Fin de semana humillando a mi marido

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Había decidido que ese fin de semana iba a ser muy especial para mi marido y para mí, así que el viernes por la noche, después de cenar ordené a mi marido desnudarse y esperarme a cuatro patas, dada su condición de perro, y yo me fui a mi cuarto y de un armario, al que mi marido tiene terminantemente prohibido acceder, saqué un arnés con una polla de buen tamaño.

Volví al salón donde mi marido me esperaba, de la manera que yo le había ordenado, me senté en el sofá y le dije:

-Bien perro, has sido muy obediente y como premio dejaré que me chupes esta polla que llevo.

Él sabía muy bien que cuando se le decía que tenía un premio en realidad lo que tenía era una tarea que realizar, de manera que, siguiendo a cuatro patas, llevó su boca hasta mi polla de plástico, se la metió en la boca y se puso a chuparla como haría un gay con una polla de verdad, le había adiestrado, sobre cómo hacerlo y sabía que si no lo hacía recibiría un castigo muy severo, así que la mamaba de una forma que solo verle resultaba muy excitante.

Hasta que me decidí por un cambio de papeles, y ser el macho de la relación, le pedí que se tumbará sobre la cama, con las piernas bien abiertas el agujero de su culo quedó a la vez muy abierto y expuesto, y de un golpe se la metí, el se puso a gemir, aunque le molestara reconocerlo su sumisión le llevaba a disfrutar como un maricón su comprendía que esos eran mis deseos. Así que seguí follando su culo hasta que me corrí.

Era sábado, y me levanté con la idea de humillar a mi marido, este dormía plácidamente, sin sospechar lo que se le venía encima, me decidí a vestirme y salí a la calle en busca de un amante con el que follar, me encontré con un calvo bastante cachas al que le dije que si se atrevía a vivir una situación muy morbosa conmigo, él aceptó y le llevé hasta mi casa, nada más entrar le quité la camisa su pecho apareció ante mis ojos, era increíble, se le notaba que hacía gimnasia.

Después cogido de la mano, le llevé hasta mi dormitorio, donde mi marido dormía, éste quedó sorprendido, pero yo le dije:

-Cariño, no te preocupes por ese cornudo.

Me senté sobre la cama y llamé a mi amante para que se acercará, lo hizo, le bajé los pantalones y el short, dejándole la polla al aire, se la cogí con la mano, la llevé hasta mi boca y metiéndola dentro de esta, me puse a chupársela, él comenzó a gemir, y estos gemidos despertaron a mi marido, no sé si el calvo sentía algún temor, pero este se pasó cuando, yo, dirigiéndome a mi marido, dije:

-Buenos días, cariño, tenía ganas de una polla de verdad y he buscado a este macho, acércate aquí, y siéntate a mi lado, para que puedas apreciar una polla de verdad y veas como la chupó.

Mi marido muy obediente, se sentó a mi lado, la verdad era que la polla del calvo era mucho más grande que la suya, estaba desnudo, porque la noche de antes yo le había ordenado dormir así, cuando me hubo obedecido, yo que seguía con la polla de mi amante en la boca, le dije a mi marido:

-Mira cornudo, que diferencia de tamaño con la tuya.

Y se la restregué por su cara, mi marido miraba, yo me volví a meter la polla del calvo en la boca y me puse a chupársela, el calvo entre gemidos, demostrando que había perdido todo respetó a mi marido dijo:

-Cornudo, que bien la chupa la zorra de tu mujer, desde luego es una pena que una zorra como esta, que esta para que una buena polla se la folle.

Mi marido no decía nada simplemente veía, en primer plano, como yo chupaba la polla del calvo, y oía como este gemía, y mi boca es demasiado hábil para que una polla se le resista mucho tiempo, así que el calvo no tardo en correrse dentro de mi boca.

En ese momento yo hice una señal a mi marido para que acercara su boca a la mía, junté mis labios con los suyos y nos dimos un beso que hizo pasar parte de la leche de mi amante a la boca de mi marido que sabía que debía de tragársela entera, sin derramar ni una gota. De esta forma la leche de mi amante terminó en el cuerpo de mi cornudo.

Tras ello el calvo me propuso ir a la calle a comprar algo interesante para el cornudo, nos vestimos y salimos, no sin advertir a mi marido que debía de esperarnos desnudo, y de rodillas sobre en el suelo, cuando volvimos a casa, le volví a quitar al calvo la camisa, dejándole nuevamente con su pecho al aire, después fuimos al salón donde nos esperaba mi marido, se encontraba de rodillas en el suelo y completamente desnudo, tan y como se le había ordenado. Al verle le dije:

-Muy bien cornudo, te mereces un premio y aquí traigo tu regalo.

Abrí una bolsa y saqué de ella un collar de sumiso, que coloqué en su cuello, después le dije:

-Esto es para que tengas muy presente tu condición de perro de esta casa, tu verdadero regalo es poder lamer los zapatos de tu ama.

Él se agacho, adoptó la posición propia de un perro, y sacando su lengua se puso a lamerme los zapatos rojos, le tuve disfrutando de este privilegio un rato, después le ordené:

-Ya está bien, perro, si eres bueno, quizás te deje volver a lamérmelos, pero ahora debes de ayudar a tu ama a desnudarse, para que este semental que traigo conmigo me folle en condiciones, mientras tu compruebas la diferencia entre su polla de dios y la tuya de gato.

Primero le obligué a chuparme un dedo, después le dejé levantarse del suelo lo justo como para que pudiera quitarme la cremallera del vestido, y le hice ir bajándole lentamente hasta el suelo, Después tire del collar hasta hacerle levantar su cabeza y le dije:

-Tu ama quiere que le quites el tanga, para que mi semental pide meter su polla dentro de mi coño con total tranquilidad.

Mi cornudo obedeció yo me quedé casi desnuda, solamente llevaba puesto el sujetador, el calvó al verme así, se acercó a mí y nos besamos, mientras yo el había hecho una señal al cornudo para que me lamiera el cono, mientras mi amante y yo nos besábamos, ordené a mi marido dejar de comerme el coño y pasar a lamerme el culo, él se apresuró a obedecer mis órdenes.

Mientras mi cornudo se ocupaba de mi culo el calvó me quitó el sujetador dejándome completamente desnuda, yo por mi parte le bajé los pantalones y el short esa maravilla de polla quedó al aire y la tenía completamente dura, la cogí con una mano, y mirando a mi marido le dije:

-Cornudo, mira cómo es una polla de verdad, de las que es capaz de satisfacer a una mujer, no la cosa esa diminuta que tu tienes.

Después le ordené tumbarse en el suelo, yo puse mi coño sobre su boca, y el se puso a comérmele, mientras yo llevaba mi boca hasta la polla de mi amante, este al sentir lo que me hacía con mi boca se puso a gemir, mientras decía:

-Puta, que bien la chupas.

Yo seguía dándole placer con mi boca, pero él me cogió con sus brazos y me tumbó sobre el sofá, después me penetró con muchas ganas, mientras le decía a mi marido:

-Mira cornudo, tienes una hembra que está hecha para follar, aunque algunos inútiles como tú no seáis capaces, me la estoy follando si quieres mirar mira.

Y mi marido haciendo lo que mi amante le pedía se puso a mirar como el calvo me follaba.

Pero yo no estaba dispuesta a dejar de dar órdenes, extendí uno de mis pies y dije a mi marido:

-Cornudo, lame el pie de tu ama, mientras su macho la folla.

Ni que decir tiene que el obedeció las ordenes de su ama, llevó mi pie hasta su boca y sacando su lengua se puso a lamérmelo, esta situación me puso muy cachonda, pero el calvo parece que prefería otra postura, me hizo levantarme del sofá y se tumbó, después me ordenó ponerme de rodillas encima de él y cabalgarle, mientras él acariciaba mi culo, lo hice sin dudarlo, tener esa maravillosa polla dentro de mi coño me parecía una de las cosas más maravillosas a las que puede aspirar una mujer, pero no tardo en volver a hacerme cambiar de postura, y me hizo ponerme cuatro patas, mientras él desde atrás se puso a follarme.

Después convencí al calvo de que atara a mi marido, con una cuerda muy larga que había comprado el día de antes, mi marido quedó inmovilizado encima de la cama, de rodillas, y el cabo dijo:

-Mira chaval, para que aprendas, te voy a enseñar como se folla una mujer, aunque en este caso va a ser la tuya.

Me tumbó sobre la cama y se puso a darme besitos, como se debe de hacer pasa seducir a una mujer, después fue bajando con su lengua, hasta llegar a mis tetas y también me las lamió, mirando a mi marido dijo:

-Este pedazo de tetas está para que todo el mundo gocé de ellas, aunque eso signifique que tu tengas unos cuernos impresionantes.

Siguió bajando por mi cuerpo hasta llegar a mi coño, en ese momento yo alcé una de mis piernas sobre el cuerpo de mi marido y le obligué a tumbarse de medio lado, mientras el calvó había metido su lengua dentro de mi coño, y con ella me estaba dando un placer increíble.

Ordené a mi marido ponerse de rodillas, no se como lo hizo pero el caso es que volvió a ponerse de rodillas, mientras yo ya no aguantaba más y le pedí al calvó:

-Mi amor follame de una vez.

Él se puso encima, y de un golpe introdujo su polla en el interior de mi coño, y de esta manera comenzamos un polvazo impresionante. Estuvimos así hasta que los dos nos corrimos, después el calvo le dijo a mi marido:

-Niño los mayores quieren estar solos, vete al salón.

Mi marido lo hizo, y mi nuevo amante y yo estuvimos follando durante bastante tiempo, cuando hicimos una pausa yo iba a la cocina, pero debía de pasar por el salón, al hacerlo allí estaba mi marido, seguía completamente desnudo, me senté en sofá y le pedí que viniera a mi lado, de rodillas, se apresuró a obedecerme, en ese momento rodeé con mi mano su polla y le dije:

-Cariño, no sabes cómo goza una mujer con una polla de verdad, como la del calvo, es una pena que tu tengas esta coseja tan pequeña, pero mira como tengo el coño, lleno de la leche de mi macho, límpiamelo.

Como corresponde a su naturaleza de sumiso mi marido se puso entre mis piernas y metió su lengua dentro de mi coño, su lengua limpiaba, y se tragaba, la leche de mi amante, yo viéndole así de sometido, comencé a disfrutar, aunque en un primer momento estaba sentada, me tuve que tumbar.

Al poco apareció el calvo, venía vestido y me dijo:

-Veo que te estas divirtiendo sin mí, supongo que debo de irme.

Yo me levanté del sofá, fui hacia él y le abracé, después nos besamos apasionadamente, llevé mi mano hasta su polla, se la acaricié por encima del pantalón y le dije:

-Para nada cariño, simplemente le daba una lección al perrito.

Mi marido miraba, mientras continuaba de rodillas, me puse a desnudar al calvo, primero le quité la camiseta, dejándole desnudo de cintura para arriba, después me arrodillé, y le quité primero los pantalones y luego el short, y mirando a mi marido le dije:

-Perrito, mira lo que hace una mujer cuando se encuentra con una polla de verdad y no con lo que tienes tú.

Y cogiendo la polla la metí en mi boca y me puse a chupársela, el gemía mientras dirigiéndose a mi, me decía:

-So zorra, que bien la chupas, y mirando a mi marido añadió, desde luego es un desperdicio que una hembra como esta, este con una cosa tan pequeña como tú.

Yo seguía chupándosela, pero paré me puse de pie, y mirando a mi marido dije:

-Perrito, creo que es hora de que rindas homenaje, y demuestres lo maricón que eres al dios que deja satisfecha a tu mujer, ven aquí a cuatro patas.

Mi marido, como un buen perrito, fue hacia donde estaba el calvo y abriendo la boca se tragó la polla de este, y se puso a chuparla, el calvo se rio, diciendo:

-Sin duda, eres un maricón, pero yo lo que tengo ganas es de follar con una tía de verdad, como la puta de tu mujer.

Me hizo ponerme a cuatro patas sobre el sofá, y él que estaba de pie, detrás de mí, me la metió y se puso a follarme de una manera salvaje, mientras lo hacía, yo acariciaba la cara de mi marido y le decía:

-Ves perrito como folla un macho de verdad.

El calvo siguió follandome, hasta que sintiendo que iba a correrse, ordenó a mi marido:

-Maricón deja yo de mirar y mete tu cabeza entre mis piernas.

Como era normal mi marido obedeció y el calvo le hizo chuparle la polla, hasta que se corrió y mi marido se tragó toda su leche.

Pero los suplicios de mi marido no terminaron aquí, al día siguiente una amiga, que yo sabía que tenía tendencias de dominatrix me ofreció ir a su casa, acepté su invitación, nada más llegar ordenamos a mi marido desnudarse , mientras nosotras nos poníamos en ropa interior, cuando lo hizo le ordenamos ponerse a cuatro patas, obedeció y mi amiga dijo:

-Desde luego, pinta de perro tiene.

-Para que mi amiga vea lo perro que eres chúpame los zapatos, le ordené yo.

Mi marido mostrando una absoluta sumisión sacó su lengua de la boca y se puso a lamerme los zapatos. Yo me senté en el sofá que había en la habitación.

-Desde luego se nota que le tienes bien sometido dijo mi amiga.

Pero luego observando que el culo de mi marido sobresalía dijo:

-¿Me dejas que juegue con él?

Me pareció una buena idea, ella sacó de detrás del sofá, una enorme polla de color negro y poco a poco la introdujo en el culo de mi marido, este quiso hacer un gesto de dolor, pero se dio cuenta de que si lo hacía podría sufrir un castigo más intenso y se contuvo, mientras mi amiga decía:

-Me encanta amiga, ¿Me dejas hacerle sufrir?

Ni que decir tiene que se lo autoricé, entonces mi amiga, saco su superpolla del culo de mi marido y le dijo:

-Perro túmbate boca arriba.

Mi marido me miró un momento y supo que debía de obedecer, cuando lo hizo, mi amiga le puso uno de sus pies, con su correspondiente zapato que tenía un tacón muy afilado encima de su cuerpo y, dándome la polla la polla me pidió:

-Pónsela a este perro en la boca, que la muerda, pero no quiero que grite.

Lo hice y ella clavó sus tacones en el cuerpo de mi marido, luego se bajó, y para mi sorpresa con una de sus manos le retorció la polla, a mi marido debió de dolerle, pero no se quejó solo mordió la polla artificial con más fuerza.

Al rato mi amiga dijo:

-Perro, quiero que me chupes el pie,

Mi marido, llevó su boca hasta el pie de ella y se puso a lamerle, pero mi amiga no tuvo bastante, se sentó en el sofá y puso sus pies encima de mi marido y le dijo:

-Como macho no valdrás, pero como felpudo eres divino.

entonces mi amiga, dirigiéndose a mí, dijo:

-Mira lo que hay ahí.

Señalaba una bolsa que había detrás del sofá, la cogí y al abrirla vi que contenía dos pollas de plástico negras, de menor tamaña que la que había utilizado mi amiga anteriormente, pero con sus correspondientes arneses, ella cogió una de ellas, y me podio que cogiera yo la otra, a continuación, ella sacó un trozo de cuerda y ató a mi marido. Después me hizo una señal y las dos a la vez nos ajustamos los arneses a nuestra cintura, y cuando hubimos completado este proceso le dijo a mi marido:

-Mira perro, esto es lo que pasa cuando un hombre no es lo suficientemente hombre, las mujeres que le rodean tienen que hacer de macho. Y en ese caso les toca a los machos hacer de hembras y entre otras cosas mamar las pollas de sus machos, y ahora vas a comenzar por la de la santa de tu esposa.

Mi marido me miró y comprendió que era lo que debía de hacer, llevó su boca hasta mi polla de plástico y se puso a chuparla como si fuera una polla de verdad, la situación me resultaba muy morbosa, al rato mi amiga dijo:

-Bueno, al parecer como mariquita no lo haces mal, pero aquí no solo tienes a una diosa para complacerla, tienes dos, chúpamela a mí.

Nuevamente mi marido me miró y comprendió que debía de obedecer, dejo de chupar mi polla de plástico y pasó a ocuparse de la de mi amiga. Mientras lo hacía, esta le decía:

-Chupa con ganas, mariquita, chupa.

Y mi marido como correspondía a su papel de sumiso chupaba la polla de mi amiga, como lo haría un gay ante una polla de verdad, En mi cabeza volvió a aparecer otra idea perversa, cogí a mi marido de los pelos y le dije:

-Hazlo con más ganas maricón, no quiero que mi amiga piense que no te he educado bien.

Mi marido continuaba chupando el aparato de mi amiga con ganas, e incluso con su lengua lamía los huevos artificiales del pene de plástico. De repente mi amiga le apartó de su polla, y fua al sofá a tumbarse, y volvió a llamar a mi marido diciendo:

-Perro, ven aquí, quiero que te pongas con tu boca, sobre mi polla, a cuatro patas.

Cuando mi marido cumplió esa orden le hizo volver a chuparle la polla de plástico, y en ese momento mirándome me sugirió:

-Cariño, ¿No te parece una pena que ese culo esté tan solitario?

Comprendí su mensaje y poniéndome, de rodillas acerqué mi polla a su culo, y se la metí de golpe. Después comencé a moverme dentro de su culo, como a mí me gusta que los machos muevan sus pollas cuando, entran dentro de mi culo, mi amiga al verlo dijo:

-Querida eres muy buena como macho, cualquier mujer que tuviera la suerte de estar en el lugar de tu marido, estaría gozando como una perra.

Me encantaba que mi amiga me hablara de esa manera, y seguí utilizando el culo de mi marido, mi amiga me animaba a seguir haciéndolo

-Mira el mariquita de tu marido, jajaja, la verdad es que, aunque quiera disimularlo está disfrutando muchísimo.

Eso me excitaba todavía más, y dirigiéndose a mi marido le decía:

-Oye maricón, aunque estés disfrutando a tope de la polla de tu mujer eso no te libra de seguir chupando mi polla, venga, chúpala con ganas.

Al rato, mi amiga dijo:

-Ahora soy yo la que quiere metértela por el culo, túmbate en el suelo.

Una vez que mi marido hubo obedecido las órdenes de mi amiga, esta le ordenó alzar las piernas y luego doblarlas, con esta postura el culo de mi marido aparecía bien abierto y además a una cierta altura sobre el suelo, de manera que mi amiga con gran facilidad, y casi sin agacharse pudo meter su polla de plástico dentro del culo de mi marido, y se puso a follarsele mientras decía:

-Amiga se ve que le tienes bien educado, tiene un culo perfectamente hecho para ser follado.

Y eso hizo mi amiga movió su polla de plástico dentro del culo de mí marido, y lo hizo hasta que tuvo un orgasmo y me dijo:

-Que envidia me das amiga, tienes el marido perfecto, para unas zorras como nosotras.

Y siguió follandole sin ningún tipo de prejuicios hasta que se corrió.

Tras ello dimos por finalizada nuestra sesión, aunque mi amiga me habló de quedar otro día en que su marido estuviera para ver cual de los dos era más cornudo y sumiso

Cuando volvimos a casa, ordené a mi marido desnudarse y ponerse a cuatro patas en el suelo, yo me senté en el sofá, me quité los zapatos y le dije:

-Cornudo, si consideras que eres feliz, lámeme los pies.

Mi marido vino hacia donde yo estaba a cuatro patas y sacando su lengua se puso a lamer mis pies, mientras lo hacía, yo no podía dejar de pensar en lo afortunada que era por haberme liberado y haber encontrado un marido sumiso como el mío.

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