Recordó el Faro de la bahía, un lugar tranquilo y apartado que siempre les había traído paz. “Allí podríamos hablar, sin Sofía, sin Tony, sin nadie más,” pensó, sintiendo un destello de esperanza.
El fin de semana transcurrió en calma, mientras Sofía intentaba hablar con Thiago sin éxito. Él solo le respondió con un escueto mensaje: “Mañana hablamos en la universidad.”
Thiago disfrutó el día con sus padres. Isabel, su madre, quería consentirlo y le cocinó su platillo favorito. Mientras ayudaba en la cocina, Thiago la abrazaba y le daba besos en la mejilla.
—Ya extrañaba que mi hijo favorito me consintiera —dijo Isabel, sonriendo.
—¿Hijo favorito? Según tengo entendido, solo tienes uno —respondió Thiago, confundido, pero bromeando.
—Ja, ja, ja, no seas tontito, hijo. Claro que solo tengo un hijo, por eso nadie te quita tu lugar. Pero también hay alguien que me llama mamá y ese es Cristian —contestó Isabel, con un toque de nostalgia en su voz.
—¿Cristian? ¿Por qué te llama mamá? —preguntó Thiago, sintiendo un pequeño destello de celos y confusión.
—Bueno, ustedes se han criado como hermanos. Desde pequeños son amigos inseparables; todo lo compartían. Era como si fueran uno solo —le explicó Isabel, con una mirada melancólica.
El silencio se apoderó de la cocina por un momento. Thiago se quedó pensando en lo que su madre dijo. Por un lado, no podía evitar sentirse perdido, y por otro, sabía que había preguntas que necesitaban respuestas.
—La verdad nunca supe por qué ustedes se distanciaron. ¿Por qué no hablas con él? Tal vez encuentres algunas respuestas —sugirió Isabel, sabiendo que su hijo necesitaba claridad.
—Tienes razón, mamá. Mañana trataré de tener una conversación con él —respondió Thiago, sintiendo que el peso de la incertidumbre comenzaba a levantarse.
—Recuerda lo que siempre te he dicho, hijo: “cada historia tiene…”
— Tiene dos versiones, Sí, lo sé, mamá. – dijo Thiago interrumpiéndola.
Isabel se emocionó tanto que abrazó fuertemente a su hijo.
—¿Thiago, recuperaste algún recuerdo? —preguntó, su voz llena de esperanza.
—¿Por qué la pregunta, mamá?
—Esa frase siempre te la repetía antes de que sufrieras el accidente. Después de eso, nunca más —contestó Isabel.
Thiago la miró, sintiendo una chispa de calidez, pero esta se desvaneció rápidamente.
—Lo siento, mamá. Solo me salió, pero no tengo ningún recuerdo.
Esa noche, se reunieron en la mesa para cenar y compartieron risas, pero en el fondo, Thiago seguía lidiando con sus propios demonios. Se retiró a su habitación, reflexionando sobre las palabras de su madre.
—Mañana será un buen día para escuchar la otra versión de la historia —decidió, cerrando los ojos con la esperanza de que el nuevo día trajera respuestas.
El lunes, todos estaban en la entrada del salón de clases. Sofía, nerviosa, escaneaba el lugar, buscando a Thiago. La distancia del fin de semana la había inquietado; algo no se sentía bien.
Cuando entraron al aula, Dianita levantó la mirada, buscando a Thiago, pero no lo encontró. Su corazón se encogió. De repente, él apareció por la puerta, y todos lo miraron, aunque él solo se sentó al lado de Sofía, con un semblante serio.
—Parece que la pareja perfecta tiene problemas —murmuró Natalia, y las risas resonaron entre ellos.
Thiago, sin embargo, permaneció con la mirada perdida, ajeno a la conversación de sus amigos. Sofía tomó sus manos, intentando sacarlo de su trance.
—¿En serio todavía estás molesto conmigo solo porque no pude contener mi deseo de estar contigo antes de que acabara la fiesta? —preguntó Sofía, haciendo pucheros con los labios.
Thiago, más calmado, también tomó las manos de Sofía, y con una pequeña sonrisa le dio una respuesta.
—No te preocupes por eso. Puedo entender tu punto, pero quiero que entiendas el mío también. Pasaron cosas extrañas en ese momento, y solo me confundí un poco.
Sus palabras eran más una excusa para calmar a Sofía, aunque no recordaba nada. Todo este tiempo con ella le había enseñado a conocerla, y sabía que le gustaba tener el control. Así, intentó darle confianza, esperando que todo se mantuviera bajo control mientras él buscaba las respuestas que tanto necesitaba.
Mientras tanto, fuera del aula, las miradas y los susurros se entrelazaban, pero la verdad era que lo único que importaba era lo que se guardaban unos en el corazón. La historia de amor entre Thiago y Dianita aún estaba por escribirse, y el destino tenía sus propios planes.
De un momento a otro, el salón se sumió en un silencio reverente. La profesora Violeta hacía su entrada, llevándose todas las miradas. Su belleza era innegable, y aunque ya había alcanzado cierta edad, su figura se mantenía intacta. Vestía un pantalón de lino que resaltaba la curvatura de su lindo trasero, y una blusa con un escote en V que dejaba entrever el atractivo canalillo de sus senos. Los alumnos, embobados, no podían evitar que sus pensamientos fluyeran hacia territorios poco apropiados, todos los hombres del salón se preguntaban si no traía tanga, ya que nada se le marcaba en la tela del pantalón, e incluso algunos profesores parecían cautivados por su presencia.
Thiago no fue la excepción. Cuando la profesora se acercó a su escritorio, le dedicó una sonrisa que lo hizo sentir como si el tiempo se detuviera. “¿Qué pasaría si…?”, se preguntó mientras se esforzaba por concentrarse en las instrucciones de la clase.
La profesora Violeta era conocida por su rigurosidad, y hoy no sería la excepción. Cuando Sofia, con arrogancia, pidió que su grupo de trabajo estuviera formado por tres personas, la profesora le lanzó una mirada desafiante y decidió que esta vez los grupos se formarían al azar. Sofia, visiblemente molesta, no pudo ocultar su enfado al escuchar la respuesta.
Para que todos vieran que los grupos iban hacer escogido al azar, la profesora Violeta, puso todos los nombres de los alumnos en una bolsa, Los murmullos llenaron el aire mientras la profesora sacaba nombres de la bolsa, creando una atmósfera de tensión. Los primeros emparejamientos causaron emoción y descontento, la primera sorpresa fue para Cristian, su nombre salió junto al de Amber, pero cuando finalmente fue el turno de Sofia y Dianita, todos contuvieron la respiración.
A Natalia no le hizo gracia, que Cristian compartiera grupo con Amber, — espero que mantengas la distancia con esa golfa, le dijo molesta y susurrando Natalia a Cristian, – Tranquila, deja los celos, sabes que solo tengo ojos para ti, – contesto Cristian dándole un abrazo y un tierno beso.
Mientras tanto Dianita y Sofia estaban a la expectativa, el ambiente era tenso, la profesora se dio cuenta, Thiago era la manzana de la discordia entre Dianita y Sofia, Natalia se queda viendo a Dianita y le dice; – imagina en grupo entre tú y Sofia, creo ambas llegarían a la exposición llena de moretones, le dijo Natalia riendo visiblemente.
—Espero por el bien de las dos que eso no suceda nunca, enserio no sé qué podría pasar. – contesto Dianita muy seria.
Sofia apretaba los puños, todo el salón estaba a la expectativa, todos sabían que un grupo entre Dianita y Sofia, podría hacer arder el mundo, era juntar la dinamita con un fósforo. La profesora Violeta metió su mano en la bolsa y saco los dos papeles, los leyó muy rápido mentalmente, y miro a todos, como si se tratase de un concurso, le puso un poco de suspenso, respiro hondo y finalmente la decisión de la profesora dejó a Sofia junto a Natalia, mientras que Thiago se emparejaba con Dianita, y rápidamente metió los papeles en la bolsa, Sofia no tuvo tiempo de pedir que mostrará los papeles, para comprobar que le tocaba con Natalia. Un ligero brillo de triunfo apareció en los ojos de Cristian, Dianita y Natalia sin decir una sola palabra, el mensaje entre ellos era claro, esa oportunidad la tenía que aprovecharla al máximo, como dijo Dianita en la anterior clase, solo un milagro podría hacer que ella hiciera grupo con Thiago, para no mostrar tanta felicidad los tres salieron del salón, para celebrar lo que acababa de suceder.
Sofia, no espero a que terminara la clase y se marchó del salón junto con Amber, trato de convencer a Thiago que se fuera con ellas, pero él se rehusó, – Lo siento Sofia, pero tengo que preguntarle algo a la profe, luego te alcanzo en la cafetería.
Una vez terminó la clase, Thiago, antes de que Dianita pudiera salir, la llamó. Conversaron brevemente y anotaron sus números, una chispa de emoción iluminó sus rostros. A medida que se alejaban, en sus ojos había un brillo especial, Thiago sentía la conexión con Dianita, pero no sabía cómo explicarlo, pero en el fondo también estaba contento que su compañera de grupo fuera Dianita, los dos se alejaron y Thiago se dirigió al escritorio de la profesora.
Con el aula vacía, se acercó a la profesora Violeta mientras ella recogía sus pertenencias. Thiago con un poco de timidez, le dice; — disculpe que la moleste profe, ¿puedo hablar un minuto con usted?, pregunto Thiago con voz tímida. Ella lo miró fijamente y dijo; -sí, claro, ya extrañaba nuestras conversaciones después de clases, cómo puedo ayudarte.
Thiago, quedo confundido con la respuesta de la profesora, “eran tan cercanos, había confianza entre ellos”, pensaba Thiago, la conversación giró en torno a su accidente y las dificultades que enfrentaba. Quería comprender su decisión respecto a los grupos. — ¿solo quería saber porque, los últimos papeles solo mostro el nombre de Sofia y no el de Natalia, como hizo con todos los demás?
—Me estas tratando de decir que no fui justa o transparente en esa selección?, — pregunto la profe con una pequeña sonrisa pícara.
—No, mi intención no es ofenderla, discúlpeme, solo fue curiosidad, es que como estoy en blanco no sé qué sucede a mi alrededor y analizo todo. – contesto Thiago devolviendo la sonrisa pícara.
La profesora, con su característico aire juguetón, le reveló que había un motivo detrás de su elección y que, a pesar de su aparente severidad, había actuado con intenciones de proteger a todos. Lo miró fijamente a los ojos, podía ver esa incertidumbre, de tener muchas preguntas y no encontrar las respuestas, por lo que, con una voz sensual, se acercó a Thiago inclinándose un poco en el escritorio, dándole a Thiago una imagen de su escote y sus grandes senos, descaradamente sus ojos se desviaron inmediatamente a hacia sus tetas, la profesora solo sonrió, y dijo; — Mis ojos están acá arriba. Thiago con la cara roja de la vergüenza, dijo; — Lo siento, profesora no quise ofenderla, mejor me voy.
—Es una lástima que no recuerdes la confianza que teníamos antes del accidente, pero solo por eso antes que te vayas te voy a decir un pequeño secreto, – dijo la profe mirándolo a los ojos, — Realmente los nombres en esos papeles pertenecían a Sofía y a Diana, pero esas dos mujeres no pueden estar juntas, y quise evitar una tragedia.
—¡en serio!, y porque no me puso con Sofía.
—Porque quería darle una lección, no siempre puedes tener lo que quieres.
—Entiendo. – fue la única respuesta que pudo decir Thiago.
—Que ironía, antes del accidente tú y yo teníamos un secreto, ahora volvemos a tener uno, confió en ti nuevamente, espero que esta conversación que entre los dos. – dijo la profe guiñándole un ojo.
Thiago la miro fijamente con picardía, quería saber cuál era ese secreto que tenían antes, — “¿Qué tipo de secreto tenemos?”, preguntó Thiago, con una curiosidad brillando en sus ojos.
La profesora Violeta, juguetona y confiada, pasó una mano por el rostro de Thiago con delicadeza, sonriendo le dijo que su vínculo anterior estaba basado en una complicidad que no podían discutir en ese momento. — “Si quieres saber más, llámame”, le sugirió, dándole su número privado, pero recuerda solo tú, tienes acceso a él, nadie en la universidad tiene mi número. La conversación dejó a Thiago con una mezcla de incertidumbre y emoción.
—Eres un buen chico Thiago, llámame y conversamos, a lo mejor podemos retomar la amistad que teníamos. – recogió sus cosas y se dirigió caminando sensualmente hacia la puerta del salón.
A medida que la profesora se alejaba, su figura se desvanecía por la puerta del salón, y Thiago no pudo evitar sonreír. La conexión que sentía por ella era palpable, y por un momento, el mundo exterior desapareció, dejándolo con una sensación de que, tal vez, había aspectos de su pasado que, aunque olvidados, aún podían volver a florecer.
Continuará.
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