poco y sacó mi polla de su boca. Su respiración era rápida intensa y muy agitada. Miré mi polla. Estaba más limpia que si la hubiera lavado en ese preciso momento con agua y jabón. Ella seguía jadeando y aún tenía espasmos mientras continuaba restregándose y apretando su coño contra mi mano inmóvil.

Para mí era inconcebible el grado de excitación de ella, ya que mientras seguía aún con los estertores del tremendo orgasmo, me cogió nuevamente la polla, y la alzó hacia arriba en dirección a mi ombligo. Bajó aún poco más su cabeza y empezó a lamerla desde el glande hasta los huevos. Se entretuvo un poco chupando mis pelotas. Primero una, luego la otra. ¡De súbito las engulló las dos a la vez!

¡¡¡Joder!!!

Eso fue tan repentino, delicioso y tan morboso (notar mis dos testículos bien apretados dentro de la boca de mi propia hija) que instantáneamente tuve un pequeño e inesperado orgasmo y volví a eyacular levemente otra vez.

¡Nunca había sentido nada igual lo juro! Fue indescriptible.

¡Dos orgasmos prácticamente seguidos!

Jamás me había sucedido algo parecido.

Y no es que nunca me hubieran comido los huevos. Todo lo contrario. Pero esta vez fue por completo diferente. Y lo diferente de verdad, fue quién se los comió.

¡Mi propia hija! No me lo podía creer.

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3 COMENTARIOS

  1. Wooooowwww, toda una locura tu relato, me trajiste recuerdos de algunas “situaciones deliciosas” con mi hijastra.
    Espero con ansias la parte 3

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