Enamorándome de Dianita (23)

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T. Lectura: 7 min.

Resumen: En una noche cargada de tensión, organiza una fiesta para humillar a Dianita y sacarla de la vida y el corazón de Thiago, Dianita, devastada, observa desde las sombras mientras Sofía intenta seducir a Thiago. Natalia y Cristian intentan consolarla, pero la situación se complica. Thiago, confuso, mira a Dianita y parece recordar algo, dejando a Sofía furiosa y jurando venganza. La noche termina en caos, y la batalla por el amor de Thiago apenas comienza.

Dianita sintió cómo el mundo a su alrededor se desmoronaba. La escena que se desarrollaba frente a sus ojos era como una pesadilla de la que no podía despertar. Dianita no podía soportar la idea de ver a Thiago con otra mujer, sus manos temblaban mientras los veía a través de la ventana. La imagen de Sofía sobre Thiago, devorando los labios de Thiago, sus manos desabrochando su camisa, con esa sonrisa triunfal y esa mirada seductora, se grababa en su mente mientras sus amigos trataban de consolarla.

Dianita, con el corazón encogido, Su vestido negro contrastaba con la palidez de su rostro, y sus ojos, normalmente llenos de vida, ahora estaban nublados por la incertidumbre. Lágrimas silenciosas rodaron por las mejillas de Dianita, mezclándose con el maquillaje que había aplicado con tanto cuidado. – ¿Qué hago?, susurró, su voz quebrada por la desesperación.

—Dianita, tenemos que hacer algo —insistió Cristian, apretando su hombro con empatía—. No podemos dejar que esto continúe.

Natalia con su mirada también llena de preocupación. —Thiago no sabe lo que está pasando. No recuerda… —dijo, intentando encontrar palabras que aliviaran el dolor de su amiga.

—No dejes que te haga esto, Dianita, murmuró Natalia, apretando su mano. – Thiago te ama, aunque no lo recuerde.

Thiago, confuso pero atraído por la intensidad de Sofía, permitió que lo guiara. Sus recuerdos eran fragmentos desordenados, y aunque sentía una conexión con Dianita, no podía explicarla. Sofía aprovechó esa confusión, besándolo con pasión mientras sus manos recorrían su cuerpo. Thiago comenzó a besar los duros senos y morder los pezones erectos, con sus manos le acariciaba las redondas nalgas, abriendo las piernas sobre él, Sofia tomo el cinturón y lo abrió junto con el pantalón, bajando el cierre, tomo el duro pene de Thiago y lo empezó a masturbar suavemente, antes de ubicarlo para que la penetrara, por el culo, la habitación se llenó de sus gemidos, un sonido que pronto se convertiría en una puñalada para Dianita.

Natalia y Cristian intercambiaron una mirada preocupada. Sabían que Dianita no podía permitir que Sofía se saliera con la suya, pero tampoco querían que sufriera más. – Entra y hazle frente, dijo Cristian, su voz firme pero llena de compasión. – No dejes que te robe lo que es tuyo.

Dianita cerró los ojos y respiró hondo, tratando de calmarse. Recordó los momentos felices con Thiago, las risas compartidas y cómo él siempre había estado a su lado.

—No puedo permitir que esto suceda —murmuró, finalmente, y sin pensarlo más, se dirigió hacia la puerta de la terraza con determinación. Cristian y Natalia la siguieron, pero ella se detuvo antes de entrar.

—¿Estás segura? —preguntó Natalia con preocupación.

Dianita dudó, su corazón debatiéndose entre el orgullo y el amor. Justo cuando estaba a punto de tomar una decisión, una alarma de incendio sonó estrepitosamente, rompiendo el silencio de la noche. Los invitados corrieron en pánico, y el caos se apoderó de la mansión. Sofía, sorprendida, se apartó de Thiago, mientras él se incorporaba, confuso y alarmado.

En medio del caos, Paula, quien había estado observando desde las sombras, sonrió con satisfacción. Ella había sido el artífice de la alarma falsa, sabiendo que era la única manera de detener el plan de Sofía.

— No dejaré que te salgas con la tuya Sofia, había murmurado mientras manipulaba el sistema de seguridad. Su intervención había sido oportuna, evitando que la escena de sexo se concretara.

Thiago, desorientado, miró a su alrededor, buscando alguna señal de lo que estaba sucediendo. Fue entonces cuando sus ojos se encontraron con los de Dianita, quien aún estaba paralizada junto a la ventana. Por un momento, algo en su mirada cambió, como si un fragmento de su memoria hubiera regresado. Sofía, sin embargo, no se dio cuenta de la conexión que se había establecido entre ellos.

Cuando la alarma cesó y se descubrió que había sido una falsa alarma, Sofía se dio cuenta de que su plan había fracasado. Su rostro se distorsionó en una expresión de furia mientras miraba a Dianita, quien ahora estaba siendo llevada por Cristian y Natalia hacia un lugar seguro.

—Esto no ha terminado, susurró Sofía, sus ojos llenos de promesa de venganza.

Cristian tomó las manos de Dianita y Natalia, guiándolas hacia un rincón apartado del jardín, donde el caos de la fiesta no podía alcanzarlas. —Estamos a salvo por ahora, dijo, intentando calmar a su amiga.

Dianita, sin embargo, no podía dejar de pensar en la mirada de Thiago, en esa chispa de reconocimiento que había visto en sus ojos. ¿Habría recordado algo? ¿O era solo su imaginación, deseando que las cosas volvieran a ser como antes? La confusión y la esperanza luchaban dentro de ella, mientras los ecos de la música y las risas se desvanecían en la distancia.

La noche terminó con un silencio incómodo, la fiesta disuelta en caos y sospechas. Sofía, con los puños apretados, juró que no descansaría hasta que Dianita sufriera tanto como ella había sufrido. Sofía veía a Dianita como la culpable que Thiago no la eligiera a ella, no estaba acostumbrada al rechazo y menos de los hombres, por eso su resentimiento no hacía más que crecer. Mientras tanto, Dianita se preguntaba si alguna vez podría recuperar el corazón de Thiago, o si el accidente y las manipulaciones de Sofía habían dañado algo irreparable. La angustia de perder a Thiago la asediaba, cada vez que pensaba en él.

El jardín, iluminado por las luces tenues de la fiesta, parecía un mundo aparte, un refugio donde podían discutir lo que había ocurrido sin ser interrumpidas. Cristian, que las observaba con preocupación, decidió intervenir. –Por cierto, donde esta Paula. Preguntó mirando a los alrededores del jardín. Todos cayeron en cuenta que Paula no estaba con ellos, cuando de repente escucharon su voz; -Tranquilos aquí estoy, respondió con una sonrisa en su cara que era evidente.

—Donde te habías metido nos tenías preocupados y porque estas tan contenta. Pregunto Natalia sorprendida.

Paula les conto todo lo que había hecho para activar la alarma de incendios, al darse cuenta que Sofía estaba desnuda en la habitación con Thiago, y que ellos solo se quedaron mirando la escena, no podía permitir que Sofia se acostara con Thiago siendo ellos unos simples espectadores y termino diciendo: – Tal vez deberíamos hablar con Thiago. A veces, enfrentar nuestros miedos puede ser la única forma de encontrar la solución.

Dianita asintió, aunque su corazón estaba dividido. ¿Qué pasaría si Thiago no podía recuperar la memoria?, ¿O si su amor por ella no era suficiente para ayudarlo a recuperar la memoria?

Dianita respiró hondo, el aire fresco de la noche le dio un poco de claridad. – Paula tiene razón necesitamos hablar con Thiago —dijo finalmente, con determinación. — quizás así, podamos encontrar la solución en medio de esta tormenta.

Natalia sonrió, apoyando a sus amigas. — Estoy con ustedes. No las dejaré solas en esto. Pero tengan cuidado; Sofía no se detendrá hasta ver el mundo arder.

Las palabras de Natalia la hicieron dudar, pero también le dieron fuerza. Era hora de enfrentar sus miedos y luchar por lo que creía que merecía. Dianita miró el cielo estrellado y se prometió a sí misma que encontraría la manera de recuperar los recuerdos de Thiago y reconstruir lo que una vez fue. La batalla apenas comenzaba, y con el amanecer, tal vez, llegaría la esperanza.

Por otro lado, Thiago estaba confundido, su cabeza se llenaba de preguntas. ¿Por qué Dianita estaba detrás de esa ventana? ¿Por qué se quedó viendo la escena entre él y Sofía, casi teniendo sexo? La tristeza en su mirada lo sorprendió, y lo más inquietante: ¿por qué sentía la necesidad de estar cerca de ella?

La imagen de sus ojos empañados le llegó a la mente, y su corazón se contrajo al recordarla con lágrimas. De repente, como un destello en la oscuridad, una memoria lo invadió: Dianita besándolo en un baño. El roce de sus labios en su mente resultó tan vívido que casi lo hizo temblar. Pero una mano acariciando su espalda lo trajo de vuelta a la realidad. Era Sofía, acompañada por Amber, envuelta en su abrazo mientras lo miraba con una intensidad que lo incomodó.

—¿Por qué no seguimos con lo que estábamos haciendo antes de que sonara la alarma de incendios? —sugirió Sofía, con una sonrisa juguetona mientras lo abrazaba con fuerza.

Thiago, sintiéndose irritable, le tomó las manos y las apartó de su cuello. La seriedad en su mirada contrastaba con la despreocupación de Sofía y la curiosidad de Amber.

—¿Qué fue todo eso? —preguntó, el enojo palpable en su voz.

Sofía frunció el ceño, fastidiada.

—No sé por qué se activó la alarma, alguien debió manipularla.

—No me refiero a la alarma, Sofía —la interrumpió, con una intensidad que la dejó sin palabras—. ¿Por qué llevarme a esa habitación cuando todos estaban en la fiesta? ¿Con qué propósito?

—Solo quería intimidad contigo. ¿Eso tiene algo malo? —replicó Sofía, el rojo de la molestia empezando a asomarse en sus mejillas.

Thiago la miró fijamente, sus ojos oscuros ocultaban un torbellino de emociones.

—Si realmente querías intimidad, ¿por qué no esperar a que todos se fueran? Así nada ni nadie nos podría interrumpir. —Su voz era dura, como una roca en medio del mar.

—Puede que haya perdido la memoria, pero no soy estúpido, Sofía. Claramente había una intención detrás de todo esto, y eso es lo que quiero que me respondas con la verdad.

Sofía se cruzó de brazos, su frustración palpable.

—Ya te dije que solo quería estar contigo. No sé por qué te haces ideas en la cabeza.

Thiago suspiró, sintiendo que la desconfianza lo envolvía. Algo en su interior le decía que Sofía estaba mintiendo, que ocultaba algo que no quería que él supiera. Esa incertidumbre lo irritaba más que cualquier otra cosa.

—Lo siento, Sofía, pero es la primera vez que no te creo. Si esta fiesta era para unirnos más, lo que hiciste fue llenar de dudas mi cabeza. Necesito estar solo —dijo finalmente, bajando la mirada y sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros.

Antes de que ella pudiera responder, se giró hacia Amber, pidiendo en silencio que lo dejara ir, y se marchó. Sofía lo siguió con la mirada, pero Amber la detuvo suavemente.

—Creo que es mejor dejarlo ir. Está molesto y no va a escuchar tus razones.

—Tienes razón —admitió Sofía, con una exhalación de frustración—. Mañana hablaré con él más calmada. Si no hubiese sido por esa maldita alarma, mi plan habría funcionado al cien por ciento.

Amber la miró con compasión.

—Tal vez no funcionó al cien por ciento, pero con lo que vio Dianita, estoy segura de que debe estar sufriendo a lágrima viva.

—Lo sé, estoy completamente segura de que me vio desnuda encima de Thiago, besándonos.

—¿No te has puesto a pensar que, si te vio Dianita desnuda, también lo hizo Cristian?

Sofía se encogió de hombros.

—Eso es un pequeño daño colateral que puedo asumir. Además, espero que se haya deleitado porque nunca más volverá a ver esa imagen —respondió, riendo con un tono de desdén.

Amber la miró con una mezcla de preocupación y diversión.

—Creo que tu obsesión por Thiago te está llevando a la locura.

La fiesta terminó y todos se fueron a sus casas. Thiago, sumido en la confusión y la rabia, solo podía recordar la mirada llena de tristeza de Dianita. ¿Por qué alguien que supuestamente no lo quería lo miraba con ternura, pero al mismo tiempo decepcionada? Mientras caminaba hacia su casa, se cuestionaba todo.

Dianita, sentada en el borde de su cama, observaba el cielo nocturno a través de la ventana. La fiesta había terminado, pero su mente seguía inquieta. La mirada de Thiago había desestabilizado su mundo, combinándose con los recuerdos de aquel encuentro en el pasillo del baño. Sabía que no podía seguir ignorando lo que sentía, pero tampoco podía permitir que Sofía siguiera manipulando la situación.

Tomó su celular, La luz de la lámpara de mesa iluminaba su rostro mientras se decidía enviarle un mensaje, pero se detuvo. Recordaba que Sofía había hecho que cambiara su número para evitar que sus amigos lo contactaran. Con un suspiro, colocó su celular en la mesa de noche y se recostó en la cama, buscando claridad. Sabía que su única oportunidad de hablar con Thiago era conseguir ese número. Necesitaba un lugar donde pudieran hablar sin interrupciones, un espacio donde su conexión pudiera florecer sin el peso de las miradas ajenas.

Continuará.

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