Resumen: Thiago observa a Dianita, Cristian y Natalia disfrutando de su compañía, sintiéndose excluido, pero sin importarle. Sofia le pregunta sobre una conversación con la profesora, y Thiago tiene una conversación por mensajes de texto con Dianita.
El salón de clases, ahora vacío, resonaba con el eco de las conversaciones pasadas y las risas que llenaban el espacio horas antes. Thiago, aún con la mente confundida por la conversación con la profesora Violeta, sentía una mezcla de emociones que se agolpaban en su pecho. En su mente había muchas preguntas, ¿Qué tipo de conexión habían tenido realmente? ¿Qué secretos guardaban? Mientras caminaba hacia la cafetería, su mente no podía dejar de divagar entre esos pensamientos.
Por otro lado, Dianita, Cristian y Natalia se encontraban en un rincón de la cafetería, sus rostros iluminados por la emoción tras la elección de los grupos. Los tres sabían que tenían que aprovechar esa oportunidad que el destino o más bien la profesora Violeta les dio, para fortalecer su vínculo y acercarse más a Thiago.
—Así que, ¿Qué plan tienes para acercarnos más a Thiago? —preguntó Natalia, con una sonrisa cómplice.
Dianita pensó por un momento, su mente girando en torno a la idea de crear una escena impactante que dejara a Thiago en shock, para ver si su mente hacia un click y recuperaba sus recuerdos.
—Se me viene la mente algo. Pero no quiero adelantarme, en su momento se los diré. Pero creo que tú te darás cuenta solita—sugirió Dianita, iluminándose con la idea.
Natalia asintió, y ambas siguieron celebrando su pequeña batalla ganada. La química entre ellas era palpable, reforzada por la emoción del momento y la certeza de que, la rivalidad que existía con Sofía, hacia que su unión fuera más fuerte. Mientras tanto, Sofía, aún molesta por su asignación con Natalia, las observaba desde la distancia, buscando una forma de arruinar su “momentito”.
—No puedo creer que Thiago esté con Diana. Eso no se va a quedar así —murmuró Sofía para sí misma, entre dientes.
Mientras tanto, Thiago, tras dejar a la profesora, se sentó en la mesa donde estaba Sofia con Amber, en la cafetería. Su mente seguía dando vueltas. El pequeño secreto que la profesora había mencionado parecía más intrigante que cualquier otra cosa. La forma en que lo miró, la forma en que sonrió, todo le daba la sensación de que había algo más profundo que simplemente ser un estudiante y su profesora.
Thiago desvió la mirada hacia la mesa de Dianita, Cristian y Natalia. Los tres parecían divertirse, sus risas resonando en el aire como una melodía que él no podía descifrar. Sus bromas internas creaban una burbuja de complicidad que lo excluía, aunque no le importara admitirlo. Sin embargo, su atención se vio interrumpida por la voz de Sofia, que sonó como un recordatorio de su presencia.
—¿Puedo preguntar qué era lo que tenías que hablar con la profesora? —indagó ella, su tono curioso, pero no invasivo. Thiago reaccionó con un leve tartamudeo, como si la pregunta lo hubiera pillado desprevenido.
—¡Eh! —exclamó, tratando de recuperar la compostura. — La verdad es que, le pedí que, si podía hacer una excepción, conmigo y cambiarme de grupo, para hacerme contigo. —Su voz sonó segura, aunque sus ojos delataban una distracción momentánea.
Sofia lo miró con una mezcla de esperanza y escepticismo. —¿Enserio? ¿Y qué te dijo? ¿Aceptó? —preguntó, sus palabras cargadas de ilusión. Pero Thiago, aunque intentaba mantener la mirada fija en ella, no podía evitar que sus ojos se desviaran hacia Dianita. Su sonrisa, brillante y cautivadora, lo mantenía anclado desde la distancia.
—Lo siento, no hizo ninguna excepción —respondió, su voz teñida de una falsa resignación. — Mi grupo sigue siendo Dianita. —Mintió, consciente de que Sofia intentaría hacer algo para cambiar los grupos si sabía la verdad. Quería dejarle claro que la profesora mantendría su decisión.
El silencio que siguió fue incómodo, como si las palabras de Thiago hubieran creado una barrera invisible entre ellos. Sofia bajó la mirada, sus labios apretados en una línea fina, mientras Thiago se debatía entre la culpa y la determinación. Sabía que había actuado para buscar respuestas con respecto a su amistad y distanciamiento con Cristian, pero no podía ignorar la sensación de haber defraudado a Sofia.
Finalmente, Thiago se decidió a levantarse, su silla arrastrándose contra el suelo con un sonido que pareció amplificarse en el silencio. Cuando alzó la mirada, se encontró con los ojos de Dianita. Ella lo saludó con un leve movimiento de la mano, un gesto casi imperceptible que pasó desapercibido para Sofia. En ese corto instante, algo cambió.
No fue un cambio drástico, sino más bien una sutil alteración en el aire que los rodeaba. Thiago sintió un cosquilleo en la nuca, como si el mundo hubiera girado ligeramente sobre su eje. Dianita mantuvo su sonrisa, pero ahora había algo más en ella, algo que Thiago no podía identificar pero que lo atraía como un imán, sin poder evitarlo, Thiago sonrió.
Amber miro a Thiago, y se dio cuenta de su sonrisa, inmediatamente miro a Diana, pero ya ella se había girado para evitar problemas. Sofia, ajena a todo, siguió hablando, su voz un murmullo que se perdía en el fondo de la conciencia de Thiago. Él asintió mecánicamente, sus pensamientos ya no estaban en la conversación. Su mente había viajado a ese instante efímero, a esa conexión silenciosa que había compartido con Dianita.
—¡Eh! ¡Sofia! —gritó Natalia, interrumpiendo la conversación, mientras se acercaba con Dianita a su mesa—. ¿Has pensado en cómo querrás presentar el trabajo y cuando nos reuniremos?
Sofia se forzó para no contestarle con antipatía, por haber gritado su nombre en la cafetería, —La verdad es que no he tenido tiempo de pensar en eso —respondió Sofia, sarcásticamente.
Natalia levantando una ceja, la mira fijamente, —ok, cuando tengas tiempo suficiente y uses tu cerebro para pensar cómo y cuándo vamos hacer el trabajo me llamas, tienes mi teléfono. — le dijo bruscamente Natalia, girándose y dándole la espalda, sin esperar a que Sofia pudiera decir algo.
— Pero que se cree esta imbécil, – murmuro Sofia.
—Bueno tu no fuiste muy amable que digamos, – le respondió Thiago, al comentario de Sofia.
Ella lo miro con ganas de reprocharle, pero se contuvo, las cosas no estaban para seguir discutiendo. El resto del día transcurrió en una especie de niebla. Thiago se movía por inercia, cumpliendo con sus obligaciones, pero sin estar realmente presente. Cada vez que levantaba la mirada, encontraba a Dianita observándolo desde la distancia, su sonrisa siempre en su lugar. No había nada explícito en sus gestos, nada que pudiera señalar como una invitación, pero Thiago sentía que algo se estaba gestando.
Por la noche, cuando finalmente se encontró a solas en su habitación, Thiago no pudo evitar pensar en ese momento. ¿Qué había cambiado realmente? ¿Era solo su imaginación, o había algo más? No tenía respuestas, solo preguntas que lo mantenían despierto, dando vueltas en su cama.
El sonido de su teléfono lo sacó de sus pensamientos. Era un mensaje de Sofia, preguntando si estaba bien. Thiago dudó antes de responder, sus dedos titubeando sobre el teclado. Finalmente, escribió una respuesta breve, asegurándole que todo estaba bien, aunque no estaba seguro de si era cierto.
Cuando apagó la luz y se acurrucó bajo las sábanas, la imagen de Dianita volvió a su mente. Su sonrisa, su gesto de saludo, ese instante en el que el mundo pareció detenerse. Thiago no sabía qué significaba, pero una cosa era cierta: algo había cambiado, y no había marcha atrás. Estaba decidido a averiguar qué había pasado con Cristian, Natalia y Dianita, y por qué había ese distanciamiento.
Thiago tomó su teléfono con manos temblorosas, dudando entre la valentía y la prudencia. La pantalla iluminó su rostro mientras buscaba el número de Dianita, ella había ocupado sus pensamientos más de lo que estaba dispuesto a admitir. Sus dedos sudaban ligeramente, pero finalmente se decidió. Con una excusa que sonaba más a pretexto que a una verdadera necesidad, escribió el mensaje: “Hola Diana, soy Thiago, no sé si estás dormida, solo quería preguntar por el trabajo de la profe Violeta, disculpa la hora, mejor hablamos mañana”. Lo envió y se quedó mirando la pantalla, como si pudiera obligar a las palabras a aparecer más rápido. Tenía la esperanza de que Dianita contestara, aunque en el fondo se reprochaba por haberle escrito a esa hora.
El silencio de la noche se hizo más pesado con cada minuto que pasaba. Thiago se recriminaba en silencio: – “Qué imbécil soy, ¿por qué le escribí a esta hora?, Seguro está durmiendo y ni siquiera verá el mensaje hasta mañana”. Se levantó de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro de su habitación, intentando distraerse, pero su mirada siempre volvía al teléfono, como si este pudiera revelarle algo más. La espera se sentía eterna, y cada segundo que pasaba aumentaba su ansiedad.
Mientras tanto, en su habitación, Dianita acababa de salir de darse una ducha. Al ver el mensaje de Thiago, sus ojos se iluminaron al instante, y su corazón comenzó a latir con una rapidez que la sorprendió. Sonrió para sí misma, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo. Tomó aire y se dijo: – “Si le contesto inmediatamente, pensará que estaba esperando su mensaje. Mejor hago que espere un momento”. Dejó pasar cinco largos minutos, durante los cuales solo miraba y leía el mensaje una y otra vez, como si las palabras pudieran cambiar con cada lectura.
En esos minutos, Dianita se debatió entre la impaciencia y el deseo de mantener un aire de misterio. Sabía que Thiago era un chico ansioso y no le gustaba esperar, y su mensaje a esa hora era una señal clara de que algo lo había impulsado a escribirle. – “¿Por qué no esperó hasta mañana? ¿Qué lo hizo hacerlo ahora?”, se preguntaba, mientras sus dedos jugueteaban con el borde de la sábana. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, se decidió a responder.
-Hola Thiago, tranquilo, aún no estoy dormida, estaba en el baño dándome una ducha y me estaba cambiando”, escribió con una sonrisa pícara, dejando que la ambigüedad de la última palabra flotara en el aire como una promesa tentadora. Sabía que la palabra “cambiando” despertaría su curiosidad, y eso era exactamente lo que buscaba. Envió el mensaje y dejó el teléfono sobre la cama, como si quisiera distanciarse de la conversación por un momento. Sin embargo, su mirada no se apartaba de la pantalla, esperando su respuesta.
La habitación estaba envuelta en una penumbra cálida, iluminada solo por la luz tenue de la lámpara de noche. El aroma a jabón y flores aún persistía en el aire, un recuerdo de la ducha que acababa de tomar. Dianita llevaba puesto un pijama corta de seda color marfil, que se ajustaba suavemente a sus curvas, dejando al descubierto sus hombros. Su cabello húmedo caía en ondas desordenadas sobre sus hombros, y una gota de agua resbalaba lentamente por su cuello, deteniéndose justo donde la tela del camisón comenzaba. Ella la sintió, pero no la secó, disfrutando de la sensación fresca en su piel.
Thiago, que había estado caminando como un león enjaulado, se detuvo en seco al ver la notificación. Su corazón dio un salto cuando leyó las palabras de Dianita. – “¿Cambiando? ¿A qué se refiere?”, pensó, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. Thiago era consciente de que su imaginación estaba trabajando horas extras, pintando imágenes de Dianita en situaciones que no eran del todo apropiadas. Pero no podía evitarlo. Con las manos ligeramente temblorosas, Sin perder tiempo, escribió: – “Ah, perdón si te interrumpí, no quería molestarte. Solo quería aclarar algunas dudas sobre el trabajo, pero puede esperar hasta mañana”. Envió el mensaje y se mordió el labio, preguntándose si había sonado demasiado ansioso. Con la sonrisa dibujada aun en su rostro, – “Debería haber hecho una videollamada”, pensó.
Mientras tanto, Dianita observó la pantalla de su teléfono iluminarse con la notificación de su mensaje. Sonrió para sí misma, sabiendo que había logrado exactamente lo que quería: mantenerlo intrigado. No era su intención ser cruel, pero le encantaba la forma en que Thiago parecía perder el control cada vez que ella dejaba caer una pista sutil. Era un juego, uno que ambos estaban jugando sin decirlo en voz alta, y ella disfrutaba cada segundo de ello.
Continuará.
Si te ha gustado el capítulo, por favor, no dudes en dejar un comentario y una valoración, lo apreciare mucho. Siempre agradezco las muestras de apoyo de los lectores, son muy importantes para mí.
![]()