Economista y prosti: Día de incesto y noche con Fred. Tremendo

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T. Lectura: 10 min.

Aclaración: solamente puedo poner una categoría y es la de la primera parte, amor filial, a continuación tuve una intensa y hermosa noche con mi nuevo cliente y “novio” Fred.

Queridos lectores. Hoy, ya terminadas las vacaciones, retomaré el relatarles mis encuentros de trabajo y placer. Comienzo con mi segundo encuentro(en dos días) con Fred, con quien lo pasé muy bien el viernes, y luego de un sábado en familia, a toda pija, ja ja (ver relato anterior), lo invité a pasar la noche del domingo al lunes a solas en el campo, con total beneplácito de Tommy, obvio.

No se lo esperaba, y le encantó, pues me había dicho que quería verme tanto como pudiera, ¡pero no esperaba ser invitado a pasar una noche solos!

Luego que se fueron Tommy, su papá y mi papá, me preparé para recibir a Fred.

Tacos altos, y conjunto completo de medias, liguero, tanga y soutien media copa todo en negro, para esperarlo en la puerta de la casa de campo, bien iluminada por los focos del frente (y si alguien pasaba por la carretera del frente, no creo que me viera por el sendero flanqueado de árboles que lleva a la casa y si me veían que me vieran ja ja).

Ya nos conocemos, el día antes, sábado me había cogido a gusto, no quise hacer misterio con la vestimenta. Simplemente lencería negra, sexy, ¿qué podría ser mejor?

Sobre las 8:30 pm me llega mensaje de que estaba arribando a las 21 h, pensé que era perfecto, ya era noche y yo resaltaría bien con la iluminación (me sentía con excitada, nerviosa, no enamorada pero sí con ganas).

Cuando llegó, dejé que me viera parada esperándolo, y luego corrí hacia él y me colgué de su cuello a besarlo, a lo cual respondió con gusto. Caminamos conmigo abrazando su cintura y él con una mano apoyada en mi trasero.

Al llegar a la puerta me miró detenidamente…

—Que hermosura, no esperaba esta invitación, me sorprendiste.

—Es que el viernes te vi muy entusiasmado, y yo lo pasé muy bien, entonces cuando llamaste a Tommy para agradecerle y además de todo lo que le aclaraste de no tener segundas intenciones y sí tener deseos de repetir, decidimos con Tommy el invitarte, como extensión de lo del viernes. Siempre recibo a mis amigos tanto tiempo como resistan ja ja.

—Realmente, es un gran gesto de ustedes. Ahhh y me olvidé al verte tan sexy, volvamos a mi coche a buscar dulces y champagne que los olvidé al llegar.

Lo hicimos, y al regreso, champagne al refrigerador y nosotros al sofá. Los minutos volaban, jugábamos, conversábamos, besos de todo tipo, caricias, manoseos, que no es lo mismo que caricias, y de a poco lo fui casi que desnudando.

Nos fuimos a la cama y allí fue él quien me desvistió tomándose todo el tiempo del mundo, al quitarme el sostén, acarició largamente los pezones, al bajarme la tanga estuvo un rato lamiendo mis pelitos y la zona de clítoris, quedaron en su lugar liguero y medias, así como los zapatos. Me pidió verme caminar así, y pasé frente a él tres veces.

Y fue mi turno de bajar su bóxer, única prenda que tenía puesta. La verga saltó como impulsada por un resorte, ya dura, hermosa, cabeza aún tapada por la piel del prepucio.

Nos tiramos en la cama, primero frente a frente a besarnos y acariciarnos. Luego me puso boca arriba, abrió mis piernas y me hizo estirarlas. Me quitó los zapatos, luego desprendió las medias del portaligas y me las quitó.

Se situó bien entre mis piernas, la verga rozándome la concha, sus manos sostenían mis piernas estiradas y comenzó a lamerme los pies y a chuparme los dedos. ¡Aquello me llevaba al éxtasis! La sensación de su lengua en mis pies, ensalivándolos, la chupada a los dedos, y la cabeza de la pija rozándome la concha se unían para ponerme al borde de la locura.

Comenzó a lamerme los tobillos y al mismo tiempo su miembro abrió los labios de mi gruta, que húmeda a mas no poder, lo esperaba ansiosa.

—Cogeme le dije. Al instante, viendo que yo estaba al borde de la desesperación, empujó su mástil de amor y me lo metió a fondo.

—Ahhh exclamé, así , así, divino…

Me siguió chupando los pies y cogiéndome, y después de unos minutos, me soltó las piernas y se dedicó a entrar y salir de mí. La sacaba y la metía a fondo, yo gritaba y me acabé. Cuando terminé mi orgasmo, se tiró sobre mí en misionero y siguió dándome placer hasta venirse él dentro de mí. Lo sentí bastante abundante pese a que me había cogido algo así como 30 horas antes, dos veces. Agitada, lo di vuelta y me tiré sobre él a besarlo y a acariciarle la pija, bañada en leche y flujo. Un rato después se la chupé para limpiarla y recogí y me tomé lo que escurría de cuerpo.

Nos besamos, le mordí las orejas, me acariciaba el culo.

—¿Sabés? Le dije. Tengo ganas de ir al aire libre, así, desnudos.

—Sííí, accedió.

Salimos, tomamos dos mantas al pasar por un armario, para tender en el piso, y el fue a donde estaba su ropa, tomó un sobre y me lo dio. No precisé abrirlo.

—Cariño, te invité, no es necesario hoy.

—Me enloqueces, quiero tenerte feliz… me encanta dártelo.

—Gracias.

Y caminamos con las mantas rumbo al patio donde se construye la piscina, pero nos quedamos cerca de la casa principal, tirados sobre las mantas que cubrían el césped.

Desnudos, tirados a la luz de la luna, nos dedicamos a acariciarnos y besarnos. Conversamos un rato.

Fred quiso saber acerca de por qué soy putifina. Le relaté todo, la pregunta original de Tommy, mi respuesta de que me intrigaba estar con otro hombre y también recibir dinero. La respuesta de Tommy. “Si vas a ser puta quiero que seas la mejor y la más cara”. Su buena onda siempre que le he sugerido algo nuevo, También le conté a Fred acerca de mi “noviazgo” con Sam, y quien es Sam. Le expliqué que como novio tiene derecho a entregarme y a pedirme sexo sin obligación de pago, simplemente me entrega dinero a su entender cuando quiere (y vaya que me entrega mucho, puede y le gusta hacerlo).

Y entonces, yo que seguía excitada, le conté con lujo de detalles cosas muy íntimas, lo de como seduje a mi suegro primero y a mi padre después, como me gusta coger con ellos. Y también lo puse al tanto de mis dos cosas más reservadas: como había cumplido junto a Mary en “desafío” en la estancia de un amigo de ella (no puedo relatárselos) y también acerca de mí cada vez mayor entusiasmo con la “pre ducha”.

Como resultado, su verga comenzó a endurecerse nuevamente. Recordé que no se la había chupado, y me dediqué a subsanar ese error. Mientras tanto, en 69, él me chupaba la concha y el culo. Yo apliqué todas mis habilidades a chuparlo: huevos, pija, lamida, beso negro, dedo en su esfínter, lengüetazos al tronco de la verga y ocasional deep throat.

Volvimos a estar frente a frente besándonos y acariciándonos, el con un dedo en mi concha y una mano en mis tetas y yo pajeándolo suavemente.

—Quiero cogerte aquí, le dije.

—Subite dijo, y se puso boca arriba, la verga, cabezona, apuntando al cielo.

Sin esperar me subí y me la metí hasta el fondo. Ya les he dicho, no esperar chica, y es cabezona, pero entró como si nada, efecto de mi lubricación por la calentura que sentía. Comencé a subir y bajar casi con desesperación. A veces lentamente y a veces rápidamente. Cuando quise acordar, me oí gritar como loca: “Sí sí, quiero tu pija, dame más dame más… cogeme así (aunque yo lo cogía a él). Sus manos me amasaban las tetas y a veces me acariciaba el clítoris, que tenía hecho un fuego.

Cuando acabó y sentí esa sensación de chorro caliente dentro de mi, me dejé caer sobre él a besarlo en la boca. Nos besamos hasta que se ablandó, y entonces me dijo: “dame la concha”. Lo entendí perfectamente y puse la concha sobre su cara. Chupó y lamió todo lo que escurrió de mi concha, y nos besamos intercambiando todo. Con nuestras lenguas.

Nos quedamos un rato abrazados, la piel rezada pues la temperatura bajó un poco.

No cubrimos con una de las mantas y conversamos largamente.

Me acariciaba, me lamía las tetas y me decía cuánto le gustó como putita. “Te cogeré cada vez que pueda, creo que habrá buen bono de fin de año”. “Me hace feliz que tu marido te deje ser puta, la putifina más linda que conozco”.

Por supuesto decía otras cosas más dulces, no tan directas. Y yo me derretía halagada, desnuda a la luz de la luna, tanto que me incorporé y desfilé frente a él, como dije, a la luz de la luna, me acariciaba los pezones, me acariciaba la concha. Él se tocaba el miembro, que descansaba sin endurecerse.

Le pedí como favor que llamáramos a Tommy y me pudiera ver cómo caminaba desnuda en la noche, tocándome.

Por supuesto accedió y pese a la hora muy avanzada lo hicimos, para deleite de Tommy. Y en ese momento, entusiasmada y sintiendo cosas, tuve una idea.

Le pedí a Fred que me devolviera el teléfono y volviera a la casa, a servir champagne y dulces, mientras yo hablaba en privado con Tommy.

Así lo hizo, llevándose las mantas. Y seguí hablando con Tommy.

—Amor, te noto alegre, contenta, veo que lo pasas bien… y esas imágenes a la luz de la luna, por suerte las grabé, las guardaremos para toda la vida.

—Sí vida, lo estoy pasando súper bien, Fred coge muy bien, es divertido, me hizo una chupada de pies memorable, y quiere volver, cada vez que tenga dinero… y yo pensaba…

—¿Puedo adivinar tu pensamiento?

—¿Lo presientes?

—Sí, y tienes mi beneplácito si realmente deseas eso. Lo quieres como novio, ¿o me equivoco?

—No, claro que no te equivocas, qué bien lees mis pensamientos… pero está claro que mi único amor eres tú, ¿lo tienes claro?

—Por supuesto amor, sé que esto es solamente sexo y empoderamiento en tu rol de putifina.

—No imaginas cuánto te agradezco, sabes que te amo de corazón y eres mi marido y único amor.

—Díselo y que pasen muy bien el resto de la noche. Y por supuesto, si quieres, puedes integrarlo al grupo de preñez…

—Había olvidado a ese tema! Gracias gracias gracias… muááá… ¡te amo!

Volví a la casa, más llena de alegría que nunca, ¡mi Tommy es un genio!

Disfrutamos de dulces, yo champagne y Fred, que se iba en pocas horas, jugo de naranja.

Nos acostamos, nos acariciamos y besamos y nos dormimos, sabiendo que Fred debía partir temprano para trabajar, yo me quedaría hasta cerca de mediodía, y a esa hora me iría a atender a los dos nuevos clientes amigos de Sam que habían estado en el desfile del viernes.

Me dormí con una mano en su entrepierna y él abrazando mis tetas.

Cuando desperté, a las 5 am mi reloj interno no falla, me sentía con deseos de que me culeara.

Lo desperté, nos refrescamos en el baño y volvimos a la cama. Era evidente que deseaba más acción, la verga se sacudía, en ese punto medio entre dura y blanda, en el cual es gorda le verla sacudirse al caminar.

Frente a frente en la cama empezamos a tocarnos y besarnos. Se dedicó a mis tetas, que le encantan, las chupó, las amasó me mordía suavemente los pezones. Las bañó en saliva.

Y su verga ya estaba dura.

Entonces vi que no iba a culearme, sus intenciones venían hacia mí cuca. Así acostados de frente como estábamos, hizo que pasara una pierna por sobre su cuerpo, y ya no había retorno.

Mi concha, que se humedecía a pasos agigantados se abrió un poco. Su pija se situó con naturalidad al borde de esos labios entreabiertos, y él comenzó a frotármelo. Frente a frente podíamos besarnos, trenzábamos las lenguas, pasábamos ríos de saliva a la boca del otro o me chupaba las tetas. Yo le acariciaba las nalgas y la espalda.

Y de a poco el juego fue avanzando hacia la penetración, hace muy bien ese juego y me encanta.

La cabeza, gorda, entró como si nada, luego el resto hasta que no había separación entre nuestros cuerpos.

Mi vagina lubricada con ríos de flujo permitía un vaivén rápido y placentero. Me cogió así un rato hasta que me hizo dar vuelta y quedamos en cucharita tradicional, de vuelta me la metió, tomé una foto para Tommy, y presentí que estaba cerca de acabar.

Mi deseo anal estaba presente todavía y le pedí: “en el culo, por favor, la quiero en el culo y acábame adentro”.

La sacó, abrió bien mis nalgas y enfiló al esfínter, previo ensalivado con los dedos. Adivinó mis ganas y luego de situar la verga bien en la entrada del hoyo, empujó sin detenerse, diría que sin piedad pero sin lastimar.

—Ahhhhh fue un grito intenso, descontrolado, pero no de dolor sino de placer, de satisfacción porque mi macho me complacía.

Un par de minutos y volcó en mi interior la poca leche que a esa altura le quedaba.

Se lo agradecí chupándole los huevos y nos fuimos a la ducha.

Ya vestidos, él para irse y yo para limpiar un poco la casa y el patio, desayunas con rico café con leche, tostadas y mermelada.

—¿Sabés? Desde anoche que hablé con Tommy tengo algo que decirte, le dije mientras enviaba a Tommy la foto en la cual me cogía en cucharita.

—¿Qué cosa? Quiero saber.

—Le sugerí algo a Tommy y estuvo totalmente de acuerdo te habrás dado cuenta de que lo pasó muy bien contigo.

—¡También yo contigo!

—Si estás de acuerdo, puedes ser mi novio, al igual que Sam, mi único novio hasta ahora.

—¿Cómo es eso? ¿Qué significa? Preguntó tomándome una mano sobre la mesa.

—Significa que puedes disponer de mí. Podremos tener sexo que tú me recompensarás como y cuando puedas, te daré preferencia de contacto, puedes entregarme a amigos de tu confianza, en resumen, eres como mi novio pero…que quede claro, sin amor de por medio. ¡Y sin exagerar en nada!

Y debo contarte algo más. Podrías ser parte de mi grupo de embarazo. Un grupo de personas muy muy importantes para mí, que son quienes estarán conmigo para preñarme cuando decidamos que es es momento.

—¡Que increíble! Divino. ¿Y quienes son ese grupo?

—Tommy, desde luego, su papá, mi papá, con quien ya nos hicimos análisis de compatibilidad genética y no hay problemas si él me embaraza, Sam, un señor de Francia que accede al grupo mediante pago, y si lo aceptas, tú. Me gusta estar contigo y ya lo hablamos con Tommy que fue quien lo sugirió.

—¡Acepto encantado, todo! Y no temas, ser tu novio hará que olvide que soy cliente y tengo obligaciones económicas contigo. Simplemente entiendo que me dan elasticidad en el tema. Y lo de preferencia en el turno es invaluable. Desde ya quiero disponer de ti, me has dado ese derecho, para verte cumpliendo por segunda vez con ese desafío en el campo de tu amiga. Estoy desesperado por verte en eso.

Hablamos un poco más del tema noviazgo; me preguntó si deseaba algo, y le dije que quería que me coja con una abstinencia de unos diez días, para disfrutar que me llene de semen, más de una vez. ¡Le encantó mi pedido!

Nos despedimos con largos besos. Le mostré la respuesta de Tommy a la foto de nosotros en cucharita, la respuesta decía “¡Que bien te la puso!” “Deberías publicar esa foto”.

Volvimos a mirar la foto con Fred, nos besamos y partió a Montevideo para trabajar.

Yo me dediqué a ordenar y limpiar la casa, cómoda, vestida con un solero floreado y zapatillas deportivas.

Para mi sorpresa en cierto momento tocan a la puerta, y era don Roque, nuestro empleado que vigila todo en nuestra ausencia. Y, ustedes lo saben, ha disfrutado de mí en alguna ocasión.

—Buen día Roque, ¿que cuenta? ¿Cómo está?

—Muy bien por suerte. Vine a ver si estaba bien, porque anoche me alarmé, aunque luego me quedé tranquilo…

—¿Y eso por qué?

—Usted sabe, de noche en el campo los ruidos llegan lejos, oí gritos más o menos desde el lado de la casa y vine a ver que pasaba. Me acerqué, vi los dos autos estacionados, reconocí el suyo y siguiendo el origen de los gritos, vi lo que pasaba, en el césped, y me quedé tranquilo porque vi que no le estaban pegando. Con la luna vi todo desde lejos.

—Ayyy Roque, ¡que mirón!

—Era por si precisaba protección Sofía, pero vi que estaba bien.

—Y se fue a dormir tranquilo, le agradezco su gesto.

—Ni me diga, nadade dormir, pasé la noche en vela pensando lo que vislumbré en el patio.

—Pero Roque, si ya me conoce, hemos estado juntos… Ud. me entiende.

—Sí, pero me calenté y sigo caliente. Quisiera volver a verla.

—Mmm ¿solamente verme?

—Y… si…

—¿Quiere levantarme el vestido?

—Ufff ¡Sí!

—Pero con cuidado, no tengo ropa interior. Dije, mientras sentía algo dentro de mí que me decía que en realidad Fred solamente te me dio un par de minutos por el culo.

Me arrimé al sofá y me doblé sobre el posa brazos, el torso hacia el asiento, los pies apoyados en el piso.

Roque se acercó y fue levantando el vestido. Sus manos ásperas me acariciaron los glúteos…

—Despacio Roque despacio, disfrute verme así, es lo que quiere ¿verdad?

—Como querer quiero más dijo, y sentí que me escupió el culo y que había sacado la verga y me la refregaba.

—Hacerme el culo, dije, tengo ganas.

No se hizo rogar, apoyó y me la metió de una.

—¿Le gusta Sofía? Usted es bien pura, seguro que le gusta.

—No hables y dame verga por favor.

Y verga me dio hasta que empezó a jadear, le pedí que me acabara en la boca, y me chorreó toda, cara, boca y vestido.

—¿Estás contento?

—Le agradezco señora, dijo siempre respetuoso. Y para cuando vuelva, va a encontrar todo ordenado, se lo aseguro. Esta semana le terminan la piscina.

Un poco más de conversación, me duché y me fui a mi oficina de Montevideo. Eufórica por el encuentro Teo con Fred, me encanta haberlo hecho “novio”, y el favor a Roque terminó de calmar mi calentura anal.

Esa tarde, recibí a los otros dos señores, amigos de Sam, a quienes había dado turno el viernes.

Son mis clientes 44 y 45. Ya les relataré cómo fue todo. Pero antes, leerán cómo evolucionaron ciertas cosas en Punta del Este.

Un beso a todos.

Sofía.

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