¡El amor no es algo para compartir! ¿Y el placer? (2)

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T. Lectura: 10 min.

Estudié el escenario alrededor y decidí que quería oír lo que decían, pero desde donde estaba eso no era posible, pues hablaban muy bajo. Noté que del otro lado donde ellos estaban había unas macetas donde yo podría quedarme sin ser visto, solo que, para eso, tendría que dar la vuelta a la casa y acercarme por el otro lado.

Hice eso y llegué a mi punto de observación después de algunos minutos. Cuando pude finalmente mirar a los dos, otra sorpresa. La camiseta que Bruna usaba había sido arrancada y mi tío se deleitaba chupando sus senos firmes, cuyos pezones de un rosa claro estaban arrugados, lo que siempre sucedía cuando ella estaba excitada.

Sin dejar de chupar sus senos, unas veces uno, otras veces otro, él fue bajando el pantalón corto del pijama de seda que ella usaba, dejándola solo con una braga minúscula azul claro. Desde donde yo estaba, se pudo notar una mancha de humedad en la región de la vagina de Bruna.

Mi tío entonces fue agachándose, lamiendo la barriga de mi novia hasta llegar a la braga que él fue bajando, dejándola desnuda. Pidió entonces que ella se sentara en la silla de la piscina, le abrió las piernas y acercó su boca a su coño de pelos oscuros, ralos y bien recortados. Oí un gemido que se fue prolongando y pronto la voz de ella, medio llorosa que pedía:

–¡Ay Arnaldo! ¡Qué rico! ¡Chúpame, vamos! Hazme gozar en esa tu boca sucia, pervertido…

–¿Quieres gozar en la boca del tío? –Preguntó él un poco más alto.

–Quiero sí. Vamos, chupa rico. ¡Mete esa tu lengua dentro de mí que quiero gozaaar… shhifff…

Mi tío no se hizo de rogar. Cogió una de las piernas de Bruna y la colocó sobre su hombro, dejándola totalmente abierta, entonces comenzó a castigarla.

Desde donde yo estaba, favorecido por la iluminación de la calle que aclaraba lo suficiente para que yo viera, pude presenciar aquella lengua lamiendo el clítoris de mi novia y después ir resbalando hasta encontrar la entradita donde penetró y comenzó a hacer movimiento de entra y sale.

Bruna levantaba la cadera buscando una mayor aproximación con la boca del tío Arnaldo que entonces la sujetó con ambas manos en su trasero inmovilizándola y chupando con fuerza. Oí casi un grito y a continuación la voz llorosa de ella que decía:

–¡Ay Arnaldo, estoy gozando rico! Chúpame viejo pervertido. Aiii qué bueno gozar así.

Y Bruna colocó su mano sobre la boca evitando el grito que se empeñaba en salir de su garganta mientras mi tío castigaba su coño con la boca. Ella tenía orgasmos sucesivos y después de un tiempo pidió que él parara.

–Ay… Para un poco… Ya no aguanto más gozar… Paraaa…

Se oyó un gruñido de él que debía ser un “no”, pues continuó chupando. Entonces él le tiró de la otra pierna hacia el otro hombro haciendo que ella se quedara con el trasero levantado y, separándole el trasero con las dos manos, quitó la boca de la vagina y llevó la lengua hasta su culito, comenzando a lamer.

–Aiiihsss pervertido… Así me matas. Ay qué delicia… Voy a gozar.

Yo no creía lo que veía y oía. Bruna siempre tenía sexo conmigo solo gimiendo, gozando una o como máximo dos veces, aun así, con un buen intervalo entre un orgasmo y otro. Ahora, yo ya ni sabía cuántas veces había gozado y seguía gozando.

–Para Arnaldo… Por favor, para si no voy a morir…

Mi tío alejó su boca del trasero de Bruna y habló:

–¿El cornudo de tu novio nunca hizo esto contigo?

En ese momento ella quitó sus piernas de su hombro y se sentó, mirándolo a él, seria y diciendo:

–No llames a Renato cornudo. Es a él a quien amo y no a ti, viejo asqueroso. Tú respetas a mi novio.

Vi a mi tío poner una cara que solo puede ser llamada de cara de “¿eh?”, o sea, cara de quien no respeta nada. Entonces él insistió.

–¿Respetar y follar a su novia?

Entonces Bruna le dio un ultimátum.

–Si vas a hablar de Renato me avisas que me voy ahora.

–Disculpa, princesa. –Dijo él en tono de burla. –No voy a hablar más. Ahora ven acá y dame una chupadita rica en mi pene.

Bruna dejó que él se levantara y se acercó a él. Entonces fue jalando su pantalón corto junto con su calzoncillo y un pene duro, grueso y lleno de venas, con la cabeza casi morada hacia afuera, saltó de dentro del calzoncillo y golpeó en el rostro de ella.

Sin asustarse o admirarse, ella simplemente cogió aquel pene y comenzó a masturbarlo. Para facilitar su tarea, escupió en él para deslizarse mejor. Después fue acercando su rostro y colocó solo la cabeza en la boca y se quedó mamando por algunos segundos para después retirarlo de la boca y lamer.

Lamió la cabeza, deslizó la lengua por toda la extensión hasta llegar al escroto, que también fue lamido. Después ella colocó una bola en la boca chupándola y arrancando gemidos del viejo pervertido, cambiando de bola al cabo de más de un minuto. Después hizo el recorrido de vuelta con la lengua hasta llegar a la cabeza. Besó solo la puntita y después fue metiéndolo en la boca.

Al principio, chupaba solo la punta, sujetando el resto con una de las manos. Con la otra, acariciaba el trasero de mi tío, a veces pasando el dedo en su hendidura peluda. Después, fue metiendo más hasta tragar lo máximo que conseguía, dejando poca cosa fuera de su boquita. ¡Qué hambre demostraba aquella mi novia!

El pene de Arnaldo debía tener unos 18 cm, más o menos igual al mío, pero mucho más grueso. No sé cómo ella conseguía colocar casi todo aquello en su boquita. Casi todo hasta que el pervertido de mi tío sujetó su cabeza y, en un movimiento rápido de cadera, hizo que ella lo tragara todo.

Bruna se atragantó y se fue poniendo roja, sin embargo, en vez de empujar al hombre que parecía estar abusando de ella, lo jalaba por el trasero para no perder ni un milímetro de aquella polla en su boca. Él la incentivaba con palabrotas:

–Eso puta, muéstrale al tío que eres chupadora de penes. Mama rico en el pene del viejito aquí que yo quiero llenar tu boquita con mi mierda.

Pensé que esa amenaza asustaría a Bruna, pero, en vez de amenaza, desde mi escondite, pude notar que ella encaraba aquello como una promesa, pues soltó el trasero de mi tío y comenzó a hacer un “vaivén” con la boca que, a su vez, movía la cadera en una verdadera follada. Solo que quien era follada era la boquita de mi novia. No tardó y él comenzó a hablar:

–¡Ay putita… vamos… chupa rico que ya casi llego… vamos… aiiiii rica… voy a gozar!

Me quedé a la expectativa de ver su pene chorreando la mierda en el cuerpo de ella, pero lo que vi fue ella sujetar firme su pene y quedarse mamando más fuerte, mientras él gemía y gozaba en su boca.

–Mírame y abre la boca, putita.

Bruna obedeció y, desde donde yo estaba, vi que su boca estaba llena de mierda, con una cantidad mucho mayor de la que le escurría por las comisuras de la boca.

–Traga puta…

Ella cerró la boca y, para mi asombro, tragó, dejándome sorprendido y ofendido, pues ella nunca me había dejado que eyaculara en su boca.

Pidiendo que Bruna le diera espacio, el tío Arnaldo se acostó en la silla de playa y ella se acurrucó como pudo en el poco espacio que le sobró, descansando la cabeza en su hombro y pasando la mano por su pecho. Fue bajando su manita hasta llegar a su pene que descansaba caído hacia un lado.

–¡Está flácido! –Se rio ella burlándose de él.

–¡Dentro de un ratito se va a levantar y lo voy a meter en ese tu coño lindo!

Desde donde yo estaba fue posible percibir el escalofrío que se formó en la piel de Bruna, incluso, con los pezones de sus senos quedando aún más arrugados. Me quedé imaginando cómo aquella niña comportada, que yo juzgaba incluso ser muy pesada, ¡estaba consiguiendo actuar como una puta!

Y no tardó mucho para que el pene del tío Arnaldo volviera a ponerse duro. También, con aquella manita haciéndole caricias, alisando toda su extensión, acariciando el escroto y después llegando hasta cerca del culo de mi tío.

Con el pene nuevamente erecto, él hizo que Bruna tomara su lugar, acostada de espaldas y, llevando el pene hasta la entradita de su coño, comenzó a frotar su clítoris con el pene, amenazando con entrar. La cadera de Bruna comenzó a moverse como si fuera comandada por su vagina que parecía ir detrás del pene, deseando la invasión que estaba por venir. Mi tío, muy pervertido, evitaba una penetración e insistía en acariciar el clítoris de la chica con la cabeza de su pene, hasta que ella, no aguantando más, pidió:

–No me hagas esto, mete luego ese pene en mi coño que quiero sentirlo todo dentro de mí.

–¿Quieres de verdad, mi putita? –decía el tío Arnaldo con cara de pervertido, y completaba. –Entonces pide que te folle.

–Anda luego, viejo pervertido. Fóllame. Mete luego ese pene rico en mi coño que quiero gozar igual gocé en tu lengua. Anda luego, viejo marica.

Mi tío le dio una palmada, suave, en la cara a Bruna que, en vez de quejarse, gimió de placer.

–¿Te gusta que te den en la cara, putita?

–Ay… No me maltrates. Cómeme toda. Folla luego que ya no aguanto más. Anda.

Percibí que ella hablaba cada vez más alto, a punto de que el tío Arnaldo mirara preocupado para ver si alguien aparecía en la ventana. Como nada sucedió y, para evitar lo peor, él fue metiendo. Fue una penetración diferente. Él no colocó la cabeza y esperó, tampoco la metió de una vez.

Él fue metiendo despacio y metódicamente hasta que su pene entró todo en aquella gruta que lloraba e imploraba por la invasión y después se acostó sobre ella. Bruna comenzó a gemir más alto y, para evitar ruido, el tío Arnaldo la besó en la boca y comenzó a hacer movimiento de vaivén.

El beso duró durante toda la follada. Desde donde yo estaba oía los gemidos de Bruna que movía su cadera cada vez más rápido y lo empujaba de encuentro a mi tío, como si quisiera que su pene fuera aún mayor. Los dieciocho centímetros estaban todos dentro de ella y, con el movimiento que él hacía, salía la mitad y volvía a desaparecer en medio de la carne suave y rica del coño de mi novia. Gozaron juntos, aún con las bocas pegadas y con gemidos altos que, esta vez, quien miró preocupado hacia las casas para ver si alguien aparecía, fui yo.

Sudados, se quedaron allí parados después de aquel goce placentero, con mi tío acostado sobre Bruna. Sus cuerpos brillaban por estar ambos sudados, aunque la noche estaba incluso un poco fría. Comenzaron a hablar bajito, él en el oído de ella y ella respondía con asentimientos de cabeza.

Pude percibir que él pedía alguna cosa y que ella negaba balanceando la cabeza. Sin salir de donde estaban, el clima de excitación fue volviendo y me quedé impresionado cuando comenzaron a follar de nuevo. Al fin y al cabo, mi tío no era ningún niño y ya había eyaculado dos veces en pocos minutos. Esta vez, él alejó su rostro y se quedó mirando el rostro de ella.

Hubo un momento en que ella giró su rostro hacia el lado donde yo estaba y me quedé admirado por la belleza de su expresión. Yo siempre creí que Bruna era linda, sin embargo, en aquel momento, plena de placer y excitación, parecía estar aún más. No tardó mucho para que ella, aun mirando hacia el lado donde yo estaba, comenzara a gemir más fuerte, demostrando que estaba gozando nuevamente. En aquel momento, tuve la impresión de que ella me había visto.

Él tardó bastante tiempo hasta comenzar a acelerar el movimiento y eyacular, acompañado por ella, en otro orgasmo. Yo intentaba recordar mentalmente cuántas veces Bruna ya había gozado, pero desistí por considerarlo imposible a esas alturas.

Tan pronto como eyaculó, el tío Arnaldo salió de encima de ella que se sentó en la silla de la piscina y yo pude ver su coño aún abierto y todo embarrado de mierda. Él, nuevamente, se acostó y ella volvió a ocupar el lugar de antes, con la cabeza apoyada en su hombro. Luego repitió el mismo movimiento con su manita delicada, cogiendo su pene con mucho cariño. Esta vez no se río. Pero mirándolo a los ojos, preguntó:

–¿Será que este pene aguanta una más hoy?

–¡Dile que quieres que entre en tu culito que se levantará al instante!

–Estás loco. El sexo es para tener placer y no sentir dolor. –Dijo ella con una sonrisa pícara en su rostro.

–Un poquito de dolor forma parte del placer… –Argumentó él y explicó. –… ¿te acuerdas de cómo te encendiste solo con una palmadita en tu cara pervertida?

–Viejo pervertido. –Diciendo esto Bruna le dio una palmada en la barriga al viejo.

El tío Arnaldo continuaba insistiendo y, por el andar de la carroza, yo ya temía que Bruna acabaría por concordar con él. Yo nunca había penetrado el culito de mi novia y, se equivoca quien piense que voy a alegar que ella me lo rehusaba, pues, en realidad, verdad verdadera, yo nunca lo había intentado.

Entonces llegó el momento en que el tío Arnaldo hizo una propuesta a Bruna:

–Vamos a hacer así. Voy a chuparte el culo con mi lengua y voy a follarte con ella. Si me mandas parar, todo bien, no hago nada. Pero si no haces nada para impedirlo, meto mi pene dentro de ese tu culito que tanto quiero.

–Está bien, pervertido. Yo sé que no vas a conseguirlo de todas formas.

Diciendo eso, mi tío se levantó y colocó a Bruna a cuatro patas encima de la silla de la piscina y comenzó por chupar su coño aún embarrado con su mierda, subiendo y llevando aquella crema hasta su culito, donde lamía y después, abriendo su trasero con las dos manos, exponía su pequeño botón virgen y metía lo máximo que conseguía de su lengua allí dentro. Bruna, en vez de mandar parar, comenzó a menear el trasero y a gemir.

El tío Arnaldo mojó entonces su dedo índice con saliva y fue metiéndolo dentro del culo de mi novia. “Es ahora que ella se va a salir”, pensé. Craso error, pues ella dijo un “ay” bajito y aceleró el movimiento de su culito, echándolo hacia atrás para ayudar en la invasión. Pronto eran dos dedos haciendo movimiento de vaivén dentro de su trasero que gemía y decía:

–Hijo de puta, pervertido, ¿quieres matarme, viejo salido? ¿Quieres verme gozar más aún?

Y gozó ruidosamente, dejando a mi tío preocupado. Pero nuevamente nada sucedió. Entonces él se posicionó detrás de ella y ya iba a invadir cuando ella se levantó sonriendo. Pensé que yo estaba en lo cierto y ella iba a negarse a darle el culo. Una vez más yo estaba equivocado y lo descubrí cuando la oí decir:

–Siéntate aquí y déjame ir por encima. Yo no confío nada en ti y así, si duele, puedo parar.

El tío Arnaldo obedeció, mirándola con cara de excitación. Ella se montó sobre sus piernas y fue bajándose. Una mano enlazó su cuello y la otra sujetaba el pene, apuntando a su agujerito que ya parpadeaba de tanta excitación.

La cabeza entró y ella paró. Se quejó de que le estaba doliendo, pero no retrocedió. Solo se quedó parada, mirando a los ojos de mi tío que le sonreía. Pasado un ratito, ella intentó un poco más y, como la cabeza ya había entrado, esta vez fue hasta la mitad. Una vez más ella paró y se quejó de dolor y una vez más esperó que su culito se acostumbrara a la invasión. En la tercera vez, ella se soltó y dejó que el pene entrara por entero en su trasero, dando un gritito:

–¡Ay, puta que parió, duele mucho! Bésame pervertido, para que me acostumbre más rápido.

No necesitó pedirlo de nuevo, él le jaló el rostro hacia el suyo y sus bocas se encontraron en un beso profundo, con sus lenguas batallando para probar cuál se movía más rápido y cuál entraba más dentro de la boca del otro. Pronto la excitación prevaleció y fue Bruna quien comenzó a hacer un leve movimiento con las piernas, subiendo un poco el trasero y soltándose nuevamente.

A cada movimiento, ella se levantaba más hasta que, en cierto momento, el pene del tío Arnaldo casi salía de su culito para ser enterrado nuevamente con ella soltándose. Lo que vino después fue algo difícil de describir. Ella fue acelerando el movimiento, jalando los pocos pelos que mi tío aún tenía en la cabeza, arañando su espalda y gimiendo alto, mientras él jalaba también su pelo, haciendo que ella inclinara la cabeza y dejara el cuello a disposición de su boca que chupaba y babeaba en su piel blanca.

El goce no tardó. Esta vez, pareció que mi tío hizo más ruido que Bruna al sentir que estaba eyaculando, mientras ella saltaba, daba puñetazos en su pecho, arañaba su hombro y jalaba el pelo, gimiendo y gozando.

Creo que, después de eyacular, Bruna tuvo un pequeño desmayo, porque vi a mi tío levantarse sin soltarla de su regazo y la depositó cariñosamente acostada en la silla. Pero no tardó mucho para que ella abriera los ojos y le sonriera a él.

–¿Quieres más, chica? Creo que yo no aguanto más.

–Hasta que estaría bien, pero… –Dijo ella, pero después completó: –… basta, necesito volver a la habitación. Ya son casi las cinco y dentro de poco amanece. No vaya a ser que alguien resuelva levantarse temprano.

–Entonces, ¿otro día continuamos? –Preguntó él esperanzado.

–Estás loco. No vamos a repetir esto jamás. Yo te dije que amo a Renato y no voy a seguir traicionándolo. Puedes quitar el caballito de la lluvia.

Diciendo eso, ella comenzó a coger su ropa y yo salí a hurtadillas, bien rápido, pues tenía que estar en la habitación cuando ella llegara. Mi suerte es que ella debe haberse detenido en algún lugar para limpiarse antes de entrar en la habitación. Quince minutos después, ella entró, me miró a mí que fingía dormir esparramado en la cama. Ella entonces fue al baño y oí el grifo de la ducha abriéndose.

En ese momento yo decidí que iba a terminar mi noviazgo con Bruna que, fingiéndose de santa, demostró ser una puta de una buscona.

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1 COMENTARIO

  1. Estos dos cuentos son el primer capítulo de un libro que escribí. Está en portugués. Si alguien quiere leer el libro completo, sin traducción, solo tiene que escribir a willianwallace1300@gmail y se lo enviaré en PDF.

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