Conociéndolo

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No había tenido la sensación de que una voz me moviera algo dentro y con tan solo una llamada mi pensamiento quiso conocerlo.

Efectivamente llegó a mi oficina y verlo, tan callado, tan juicioso, tan serio, tan sexy me hizo soñar esa noche que lo quería para mí y debajo de mí.

No fui capaz de decirle nada, lo vi un par de veces más, pero sin ir más lejos, sin embargo, veía sus estados y verlo me excitaba, decidí buscar la excusa para hablarle, una conversación llevó a la otra hasta que por medio de canciones llegaron las insinuaciones y me mojé como hace rato no lo hacía, el solo pensar que él quería lo mismo que yo me dejó con ganas de verlo.

Y así fue, antes de encontrarnos hablamos de un lugar para los dos, inicialmente quería besarlo, pero sabía que lo quería en mi cama, entonces sin tapujos me preguntó si quería que fuéramos a un motel, yo ya estaba mojada de solo pensar que, si lo quería, mientras viajaba y hablaba con el mi panty estaba húmedo y no era difícil tomar la decisión.

Nos besamos tan apasionadamente que encendió todo mi ser, me besó el cuello, pidió permiso para bajar mi blusa y besar mis senos como si fuese un huerfanito sin mamá, sentí su masculinidad, dura y ahí perdí la razón, quería hace de todo con él.

Nos despojamos de la ropa que nos estorbaba y su boca es un arte en mi cuerpo y en mi vagina, me penetró con fuerza y yo con mis piernas en sus hombros no quería sino gemir de emoción, mojé tanto la cama que no lo podía creer era excitación pura, luego vino otro, donde yo lamí su pene y me lo introduje a la boca como buscando el segundo round, por primera vez tomé lechita, me supo delicioso, como dulce.

Permití finalmente que me penetrara por detrás, era una danza de experimentación del placer que tanto él como yo lo disfrutamos, terminé con ganas de más y con el compromiso de tener otros encuentros.

Solo me acuerdo y me mojo de nuevo.

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