El debut de Zuleica

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Llevo más de diez años de trabajar para una tienda departamental en una de las principales plazas comerciales de mi ciudad. Como jefe del departamento de Zapatería tengo a mi mando a seis chicos, cuatro caballeros y dos chicas. Me he sentido muy orgulloso de haber armado un buen equipo de trabajo, pues no es nada fácil dirigir personal.

Dentro de mi grupo la más aplicada era una chica llamada Zuleica, era muy responsable, ordenada, siempre con muy buena actitud de servicio, por eso mismo la elegí como mi apoyo. Era muy apegada a su religión, en varias ocasiones me invito a los eventos de su iglesia, nunca fui.

Zuleica era delgada, usaba lentes, de pechos menudos, nada exuberante más porque siempre se vestía de manera discreta, las otras chicas a sus uniformes del trabajo los adecuaban de tal manera que se vieran más sexis, Zule como le decíamos de cariño hacia lo contrario, se cubría más.

Pero todos la apreciaban porque siempre estaba dispuesta a ayudar, al parecer tenía a su cargo el coro de su templo y daba platicas a chicos desorientados eso le ayudaba mucho a lidiar con clientes y compañeros, se llevaba muy bien con la otra chica del equipo de nombre Magda que era lo opuesto a ella. Magda era muy extrovertida, coqueta, era la que siempre organizaba las salidas los fines de semana, eso sí muy trabajadora también.

Bueno, por desgracia para todos un día Zuleica nos avisó que ya se había comprometido con un chico de su templo y que se iba a casar, al parecer el chico tenía una buena posición económica por lo que ella nos contaba y lo más seguro era que renunciaría para dedicarse a su matrimonio. Por supuesto que en lo personal no me agrado la noticia.

Una tarde se me acerco Magda y me dijo que quería hablar conmigo de una situación algo delicada, desde luego que pensé que se trataba de algo referente al trabajo y le dije que de inmediato, pero me contesto que no era sobre el tema laboral, si no que era una situación digamos personal y que le gustaría más tratarlo en otro sitio. Y quedamos que a la salida la llevaría a su casa y en el camino lo platicábamos, a ella le pareció muy bien la idea y a mí me dejo intrigado pues no tenía ni idea que tema quería tratar.

Al salir baje con Magda al estacionamiento y apenas nos metimos al auto le pregunte que se traba.

–Es sobre Zule —me dijo—.

Yo sabía, que a pesar que eran muy diferentes eran grandes amigas.

–¿Qué pasa con Zuleica? –pregunte–.

Magda era muy directa, no se quedaba con nada y decía las cosas como las sentía, por eso me extraño que ella por un momento dudara.

–Pues no sé cómo empezar. Fíjese jefe que he platicado con Zule y coincidimos que usted es una persona muy educada, sentimos que usted es muy confiable.

En verdad me extraño lo que Magda me decía, me la quede mirando al mismo tiempo que arrancaba el auto. Magda tenía los ojos claros, labios delgados, siempre bien maquillada, de sonrisa y actitudes coquetas, seguido cambiaba de novio pues era atractiva.

Magda siguió hablando.

–Y pues por eso que le decía, que es usted una persona confiable le quería comentar algo y quisiera que fuera muy discreto con esto.

–¡Te escucho! –dije intrigado–.

–Resulta que Zule y su novio hicieron la promesa en su templo de no tener sexo hasta que estén debidamente casados, cosas de su religión, según que su pastor es muy estricto y resulta que ella nunca ha tenido relaciones.

–¿Cómo? –Casi me paso un alto–¿Nunca ha tenido sexo con su novio?

–¡Nunca! Así como lo oye. Y pues resulta que ella tiene mucho miedo, más porque su chico le ha dicho que en su noche de bodas le va hacer muchas cosas. Zule me ha enseñado las conversaciones que tiene con él por las noches y el tipo es un depravado.

–¿Depravado? He visto al chico un par de veces que ha pasado por Zuleica al trabajo y se ve tranquilo y educado.

–Pues en apariencia –dijo Magda– pues le ha dicho a mi amiga que esa noche quiere tener sexo vaginal, oral y anal que se la va a meter por todos los orificios que pueda.

–¡Jajá! Pues no es para menos, aguantarse tanto tiempo. Yo creo que está muy reprimido, la emoción es la emoción independientemente de la creencia religiosa que tengas.

También a Magda le causaba mucha gracia la situación. Pero de repente se puso seria y se quedó en silencio.

–¿Eso me querías contar? —Pregunte para destrabar la conversación–.

–No solo eso, mire Zule me ha ayudado mucho en algunas cosas personales y esta vez yo quisiera hacer algo por ella. Lo hemos platicado y pues queríamos pedirle un gran favor.

–¡Si claro! Si se puede adelante.

–Como le decía ella en verdad tiene mucho miedo enfrentar todas esas cosas que le pide su novio, ella ama a su chico con toda el alma y pues quiere complacerlo, para nada quiere decepcionarlo y pues llegamos a la conclusión que, si quiere hacer un buen papel en su luna de miel, primero tiene que practicar y pues, le queríamos pedir si usted nos hace el favor de ayudarnos en ese tema.

–¡Ayudar! ¿Cómo? –En verdad no entendí –.

–Pues que lo haga con ella, que le enseñe, que la capacite en el sexo.

Tuve que frenar y orillarme. Me quede mirando a Magda.

–¿Que?

–¡Si! El novio de Zule le ha dicho que espera mucho de ella esa primera noche y ella pues no sabe cómo hacerle, y tiene mucho temor que no le agrade como mujer a su futuro esposo, yo por ejemplo la primera vez que me penetraron por el ano, fue doloroso, sangre y no fue agradable, ahora imagínese que le hagan eso a la santurrona de nuestra amiga, ella nunca a chupado una polla, estoy segura que si se lo hace a su novio va a vomitar. ¡Es muy necesario que ella lo practique!

Me quede pasmado por lo que escuchaba de Magda.

–Y ella ¿Qué dice?

–Está totalmente de acuerdo que sea usted, ya que yo le propuse que lo hiciera con un amigo pero pues Zule no siente la confianza que siente con usted.

La idea que yo fuera víctima de una broma me vino a la cabeza. No podía creer lo que me estaba proponiendo Magda y menos que Zuleica estuviera de acuerdo.

–¿Es broma verdad? Me quieren ver la cara.

–¡No! Como cree.

Magda saco su teléfono y marco. Puso el altavoz y era Zule.

–Amiga, ya le dije al jefe pero donde vas a creer que no me cree.

Escuche la voz nerviosa de la chica.

–Jefe, hágame ese favor. No sabe cuánto amo a mi novio y no quiero perderlo, necesito practicar antes de hacerlo con él.

A mis treinta y ocho años, ya cinco de estar separado, no había buscado una nueva relación formal, en parte porque no quería enfrascarme en otro compromiso pues tenía que ver por mis dos niñas que había tenido con mi ex esposa. Así que mi vida sexual la llevaba con salidas ocasionales con alguna amiga. Si bien en el trabajo me trataba de conducirme de la mejor manera, yo era un asiduo cliente de bares, casas de citas y gustaba de ver pornografía haciéndome mis respectivas pajas. También yo tenía mi lado depravado.

Zuleica sería incapaz de mentirme o prestarse para una broma así, así que al escucharla creí todo lo que me había dicho Magda.

–¿Estas segura de lo que me pides? –pregunte–.

–Si jefe, estoy completamente segura. Quiero practicarlo antes.

Respire profundamente, tal vez no lo asimile en el momento pero le respondí.

–¡Esta bien! ¿Cuándo quieres empezar?

–Mañana mismo, mi boda es ya de este sábado al otro.

–¿Y dónde?

–En el departamento de Magda, yo descanso mañana y no sé si usted pueda llegar un poco temprano para que no se me haga tarde regresar a la casa.

–Ok, ok.

Estupefacto le devolví el teléfono a Magda, ella se me quedo mirando con unos ojos de satisfacción.

Esa noche no dejaba de pensar en lo ocurrido, era algo que para nada esperaba ni en mis fantasías más calenturientas. Creo que aún no terminaba de creerlo.

Sonó mi teléfono, era Magda.

–¡Ya listo! Estoy masajeándome con Zule y me dice que está súper nerviosa, y quiere que mañana yo este con ella. ¿Podrá arreglarlo?

–¡Claro! Mañana te sales dos horas antes, si gustas me esperas en el parque, en la parada de autobuses yo salgo luego y nos vamos a tu casa.

A Magda le pareció una excelente idea.

Al día siguiente le hicimos como habíamos quedado, le autorice a Magda salir temprano, previamente hable con mi jefe y con el pretexto de una situación familiar me permitió salir antes del cierre de la tienda. Pase por Magda y nos dirigimos a su departamento.

Ya nos esperaba Zuleica, llevaba un traje deportivo blanco, tenis y calcetas del mismo color. Creo que estaba más nervioso yo que ella, la vi serena, hasta me atrevería a decir que hasta estaba entusiasmada tal vez porque hacerlo implicaba darle felicidad a su novio que según ella amaba muchísimo.

–¡Hola, hola! –yo muy nervioso–.

–¡Hola jefe! gracias por aceptar.

No supe que decir. La pícara voz de Magda se escuchó.

–Pues adelante, pasen por acá.

Y nos llevó a su recamara.

–Bueno los dejo, estoy acá en la sala para cualquier cosa –dijo Magda con un tono pícaro–.

–¿Se puede quedar Magda? –Exclamo Zuleica mirándome– por favor.

Magda y yo nos miramos, luego los dos miramos a la inmaculada Zuleica.

–¿No sé si Magda quiera? –dije–.

La suplicante mirada de Zuleica hizo decir a Magda.

–Pues por mí no hay problema amiga.

Magda cerró la puerta y se acomodó en un banco que estaba frente a su tocador.

Sentí que ambas chicas veían en mí quien tenía que tomar la iniciativa, y así lo hice. Tome a Zuleica de los hombros y la mire fijamente.

–¿Lista?

–¡Si, estoy lista!

La senté en la cama. La vi tan inocente, y según Magda lo era, al grado que aún era virgen.

–¿Le has tocado el pene a tu novio? –pregunte–.

–Sí, pero únicamente sobre el pantalón.

–¿Y a tus otros novios?

–No he tenido más novios.

Magda sonrió discretamente. Si bien yo sabía que Zuleica era apegada a su religión no pensé que fuera tan pero tan santurrona.

–Bueno, empecemos por eso, es necesario que sepas que es un pene en vivo y a todo color.

Me baje el zipper y saque mi polla, no estaba erecta del todo, pero era excitante tener a una doncella a mi disposición y más de ver a Magda que seguía la escena sin perder detalle. Se lo puse frente a la cara de Zuleica, ella lo veía como si fuera algo de otro mundo.

–¡Tócalo!

Y lo empezó a tocar con cautela como si se tratara de un animal salvaje dormido.

–¡Agárralo!

Vi que Magda ni parpadeaba, sentí la mano pequeña y suave de Zuleica, eso hizo que se me pusiera dura.

–¡Mastúrbame!

Pero solo lo sacudía. Magda se cubrió la boca para que no se le escapara la risa. Le tome la mano y le mostré como debía hacerlo.

–¡Se puso dura, y más grande! –dijo mi discípula sorprendida–.

Sin jactarme mi polla media erecta en todo su esplendor siete pulgadas, las venas de mi pene se empezaron a saturar y la cabeza se tornó roja.

Zuleica la soltó y quedo apuntando hacia ella, suspendida en el aire. Aproveche para quitarle la sudadera y me acosté en la cama, me baje los pantalones y el bóxer quedando mi polla y mis huevos totalmente al descubierto, volví a tomar la mano de la chica y le volví a mostrar como masturbarme.

–Tómala firme, arriba y abajo, así. Recórrela toda.

Zuleica aprendía rápido y con eficiencia, no en balde era mi mano derecha en el trabajo. ¡Qué suaves eran sus manos! Parecía como si la tuviera metida en una aterciopelada vagina, su manita apenas y cerraba por el grosor de mi pene.

Le saque la playera, sus pechitos menuditos saltaron, tenía sus pezones rosados. La acerque y coloque mi verga entre sus pechos y le indique que me masturbara con ellos.

–A esto le llaman rusa. Si tu novio te pide que le hagas una rusa, le vas hacer esto, metes su pene entre tus pechos y lo masturbas.

Por el tamaño de sus tetas Zule se esforzaba para hacerlo, y por lo mismo lo hacía torpemente.

Magda estaba muy atenta, y eso me excitaba más.

Le acaricie los cabellos y su carita de niña buena.

–¿Tu novio te ha tocado la vagina?

–Sí, poco. Hicimos la promesa en el templo de no tener relaciones hasta que estemos casados.

–¿Te masturbas?

–¡Noo! –contestó tajante–.

Sin duda Zuleica era una chica muy reprimida.

–¡Era hora de atender su vagina!

Y la recosté en la cama, le quite los pands y sus bragas. La piel de todo su cuerpo era suave como la porcelana, muy bien cuidada. Con delicadeza le abrí las piernas, y le acaricie su vagina, tenía pocos vellos. Su raja ya estaba húmeda, apreté un poco y ella respondió con un suave gemido mordiéndose los labios. Llene de saliva mis dedos y volví ahora con un poco más de fuerza, recorría su rajita con mis dedos. Sus pezones empezaron a ponerse duros.

La acomode y acerque mi rostro a su vulva, se veía estrecha. No le quise preguntar si su novio le había metido la lengua en su bollo porque la respuesta seguramente sería un no, así que fui directo y metí suave la punta de mi lengua en la vagina de Zuleica, empecé a lengüetear, a recorrer con mi lengua toda su raja, sus labios vaginales, lengüeteaba toda su entrepierna. Jadeaba y se retorcía, vi que su piel se erizó, sin duda estaba ya muy excitada. Pensé en meterle los dedos pero recordé lo que Magda me había dicho, que Zuleica era virgen, así que quise que fuera mi polla la que entrara primero en ese estrecho túnel.

–Te voy a penetrar, lo haré lo más despacio posible –le dije suavemente.

–¡Si jefe!

Magda me pasó el lubricante, tome un poco con mis dedos y se lo unté en la raja, tomé otro tanto y me lo puse en la polla. Acerqué mi fierro caliente y palpitante en la entrada de su mojada vagina, donde empecé a frotar la cabeza de mi pene.

Zuleica se estremeció cuando empujé la punta, en verdad estaba muy estrecha. Cuando la cabeza se metió, sentí como algo se rompió, Zule dio un grito agudo y rápido, Magda se apresuró a abrazarla y consolarla.

–¡Ya mi peque, ya tranquila!

Zule me agarró mis hombros con sus suaves manitas, dejé la mitad de mi verga clavada en lo que preparaba el movimiento para que se fuera toda, empujé poco a poco, sentí como mi polla se abría paso entre los pliegues de su virgen vulva.

–¡Ayy! –Repetía Zuleica–.

Magda le acariciaba los cabellos tiernamente, en lo que yo trataba de tomar mi ritmo en la penetración. ¡En verdad estaba muy estrecha!

Vi como el rostro de la inocente Zuleica hacia muecas de dolor. Saqué mi polla y estaba cubierta de un poco de sangre, Magda muy servicial sacó unas toallitas húmedas y me la limpió, también suavemente limpió la vagina de su amiga, tomé el lubricante me puse en el pene, volví a penetrarla y esta vez fui más al fondo. La chica no dejaba de gemir, sus pezones estaban erectos a lo máximo, su piel erizada, metí a lo máximo y ella dio un grito como si la hubieran apuñalado.

–¡Ay jefe!

Magda le sujetaba una mano y empecé ya a normalizar mi movimiento de cintura, penetrándola.

–¡Tranquila Zule! Tranquila –le susurraba Magda–.

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