El debut de Zuleica (2)

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Cuando vi que ella se calmaba y sus muecas de dolor se fueron transformando en muecas de placer pensé que eso ya estaba listo, le di otras cuantas penetraciones profundas y ella ya lo resistía, le alce las piernas y deje caer todo mi peso sobre su vagina una y otra vez produciendo excitantes sonidos.

La puse en cuatro. Magda intervino.

–Mira, te voy a mostrar cómo.

Y se puso en cuatro agacho su cabeza hasta topar su mejilla con el colchón y paro las nalgas a lo máximo.

–Suelta la cadera, no la pongas tensa –Le indico a su amiga al tiempo que le bajaba la espalda–. Para el culito corazón, páralo.

Una vez que Magda la acomodo, la penetre desde atrás. Se sentía un placer exquisito meter y sacar mi polla dentro de ese túnel nuevo, le acaricie las nalgas y la espalda, su piel era suave y tersa.

Vi su ano, apenas y se le notaba la abertura, un ano totalmente virgen. Trabaje un rato más su raja.

Era hora de abrirle el culo. Se lo bese, le metí la lengua recorriendo sus nalgas, mordiéndolas. Escupí lo más que pude para lubricarlo, empecé sobando y trate de meter la punta de mi dedo pero era muy dificil. Magda que estaba cerca vio lo estrecho del ano de su amiga.

–¡Relájate Zule! Suelta el cuerpo, afloja tus nalguitas, no pasara nada. ¡Te va a doler pero te va a encantar! –dijo sonriendo–.

Note lo tenso que estaba el cuerpo de la chica, Magda le empezó a sobar la espalda para relajarla. Por fin pude meter un poquito de mi dedo, apenas la punta, el cuerpecito de Zuleica se estremeció, suave y muy despacio fui metiendo una y otra vez.

Magda le empezó a acariciar las nalgas, abriéndoselas. Ya mi dedo se había metido por la mitad.

–¡Ay! –Decía Zuleica al mismo tiempo que respiraba sacando el aire por la boca–.

Magda me dio el lubricante, le puse un poco en ese pocito, esto hizo que ya casi todo mi dedo se metiera. Zuleica seguía quejándose, intente meterle dos dedos, pero vi que sería muy complicado pues el ano estaba muy cerrado. Seguí poniéndole el lubricante y metiéndole un dedo, Magda se acercó y empezó a sobar las nalgas de su amiga en lo que yo trataba de agrandar su ano, pronto el dedo entraba sin tanto problema, volví intentar meter los dos, Zuleica se estremecía.

–¡Ay!

Y contraía su ano. Por un momento sentí lastima de estar castigando con mis dedos a la inocente chica que no dejaba de quejarse y después de mucha saliva y lubricante, mis dos dedos ya se metían a la mitad. Magda con una toalla húmeda limpio bien el ano de la chica de donde hilillos de sangre habían aparecido, le tome una toallita y limpie mis dedos en lo que Magda impregnaba nuevamente el ano de Zule con lubricante.

Me subí en la cama, acomode a Zuleica de tal manera que alzara bien sus caderas, Magda ayudo a acomodarla, me puse lubricante, su ano quedo justo debajo de mi polla, raspe la cabeza de mi pinga sobre su culo y de inmediato intente meterla. Magda ayudo a abrir, con sus dedos abría el ano de Zule.

¡Ah! –gemía la novata–.

Dedos sin duda habían hecho su trabajo, entro la cabeza, luego la mitad, la empecé a meter y sacar tratando que cada vez se le hundiera más. Di la estocada metiendo toda pero Zuleica no aguanto, grito tan fuerte y doblo la cadera que se la saque rápidamente, trato de incorporarse.

Magda la asistió rápidamente, vi que le escurrían las lágrimas por la mejilla.

–¡Ya nena ya! –Le decía Magda–.

Y le secaba las lágrimas.

–¿Estas bien corazón? –le dije–.

Y ella tomando aire movía la cabeza afirmativamente.

–¡Ya la tenías toda adentro! –le decía Magda–.Lo estabas logrando.

–¡Sentí que me moría! Sigamos –Dijo Zule decidida a terminar la lección.

Magda volvió a limpiar y a lubricar, me coloque y nuevamente por encima de sus nalgas y empecé a taladrar el culito de la chica, esta vez la cabeza entro con poco esfuerzo y una vez que la cabeza entra lo demás tiene que pasar, y asi fue, descargue todo mi peso para que le entrara toda, esta vez Zule aguanto, aun cuando su cuerpecito parecía que se quebraría.

La cara de Magda se llenó de satisfacción cuando vio que su amiga lo había logrado, que ya se le iba toda mi verga por el culo y ella al parecer ya lo estaba disfrutando.

Trabaje otro rato ese delicioso y estrecho túnel, y ya estaba a punto de venirme cuando sono el teléfono de Zuleica. Era su novio, Magda y yo nos quedamos en silencio.

–¡Si mi vida! –Contesto–Si mi amor estoy en la casa de Magda, pasa por mí.

Haciendo gestos de dolor, y sobándose el trasero Zuleica se incorporó dificultosamente de la cama.

–¡Mi novio viene por mí! Me tengo que ir, vamos a ir a ver algunos detalles de la boda con nuestro pastor. ¿Seguimos mañana?

–¡Claro que seguimos! –Dijo Magda– tienes que estar bien lista para tu luna de miel.

–Mañana nos ponemos de acuerdo en el trabajo –le dije–. Veré como nos acomodamos. Se vistió rápidamente.

–¡Ay me duele mi culito! –dijo Zule sonriendo–.

–¡No se va a poder ni sentar! –dijo Magda sonriendo también–.

–¡Bye, bye! Lo veo mañana jefe, bye amiga –y se salió rápidamente–.

Me empecé a vestir. Magda vio que con la apuración Zule había dejado su cartera, la tomo y corrió a alcanzarla.

Yo termine de vestirme, aun me costaba creer lo que estaba pasando. Había penetrado a una chica virgen y la experiencia me parecía maravillosa. Salí de la recamara, tenía la erección aun fuerte pues no había terminado.

Por la cabeza me paso insinuarle a Magda que me ayudara a terminar. Sin duda se había excitado con lo que había visto. Magda regreso.

–¡Si la alcance en la esquina!

Y justo le iba a decir cuando sonó su teléfono, era su mamá, se sentó en el sofá a platicar con ella. Espere un momento pero note que su plática iba para largo. Sentía que la leche me hervía por dentro.

–Voy a pasar a tu baño –se lo dije suave y haciéndole señas para no interrumpir su llamada–.

Tenía que masturbarme, era mucho lo que había pasado, tenía que darme un desahogo. Me saque la polla y empecé, me vino a la mente la imagen de la suave y nueva rajita de Zule, sus pechitos suaves y sus pezones rosados, el sabor de sus caldos vaginales, ya tenía todo el semen en la puerta asi que no tarde, además que la excitación era mucha, que fue una corrida épica pues había acumulado un buen de esperma. Los chorros de leche salieron disparados, a pesar que apunte a la tasa del baño, llegaron hasta la pared, fue imposible no gemir.

–¡Ah! ¡Ah!

Y lo hice varias veces y fuerte que Magda pensó que algo me pasaba y abrió la puerta del baño viéndome como me salían los últimos chorros.

–¡Ay jefe perdón!

–Disculpa pero ya no aguantaba, tenía que sacar todo esto.

La carita traviesa de Magda vio toda la leche en la pared, en la tasa y en el piso.

–¡Ups, si lo sospechaba! Le iba a decir si lo ayudaba a terminar pero entro la llamada.

–No te preocupes, ya paso, de haberlo sabido me hubiera esperado –dije sonriendo–.

–Pues para la próxima –dijo Magda sonriendo viendo toda mi leche salpicada en su baño–.

Al día siguiente vi a Zuleica radiante, lo primero que hizo al llegar fue pasar al privado a saludarme.

–¡Jefe, hola! –con voz picara–.

Me sorprendió verla tan fresca, por un momento pensé que llegaría adolorida después de lo que le había hecho el día anterior, pero durante toda la mañana la chica se veía feliz. Con el pretexto de checar la existencia de mercancía la llame a la bodega para estar a solas con ella y poder preguntarle.

–¿Cómo estás?

–Hay jefe, aunque siento el cuerpo adolorido estoy muy feliz, ayer usted me hizo sentir cosas que no me imaginaba y el hecho de pensar que voy a sentirlas con mi esposo me llena de mucha alegría, siento que el sexo es muy bonito que es un regalo de Dios.

–¿Entonces seguimos al rato?

–¡Claro que sí! –dijo entusiasmada–.

Le había inventado una mentira piadosa a mi jefe diciéndole que un familiar necesitaba mi apoyo por un problema que tenía y que nuevamente me retiraría temprano, tenía buena relación con el asi que nunca se negaba a alguna petición. Le autorice a Zule salir dos horas antes, yo la recogería en la esquina y nos iríamos al departamento de Magda, la cual se haría cargo en nuestra ausencia del departamento de la tienda y ella nos alcanzaría en su casa, y así le hicimos.

Magda le había dado la llave a Zule, en el camino la note tranquila, me dijo que confiaba que su futuro esposo estuviera muy satisfecho con ella y que no veía las horas para que llegara su boda, en mi mala experiencia con mi matrimonio me daba ternura ver su ingenuidad.

Abrió la puerta y no espero más, se dirigió a la recamara de Magda.

–¿Qué hay para hoy jefe?

–Haremos un repaso de lo de ayer, y hoy estaba pensando que es muy importante que pruebes el semen. Sé que no lo has probado ¿O sí?

–¡No, para nada! –respondió rápidamente–.

Le tome la mano y la senté en la cama.

–Relájate y vamos a empezar.

Me quite los zapatos y me acomode en la cama.

–Desabrocha mi cinturón y sácame la polla –le dije suavemente–.

Sus pequeñas manos se pusieron en acción, zafando el cinturón abrió el zipper. Deje que ella buscara la manera de sacar mi pene que se empezaba a endurecer. Me baje un poco los pantalones para facilitarle la maniobra, sentí su manita suave tomar mi verga.

–Mastúrbame como le hiciste ayer.

Tomo mi polla y empezó a subir y bajar. La note con más confianza al hacer la maniobra. Deje que siguiera hasta que la tuve bien erecta.

–¡Se puso dura!–murmuro–.

–Vas a mamarla –dije–. Así como si chuparas una paleta helada.

Sin desvestirse, se acomodó junto a mi sobre la cama, tomo mi pinga y se la acerco. El venudo trozo de carne palpitaba cerca de su carita de ángel, se lo acerque a sus labios, ella se acercó despacio.

–Dale besitos primero –dije–.

Y tiernamente empezó a besar mi polla que se endurecía y hacia saltar las venas.

–Lame, saca la lengua y lámela.

Zuleica obedecía de inmediato, saco su lengua y empezó a lengüetear.

–¡Empieza por la punta, luego recorre hasta abajo!

Y así lo hizo, desde la punta empezó a lamber mi verga, hasta llegar al tronco, volvía a subir y a bajar.

–¡Lengüetea mis huevos!

–¡Ah!

¡Era la gloria! Con su lengua jugaba mis cojones, le tome la mano y la puse en mi polla para que la masturbara a la vez que seguía jugando con su lengua mis huevos. Luego la tome suavemente de los cabellos, subiéndola hasta la punta.

–Métela en tu boca.

Zuleica abrió la boca hasta donde pudo, metiendo la punta de mi pene.

–¡Chupa, suave!

Intentaba una y otra vez meter toda la cabeza en su boca.

Vi que no le causaba ninguna incomodidad pues llegue a pensar que, por lo mismo que nunca había tenido una verga en la boca, Zuleica iba a tenerle cierta repulsión, pero no.

Me puse de pie, le indique que se encara frente a mí, le puse un cojín para que no se lastimara sus rodillas, y suave empecé a meter mi pija en su boca, poco a poco la lubricación de la saliva fue ayudando, hasta que agarro el ritmo.

De repente y por lo inexperta sus dientes mordían mi pene.

–¡Trata que sean más tus labios que tus dientes!

Hice una pausa para ponerle un ejemplo, le tome su dedo índice y me lo lleve a la boca.

–¡Así, checa! Lengua y labios.

Y le chupe el dedo apretándolo con mis labios y jugando la punta con mi lengua. Se lo repetí varias veces.

–Ahora tu –y metí mi polla en su boca–.

Como siempre aprendiendo rápido Zuleica empezó a mamar siguiendo mis indicaciones. Le sujete la cabeza y poco apoco empecé a empujar cada vez más profundo, sentí como la punta ya alcanzaba su garganta, ella tenía que abrir lo máximo su boca por lo pequeña que era.

No logro mantener su respiración y como la salivación era mucha como que se empezó a ahogar. Retire mi pene de su boca en lo que ella tosía y trataba de retomar la respiración. Sus ojos le lloraban que tuvo que limpiar sus lentes.

–¡Tranquila corazón! –le dije, sobándole la espalda–.

–Ve jefe, todo esto es lo que quería evitar en mi noche de bodas, se imagina que me ahogue en plena luna de miel jajá.

Siempre supe que la chica era muy inteligente, organizada y no se le iba ningún detalle. Tomo aire y volvió a meterse mi polla en su boca. Empuje y empuje hasta que se le fue toda, sentí como mi trozo de carne iba más allá de la garganta del aprendiz. Lo sacaba y le daba un momento para que respirara. Repetimos varias veces esa excitante operación.

Me volví acomodar en la cama, la jale suavemente.

–¡Es toda tuya! Chupa.

Zuleica se quitó la ropa, solo se dejó el sostén con los lentes, tomo mi polla con ambas manos y empezó a besarla, a lamberla y a chuparla. Subía y bajaba lengüeteando todo mi duro leño. Bajaba y jugueteaba con su lengua mis cojones mordiéndolas con sus puros labios.

–¡Que rápido aprendes!

Baje mi mano a su raja la cual estaba empapada. Era el momento de penetrarla.

La senté sobre mi verga, la cual entro poco a poco. Me cabalgo en lo que le baje el brasier y le empecé a chupar sus pechos duros con los pezones bien erectos. Zule se quejaba de placer.

–¡Ah!

La voltee, haciendo que se sentara nuevamente sobre mi polla. Vi que ya resistía embestidas fuertes asi que le empecé a bombear con toda la energía. El sonido que producía el chocar de nuestros cuerpos era fuerte. Veía por el espejo de estaba de frente como le entraba y salía mi pene erecto a mas no poder. Zule berreaba de placer, abría la boca que hasta la saliva le escurría.

En eso llego Magda.

–¡Hola chicos! ¡Ay Dios mío!

Entrando a la recamara vio la escena como la dulce Zule estaba ensartada en mi erecta verga, dándose unos sentones descomunales, mientras yo le apretaba las tetas. Al ver como el aprendiz babeaba se apresuró a tomar un pañuelo desechable y le limpio la boca.

–¡Pero que tremendos! ¡Qué cachondos!

Zuleica atrapo a Magda del brazo y se sostuvo de ella.

–¡Ay amiga, siento bien bonito!

Había agarrado mi ritmo, tomaba el cuerpecito de Zule como si fuera una muñequita de trapo, ya su vagina se había adaptado a los embistes de mi verga.

–¡Gime, no te reprimas! Si quieres gritar, grita –le dijo Magda–.

Poco a poco Zuleica se empezó a soltar, empezó a gemir.

–¡Grita, disfruta! Dime que sientes –insistió Magda–.

–¡Ay!

–¿Te gusta?

–¡Si, me gusta! ¡Me gusta! ¡Ah! –Grito Zuleica–.

Fue como si hubiera liberado. Años de represión estaban siendo removidos.

–¡Ya viene, ya viene! –Grito Zule–.

Magda y yo nos miramos sin entender.

–¡Ya viene! –Volvió a gritar la chica–.

Por un momento me detuve en mi bombeo, pero ella dijo gritando.

–¡No pare jefe por favor! ¡Siga por el amor de Dios, siga!

Y reanude las penetraciones, apoyándose con sus pies dejaba caer todo su peso sobre mi polla, apoyo sus manos en el colchón soltando el brazo que le sujetaba a Magda.

–¡Ay Diosito santo!

Continuará.

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