Fui a un cine XXX y me llevé más que una experiencia

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Aunque han pasado muchas cosas desde la última vez que traje un relato, creo que esta experiencia es la que más quería traer aquí, así que, les cuento.

Había oído de estos sitios, estaba tan curiosa y la idea me ponía cachonda de verdad.

Por supuesto que fui sola, estaba en esa parte de la ciudad por algunos asuntos personales y se me ocurrió buscar uno de estos lugares.

Aunque ya son pocos los cines para adultos, logre conocer uno y fue una deliciosa experiencia, en esa ocasión, llegué a una función a eso de las cinco de la tarde, entre sin nada más que un par de preservativos en el bolsillo de la minifalda de mezclilla que tenía puesta y pues claramente asistí con un solo plan en mente, tener algún encuentro rico.

La sala estaba ocupada por un par de parejas o eso alcance a ver con la poca luz proyectada por las escenas en pantalla, aunque si pude notar que no había tantas personas como creí, de momento me resigne a solo ser espectadora.

Tome asiento al extremo alto del lado izquierdo de la sala, dos asientos al lado de un sujeto el único solo al alcance de mi vista, el cual aparto la mirada cuando estuve a su lado, se tocaba el bulto y sonrió, sin pensar correspondí esa sonrisa, sin siquiera imaginar que ese hombre terminaría haciéndome su puta de lo más rico.

No se acercó de inmediato por ello no me percate de lo apuesto que era, un hombre quizás a mitad de sus cuarenta, delgado, muy alto y ese cabello cano de las patillas que tan atractivo hace a los hombres, una barba cerrada y muy bien recortada, cuando lo vi caminar hacia mi no pude evitar bajar la vista a esa pronunciada elección queriendo salir de sus pantalones, sonreí levantando la mirada, se sentó a mi lado nos miramos unos segundos, escuchando los gemidos de la película y otros sonidos sexuales que le hacían eco, una fila delante de nosotros una mujer se atragantaba con el miembro de otro hombre.

El ambiente me encantó, resultó sentirse más rico de lo que pensé, pues ya se me había advertido que algunas salas solían tener más acción que otras.

—Hola preciosa… —hablo aquel hombre con tal voz que sentí una corriente eléctrica por mi columna hasta alojarse ese cosquilleo en mi entrepierna— ¿Solita?

—Hola —susurre inexplicablemente tímida, sonreí y levanté mis ojos a los de él— Vine a buscar algo de buena compañía… — mordí mi labio inferior y le preste toda mi atención.

—¿A si? Bueno supongo que también yo… —no me sonó a pregunta pero aun así respondí que si con la cabeza, él sonrió y deslizó su mano por mi rodilla hasta el límite de mi diminuta falda— Está película acaba de comenzar…

—¿Lleva aquí desde la anterior? —él me dijo si con un movimiento de cabeza y decidí lanzarme— Entonces necesita mi ayuda? —sin más le apreté el bulto sintiendo esa erección dura y palpitante

—Sabía que esperar era buena idea… —se desabotono el pantalón y la emoción me recorrió el cuerpo con un éxtasis delicioso

—Es mi primera vez en un lugar así… —tome esa erección y sonreí emocionada al notar el buen tamaño que se cargaba— Debí venir antes…

—¿Te gusta?

—Está perfecta… —respondí sin dejar de masturbarlo, sentir su gruesa longitud y dureza me hizo mojarme la tanga de inmediato, aún más cuando se acercó a besarme el cuello y meter más su mano hasta tocar mi ya mojado coño— Se ve delicioso…

—¿Te gusta quedar bien abierta putita? —susurro en mi oído con esa voz que derretiría a cualquier mujer, me palpito el coño y me hizo soltar un gemido gatuno y bajo.

—Déjame bien abierta papi —rogué como una puta cualquiera y el soltó una risita.

—Gánatela en el coño perrita… —su mensaje fue claro y por supuesto que me la quería ganar.

De inmediato me arrodille y empecé a mamar verga como una desesperada, ni siquiera sabía el nombre de este sujeto, o su edad, de dónde era, absolutamente nada, solo sabía que tenía una verga exquisita y que a pesar de ya estar erecto tras unas buenas mamadas se puso más dura y engrosó más, se movió un poco para bajar sus pantalones hasta los tobillos, tuve mejor espacio para lamer sus bolas, las cueles eran grandes las chupaba y lamía su erección desde la base a la punta, me engolosine y me la deje ir por la garganta, el sujeto mi cabeza y me follo la garganta, del si había personas pendientes de nosotros no lo sé, y me daba igual, porque el éxtasis era tal que me lleve la mano al coño para aporrear mi clítoris disfrutando de un orgasmo.

Aquel hombre se dio cuenta de lo que pasó, sonrió y de la bolsa de su camisa saco una bolsita obscura y la rasgo con los dientes vi como se enfundaba un condón en esa gloriosa verga de inmediato me levanté me quite la tanga y se la puse en el bolsillo de donde había sacado el condón, ninguno de los dos oculto la urgencia, él de estar dentro de mi y yo de tenerlo a él bien adentro.

Me le monte de inmediato, froto un poco su glande en mi coño y me deje caer junto con un ahogado gemido, empecé a cabalgar sin control, el sujeto me abrió la blusa y me saco las tetas, metió su cara entre ellas y soltaba deliciosos y roncos gemidos, jadeaba tratando de no ser escandalosa, el me tomaba de la cintura y empujaba desde abajo cuando yo me dejaba caer, en una sincronía perfecta, lo sentía llenarme completamente, esa deliciosa verga me empujaba hasta el fondo, mis tetas rebotaban y al cruzarse nuestras miradas sonreíamos llenos de placer.

—¿Qué edad tienes perrita? —cuestiono entrecortadamente.

—Estoy en los veintes —jadeé sin parar de cabalgar.

—Por la puta…. —exclamo amasando uno de mis pechos— estás en la edad de mi hija menor… —y el viejo verde me dio un buen chupete en la teta izquierda.

—Que rico papi… —enrede mis dedos en el cabello de su nuca y solté un gemido en su oído.

—¿Eso te pone mucho no putita? —jadeo de la manera más vulgar.

—Mucho papi… —jadíe en su oído y lamí su lóbulo— Me ponen los maduritos depravados como tu…

—Por supuesto, no sabes ni quién soy y ya te montaste en mi verga… —rio de una manera tan burlona Pero excitante, me uní a esa risa.

—Y eso es lo que te pone a ti… buscabas puta y llegué a ti…

Afirme aquello, aquel hombre se quedó sin hablar, sonreía con lujuria intensa en los ojos, me hizo bajar y ponerme en cuatro en el pasillo de esa fila, oculta entre las butacas, se inclinó tras de mí y me ensartó con fuerza, tape mi boca para no gritar y escuché su gruñido opaco y ronco, me bombeaba sin compasión, casi enfurecido, como un toro en brama.

—Lo que daría por ver rebotar este culo a plena luz… —jadeo y tiro de mi cabello.

—Si me la vas a meter así de rico, pídelo cuando quieras papi… —me le ofrecí como una prostituta, el orgasmo relamía mi clítoris sin compasión, mis piernas temblaban y luchaba por no gritar, aunque prácticamente éramos un par de parejas haciendo quizás lo mismo no quise ser la loca gritona.

Había visto a dos mujeres estar dando un buen oral a sus hombres pero no vi a ninguna montando lo o puesta en cuatro, de cualquier manera hasta donde estábamos era difícil que nos vieran.

—Si… sii… —gemía lleno de placer pues se estaba entregando a su propio orgasmo, jadeaba y se dejó caer en la butaca.

Me levanté y me senté a su lado con las tetas expuestas y sonriendo viendo como se quitaba el condón lleno de leche, pensando que había sido eso un desperdicio total.

—Ya no pude resistir más… hace más de una hora que…

—¿Estabas erecto mirando a la pareja de la película y las de enfrente? —susurre abotonando mi blusa.

—Espero que estés libre para poder salir de aquí… —eso había sido una propuesta más, la cual aceptaría sin pensarlo.

—Al menos ya puedo decir que lo hice en un cine… —el subió sus pantalones y saco mi tanga de su bolsillo de la camisa para meterlo en el de su pantalón.

—Puedes repetir después, acompáñame y te pagaré muy bien… —sonreí ante aquello, no voy a preguntar que lo hizo pensar eso de mi porque claro estaba que le di la imagen de venderme cual puta.

Salimos del cine, de lo más normal, me rodeo la cintura y me guio hasta su auto, antes de abrirme la puerta me apretó contra esta y su cuerpo, de inmediato lo abrace por el cuello y empezamos a comernos en un beso, me apretaba a su enorme cuerpo con sus fuertes brazos, se me escapaban jadeos al morder sus labios y el gruñía al apretarme las nalgas con sus manos enormes.

—Te quiero ver desnuda debajo de mí, haciendo que esas tetas reboten delicioso— me susurro entre los labios— Te hare mi puta como mereces…

—Ya no aguanto las ganas papi… —metí las manos por debajo de su camisa y solté en un gemido suplicante— Cógeme.

No hizo falta más casi me empujó dentro del auto, tomo su lugar y condujo como un demente hasta el motel más cercano, pidió la habitación casi con desesperación, no les puedo dar detalles del lugar y no por seguridad, sino porque casi no tuve tiempo de memorizar, aquel hombre me llevo hasta la habitación entre besos, arrimones y cachondeo.

En cuanto cruzamos la puerta y este la cerro de un portazo la ropa comenzó a volar, lance mi blusa y la falda al piso, escuché como lucho para deshacerse de los pantalones y sin querer rompí uno de los botones de su camisa, en menos de un minuto ya estábamos en la cama, enredados en besos cachondos, manoseaba mi cuerpo con tanto deseo, me chupaba las tetas con una devoción que nadie había hecho, cuando subió sus besos a mi cuello sentí como su mano se apropiaba de mi coño, sus dedos invadieron mi interior y comenzó a moverlos como si batiera algo, el húmedo y viscoso sonido erizo mi piel, abrí mis piernas y arque la espalda soltando gemidos.

—Eso perrita goza los dedos de papi… —me jadeaba en el oído— Te voy a dejar este coño bien reventado piruja…

—Úsame papi… usame por favor —rogaba sin dignidad alguna que me hiciera su objeto, después de todo este tipo estaba convencido que yo era una prostituta cualquiera.

—Entonces ven acá pendeja.. —me agarro del cabello y me zarandeo hasta dejarme de rodillas frente a el— Mámame bien la verga… quiero verte salivar como perra.

No pude decir nada porque ya me tenía follándome la garganta como un enfermo, solo se escuchaban sus gemidos, mis arcadas, la succión que generaba su movimiento entrando y saliendo de mi garganta, me tenía bien sujeta del cabello, me fue imposible resistir, me tenía más que sometida.

—Traga más perra más… —y me daba bofetadas con su mano libre sin dejar de ensartarme la verga sin piedad, mis ojos llenos de lágrimas y saliva espesa manchando mis pechos— Que cerda estás.

Cuando me libero jale aire desesperada, jadeando y tratando de tragar la saliva, aquel hombre me miraba desde arriba azotando su dura y pesada erección en mi cara, manteniendo su agarre en mi cabello me arrastró hasta el potro, me puso en cuatro y me penetro duro, tal como me gusta, sentí toda su longitud abrirme centímetro a centímetro el coño, como me invadía hasta el fondo, empujaba como un salvaje enfermo, bufaba disfrutando de mi cuerpo, de poseerme a su antojo y de hacerme gritar de placer, le pedía más a gritos, sentía mis jugos resbalar entre mis piernas y sus bolas rebotando en mí.

—Eso perra pide verga —jadeaba pesado y me azotaba las nalgas con sus enormes manos, cada golpe ardía más que el anterior y eso se notaba en los gritos que me sacaba.

—Dame papi dame más —suplicaba entre gemidos y jadeos enloquecida de placer— Quiero más verga

Eso lo tenía a tope y a mi con las piernas temblando entre orgasmos, mis tetas rebotaban y el no las perdía de vista en el reflejo del gran espejo a nuestro frente, me jalo del cabello y su otra mano la puso alrededor de mi cuello, apretó y me dio unas ensartadas duras y profundas, se me fue los ojos en blanco y me perdí en un violento orgasmo, uno que hizo chorrear mi coño, los alaridos de aquel hombre fueron de un triunfo total.

—Que rica piruja me encontré —grito y me lanzo con fuerza a la cama, rebote un poco y me jalo de las piernas, se metió entre ellas frotándome su gorda verga y me la dejo ir sin piedad— Eso hija de perra grita con la verga bien adentro.

Gruño cuando solté un grito por la forma en que me estaba cogiendo, era un enfermo sin duda, pero más lo estaba yo porque me tenía perdida en placer, encantada con todo lo que hacía y decía, me bombeaba delicioso, jalaba de las sábanas desesperada soltando gemidos como poseída, mis tetas se tambaleaban sin control y el miraba eso con una cara de lujuria, esa mirada de loco, me apretó el cuello y me escupió la cara.

—Pide lo que te gusta mi puta —me abofeteo e hizo más pesada su caída entre mis piernas— Es como si me cogiera a mi hija….

—Que rico… —aquel comentario fue tan enfermo, pero de alguna manera me empujó más rápido al clímax— Que rico me coges papi…

Mi espalda se arqueo, la piel de mi cuerpo entero se erizo, el intenso calor de mi vientre bajo a hacer lo suyo, atacó mi clítoris de una manera tal que mi explosivo orgasmo empapó el abdomen del macho que me tenía ensartada como me gusta, y no paro, soltó un gruñido y me bombeo más duro, mi coño dolió de placer, me retorcí como si sufriera una clase de ataque, fue tan enfermo que en lugar de parar me levanto una pierna apretó más mi cuello bombeo duro.

—Hija de puta que deliciosa estás —me jadeaba en el oído sin parar de darme rico— Te voy a dejar bien preñada pendejita…

—No. Dame en el culo —le suplique entre todo aquel desastre que ocurría en mis pensamientos— Dame por el culo —seguía suplicando—

Pero aquel sujeto ya me estaba llenando de leche el coño, entre esos graves y deliciosos gemidos que soltó las profundas ensartadas y los jadeos que me erizaban la piel, los remansos rezagados de placer relamían mi punto g, mi pecho subía y bajaba jadeando y aquel hombre se movió para verme a los ojos.

—Te la voy a dar dónde yo quiera ¿oíste? —me dio una bofetada más y me obligó a mamársela una vez más— Eres mi perra y ese culo ya es mío…

Este sujeto si era un enfermo, me tenía arrodillada frente a él con la boca bien abierta y follándome la garganta a su antojo, suspiraba y gemía usándome como un objeto de placer simplemente.

—Así me gusta… que linda mi Vanessa —No tenía idea del porque me había dicho de esa manera, pero daba igual el que paga manda y el que coge rico aún mas.

—Papi —dije con un timbre agudo.

En menos de lo que me di cuenta ya estaba en cuatro para el sobre la cama, sentí como escupió mi ano y la tortura llegó, se metió en mi de forma violenta, el hijo de puta me seguía llamando Vanessa y me empujaba la verga sin compasión alguna, mis nalgas rebotaban en el de una forma escandalosa al igual que mis gritos.

—Quiero ver esas tetas, vamos perrita —así pegada a él nos fuimos hasta el potro— ¡Ooh! Si que rica estas…

Verlo detrás de mi empujando duro oírlo gemir, era un placer delicioso recibir todo eso en mi, me lleve la mano al clítoris y goce como una verdadera puta, pedía más, gemía suplicando y gozando ese placer, deseaba no parar, seguir con este macho toda la noche.

—Que rica verga tienes papito… —le decía apretándome las tetas ya montada sobre el, con esa erección aún clavada en el culo— Que rico…

—Eso mamacita, así dame esas nalgas —me la empujaba con ganas desde abajo en un compás delicioso— ¡Putaaa!

Me lanzo hacia atrás en la cama, me levanto las piernas hasta arriba volviendo a entrar en mi culo y tal como antes, siendo un desesperado enfermo me bombeo con ganas, yo me frotaba el coño casi con furia alcanzando un orgasmo al unisono, mis jugos chapotearon en mi mano y su leche me dejó repleta, el jadeaba como un animal y yo casi sollozando de placer.

Cuando salió de mi me sentí vacía, pero me había dejado tan satisfecha, que deseaba repetir sin dudar…

—La tanga me la quedaré —me dijo cuando metió un buen rollo de billetes entre mis tetas cuando había ya terminado de vestirme.

—Toda tuya mi amor… —además de una buena cogida me estaba llevando un buen extra a la bolsa.

—A la próxima… —le apreté el bulto cortando sus palabras.

—A la próxima tráeme directo al motel papi…

Obviamente, aunque la experiencia de hacerlo en el cine fue buena, nada se compraba al sexo que me dio en el motel, no supe su nombre y él tampoco el mío, el como contactar tampoco, yo tenía en mente volver a buscarlo en el cine y quizás el también, o simplemente dejar pasar esto como una noche con una simple prostituta, pero el modo en que nos reencontramos exactamente un mes después jamás lo hubiéramos imaginado…

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