Ricardo y sus casi 1 metro 90 centímetros volvían a su casa en el auto. Extrañando el plug que había llevado todo el día puesto en el culo.
En su casa lo esperaban su mujer y su hijo pequeño. Ella, Beatriz, había dejado de trabajar para encargarse de Gabriel su hijo pequeño. Al principio a Ricardo no le había parecido mal pero ya hace cuatro años que Bea no hacía más nada que estar en la casa. Eso le daba mucho tiempo para dedicarse y entrometerse en todos los asuntos de él. Algo que a Ricardo no le agradaba.
Al llegar tarde a casa Bea ya había acostado a Gabriel y solo restaba cenar juntos y dormir.
Hace varios meses que ya no había nada de pasión entre ellos. Esto no quiere decir que ellos no gozaran en ningún momento. Ya sabemos cómo lo hacía él. Ahora conoceremos un poco más de ella.
Pero no siempre fue así, hace tiempo la pareja tenía un sexo intenso y frecuente. Poco a poco se fueron distanciando los momentos pero lo peor es que se fueron rutinizando las cosas. No había nada creativo, no había pasión.
Por ese mismo momento ambos empezaron a disfrutar los placeres de la masturbación. Beatriz leía porno, la lectura le brindaba el estímulo necesario para que la excitación le llegara en oleadas irrefrenables. Ella buscaba al principio los textos de tríos y de encuentros infieles. Luego encontró la categoría cuckold donde se lograba excitar muchísimo más rápido. Pero los cuentos en ese género muchas veces derivaban en una mujer acompañada de varios hombres y eso era lo que realmente la ponía a mil.
La rutina diaria consistía en levantarse luego que Ricardo ya se había ido. Levantaba a su hijo desayunaban lo que había dejado su padre pronto antes de irse a la oficina y luego a la escuela. Carlos iba doble horario así que el resto del día le quedaba para ella. Un par de tareas domésticas y nada más el resto del día.
En la jornada siempre disponía de un par de horas para compras por internet y otro par, a veces más, de disfrutar del placer auto administrado.
Empezaba por buscar un buen relato de sexo, el cual debía tener una mujer como protagonista y algunos hombres activos, a eso si se podía se le sumaba una buena historia y detallista. Si además estaba en una secuencia de relatos mucho mejor. Se encariñaba con las protagonistas.
Beatriz era una mujer de 46 años, morocha de rulos y un cabello por debajo de los hombros, mojado se estiraba un poco más. No tenía el abdomen plano y ya se marcaba una línea a la altura del ombligo no solo cuando se sentaba. Se había dejado de depilar y cuidar su estética femenina ya hace bastante. Sus pechos eran grandes pero con los años y la lactancia habían caído considerablemente. Su cola sin embargo se mantenía como siempre. Redonda y alta, ahora capaz un poco más grande de lo que era en su juventud.
Esa mañana cuando esa rutina estaba solucionada, abrió la computadora en la mesilla de cama que tenía y se puso a leer un relato que tenía sin terminar. Ya se sentía excitada preparando la situación. Bajo la cama escondía en una caja vieja de zapatos, algunos consoladores que la ayudaban a llegar al orgasmo de forma más intensa. A diferencia de algunas de sus amigas que las volvían locas las caricias en sus clítoris, ella había aprendido que la penetración era lo que la llevaba a un clímax mucho mayor.
Mientras empezaba a leer ya notaba como se iba mojando sus partes íntimas. En el momento en el que la protagonista era penetrada por dos hombres ella sintió la necesidad de buscar un consolador y meterlo bien profundo en ella. Levantó la caja y la vació sobre la cama. Eligió el consolador preferido uno color carne con venas detalladas, de buen tamaño para metérselo bien adentro.
-ahhh ¡si! Bien adentro metérmelo.
Hablar sucio, algo que nunca hacía en la realidad le ayudaba a mojarse y excitarse más.
El texto seguía y con él, crecía la excitación de ella. Buscó otro consolador este más pequeño que el preferido y se lo puso en la puerta de la cola. Sentada, apoyada en la cama sobre sus almohadas como respaldo y la computadora en su mesilla de desayuno podía leer y darse placer sin ningún problema. Apoyó el consolador más pequeño en el colchón, levantó la cola y con la otra mano se penetraba con su consolador preferido.
Esto hacía que cuando no sostuviera la posición dejara caer su cuerpo, y como todos sus fluidos vaginales cayeron hasta su cola era más fácil la penetración del segundo consolador. Era algo que la excitaba muchísimo. Sentirse llena por sus dos orificios. Le encantaba estar completa. Se iba en placer cuando lograba estimularse sus dos agujeros. Todos lubricados y con penes listos para penetrarla, era como si viviera los relatos que leía.
-Si llénenme los dos. Quiero que me abran toda. Que no me entre más nada. Tengo todo el culo y la concha abierta.
Era un éxtasis tremendo el que estaba viviendo. Cuando de repente la puerta del cuarto se abre.
Ricardo con los ojos abiertos como platos no daba crédito lo que estaba viendo. Su mujer en la cama con la computadora en la mesa de desayuno y rodeada de consoladores se masturbaba con uno considerablemente grande. Él sabía lo que implicaba tener un pene de goma de ese tamaño dentro.
No pudo evitar dos cosas: la sorpresa y la excitación. No por verla a ella con toda la concha mojada y el consolador dentro sino por lo que estaría sintiendo ella tan llena de ese pene de goma.
-¡Que vergüenza dios mío! Ricardo no sabía que ibas a llegar temprano hoy. Puedo explicarte todo. Perdón, no pienses mal, nunca te engañé. Esto se me fue de las manos. No estoy hablando con nadie. No sé cómo explicarte, pero por favor no te enojes.
Beatriz intentaba de explicar la situación y no se movía, todavía llevaba dentro los dos consoladores.
-¡cállate! No es necesario que me expliques. Quiero seguir viendo como disfrutas.
Ricardo había decidido disfrutar y no discutir. Al fin y al cabo era lógico que ella hubiera encontrado la manera de gozar también.
Se acercó a ella, corrió la mesita de cama con la computadora y la besó. Tomó un consolador de los que estaban en la cama. Solo quedaban dos más y eran algo pequeños comparados con los que Beatriz tenía dentro. Le acercó el consolador que había agarrado a la boca y le dijo:
-quiero que lo chupes como quisieras que te llene la cara de eyaculación.
Ella que ya estaba excitada y con la confianza que le suponía su marido, más la tranquilidad con la que había asumido la situación decidió regalarse el mejor orgasmo de su vida.
Chupó con devoción el consolador que Ricardo le había puesto en la boca. En ese momento él se desnudó y quedó de la cintura para abajo libre. Se puso en cuatro patas y acercó su cola a la cara de ella. En total sorpresa para su mujer le sacó el consolador de la boca y se lo metió en el culo sin decir nada. Era un consolador bastante chico para lo que él había experimentado.
Todo esto transcurría en silencio, era una declaración sin palabras.
Ella decidió seguir el juego y se incorporó un poco sin dejar penetrarse la concha, toda abierta y mojada como la tenía por el mejor consolador. Tomó el consolador que él tenía en el culo y comenzó a penetrarlo, con cada entrada y salida veía como se le dilataba el ano. Eso la volvía loca se imaginaba el suyo igual y comenzó a sincronizar sus movimientos de cadera con el de su mano.
Producto de ese movimiento Ricardo miró hacia atrás y descubrió que su mujer tenía otro consolador en el culo metido hasta el fondo. Eso le provocó que un poco de baba le saliera de la punta de su pija. Lo excitó muchísimo. Ser consciente que su mujer estaba toda llena de pija por todos los agujeros. La envidió un poco el quería sentirse así también, pajeado y penetrado todo al mismo tiempo.
Se incorporó, sin decir nada. Se paró en la cama, flexionó sus rodillas un poco hasta que su pene quedó a la altura de la cara de Beatriz, apoyo una mano en la pared de atrás de la cama, con la otra empezó un mete-saca frenético del consolador en su culo y esperaba que ella entendiera la indirecta.
Beatriz solo se dejaba llevar por la excitación y la locura que estaba pasando. Tenía el culo llenó de un tremendo consolador y su marido también, al mismo tiempo cumplía con su fantasía de la doble penetración por ahora con consoladores, pero se le sumaba que al alcance de su boca tenía una pija real. Esa verga era de su marido y sabía la cantidad de leche que podía darle, la quería la ansiaba y quería sentirla caliente, como antes lo había hecho.
Comenzó a chuparla y por primera vez se dio cuenta realmente lo que era una pija de verdad y los consoladores. El calor, la dureza, las palpitaciones, la inminente escupida de semen. Eso era lo que ella quería sentir en todos sus agujeros quería que la llenaran de leche, toda llena de leche. Chupó esa pija como si no fuera de su marido y saboreo el líquido preseminal que le ofrecía. Luego intensificó sus movimientos de cadera y pelvis, junto con su cabeza y ya no hubo más tiempo. Toda ella se sumía en un intenso orgasmo cuando sintió la leche explotar en su boca. Caliente, viscosa y abundante.
Ricardo nunca imaginó una situación así, hace tiempo que no acababa con eyaculación, sus orgasmos eran placenteros pero no con eyaculación. Así que verla a ella toda penetrada y él con la cola llena fue demasiado estímulo. Explotó en leche en la boca de su mujer. El nivel de placer era supremo, mágico.
Todavía con el consolador en el culo aguantándolo con una mano, acercó su cara a la de Beatriz y la besó. Le encantó el sabor a leche que tenía en la boca. La miró a los ojos.
-vamos a bañarnos, deja todo como está, ya hablamos después.
Se incorporó, se bajó de la cama, se sacó del culo el consolador y se encaminó para salir del cuarto. A ella le temblaban las piernas y estaba segura que sacarse los dos consoladores de adentro le iba a provocar espasmos. Lo hizo rápido.
Se levantó de la cama luego de un instante de volver en sí, estaba empapada. Nunca había dejado la cama en ese estado.
Se incorporó de la cama, las piernas le volvieron a temblar un segundo. Miro los tres consoladores y pensó, esto cambió para siempre.
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